
UN TESORO DISTINTO
Los cuadernos del sabio-IV
A la tarde siguiente, el hombre encorvado se acercó al sabio y le dijo:
- En la Alhambra, ahora, muchos conocen sitios y van y vienen por jardines y palacios. Pero a pesar del tiempo transcurrido, ahí donde rodean esas murallas, hay un lugar muy especial, desconocido por completo de todas las personas.
Y al oír esto el sabio le preguntó:
- ¿Y qué sitio es ese?
- No puedo decírtelo exactamente porque aunque lo concrete hasta en sus más pequeños detalles, ya todo por ahí tanto se ha transformado, que es imposible verlo y recorrerlo como yo dentro de mí lo tengo.
- ¿Entonces?
- Lo veo casi cada noche en mi sueño y por eso sé que existe y fue importante en su momento y lo sigue siendo ahora.
- ¿Y por qué es, según tú, importante ese rincón que hay en la Alhambra y ves con frecuencia en tu sueño?
- A mi modo, voy a describírtelo para que lo escribas en tus cuadernos y quede para siempre recogido.
Y el hombre encorvado dijo a sabio:
- El rincón del que te hablo, es como un lugar sagrado, entre los palacios y las murallas. El terreno donde se encuentra, es algo inclinado y por eso se ve como repisas. Al lado de arriba o parte alta, crecen muchos árboles. Por entre ellos, desciende un camino en forma de escalera que va derecho a un pequeño rellano, donde hay asientos de piedras, fuentes a los lados, plantas con muchas flores y agua en cascadas y acequias serenas. Y al final de este camino tallado en escalera, hay un descanso algo más grande. Al lado de la derecha, una gran fuente vierte sus aguas y a la izquierda, dos o tres grandes árboles derraman sus sombras en verano.
En mi sueño, cada noche veo caminando por esta escalera entre fuentes, árboles y flores, a un hombre muy anciano. Lleva siempre en su mano un libro muy grande, grueso, encuadernado en piezas rotas y casi deshechas por el tiempo. Las hojas de este libro, están amarillas y también se caen a pedazos. Pero él, siempre trae el viejo libro en sus manos, apretándolo contra sí con mucho cariño y al llegar al último rellano del camino en escalera, se para, mira y luego se sienta en una piedra grande que hay junto a la fuente. Abre el libro y hace como si lo leyera al tiempo que, de vez en cuando, mira para el lado de abajo.
Por entre los árboles, rozando la acequia del agua clara y apartando las flores, aparece y camina ella. Una joven muy bella, de pelo negro, alta y delgada y de caminar sereno. Roza la gran fuente del rellano, se acerca a donde el anciano lee el libro, se sienta a su lado y sin decirle nada, mira las hojas de este viejo libro y parece que leyera. Sonríe el anciano y al poco, cierra el viejo libro, se lo entrega a la joven y le dice:
- Princesa, esto es lo que queda de aquel tan bonito sueño que tuviste cuando eras libre.
- También quedas tú que fuiste y eres mi fiel y mejor amigo. Y para que aquel tan bello y dulce sueño mío permanezca fresco, quedan los versos escritos en estas descoloridas páginas del libro que fue mi sueño.
- Princesa, debes quedarte con él y cuidarlo mientras vivas. Es de un valor inmenso lo que en este libro hay escrito.
- Tú lo cuidas mejor que yo. Siempre caminando y cada tarde, mientras tengas fuerzas y a mí el cielo me lo permita, ven a este lugar y me lees algunos versos. Ahora ya, con esto me sacio y mi corazón alcanza su paz.
Y en este momento, el anciano abrió el libro casi por el centro, buscó despacio y luego, muy quedamente y como si rezara una oración, leyó a la princesa el siguiente poema:
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No me echéis de menos ni lloréis por mí cuando ya me encuentre lejos de aquí, en lo más adentro, a todos os metí y donde Dios y el cielo y las rosas de abril se unen con mi sueño, seremos y ya, sin fin. Allí os espero, no lloréis por mí. |
Y casi siempre, al llegar a este punto, mi sueño se termina. Me despierto y en el alma siento una sensación muy extraña. Como si de verdad hubiera estado presente en ese rincón de la Alhambra, viendo con mis propios ojos, el anciano del libro y su amiga la princesa. ¿Qué crees tú que puede ser esto?
Preguntó el hombre encorvado al sabio, al terminar su relato. Dejó el sabio que pasara un rato y luego dijo:
- Yo no sé lo que podrá ser pero sí me parece que tu sueño es hermoso. Pertenece a esas cosas misteriosas del alma, Dios y el cielo y por eso saben y proyectan eternidad.
- ¿Lo vas a escribir en tus cuadernos?
- Tengo que escribirlo y dejándome un gran espacio en blanco para poner el final el día que en tu sueño, descubras el misterio de ese libro, del hombre que lo porta y de esa joven tan bella.