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romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

Soñando con la Alhambra

9 de Marzo de 2012 a las 14:45

Bubok

Soñando con la Alhambra

            I- Al norte de Granada, no lejos del barrio del Albaicín, frente a la Alhambra y entre el río Darro y otros cauces más pequeños, se encontraba el Cortijo de la Viña. Una hermosísima almunia, ya hoy desaparecida pero que, en otros tiempos, fue mucho más que un pequeño paraíso. Con preciosos trozos de viña, muchos naranjos, cañadas repletas de agua, laderas tupidas de almendros, castaños, encinas, un manantial de aguas termales, con su cascada y redondo charco, varias albercas y muchas acequias. Nada que envidiar a la Alhambra y menos en sus habitantes: un hombre mayor con su borriquillo, la madre con su hija pequeña y otras personas amigas que cultivaban y cosechaban los productos de las tierras.   

    De este cortijo y sus habitantes, al correr del tiempo, se han conservado muchos, muchos escritos. Fragmentos hermosísimos que el hombre mayor, dueño de aquel borriquillo, recogió a lo largo de muchos años. Son muy pocas las personas que conocen la belleza de estos sencillos escritos, poemas, relatos, historias, interesantes leyendas, todo lleno de amor a las personas, animales y naturaleza y todo repleto de trozos de cielo, luces y perfume de los rincones de Granada. Lo que a continuación pongo, es un trozo de aquellos escritos, donde el hombre, su borriquillo y la pequeña, sueñan sus sueños. Porque la niña, siempre estaba soñando con los palacios de la Alhambra. Y como ella nunca había pisado estos rincones, continuamente los imaginaba y pedía que la llevaran a verlos. Por eso, a su manera, en sus momentos de juegos por los paisajes del Cortijo de la Viña, hacia realidad los sueños que en el corazón llevaba. Y el hombre mayor, al verla, charlaba con su amigo y le decía:   

         - ¿Tú sabes qué es lo más bonito de la ciudadela que quiere construir la niña? Tú no lo sabes y, a mí, nadie me lo ha dicho pero lo intuyo y por eso te lo voy a contar. En el castillo que ella está construyendo, proyecta un rincón especial que será como la joya de la corona. A lo mejor me equivoco pero creo que no. Y la corona de la joya, lo más bonito de su castillo, ¿sabes tú lo que será? El día de hoy se abre regalando la sensación más redonda. Como si fuera perfecto y por eso tanto bienestar, sensación de plenitud, de paz, de armonía en el espíritu y de consuelo en el corazón. Es como si entre la luz hoy el día lo tuviera todo y, al saborearlo el alma, también se quedara satisfecha hasta lo más hondo. Aunque algo le falta a este día y son las nubes y la lluvia. Ayer me dijeron que hasta la última semana de marzo, no va a llover en serio. Tenemos que resignarnos pero la lluvia es lo que más falta hace en este país ahora mismo.

         La niña volverá dentro de un rato porque ayer cuando oscurecía nos lo dijo:

- Ya lo tenemos todo preparado. Mañana, en cuanto caliente el sol, me vengo con vosotros y seguimos.

Toda la tarde de ayer estuvimos sin parar llevándole piedras del río y del arroyo. Redondas y alargadas, rectangulares y aplanadas, en forma de galletas… Todas piedras talladas y pulidas por la corriente de las aguas y por eso bonitas y de colores. El río arrastra piedras de las montañas y algunas son de mármol verde. Como el que hay en muchos edificios y calles de Granada y también en algunos recintos de la Alhambra. Una roca color verde alga que parece serpentina pero es mármol y que abunda mucho en Sierra Nevada. También en este río nuestro y en otros de esta ciudad. Otras piedras bonitas que le llevamos a la niña, para su fortaleza, eran de cuarzo blanco, rojo, caramelo miel, transparente y con diferentes formas. En cuanto veía ella algunas de calcita color miel, siempre decía:

- Ésta, ponedla aparte. La colocaré luego en la estancia más lujosa de mi fantasía. Y las de calcita color nieve y con formas mágicas, dejadlas en la hierba de este lado. Éstas me servirán para la habitación de la princesa.

Y, de vez en cuando, yo le inquiría:

- Y éstas de cuarzo transparente que parecen diamantes o agua clara ¿dónde las ponemos?

Y ella respondía:

- Éstas, todas me las dais a mí. Quiero guardarlas bien para decorar luego una estancia, que ahora mismo es secreto.

