La playa Al otro lado de la toalla veo tus ojos tan verdes como el fondo del mar. Veo como te levantas y observo tus piernas, confundiéndose entre la arena que no pisas todavía para no quemarte los pies. Veo tu melena castaña -casi rubia- moverse por la suave brisa marina mientras las gaviotas protestan al sol. Veo tu rostro, bello como tu boca. Veo tu sonrisa dedicándole complicidad a la mía. Siento miedo. |
Reconstrucción Al otro lado encontraría una oportunidad de revivir la civilización perdida. Había huido de la autodestrucción en aquella nave nodriza buscando un nuevo mundo. Giró la cabeza para contemplar a todos los que le miraban con ansiedad, expectación y esperanza. Buscó una frase que quedara para la historia cuando atravesase la puerta. Sólo suspiró y dijo: ¡Vamos! La empujó con una sensación de profundo cansancio. Todos trabajaban en sus mesas, como siempre. - Arturo –le dijo Inés-, menos mal que llegas, ya era hora. El jefe te espera. A ver cómo sales del lío en que nos has metido. |
En el borde Al otro lado de la mesa del despacho, estaba una de sus alumnas. La había visto sacar y meter una chuleta del sujetador en mitad de un examen y ni antes, con toda la clase delante, ni ahora a solas, sabía qué hacer. No era la primera vez que ocurría. Ella le miraba con toda la picardía que le daba saberse dueña de la situación. Él la miraba a ella, intentando que sus ojos no bajasen al vértice que sobre el pecho le hacía la blusa. No era su primera vez y algo le decía que tampoco sería la última. |
Dios!... -Al otro lado…, ya, ya… ya estamos al otro lado, mira, mira… ¡jajaja…! lo conseguimos, lo hemos logrado mi amor, ¡por fin!, se acabaron las penurias y las miserias, jajaja…! Aquí existe la dignidad, encontraremos un trabajo digno en seguida y seremos felices, muy felices mi cielo. Lo sabía, sabía que no podíamos fallar ¡jajaja…! ¿Te lo puedes creer?... siiiiiiiii… ¡es verdad!, créetelo mi amor, mira… estamos aquí, al otro lado, mira… mira, por favor… abre los ojos… ¡Abre los ojos!... no me hagas esto… no… nononono… ¡ahora no…!¡no me hagas esto!... ¡noooooo…! Maldito, maldito, maldito seas… ¡Dios!... |
La maté porque era mía -Al otro lado – dijo Juanjo – entre la oficina de seguros y la carnicería. ¿Lo ve? -Gracias – respondió el hombre sin mirarle. Cruzó la calle con el semáforo en rojo. Trastabillaba ostensiblemente. Juanjo le vio ir, había algo raro en él. Quizá estaba enfermo. Miró en la carnicería, buscaba algo. Cuando llegó a la Peluquería, pegada a la Oficina de Seguros, empujó la puerta y entró. Se escuchó un disparo, gritos, después el hombre salió corriendo. Sin pensárselo Juanjo se lanzó sobre él y lo tiró al suelo. -¡Por fin he matado a esa zorra! –dijo. |
Reflejos Al otro lado estaba aquella gorda deforme a la que no soportaba gimoteando y sorbiendo sus propias lágrimas. —Nunca lo conseguiré, mírame —lloriqueaba ante su mirada asqueada. Cerró bruscamente la puerta del armario al escuchar la llamada de su madre. —¡Nuria, a comer! ¿No estarías mirándote al espejo? Sabes que la doctora te lo ha prohibido. —No. Nuria salió del dormitorio tambaleándose sobre sus huesudas piernas. Odiaba a su madre, ella era la que cebaba a esa gorda asquerosa. Hoy tampoco comería, tenía que conseguirlo. |
Las dos caras Al otro lado del cristal, el bulevard, engalanado con sus mejores trajes. Era navidad, y para incentivar el consumo—disfrazándolo de espíritu navideño—lo habían adornado con mil guirnaldas, relucientes de escarcha, que recorrían las blancas paredes, y las luces, a millones, salpimentaban intermitentemente ese mural. Por el altavoz resonaban villancicos, y los niños se peleaban por subirse a las piernas de Papa Noel, y la gente, apiñada, deambulaba cargada de bolsas y sonrisas… Al otro lado del cristal, Pedro suspiraba y pensaba que después de haber perdido todo en la crisis, esa sería su primera navidad en la calle… |
A la deriva Al otro lado. Creyó escuchar que le gritaban, hizo virar su embarcación y pudo observar que estaba llegando a puerto, empezaba a anochecer, cuando vio a lo lejos una luz brillar con gran intensidad. Su corazón empezó a palpitar y se dirigió hacia esa luz que le mostraba un camino después de muchos años en soledad. Llegó al embarcadero, amarró su velero, se giró y allí estaba ella esperándolo, la besó y entonces comprendió que esa luz, que en el horizonte le guió, era el corazón de su amada que lo llamaba para que volviera a su hogar. |
El más acá Al otro lado lo más probable es que ya nadie le espere, pero se marchó tan rápido que no puede cejar en el intento de recibir una explicación a semejante traición. De nuevo, cierra su único ojo y concentra todas sus fuerzas en ponerse en contacto con los vivos. |
Su otro yo Al otro lado de su ser se encontraba su otro yo. No era más listo, ni más canalla. Simplemente era su lado que mataba. Aparecía en contadas ocasiones, cuando ni él mismo se lo esperaba. No obedecía a voces extrañas. Más bien, parecía despertar de un letargo, y entonces abría los ojos, abriendo así mismo los de Manuel. Cuando éste sentía la sangre ajena sobre sus manos, su otro yo se escondía, dejando al hombre solo, ante su crimen. |
La venganza de Larry Al otro lado oscurecía y nadie iba a ser testigo del crimen. Los maíces aumentaban la penumbra del ocaso cuando Lito cortó el costado de Larry con su azada, acallando también el último estertor del herido. Yo encontré a Larry a la mañana siguiente. Él resucitó, a pesar de tener seis meses de vida. Siete años más tarde. Larry me llevó hasta Lito gimiendo. Mientras, iba adelantándose entre los maíces. El anciano estaba muerto, abrazando su cesta de espigas rojas. Lo cierto es que siempre agarraba a Larry como podía para que no atacara a Lito. |
Doble vida Al otro lado de la pantalla está él. Me espera paciente; a que me decida, a que sea valiente, a que deje de vivir una vida fingida y me entregue a mis deseos. Pero ladeo la cabeza, y al apartar mis ojos del ordenador, los veo a ellos: mis hijos, mi marido, mi familia. Me veo incapaz de romper esa estampa. Puedo amar ambos mundos pero…¿hasta cuándo? |