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lasacra1
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Fecha de ingreso: 24 de Febrero de 2010

XC EDICIÓN CONCURSO DE RELATOS. REALITY SHOWS (Sólo relatos)

8 de Octubre de 2012 a las 18:54
Queda abierta la XC (¿no os hace ilusión ver una "C" ya en la numeración?) edicón del concurso de relatos bubok. El tema a tratar en esta ocasión será "Reality shows".

El plazo para subir vuestros relatos comienza ahora mismo y acabará el próximo 18 de octubre a las 22,00 h., momento en el que se abrirá el plazo para las votaciones cuyo fin será el domingo 21 de octubre también a las 22,00 h.

Si sois nuevos por aquí, antes de hacer nada mirad las bases del concurso y, si os quedan dudas, tirad de privado a servidora o planteadlas en público en el hilo de los comentarios. Os recuerdo que en este hilo sólo pueden ir relatos publicados con el usuario "concurso de relatos".

Os animo a participar y os deseo mucha suerte a todos.



concursoderelatos
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Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 17 de Octubre de 2012 a las 8:16
UN FUTURO MEJOR
Tenían el país pendiente de ellos. Y aunque desde el espacio donde él estaba encerrado con el resto de concursantes no podía saberlo, en ese momento alcanzaban el 89,4% de cuota de pantalla, un 5% por debajo del que solía conseguir diariamente la cadena rival cuando, a las diez de la noche, retransmitía las imágenes que fijaban ante la pantalla al país entero y motivaban a todos para ir a trabajar felices al día siguiente. Pero el 89,4% era un verdadero éxito.
Todos los concursantes estaban atentos a la azafata del programa esperando la prueba que les iba a proponer. Él sabía que no podía despistarse un solo segundo. Por eso la miraba a los ojos, porque tantos otros antes de él se habían entretenido mirándole el escote y las piernas o imaginando el aroma y el sabor del espacio donde esas piernas se unen. Y despistarse un segundo, no prestar la debida atención podía suponer... Más valía no pensarlo.
Ni siquiera miraba al resto de los diez concursantes, desesperados de la vida como él, aventurero uno, heroinómano otro y que daría ya la vida por perdida, dos ludópatas que, con tal de jugar... Y él, ¿a qué categoría pertenecía? A la de padres responsables que quieren asegurar el futuro de sus hijos. Porque en eso consistía el premio al ganador, en un sueldo millonario para él y todos sus descendientes hasta la tercera generación. Y valía la pena arriesgar: con diez concursantes, por cálculo de probabilidades –eso le dijeron sus amigos- tenía el diez por ciento de ganar, otro tanto de perder quedando el último y el ochenta por ciento de salir como había entrado. Y él se había fijado sobre todo en las pocas probabilidades de quedar último. Aunque... aunque también eran mínimas las probabilidades de haber quedado al margen de las nuevas medidas del gobierno para reactivar la economía y ahí estaba él, con diez plazos de hipoteca impagados, la amenaza de desahucio y la mujer fregando escaleras.
Tras la octava prueba estaba en sexta posición y con pocas probabilidades ya de ganar; el objetivo era, pues, no quedar último. En esa prueba habían entregado a cada concursante un mapa mudo de Europa y le habían pedido que situara diez países; él había fallado con Bulgaria y Austria, y confundido Suecia con Suiza. ¿Qué culpa tenía él si en el instituto sólo le habían enseñado la geografía de su comunidad?
¿Y que había hecho él para quedar al margen de la recuperación económica? Se veía a todas luces: en los bares, a partir de las siete de la tarde sólo se oía lo de “ponnos otra ronda” y quien antes tenía un utilitario paseaba ahora orgulloso su Audi. Y eso que él lo había intentado, había cursado dos solicitudes para que le admitieran, como albañil o como administrativo, en la medida estrella del gobierno, la construcción del puente entre Tarifa y Ceuta. Y sí, todo había cambiado desde el golpe de Estado dado por el combinado mercenario siciliano-marsellés financiado por la Confederación Bancaria. Habían derrocado todos los órganos de gobierno desde las Cortes hasta los ayuntamientos: se confiscaron los bienes de los políticos; sus mujeres, amantes e hijos fueron reducidos a esclavitud sexual low cost dirigida a emigrantes que no usaban jabón ni condones; y a los mismos políticos se les confinó en prisiones. Fue el comienzo de los reality shows de última generación por cuya retransmisión las cadenas pagaron cantidades astronómicas. Cada noche, en horario de prime time, se sacaban de la cárcel mil políticos y se llevaban al Santiago Bernabéu, se les mandaba formar como en una parada militar y se les aplicaba el viejo procedimiento de diezmar. Se iba contando por las filas y al que hacía el número diez, se le apartaba; al final, se fusilaba a los cien escogidos y los novecientos restantes eran enviados a la isla de Cabrera. Un líder ecologista protestó porque se entorpecería el paso de aves migratorias y fue también recluido. En la última conexión en directo se le vio comiéndose cruda una gaviota. Porque, una vez acabados los fusilamientos de políticos, el reality show estrella consistía en la conexión en directo con la isla en el momento, también en prime time, en que les lanzaban un saco de chuscos desde un helicóptero.