         Al oír esto tú, la mirabas y me mirabas a mí como preguntando: “¿Qué estancia secreta, de este castillo suyo, será esa?” Con mis miradas, para que ella no se enterara, te decía yo: “A lo mejor es donde ella quiere guardar su caja del tesoro. Porque tú sabes que la niña tiene una bonita caja que llama “del tesoro” que nosotros nunca hemos visto ni sabemos lo que encierra dentro. Pero deben ser cosas muy importantes por el nombre que le ha puesto a su caja. Ya veremos en su momento.” Y seguíamos dándole piedras bonitas del río en todos los tamaños y colores. ¿Te fijaste tú lo feliz que era y lo hermosa que estaba? Tumbada sobre la pradera, frente al acantilado del río, con la imagen de la Alhambra al fondo y rodeada de cientos de piedras casi preciosas. Su pelo caía sobre la hierba, su cara brillaba con el sol de la tarde, su sonrisa se derramaba por toda la llanura y sus miradas… Siempre que nos miraba prendía en llamas la belleza nuestras almas. Te lo voy a decir: lo más bonito del castillo que quiere hacer la niña es ella misma, su corazón, su gracia, su sonrisa, su ilusión y la ternura que, al jugar, derrama. 

          II- Ya la niña tiene las cosas claras para su palacio de sueño. Ayer la esperábamos nosotros y llegó puntual. Y, además, trajo regalos para todos. A ti, a Bandolero y a Enebro, dos buenas manzanas para cada uno y a mí, una fiambrera llena de migas calentitas. Me la dio y dijo:

- Mi madre acaba de hacerlas para ti. Cómetelas verás que buenas.

Y no esperé ni un momento. Al bordé del arroyo, sobre la hierba, me senté y me puse a comerme su regalo. Me mirabais vosotros y vi como te llamó ella. Te acercaste, te dio un abrazo y dos de las seis manzanas. Te dijo:

- Para que desayunes y me quieras un poco más.

Luego llamó a Bandolero y a Enebro, su caballo negro Pura Raza Española y a cada uno, en cada mano, le ofreció sus dos manzanas. Os mirabais entres vosotros y también a la niña y el cuadro parecía de ensueño. Era un juego que nos regaló mucho gozo, nos quitó la gelidez de la mañana y nos dio vitalidad para afrontar el día.

         Se vino a mi lado y me dijo:

- Tú, cómete tranquilo las migas que te he traído que yo voy a comenzar a construir mi castillo.

Le pregunté:

- ¿Y podemos, luego, seguir ayudándote?

- Sí, en algo porque mi castillo quiero hacerlo sola. Es mi sueño. Cuando termines tu desayuno te diré en qué puedes ayudarme.

- ¿Y mi amigo, Enebro y Bandolero?

- Ellos están aquí y me dan compañía. Que coman en su prado y nos vivifiquen con su presencia.

Te he visto que sigue mirando y lo mismo Enebro y Bandolero. He visto a la niña que ha ido cogiendo las piedras que ayer le regalamos y, desde la hierba, se las ha llevado al pequeño cerro que hay entre el arroyo y el río. No me había dicho nada pero ahora descubro que quiere construir su castillo frente a la vega, como enfrentado a la Alhambra, en lo más alto, entre las dos corrientes de agua y en el llano del montículo. Me he dicho que ella sabrá lo que hace y que es su juego. Y ella sabe lo que hace y por eso me dice:

- Desde el arroyo, por encima del charco, necesito que me traces una acequia que surque la ladera y me traiga el agua a mi castillo. Dentro de este palacio pondré jardines, muchos arrayanes y fuentes y cascadas. Porque aun todavía nadie me ha llevado a la Alhambra, pero yo quiero construir la mía propia.

Le he respondido:

- Ahora mismo me pongo a trabajar en la acequia que me pides. Tu bonito palacio, tiene que estar rodeado de hermosos jardines, muchas fuentes de aguas claras, cascadas, albercas y otras mil maravillas para que esto no sea menos que la Alhambra que en tu corazón llevas.

         Me sigues mirando y miras ahora para el río. Cauce arriban suben dos muchachas con sus caballos. Pasan ronzándonos y nos no saludan pero, en los chaparros del puntal de las retamas, se paran y se ponen a buscar bellotas. Una dice: “Lo que yo quisiera es saber si a los caballos se les puede dar de comer frutos secos. Es que tengo muchas nueces y si los caballos se las comen se las puedo dar al mío.” Sin decirte nada otra vez te he mirado y a Bandolero y a Enebro. Pero, antes de que se me olvides, tengo que decirte algo:

- La niña, el otro día me dijo, que está buscando un nombre nuevo para ti. Que aunque el tuyo es bonito, como ahora ya eres amigo de ella, le gustaría llamarte con un nombre que se parezca a la niebla, a la lluvia, a la nieve, al verde de este prado… Y otra cosa más: en su castillo de ensueño ¿construirá para ti y para mi, algún aposento? Tenemos que preguntárselo porque nosotros, en todo momento, queremos estar a su lado.  

itziar16
Mensajes: 44
Fecha de ingreso: 2 de Octubre de 2011
  • CITAR
  • 24 de Marzo de 2012 a las 1:30

Me ha gustado mucho este relato, aunque otros me han gustado más. Si puedes y quieres, me gustaría que leyerás este relato que subí hace casi 1 mes aquí, pero ya no sé en que página estará, así que lo pongo aquí:

UNA PAREJA NORMAL

 

Me pasó un día hace ya bastantes años. Tenía 17 años en el año 1995, estaba con mis amigas en la universidad pública de Navarra, para hacer la selectividad.  Todas vimos de lejos a un chico guapísimo, mis amigas me lo comentaron:

-Haizea mira ese tío de azul, es guapísimo. –Yo claro que le estaba mirando, pero prendada y no me enteraba de lo que decía mi amiga.

