
LO MÁS BELLO DEL MUNDO
Por todos sitios, oía a las personas decir:
- La Alhambra, es lo más bello del mundo.
Y como no tenía claro que esto fuera así, recorría los rincones de esta colina, leía libros, se interesaba en las opiniones de las personas cultas y no se convencía de que la Alhambra fuera lo más bello del mundo. Por eso, a escondidas y para sí, se preguntaba: “¿Será que yo no tengo la capacidad de ver la belleza que tantas y tantas personas sí encuentran en la Alhambra? Porque puede que sea yo el equivocado y no los miles de personas que visitan estos recintos y los cientos de libros que sobre estos lugares se han escrito, ensalzando su majestuosidad y belleza”.
Pero sin poderlo remediar, cuando con los amigos hablaba o recorría los lugares de la colina sembrada de torres y murallas, les decía:
- Que la Alhambra no es lo más bello del mundo.
- ¿Y en qué te basas para afirmar eso?
- Porque con mis propios ojos, cada día lo estoy viendo.
- ¿Qué es lo que ves cada día que nosotros no vemos?
- Una vez y otra, recorro pacientemente todos los rincones de esta colina, miro las plantas que ahí crecen, observo las acequias de aguas claras y las fuentes, me fijo en las murallas y torres que por aquí jalonan y se elevan, recorro las salas de los palacios, las columnas de los patios y me detengo en los colores de sus techos y en el blanco de los mármoles y, al final, nada de lo que por aquí encuentro me hace creer que este lugar sea el más bello del mundo.
- Pero entonces, según tú ¿qué puede haber en el mundo que sea más bello que la Alhambra?
- Por mi parte, lo tengo muy claro y cuando queráis os lo enseño.
Y un día, un grupo de amigos muy críticos con su forma de ser y pensar, le dijeron:
- Queremos que nos enseñes lo que dices es más bello que la Alhambra. ¿Dónde está eso y cuándo lo vemos?
- No está lejos estos lugares y puedo mostrároslo mañana mismo.
- De acuerdo, mañana nos vemos.
Y al salir el sol en la mañana del veintidós de agosto de hace unos años, se encontró con los amigos, no lejos de las murallas de la Alhambra, los saludó y les dijo:
- Pongámonos en camino porque hoy hace un día fantástico para que veáis con claridad lo que tanto os tengo dicho.
Se pusieron en camino dirección a Sierra Nevada y, después de cruzar valles, arroyos y ríos, avanzaron por la senda de una gran montaña. Cuando ya iban llegando a lo más alto, les dijo:
- Al coronar este collado, veremos el valle al frente y ahí encontraremos el pórtico de lo que deseo mostraros. Id atentos.
Coronaron al collado y al asomarse, vieron enseguida el valle salpicado de árboles centenarios y bajo ellos y a su sombra, un rebaño de cabras sesteando. Rápidos los amigos preguntaron:
- ¿Esto es maravilloso?
- Tenemos ante nosotros solo el pórtico porque el corazón de lo más bello, comienza del valle para arriba.
Miraron muy interesados los amigos y del valle para arriba, vieron más árboles, gruesos y frondosos clavados por aquí y allá en la ladera. Y al final de todo, vieron la silueta de una pequeña colina y, en todo lo alto, el hombre dueño del rebaño de cabras sentado en una piedra y mirando al frente que era por donde se elevaba Sierra Nevada. Más sorprendidos aun, volvieron a preguntar los amigos:
- ¿Pero qué significa todo esto?
Y mostrándose muy seguro, él les confirmó:
- Desde hace mucho, mucho tiempo, con frecuencia vengo a este lugar. Y muchas veces por aquí me encuentro lo que vosotros veis ahora mismo. Y me asombra y maravilla la tranquilidad y armonía de este valle, los centenarios árboles que lo salpican, el rebaño de cabras durmiendo a la sombra y, sobre todo, me transforma y llena de gozo profundo, la figura de ese hombre ahí en lo más alto sentado, mirando al frente y como rezando.
- ¿Pero qué es lo que hay al otro lado que este hombre observa tan en silencio y concentrado?
- Lo que hay a ese lado es lo que supera en belleza a toda la belleza que vosotros decís hay en la Alhambra. Y la diferencia de esta belleza con aquella, es que toda la Alhambra, murallas y torres, es obra humana y lo que a este amigo mío tanto embelesa, no es obra de humanos y por eso refleja la más fina pureza y está preñado de vida real. Lo más bello del mundo y, por supuesto, infinitamente más grandioso que todo el conjunto de la Alhambra.
Los amigos que le acompañaban, ahora no dijeron nada. Se miraron entre sí, recorrieron con sus miradas todo el valle y laderas y después de un buen rato, sí preguntaron:
- ¿Y podemos subir a esa colina para acercarnos a tu amigo el cabrero y descubrir lo que él está meditando?
- Vamos a subir, nos unimos a la contemplación y oración de mi amigo el cabrero y le preguntamos. Ya veréis vosotros como yo no estoy equivocado.