La azafata había entregado a los concursantes un folio en blanco y un lápiz. Él seguía atento mirándola sólo a los ojos. Era ya tarde porque el concurso había tenido que esperar para su comienzo que acabara el programa desde la isla de Cabrera, pero a pesar de la hora el índice de audiencia no bajaba. El país entero estaba pendiente de quién sería el ganador pero, sobre todo, de quién sería el perdedor. Por fin la azafata saca una cartulina y lee:
-En el folio que han recibido calculen ustedes la raíz cuadrada de dos y vayan sacando decimales hasta que se acabe el tiempo.
Los concursantes se miran entre ellos y sólo hay uno, el de mayor edad, que ya está escribiendo. También es mala suerte, piensa él, y recuerda el momento en que firmó la hipoteca en el notario: estaba claro que, con sus conocimientos de matemáticas, si el banco le dejaba cien mil euros al tres por ciento en treinta años, él tenía que devolver ciento tres mil euros; ¿o no? Es cierto que se distrajo un poco porque, mientras el notario hablaba, él andaba jugando por debajo de la mesa con el móvil y enviándole mensajitos eróticos a un ciberligue que había hecho hacía poco en twitter. Pero aun así nadie le podía negar que el tres por ciento de cien es tres. ¿De dónde, pues, esa deuda tan inmensa que le achaca el banco? Algo fallaba y quizá sí eran sus conocimientos matemáticos, porque la raíz cuadrada de dos... Le sonaba que en alguna máquina de calcular antigua había una tecla para calcularla pero con papel y lápiz sin saber siquiera qué es una raíz cuadrada. Y los decimales, ¿qué son?
Había intentado salir a flote con lo de la construcción del puente intercontinental porque había sido el revulsivo que el país necesitaba para salir de la crisis. Y conocía familias enteras que habían emigrado al sur con éxito. Según dijo la televisión, se crearían un millón de puestos de trabajo directos e indirectos entre trabajadores de la construcción, fábricas de cemento, camioneros... hasta un poblado de prostitutas subvencionadas al cincuenta por ciento por el conglomerado de empresas constructoras. Había sido una idea genial cuyo autor recibió el premio príncipe de Asturias; y se le había ocurrido viendo en un telediario una manifestación marroquí reivindicando Ceuta y Melilla: ¿y por qué no invadirlos nosotros? De momento construimos una autopista con cualquier excusa y luego cruzamos con los tanques. Se consultó la idea con la Comunidad Europea y pareció genial porque podía ser un modo de contener al Islam y a toda la morisma por su flanco occidental; además, tras invadir Marruecos, se podía llenar de parques temáticos, casinos, campos de golf, centrales nucleares, vertedero de residuos de todo tipo e incluso una zona para prueba de bombas atómicas; en resumidas cuentas, la salida de la crisis económica para Europa entera. Sólo Al Qaeda, al enterarse, puso alguna objeción que, sin embargo, fue neutralizada con una sustanciosa cantidad de dinero que abonó la patronal de mayoristas de tráfico de drogas a cambio de la promesa de dedicar en el puente un carril en cada sentido para uso exclusivo de sus camiones. Hasta la legión se mandó volver de sus inútiles misiones humanitarias para dedicarla a labores de seguridad con la consiguiente alegría de mandos y tropa al verse restituidos a la labor para la que la legión fue fundada, esto es, matar moros.
Decidido, pues, a encontrar trabajo en el gran proyecto se presentó ante la empresa de recursos humanos que reclutaba personal. Intentó las pruebas para administrativo y, cuando le situaron frente a un ordenador, se dijo: “Ésta es la mía”. Pero cuando le dieron una hoja donde se explicaba el salario bruto de un trabajador, el porcentaje que pagaba de IRPF y de Seguridad Social, y le pidieron que dedujera el neto en una hoja de cálculo Excel se preguntó que qué era eso. Porque para él el ordenador se reducía a internet y chatear pero ¿meter números y calcular? Peor le fue en la prueba para albañil a la que se presentó como último recurso: una simple entrevista personal en la que le empezaron preguntando la diferencia entre el cemento y el yeso, y acabaron con que para qué servía una plomada. O sea, preguntas intelectuales para un trabajo puramente manual. El resultado: acudir al concurso televisivo como última salida.
Y ahí está ante la última prueba, la definitiva: sus hijos seguramente están ya acostados pero mañana, en horario infantil, podrán ver el resumen que ofrece la cadena desde que una asociación de telespectadores se quejó de un montón de programas desde caducos y trasnochados prejuicios pseudocatólicos. La azafata les entrega otro folio y él no le mira, pero le huele, el escote:
-Verán cuatro nombres de pueblos –vikingos, moros, romanos y bárbaros- y sólo tres de ellos invadieron la península. Escriban cuáles son esos tres y el orden cronológico en que llegaron aquí.
Ahora están en el intermedio publicitario y él se dice: de los demás sí he visto películas, pero ¿de bárbaros?, ¿cómo podía yo imaginar que hubiera un pueblo que se llamara así? Además, yo sé de historia lo que me explicaron en el instituto: que mi comunidad autónoma era ya una nación antes de Adán y Eva pero, como los de Madrid no tienen playa y son unos envidiosos, nos invadieron y nos sometieron a la más humillante esclavitud.
Acababa de descender hasta la última posición. Era el perdedor. La azafata se aproxima para colocarle un babero con el logo del patrocinador del programa y ahora sí, él le mira las piernas y el escote. La azafata le pide que sonría ante la cámara y obedece. Luego la azafata aprieta un botón y una cuchilla cae y corta longitudinalmente su sonrisa en dos.
concursoderelatos
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  • 17 de Octubre de 2012 a las 16:30
Casting