-¡Haizea!

-¿Qué? –Mi amiga creo que se dio cuenta de eso y me dijo –Anda venga, sí es guapísimo, pero tenemos que hacer el examen de la selectividad, hija. –Ah. –Entré, en serio ese chico era guapísimo. Suponía que iba a aprobar la selectividad, ya que aunque mi media de bachiller no era muy alta tenía un 6,1 y si en la selectividad entraba lo de bachiller, esperaba aprobar y aprobé con un 6,7. El caso es que en septiembre de aquel año 1990 al empezar la universidad, me enamoré perdidamente de aquel chico, me entere de que se llamaba Aitor y estudiaba derecho. Yo estudiaba magisterio (educación  primaria). Por suerte, un amigo de mi clase de magisterio era amigo suyo también y un viernes quedamos los tres juntos. Insistí a Aitor durante mucho tiempo para que saliera conmigo y siempre me decía que no, pero mirándolo desde el presente tiene su gracia. Yo siempre le decía, por supuesto cuando ya teníamos un poco de confianza:

-Aitor ¿Quieres salir conmigo? –Se lo decía así directamente y como ya he dicho antes siempre me decía que no, hasta un día que me dijo que sí. En este proceso yo hice muchas cosas por él y me pasé, pero gracias a eso al final me dijo que sí. Comenzamos a salir ya en 3º de la universidad, empezamos yendo por el parque de la ciudadela, dando vueltas por Pamplona, íbamos juntos a conciertos, a San Fermín… Al principio nos iba genial, Aitor aparte de guapísimo, era muy simpático, inteligente y buena persona y sobre todo además de mi novio era mi amigo. Un día, después de llevar 1 mes saliendo, se lo comuniqué a mis padres:

-Estoy saliendo con un chico se llama Aitor, desde hace un mes, solo quiero saber si os parece bien. Es un chico muy majo, además de guapísimo.

-Claro que nos parece bien, un día lo puedes traer a casa y así lo conocemos. –Me respondió mi madre y baje corriendo a la calle, donde me estaba esperando Aitor y le abrace. Desde entonces NUNCA nos hemos separado. Hemos tenido muchísimas discusiones y muchísimos problemas, pero siempre nos hemos querido mucho. Tenemos dos hijos, Ainhoa y Amets. Uno de los principales problemas que teníamos al principio de nuestra relación era que yo no tenía una mejor amiga, sino un mejor amigo Eñaut, eso le causaban muchos celos a Aitor, por mucho que yo le dijese que quería mucho a  Eñaut, pero para mí no era más que un amigo. Al final lo comprendió, comprendió que Eñaut y yo nos queríamos mucho, nos abrazábamos etc… pero solo como amigos. Discutimos demasiadas veces sobre eso, por más que parezca que esto de la amistad entre un hombre y una mujer heterosexuales ya se entiende, todavía no, hay demasiada gente que aún a finales del siglo XX o ahora mismo en el siglo XXI cree que eso es IMPOSIBLE.

Más tarde tuvimos a Ainhoa,  yo daba clases en mi antigua Ikastola (escuela) y Aitor hacía muchos viajes, por lo tanto no podíamos cuidar por las mañanas a la niña, por lo tanto tuve que faltar muchos días a clase y me costaba muchísimo corregir los exámenes, casi me echaron, por suerte encontré a un chico de 20 años que buscaba un trabajito para pagarse la universidad. Dos años después de Ainhoa nació Amets, antes de que naciese hable con Aitor diciéndole que debía dejar de hacer tantos viajes, dejó de hacer tantos viajes y me ayudó a cuidar a Amets.

Arreglado este problema, hace tres años tuvieron que operar a Aitor, ya que se puso muy enfermo, al principio cuando íbamos a visitarle nos dijo uno a uno que nos quería a mí me dio ánimos (y a mis hijos) por si la operación no salía bien, en vez de lo contrario y yo llorando delante de él. Finalmente, todo salió bien. Sin embargo, hace muy poco yo también ingresé en el hospital muy grave, ya que me atropellaron, estuve dos días en la UVI, después me darían el alta, pero tenía que pasar otros dos días en el hospital y esta vez fue lo contrario yo les anime a él y a mis hijos en vez de ellos a mí, les dije a los tres que les quería y se emocionaron.

Yo hoy por hoy puedo decir que Ainhoa, Amets y Aitor son los tres amores de mi vida, lógicamente les quiero de distinta manera y como toda madre quizás quiero más a mis hijos, pero sigo enamorada de Aitor, no creo que este enamoramiento dure para siempre, ya que no creo en el amor eterno, pero estoy segura de que cuando se nos acabe seguiremos siendo amigos, nos llevamos muy bien, a pesar de todas las discusiones y problemas que tenemos.

 

   
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