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romi
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El agua que baja de Sierra Nevada

5 de Abril de 2012 a las 13:22

Bubok

Meditar la Alhambra

El agua que baja de Sierra Nevada,

fresca y limpia

como el limpio viento de las altas montañas,

desciende cantarina

y se quiebra y remansa

en los valles de la hierba

y en los misteriosos recodos de las sombras largas.

Es esencia pura de sol y silencios

que busca los silencios de la Alhambra

y llena de armonía las tardes

de los sueños que en las tardes llora el alma.  

          De su amiga en el extranjero recibió noticias que decían: “Para Semana Santa, quiero ir a Granada. Quiero ver las procesiones por las calles, por la Carrera del Darro y frente a la Alhambra y quiero recorrer el Albaicín y oler la magia de sus rincones llenos de incienso y flores. Pero sobre todo, quiero pasear y gustar la Alhambra de esa manera auténtica que dicen solo tú sabes mostrarla. ¿Puedes atenderme?” Y enseguida él contestó a su amiga diciendo: “Por Semana Santa, sí que puedo atenderte en tu visita a Granada. Y claro que puedo y quiero mostrarte la Alhambra de esa manera que sé yo y a muchos les entusiasma. Ven cuando quieras que, con los brazos abiertos, ilusionado te espero. No en Plaza Larga ni en el Albaicín ni río Darro ni en los jardines de la Alhambra. Espero tu llegada, donde los ríos se juntan y nos conocimos aquel día de invierno”.

          A él no lo conocían muchos en Granada pero los amigos que tenía, siempre comentaban:

- Su forma de enseñar la Alhambra, en nada se parece a lo que dicen y explican tantos guías.

- Es que él no enseña ni explicar la Alhambra, la muestra desde el alma y desde ese matiz tan peculiar que no se expresa con palabras. Por eso siempre dice: “Mirar la Alhambra, recorrer sus palacios, leerla en los libros, hacerle fotos y tocarla, no es conocerla en su esencia más real. Para descubrir al menos un poco lo mejor de la Alhambra, primero hay que meditarla, luego hay que gustarla dentro y después, recorrerla en silencio”.

- Pero esta forma suya de ver y exponer la Alhambra casi nada tiene que ver con el modo en que casi todos la enseñan.

- Es que él no la enseña, la medita. Y en este matiz que parece tan pequeño, es donde se encuentra la diferencia.

          Estas y cosas parecidas comentaban sus amigos mientras iban y venían por las calles de Granada. También mientras él aquella tarde de primavera y vísperas de la llegada de su amiga, salía de Granada con la mochila acuestas. Recorrió los caminos, a ratos por las orillas del río Genil y en otros momentos, por las laderas de las montañas y al caer la tarde, llegó al sitio. Descolgó su mochila, sacó las cosas, desplegó la tienda, la montó en el rincón que desde hacía mucho conocía y luego se acercó a las aguas del río. Se comió un bocadillo y mientras contemplaba la corriente y pensaba en ella, se dijo: “Justo aquí, entre la acequia, el charco y la corriente, le voy a decir que plante su tienda. En el mismo sitio y del mismo modo que aquel día para que viva la experiencia con toda la profundidad y frescura que necesita”.

          Y al caer la tarde, se metió dentro de su tienda y se puso a meditar mientras cogía el sueño. Amaneció al día siguiente con el cielo por completo limpio, azul intenso y luego salió el sol brillante y puro, como el mejor día de primavera. Se dijo, pensando en ella y gustando la belleza del nuevo día: “Es lo que más le gusta y necesita para vivir la experiencia única que está buscando”. Y se puso a esperarla, con la ilusión de verla asomar con su mochila acuestas, su coleta de pelo negro, su sincera sonrisa y la inmaculada belleza de su cara.

          Era ya medio día un poco pasado, cuando la vio asomar por el camino. Salió a recibirla, la acompañó hasta el lugar de la acequia, le ayudó a descolgarse su mochila y luego, después de un buen rato de charla y de compartir cosas y noticias, se pusieron a montar la tienda. Justo donde años atrás. Y cuando la tarde se iba, se sentaron frente a la corriente y charlaron de mil cosas más durante mucho rato. Luego dijo él, cuando ya la noche llegaba:

- Ahora, entra a tu tienda y mientras coges el sueño y también mientras duermes, gusta y medita los sonidos y silencios que este lugar concreto regala. Mañana vamos a la Alhambra y te la muestro verás como la descubres en su realidad más auténtica.         

Y se metió ella en su tienda, se acurrucó en su saco de dormir y en silencio, se puso a gustar del rumor del río, del chapoteo de la acequia, del siseo de las hojas de la alameda, del canto de los autillos, ruiseñores y mochuelos y del silencio de las horas pasando. Al amanecer, salió de su tienda y se puso a mirar la salida del sol. Salió él también de su tienda y después de saludarla le preguntó:

- ¿Has gustado de la música de las aguas?
- La he gustado y ahora ya creo que sí estoy preparada para ir y que me muestres la Alhambra. Porque también ahora creo que sé lo que significa el agua en esos palacios y jardines y en Granada. Tu modo de preparar para ver y gustar las cosas, es el mejor. Vamos y muéstrame la Alhambra que quiero descubrir y saborear en profundidad su esencia. 

   
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