Ha llegado el momento.
Fede Santos saca la pistola que lleva escondida en uno de los bolsillos de su ancha sudadera y apunta a Vanessa Collins.
Los habitantes de la casa se encogen y retroceden, como si el aire justo delante de sus narices ahora quemase. Las cámaras de la casa registran la escena desde todos los ángulos posibles.
En el control central, la sorpresa ha dado paso a la alarma y un huracán de teléfonos irritados envuelve a Ángel O. Díez, que contempla con rostro severo la figura de Fede Santos encañonando a la menuda inglesa. Siente un cosquilleo en el estómago, como el de un niño que lanza al viento su cometa nueva esperando que éste no se estrelle con la primera ráfaga.
Ángel O. Díez conoce a cada uno de los habitantes de la casa porque él mismo los ha elegido. Ha estudiado sus perfiles, ha hablado con ellos, ha indagado en sus vidas, sus costumbres, sus anhelos; ha buscado en cada uno ese rasgo que los haga útiles, atractivos, deseables, odiosos; ese algo que sólo Ángel parece ver y que ha conseguido que el programa siga siendo un éxito tras casi veinte ediciones. Ese algo que en Fede Santos es tan intenso que aún hoy le pone los pelos de punta.
Fede es delgado, moreno, con esa cara de niño bueno a punto de romper un plato y esos ojos profundos y brillantes como espejos en los que uno sólo puede verse a sí mismo. Administra sus gestos y sus palabras como el contable eficiente que conoce la cuantía exacta de sus reservas, lejos del típico perfil de gallo exhibicionista que pasea su fisonomía hinchada con anabolizantes cuyos nombres sería incapaz de deletrear aunque la vida le fuera en ello.
Fede es diferente. Y Ángel lo supo desde el primer momento.
Tras casi dos décadas, las ediciones se plantean con guiones estudiados de márgenes perfectos, se diseñan tramas y se buscan personajes susceptibles de ejecutarlas. Las modificaciones semanales son mínimas y su número cada vez menor es la variable inversa que multiplica el índice de audiencia para resolver la ecuación del éxito. Simples matemáticas para altos ejecutivos. La tumba de la televisión, según Ángel. La rutina mata el alma, el matrimonio es el cáncer del amor. Y Ángel vio en Fede la vacuna perfecta, el agente del caos.
“Sácala cuando quieras”, le dijo, dándole la pistola antes de la gala de inauguración. “Está descargada, no te preocupes”, añadió. Aunque Fede no parecía estarlo.
Durante semanas, Ángel ha seguido con atención cada uno de los movimientos del chico en la casa, ha conseguido evitar que sea expulsado por el público cada vez que lo han nominado, su pulso se ha acelerado cada vez que lo ha visto deambular con esa sudadera ancha que tanto parece irritar a todo el mundo. Hasta esta noche en que Vanessa Collins ha empezado a increparlo por haber acabado con el último bote de mayonesa sin avisar.
 Vanessa Collins es una inglesa que ganó la duodécima edición en su país y que está en ésta como invitada. Vanessa es menuda, nerviosa, vivaracha, tiene un carácter fuerte y contestatario que la ha hecho protagonista en los zappings de todas las cadenas.
Fede podría haber elegido a cualquiera de las otras chicas, las que van todo el día en bikinis minúsculos de los que no se han despojado todavía porque tienen un contrato firmado para ello cuando salgan; cualquiera de ellas seguro que habría chillado, llorado, se habría encogido, se habría orinado sobre la moqueta, pero Vanessa Collins no se arredra ante nada y, tras el desconcierto inicial, su ira la empuja a dar un paso hacia un Fede tranquilo e inmóvil.
El estallido no es tan espectacular como en las películas pero sí suficiente para helar a los millones de espectadores que siguen el programa mientras dan la cena a sus hijos, toman una cerveza en un bar o, simplemente, languidecen en el sofá del salón. La sangre que salpica la pared al lado de Vanessa, el suelo bajo sus pies, el rostro de los dos habitantes de la casa que están más cerca de ella, no parece tan roja como en las películas. Pero la fracción de segundo que tarda el cuerpo sin vida de la pequeña inglesa en desplomarse en el suelo parece eterna, pastosa.
Fede Santos mueve el brazo extendido y dispara tres veces más impactando en el pecho desnudo de Nacho Gómez, un concursante que ya en la tercera semana dejó entrever los veintisiete centímetros de carne enhiesta que constituyen su máximo orgullo y su currículum completo, y cuyo cuerpo cae sobre la alfombra como un fardo.
Como si hubiesen dado el pistoletazo de salida, el resto de habitantes huye como liebres a esconderse entre chillidos y muebles arrollados.
Fede Santos los contempla impávido y, tras unos segundos, se pierde por los pasillos tras ellos. Quizás no llegue a alcanzarlos antes de que las fuerzas del orden irrumpan en la casa, quizás alguno de esos energúmenos sobremusculados consiga detenerlo, quizás él mismo lo haga. El abanico de posibilidades se abre como una baraja de cartas sobre la mesa.
Ángel O. Díez manipula los mandos para que las cámaras del salón enfoquen los cuerpos inmóviles de Vanessa Collins y Néstor Gómez.
Todo el mundo a su alrededor parece haber enloquecido, corretean en círculos como pollos sin cabeza, chocando los unos con los otros, vociferando. Ángel sabe que varias de esas cabezas no volverán a sus cuellos. Seguramente la suya tampoco aunque no importa: hacía años que no se sentía tan vivo.
Él sabe que no había balas en la pistola aunque alberga una idea aproximada de cómo han podido llegar a ella. Era una posibilidad tan real y excitante como el hecho de que Fede Santos haya llegado a usarla. Al fin y al cabo, Ángel lo eligió por eso.
concursoderelatos
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Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 17 de Octubre de 2012 a las 23:32

1º Intento...

concursoderelatos
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Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 17 de Octubre de 2012 a las 23:38
 Un día cualquiera

«Bienvenidos a “Minuto de gloria”. En nuestro programa de hoy conoceremos a Juan: 39 años, casado y con dos hijos. Él no lo sabe aún, pero su vida cambiará radicalmente esta mañana. Hemos instalado nuestra cámara espía en su pisacorbatas y hemos regulado uno de nuestros modernos receptores de pensamiento con su actividad cerebral para que podamos sentir y pensar como él a cada momento. Veamos lo que ocurre».


