
NAVIDAD FRENTE A LA ALHAMBRA
Navidad 2012
Es diciembre,
en la calle al amanecer,
llueve,
miro desde mi ventana
y al frente,
veo la lluvia caer
y duele
en el corazón la melancolía,
fuerte, muy fuerte.
Un día más que no estás
y es diciembre.
Esto meditaba él aquel veinticinco de diciembre, mientras aun recostado en su cama, miraba por la ventana y oía la lluvia caer. Al frente, el pequeño jardín con los rosales sin flores y el ciprés, temblando al viento. Algo más lejos, la figura de la Alhambra recortada al fondo lejano, por las nieves de Sierra Nevada. En la calle, además de la lluvia que lenta caía, un silencio profundo y nadie, absolutamente nadie, por ella iba o venía. Debajo justo de su ventana, el viejo acebo verde y con sus pequeños frutos rojos relucientes de lluvia. Al frente por completo y más allá del acebo, el pequeño muro de piedra, en silencio también y lavado por la lluvia.
Desde su cama, mientras se va llenando de la luz del nuevo día, mira al pequeño muro de piedra y la recuerda. Al amanecer de aquel veinticinco de diciembre, se sentó en este muro frente a la Alhambra y, en silencio, miraba y contemplaba mientras esperaba que el sol saliera. Cuando se alzó por encima de Sierra Nevada, dijo:
- Hoy es Navidad y amanece en Granada con un sol muy reluciente. ¿Cómo amanecerá el año que viene este veinticinco de diciembre?
Sobre el muro de piedra se quedó sentada mientras recibía las caricias del sol en su cara.
Al año siguiente, al amanecer de este nuevo día de Navidad, de nuevo la vio sentada en el pequeño muro de piedra frente a la Alhambra. Estaba nublado, hacía mucho frío y la nieve caía lentamente. Se vestían de blanco las altas torres de los palacios, el bosque de la umbría, el río Darro, todas las casas del Albaicín, el mirador de San Nicolás y hasta el Paseo de los Tristes. Sí miraba, sentada en el pequeño muro de piedra y meditaba. Cuando más recia caía la nieve habló y dijo:
- Hoy de nuevo es Navidad y amanece toda Granada cubierta de nieve. ¿Cómo amanecerá el año que viene este veinticinco de diciembre?
Sobre el pequeño muro, siguió sentada, mientras contemplaba la nieve caer y toda ella se tornaba blanca.
Al año siguiente, al amanecer de este nuevo día de Navidad, no estaba sentada en el pequeño muro de piedra. Sí el viento mecía a los cipreses del jardín de enfrente y se oía como una música muy solmene que parecía recordarla. Por la calle, como jugando un misterioso juego, rodaban puñados de hojas color ocre otoño. En el ambiente, palpitaba una fina melancolía y la calle, a pesar del juego de las hojas, parecía más silenciosa que nunca. Desde su ventana miraba y al ver el pequeño muro de piedra, la Alhambra recortada al fondo y más al fondo, Sierra Nevada toda cubierta de nieve, se dijo:
- Hoy es Navidad y amanece en Granada como si todo por aquí estuviera muerto. El año pasado estaba y el anterior también pero hoy está ausente. ¿Cómo amanecerá el año que viene este veinticinco de diciembre?
Y justo un año después, al amanecer de este veinticinco de diciembre, llueve. El cielo se tiñe de gris, hay nieve en las cumbres de Sierra Nevada, pequeñas nubes de niebla revolotean por entre las torres de la Alhambra y al fondo, la ancha y larga Vega, mostrando un infinito misterioso y profundamente triste. Como si por ahí hubiera desaparecido para siempre y, al mismo tiempo, por ahí estuviera a punto de llegar el último veinticinco de diciembre.
Recostado en su cama, en este lluvioso veinticinco de diciembre, mira silencioso al pequeño muro de piedra frente a la Alhambra y medita. No está sobre él, sentada ella y sin embargo, el nuevo día, es ancho, profundo y muy misterioso. En el corazón le duela la melancolía y siente que lo único que podría llenar de luz y gozo este veinticinco de diciembre, es su presencia. Por eso, como en una oración silenciosa y solo para que la oiga el cielo, susurra:
Es diciembre
y como no estás
y el alma duele,
quisiera irme con la lluvia
ya para siempre.
Otro día más de Navidad
Y contigo ausente
¿Para qué lo quiero
si me sabe a muerte?