[08:56] Bajo del autobús con prisa, ya que no acostumbro a llegar tarde, pero me detengo un instante para alzar la mirada y contemplar la descomunal estructura de hormigón y acero frente a mí. Todos los días trato de adivinar la situación de mi puesto de trabajo hasta que la luz de la mañana se refleja en los grandes ventanales de espejo y termina por cegarme.

Permanezco allí unos segundos más, de pie, absorto en mis pensamientos, hasta que el recuerdo de mi hipoteca me saca del trance. Respiro hondo y me aventuro por las entrañas de aquella mole.
En el interior del ascensor, extiendo mi brazo hacia el panel de botones y marco el número de mi planta. La voz femenina del ascensor va anunciando las paradas mientras aguardo sentencia. Ya hay veredicto: llegué.

[09:02] Avanzo por la moqueta color rojo corporativo y antes de entrar en la sala escucho una voz aguda que se acerca irremediablemente hacia la puerta. Me agacho y finjo atarme los zapatos. Pasa de largo y respiro aliviado. Era Jacobo, de la familia de los 'plastas'.

La oficina es el hábitat natural donde convive una gran variedad de especímenes interesantes que conforman un ecosistema digno de estudio. Tenemos desde los clásicos pelotas y trepas, a otras especies y subespecies, tal vez menos conocidas, pero no por ello menos relevantes: escurrebultos y/o pasamarrones, modistas o comadres (forman asociaciones de varios elementos que crean aquelarres alrededor de cualquier chisme, noticia o similar. El origen de su nombre es ancestral y se fundamenta en la costumbre adquirida de “hacerle un traje” al más pintao. La población femenina de esta especie es muy superior a la masculina -algunos estudios hablan de una proporción de 12 a 1-, sin embargo, el nivel de actividad en la comunidad es inversamente proporcional al tamaño de la población, tal vez para compensar la inferioridad de número -dato no confirmado-), correveidiles (son simbiontes de las modistas, alimentando sus reuniones con todo tipo de información), los ya mencionados plastas, sobraos, etc.

El plasta es, en realidad, un inadaptado social, porque cuanto mayor es su esfuerzo de integración mayor el rechazo que encuentra. Normalmente son excelentes personas, como en el caso de Jacobo, pero su aspecto inofensivo no debe dejarnos engañar. De otro modo, caeríamos atrapados en alguno de sus plomizos discursos sobre sus últimas vacaciones en una cabaña del Tirol o sobre la influencia del cambio climático en el apareamiento de la foca monje. Y cerrarás los ojos deseando estar en cualquier otra parte: en un atasco, por ejemplo. Igualmente perderías una hora de tu vida, pero, al menos, le encontrarías explicación a tu sufrimiento. El plasta da otro enfoque al término "anti-persona", porque, como las minas que llevan tal nombre, causa estragos en aquel que pasa cerca de él: mutilará tu tiempo, cercenará tu paciencia.
Huye de ellos, Juan (los reconocerás por su vestimenta; ¿por qué estos tipos no combinan bien los colores?).

[10:40] Odio los martes. Sí, ya sé que lo normal sería odiar los lunes, pero es que ésos ya los odia todo el mundo… Ahora aparece por la puerta Antonio. Como un fantasma, un ninja de pausados y gráciles movimientos, el genuino geta del mundo laboral. ¡Mírale! Y ahora dejará el abrigo, encenderá el ordenador y… ¡¡ole sus huevos!! Ahí está: de camino a tomar un desayuno de no menos de tres cuartos de hora...

Antonio es un ‘escurrebultos’ (dícese del trabajador que evita la responsabilidad que conlleva su cargo. Pase lo que pase él no tendrá nunca la culpa de lo que suceda: «Eso no lo hago yo»; «A mí no me han dicho nada»; «No estaba en la oficina»…). Tienen más cintura que La Caballé, más mili que Espartaco y más morro que Carmen de Mairena. Este organismo deambula habitualmente por la oficina con un papel en una mano y un café en la otra para dar sensación de actividad. En su fase embrionaria hasta hacen gracia; sobre todo por la forma en la que torean a los jefes, que tú no puedes hacer menos que envidiarles y te dices a ti mismo: «¡qué cabronazo!, si supiera yo hacer eso…». Son unos supervivientes natos: camaleones cuyo nivel de adaptación alcanza cotas inverosímiles. ¡Qué tíos! Sí…, porque suelen ser tíos normalmente. Curioso. No se puede ser amigo de un escurrebultos, pero se lo pasa uno bien con ellos. Con el tiempo, los escurrebultos se transforman en ‘pasamarrones’, subespecie evolucionada y mucho más peligrosa cuyo rasgo diferenciador radica en esa rara habilidad para descargar la competencia del marrón en el primer inocente que pase cerca… ¡Ojito con ellos, Juan!

[12:37] Acabo de escucharle mi nuevo mote a una comadre: soy el increíble hombre menguante. Recuerdo cuando llegué: tenía una ilusión desbordante, quería crecer, desarrollar mi trabajo observando cómo el fruto de mi compromiso se reflejaba en el devenir de la empresa… Pero han pasado ya… ¿cuántos años? La empresa ha crecido y yo soy cada vez más pequeño: ¡diminuto! Y como vivo tan cerca del suelo, no me doy cuenta de la verdadera dimensión de las cosas, porque… ¡todo es enorme para mí!

Sobrevivo evitando las pisadas de los otros y con la esperanza de recuperar pronto mi tamaño. Al menos…, me alivia saber que no estoy sólo. Ayer conocí al hombre invisible.

[13:14] ¿Por qué será que cuando digo que ya nada puede sorprenderme en este trabajo ocurre algo que me deja por tonto? Soy trabajador. Y no me refiero a mi status de obrero o asalariado por cuenta ajena, sino a la singularidad de mi carácter y de mi desempeño. Soy de esos pocos, que los hay ("habemus"), que venimos al curro a hacer las cosas lo mejor posible. «A dar el callo», p'a entendernos... Sí. De esos que cuando somos jóvenes y vemos el retrato del empleado del mes sonreímos y soñamos con ver nuestra foto allí colgada; y cuando ya nos ha salido alguna cana, y nos hemos dado cuenta cuenta de qué carajo va esto, ya no pensamos de igual forma. El empleado del mes: el trabajador del presente; el frustrado del futuro...

El caso es que, como soy así, y como no me gusta dejar las cosa a medias, casi no me levanto de mi sitio ni para mear. Y llega un momento en que uno no se aguanta y se dice a si mismo que hay que parar, porque si no se llega a los 40 con la próstata del tamaño de un dirigible. Hoy tenía una reunión y, como suele ser mi costumbre, hice una «parada técnica en boxes» para hacerle una visita a mi amigo "el Roca" (porque las reuniones son como un agujero negro en un episodio de Star Trek: temidas por todo el mundo porque nunca se sabe cómo salir). Y ahí estaba yo, tratando de relajar esfínteres, cuando escuché una tímida voz tras la puerta del baño, precedida de un avergonzado carraspeo...

-¡Juan! ¿Estás ahí, verdad? ¿Que dice la jefa que qué tal "la" llevas? -mi intelecto me aclaró que el mensajero pelota de la "Ceauşescu" se estaba refiriendo al contenido de la citada reunión, pero animado por lo surrealista del momento no pude reprimir la respuesta:

-No te mentiré, Miguel. Era una tarea indelegable y estoy poniendo todo mi esfuerzo y concentración en sacarla adelante, pero es que... ¡es un marronazo de los grandes!

[13:47] Mis compañeros martillean rítmica y pausadamente las letras impresas de sus teclados. Apenas esbozan un gesto. Sólo algún bostezo escapa.

Hoy no entro en calor. Sin embargo, la calefacción está encendida; por ahí no recortaron gastos…, y eso que el calor humano es mucho más barato. ¿Será que el viento tiene más espacio para recorrer la sala porque las ausencias no tapan los agujeros? ¡Qué frío! Si hasta sale de los cajones y de los armarios cuando los abres... Claro, porque tampoco allí quedan ya cadáveres.

-¡González!

-Dígame –respondo solícito.

-Venga a mi despacho.

Las teclas han dejado de hacer ruido y se escuchan los pensamientos. Sólo puedo esbozar una sonrisa a aquellos que se atreven a mirarme.


«Bien. Parece que Juan se tomará la tarde libre y también el resto de la semana... Lo han adivinado: Juan es el parado número 6.000.000 y este ha sido su... “¡Minuto de gloria!”. Tras la publicidad: la bronca con su jefe y la entrega del finiquito. ¡¿Se lo van a perder?!».

concursoderelatos
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Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 18 de Octubre de 2012 a las 16:56
+18


`Tenga en cuenta antes de empezar a leer que: La comprensión del siguiente texto podría herir la sensibilidad del lector al plasmar en su cabeza imágenes explícitas de alto contenido sexual.´


Que Elena ha sido siempre muy puta es algo que no se le escapa a nadie. Nunca se preocupó de desmentir los bulos (que no lo eran) que corrían por los pasillos del instituto, rescatando en alguna ocasión del baúl de su imaginación algún polvo imaginario con alguno de los alumnos del último curso cuando veía que no estaba en boca de todos. “Que nunca te pierdan la pista”, aconsejaba a sus fieles.

Cumplidos los veintitrés, y sin haber dejado hombre... o mujer con cierto estatus dentro de la universidad sin sobar, tras cuatro años de carrera tirados a la basura, decidió que era el momento de dar el gran salto.

No fue difícil arrasar en el casting de más de dos mil personas, pasando por varias entrevistas que superó con experiencia y mucha... llamémosle X, haciéndose con una de las plazas dentro de la casa en la que conviviría con once desconocidos durante tres meses, si es que no era expulsada a las primeras de cambio... como efectivamente pasó. No llegó siquiera a estar nominada (a pesar de ser el pleno al quince en todas las quinielas), la producción del programa decidió echarla, no porque se hubiese cepillado (sin edredón) a un número indeterminado de compañeros concursantes, es que también la pillaron por los pasadizos que rodean la casa de Guadalíx empañando los cristales con ayuda de alguno de los cámaras. Las imágenes nunca llegaron a emitirse tras recibir varias denuncias de grupos feministas y detractores del formato.

Pero eso ya daba igual, había sembrado y era hora de recoger las ganancias.

Una conocida revista pago la operación con la que aumentó sus tetas exponencialmente al tamaño de su ambición, a cambio de un reportaje fotográfico y una entrevista en la que no se dejaba nada a la imaginación. Su padres renegaron definitivamente de ella al ver el resultado. “Con la sonrisa tan bonita que tiene nuestra hija, no entendemos el porqué de ese empeño en enseñar su chumino a todo el mundo”, declaró el padre a una periodista que lo asaltó en plena Gran Via.

Tenía que hacer algo para limpiar su imagen pública, que ella misma había contaminado, encontrándose estancada televisivamente. Se buscó a un agente que guiara su carrera, y al día siguiente tenía un coche esperándola en la puerta del conocido futbolista al que se estaba tirando para recogerla y hacerle entrega de un chucho con el que participaría en el programa piloto “Tu mascota y tú”. En él, un tío con vaqueros raídos y peinado ejecutivo, enseña a perros y dueños pautas de comportamiento para hacer la vida más fácil de ambos.

Fue en ese momento cuando la fama de Elena llegó a su momento álgido. El programa nunca llegó a emitirse, pero algún empleado despedido tras su cancelación lo filtro en la página de vídeos más conocida de internet. Más de seis millones de visitas en una mañana recibió el pequeño corto sin sonido de apenas cinco minutos antes de ser retirado.

… Están en medio de la calle. Él hablando y moviendo las manos tan rápido como la boca, señalando unas veces al perro y otras al ama.

Elena asiente una y otra vez sin dejar de sonreír a la cámara y contonearse luciendo un ajustado, encorsetado, y escotado conjunto de aeróbic color lila.

Durante la conversación, el perro, que hasta ese momento permanece tumbado ajeno a cuanto le rodea, se levanta y cruza la calle al trote saliendo del plano e ignorando la llamada del entrenador y de su reciente dueña, que se quedan plantados en espera de su respuesta.

La cámara gira, siguiendo la correa que vacía el carrete que une la mano de Elena al cuello del perro. El animal ya se encuentra al otro lado de la calle, olfatea el pie de una farola y, sin apartar el hocico, comienza a dar vueltas a su alrededor. Llegado un momento en el que la cuerda no da más de sí, se sienta sobre sus cuartos traseros dando la espalda a los espectadores y comienza a lamerse la entrepierna.

El plano vuelve sobre sus pasos. Una acalorada Elena, inclinada hacia delante, grita y golpea su rodilla con una de sus manos... restregando sin disimulo alguno su trasero contra el paquete del presentador, y éste, haciéndose cargo de la situación, insta al ama a dirigirse hacia el perro tras marcarla ciertas pautas a seguir. Ella echa a andar y sale del plano, mientras, él explica algo a los espectadores. La cámara tiembla, y por un momento la imagen se vuelve oscura y difusa. Una mancha morada cruza la parte superior izquierda de la imagen y desaparece tras un coche aparcado en la acera. El despistado conductor de un autobús no tuvo tiempo de reaccionar. Ése fue el meteórico final de su carrera.




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¡Que no, hombre, que no! Sólo dos costillas rotas (que aprovechó para quitarse) y varias magulladuras por el cuerpo fueron el resultado del aparatoso accidente del que salió casi ilesa“gracias a Dios” según los médicos. “Seiscientos cincuenta mililitros en cada pecho, me salvaron la vida”, fue el titular que ofreció ella en persona a los medios, antes de volver a las andadas.


`El autor del relato no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus personajes. Tal vez al recrear los acontecimientos haya exagerado un poco, pero es lo que tiene este tipo de Literatura, y es que todo se magnifica.´

concursoderelatos
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  • 18 de Octubre de 2012 a las 20:55

concursoderelatos
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  • 18 de Octubre de 2012 a las 21:00

Una propuesta que no podrán rechazar

Ahora está muy de moda hablar de la crisis y de lo mal que está todo, de como el presidente de nuestra nación crea trabajo y cómo nos va a salvar a todos. Pero en los pequeños pueblos de Kentucky, donde me crié, llevamos en crisis toda la vida; la razón es sencilla: las grandes fábricas se mudaron a países con mano de obra más barata, y allí nos quedamos nosotros, con una enorme fábrica cerrada, estaciones de tren destartaladas y trenes que no se detienen en nuestro pueblo desde hace 20 años.

También hay dos cosas de moda: el que todas las niñas de un instituto se queden embarazadas a la vez porque les parece "superguay" criar a los niños todas juntas y los reality shows de cualquier cosa, también de madres adolescentes. A quién le pueda interesar ver a unas niñas enfrentándose a que la vida no es como ellas habían planeado, se me escapa, pero hay gente para todo, supongo.

El caso es que un día apareció por el pueblo un cochazo con dos señores trajeados preguntando por el alcalde. El alcalde les recibió como si el mismísimo presidente hubiese venido y después aquellos dos señores vinieron al instituto donde hacíamos que estudiábamos, total, ¿a quién de un pueblo perdido le iban a ofrecer entrar a una universidad que no podía permitirse? Nos sacaron a las chicas de los dos últimos cursos de clase, nos reunieron en el desvencijado gimnasio y nos anunciaron muy satisfechos que teníamos en nuestras manos la salvación del pueblo, puesto que nos habían seleccionado entre toda la geografía nacional para un reality show sobre madres adolescentes.

Fue muy patético el que muchas chicas se volvieran locas de alegría porque iban a salir en la televisión y se iban a quedar embarazadas todas juntas. Supongo que los novios de esas chicas también se pondrían muy contentos al saber que tenían todos los permisos para llegar a tercera base. Las que no sabíamos lo que era un beso o quienes no querían tener un hijo aún nos miramos aterradas.

Hubo padres que se rebelaron, por supuesto, pero fueron acallados por una multitud que hablaba de prosperidad y de que seríamos unas egoístas por no querer quedarnos embarazadas siendo unas niñas. Es irónico que esa misma gente que hablaba de ironía se quejaba de lo caros de mantener que son los niños. También es irónico que pudiésemos ser lo suficientemente mayores para parir pero no para negarnos a tener sexo sin consentimiento o a traer un bebé no deseado al mundo.

Tras esta reunión con sus consiguientes ataques de histeria y de alegría (cada una lo llevó como pudo); llegó todo el equipo de grabación al pueblo: visitantes ¡negocio! poco importó que nos tratasen peor que a basura, despreciando todo lo que hacíamos y decíamos.

El primer suicidio puso a los productores muy contentos, la audiencia subió como la espuma y los patrocinadores no paraban de llamar. Conocía a la pobre chica, Amy, se llamaba. Estaba en la clase de al lado pero vivíamos muy cerca y siempre me invitaba a su pequeña piscina en verano; era un trozo de plástico pero nosotras nos lo pasábamos en grande echándonos agua y correteando por el abrasado césped con los manguitos puestos.

Amy discutió con su novio la noche en que nos anunciaron que nos habían seleccionado para participar en el reality, por lo visto, él la pegaba y ella quería dejarle, pero la familia de ella era muy pobre y las chicas que se quedasen embarazadas antes iban a cobrar mucho dinero; así que  la presionaron para poder sacar adelante a sus hermanos pequeños. Imagino que la perspectiva de tener un hijo con semejante animal la aterrorizaría y se encontró atrapada y sin nadie a quien acudir. Se inventaron la mentira de que se suicidó porque no era fértil.

Una cámara nos seguía a todos lados y teníamos que hablar continuamente de lo maravilloso que era tener niños. Nos filmaron mil y una veces con predictors en la mano porque no estábamos lo suficientemente emocionadas al ver los resultados. La vida en el instituto se polarizó entre las que se quedaban embarazadas y las que no.  Se pasaron millones de recetas caseras para concebir y los pasillos eran un auténtico mercado negro de pastillas, cremas o lo que fuese para quedarte embarazada.

Finalmente, seleccionaron a las 25 primeras chicas que se quedaron encintas primero, habría 16 titulares y 9 suplentes por si había algún aborto espontáneo. Tuvieron que poner más seguridad porque varias de las suplentes empujaron por las escaleras a dos de las titulares, y a otra la atropellaron.

Tras tres temporadas en las que la audiencia pudo ver cómo aquel grupo de grandes amigas se quedaban embarazadas juntas, parían juntas y se las apañaban con sus hijos juntas; el equipo de grabación se fue sin más un día. Dejando 26 bebés (Lily Stevenson tuvo gemelos) y 25 madres adolescentes tras de sí, que fueron las ricas del pueblo unos años y después volvieron a la miserable vida de antes porque dilapidaron sus fortunas. Sólo tres o cuatro acabaron el instituto y fueron lo suficientemente listas como para largarse.

¿Qué si me quedé embarazada? Lo triste es que fantaseé con la idea de encontrar algún chico que quisiera ser mi novio con la excusa del programa, pero no lo hice. ¿Quería quedarme embarazada? Quería integrarme, ser parte del grupo, aunque seguramente mi bebé les pareciera feo como me hacían sentir a mí. 

concursoderelatos
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  • 19 de Octubre de 2012 a las 14:29
Día -2


La convocatoria había llegado a Sonia, como tantas otras, a través de varios amigos por las vías habituales. Tristemente, la llamada a tomar las calles se había vuelto rutinaria. Quién la convocaba apenas importaba ya. Pero no quedaba otra: cuando el cuerno sonaba había que luchar, y la batalla se libraba en cada manifestación, sentada o mero acto presencial. Impedir el paso, gritar o mirar acusadoramente, a los que mantenían al 99% bajo la amenaza permanente de la miseria. En realidad a menos del 99%, ya que muchos no tenían ya trabajo, un hogar, algo que llevarse a la boca o a la de los suyos. Sí, había que acabar con toda esta locura del único modo que podían: oponiéndose, protestando, no siendo cómplices. Sonia no se lo pensó mucho: difundió los mensajes que llamaban a las calles y se metió en varios foros para cargarse de ánimos hasta los dientes. Apenas quedaban un par de días para la siguiente cita con la dignidad que trataban de robarle desde el sistema. Era extraño que esta vez se hubiera planteado una movilización de modo tan repentino. Pero todo el mundo parecía estar informado y listo. La dinámica de la lucha los mantenía a alerta. La horda virtual estaba siempre en movimiento, lista para asediar la fortaleza que fuera necesario en cualquier momento. Las lealtades estaban más que probadas. Lo que en un principio tardaba meses en decidirse y organizarse había llegado, a la fuerza de repetirse, a volverse algo casi instintivo. Hasta contra los desahucios exprés aprobados por el penúltimo gobierno se conseguía reunir a suficientes personas en cuestión de horas. Aún así: dos días para organizar una marcha masiva eran demasiado pocos. Habría que estar más vivo que nunca para que no faltara nadie. Sonia revisó de nuevo todos los canales que la red ponía a su disposición. La máquina estaba bien engrasada, no había duda. Pronto sólo necesitarían el tiempo que tardara cada uno de ellos en llegar de su casa al punto de encuentro. Pronto las pequeñas batallas serían una sin fin. Hasta la victoria. Pero por medios pacíficos. Era fácil dejarse llevar por la palabrería belicista, pero no debían ir más allá. El cambio debía ser, ante todo, pacífico. Aunque bien cierto era que cuanto más se fuera de las manos la protesta más tiempo tendrían en los medios de comunicación de masas. Sobre todo en la tele sólo querían sangre y fuego para volver a la opinión pública en su contra. Pero no, el pueblo no era idiota. Escribió un artículo con lo que había recopilado y lo adjuntó al arsenal colectivo. Sonia se echó hacia atrás en su sillón para poder ver en su totalidad la pantalla que ante ella mostraba los nuevos carteles, artículos con el llamamiento y varios hilos de conversaciones. Sintió orgullo. El único orgullo que no le parecía mezquino al no ser egoísta. Orgullo por lo que estaban haciendo entre todos. Orgullo por lo que estaban haciendo para todos.


Día -1


El olor a nuevo no era común en el cuartel, pero aquella mañana hasta el mismo edificio le pareció recién pintado al comandante Expósito. Había cajas vacías y plásticos por todo el suelo, restos de corcho sintético, bridas y sujeciones, papeles con indicaciones que nadie leería y pocos seguirían acabaron en torno a un contenedor. Las partidas de equipo nuevo seguían llegado de mano en mano desde los camiones. Manos también nuevas, peor que nuevas: novatas. La chavalería que le habían mandado como refuerzo apenas había pasado los cursos específicos de contención de masas. Por supuesto no tenían la experiencia previa requerida en el cuerpo para estar en ésa unidad. Así se hacían las cosas ahora. Se reunían cuatro políticos y reescribían los requisitos. Todo acorde a reglamento. Como si cambiar unas pocas palabras pudiera cambiar a una persona. O aún, convertir a un crío en un policía, no ya en un miembro de la unidad de acompañamiento de masas, o como coño los llamaran en el ministerio. El comandante Expósito cogió uno de los cascos. La verdad es que parecían buenos. Subió y bajó el visor. Como sospechó, aún con él subido la publicidad se leía perfectamente. Tiene cojones: publicidad en los cascos de unos antidisturbios. Porque por mucho que fuera la marca del fabricante, y por aparentemente disimulada que estuviera, aquello era publicidad. Pero bueno, ¿acaso no hacía todo el mundo campaña de la marca de ropa, o de las zapatillas que vestía desde toda la vida? Qué más daría. Eran buenos cascos. Estrelló uno contra el suelo. El que sea que se hubiera llevado la comisión se la había ganado esta vez. No como con la partida de granadas de gas lacrimógeno que salió defectuosa y los dejó a cien de sus hombres sin más opción que tirar de porra. Menuda escabechina. Pero bueno, aquello ya pasó. Y con suerte a la semana las televisiones ya tuvieron otro al que hincarle el diente. Aún así había que hacer un lavado de cara y tuvieron que colaborar con una de las cadena, no la pública claro, habría sido muy cantoso. Como si no lo fuera todo últimamente. El caso es que en el cuartel se instalaron un par de equipos de grabación. Lo cierto es que no daban mucho la lata. Sabían a qué habían venido. Las grabaciones estaban, como ellos decían, semi-guionizadas. Lo justo para no perder del todo la naturalidad pero no tanto como para que saliera al aire algo impropio. El documental debió gustar por ahí arriba. El caso es que terminó siendo una especie de serie. A Expósito no le interesaba demasiado, se conformaba con contentar a su superior. Y mira tú por donde, no debería estar muy a malas cuando había decidido que ya tocaba renovar el equipo y darle los efectivos que estaba harto de pedir. Los chavales le parecieron una broma. Pero los cascos, al menos, parecían buenos. Habría que ver el resto del material, entre toma y toma.


Día 0


Había resultado imposible que la competencia no se enterara, al fin y al cabo no se puede montar una marcha de tales características sin hacer ruido en la red, y la red era su principal fuente de información. Ignacio contaba con ello. Aún así los mejores puestos los tenían asegurados desde hacía semanas, si bien algunos estaban permanentemente reservados, Ignacio se guardaba un as en la manga que le hacía sonreír sólo de pensarlo. Las cámaras se instalaron durante la mañana, las unidades móviles llegaron a los puntos claves a la par que la del resto de compañeros. Nadie sospechó nada porque no había nada que sospechar. Era una manifestación masiva de tantas que recorrían el país. Los medios se desplegaban casi con pereza ante la costumbre. Las reporteras probaban el audio y sacaban apuntes para las entradillas. Todo hiría como siempre. Si acaso alguna cadena mantendría una ventana para hacer un seguimiento continuo durante toda la tarde. Pero Ignacio aguardaría al prime time para jugar su baza. Había arriesgado mucho con esto y no estaba dispuesto a perder. Iba a hacer historia. La televisión no sería la misma después de aquella noche. La exclusiva no era total, pero a la hora de la verdad se llevaría a toda la audiencia. Estaba nervioso. No lo iba a negar. Pero sobre todo ansioso por que llegara el momento de pulsar el botón y que el mensaje se sobrepusiera en las pantallas de cientos de miles de personas (su audiencia habitual) en un primer momento, de millones si todo iba como esperaba poco después. Y luego, pasara lo que pasara daría igual. Lo habría hecho. Sería leyenda. Tras meses de preparación todo estaba listo, los actores principales comenzaron a seguir el guión que había escrito para ellos, sin variar demasiado el texto. Las expresiones de descontento se habían tornado tan previsibles... Al par de horas ya había cientos de miles de personas concentradas, gritando los viejos lemas de siempre, pero también los que el propio Ignacio había redactado y hasta algunos nuevos y muy buenos que apuntó. Todas las cadenas iniciaron sus cortes para informar, algunas ignoraron el acontecimiento hasta la llegada del informativo de la noche. Ignacio esperó frente a los monitores a que todas hubieran dado su versión. Incluída la suya. A las diez casi todos se habían olvidado de la penúltima pataleta. Las redes comenzaban a vomitar artículos dispares. Pero aún quedaba el plato fuerte. Comenzó el especial informativo de su cadena. Salvo porque no era un informativo. El presentador estrella apareció y dio paso a las imágenes en exclusiva, en directo, desde el corazón de la manifestación, en distintas ciudades, en distintos puntos. Eran cámaras que llevaban infiltrados de la cadena, cámaras que captaban lo más íntimo de cada protesta. La pantalla se dividió en 12 secciones mostrando en cada una de ellas el nombre de la ciudad de procedencia formando una etiqueta de apoyo. El efecto fue inmediato. Las redes comenzaron a llenarse de mensajes etiquetados. El presentador volvió a plano y leyó algunos, mientras en las imágenes aparecían los procentajes de apoyo que recibía cada punto caliente. Antes de pasar a publicidad anunció que eso no era todo. Entonces las 12 secciones cambiaron. Sí, había cámaras subjetivas entre los antidisturbios de cada ciudad. Solo que esta vez el mensaje era distinto: Envía CARGA #Ciudad al 24666


El logo de la cadena avisó de que volverían en sólo 2 mintuos. Ignacio se mantuvo concentró en el monitor central donde aparecerían en breve los datos de los mensajes al 24666. Su móvil sonó. Era el director de la cadena. Ignacio sabía que iba a felicitarle en cuanto el aviso de “centralita colapsada” se plasmó en el monitor.
concursoderelatos
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  • 19 de Octubre de 2012 a las 14:31
Soy Sacra. El último relarto editado entra en concurso. He explicado las circunstancias en el hilo de los comentarios.

A partir de ahora todo en el hilo de comentarios. Gracias.
   
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