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J.N.L. Lejos del pueblo y de su casa, lejos de la España que nunca quiso, don Juan repasó una vez más sus fotos de entonces. En su corazón no pesaban tanto los achaques como sus fracasos durante la guerra y el propio exilio. Estaba cerca de los sesenta y cinco y ese día no se encontraba bien. París le enfermaba. Desconfiaba de las pastillas de los médicos y había dejado de tomarlas. Pensó de nuevo que su dolencia provenía de la tristeza enorme, la tristeza inconmensurable de no haber podido defender a todo un país de una horda de simples asesinos. |
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NHEL Lejos del pueblo y de su casa, Nhel paró y se sentó sobre la gran piedra, límite de la tierra permitida. |
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Caminante, no hay camino Lejos del pueblo y de su casa vive. Hay quien emigra de forma forzada, y entonces solo ansía volver, volver al lugar donde había probado el agua de aquella fuente oculta entre dos peñascos, y había plantado allí mismo, con el corazón anhelante, aquel roble que hoy será más alto que un castillo. Hay quien, en cambio, emigra por pura voluntad, y entonces es como si llevara el pueblo y la casa consigo. Y nada, nada le hará volver porque nada, nada le retiene. |
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Exilio voluntario Lejos del pueblo y de su casa, todo lo ocurrido le parecía irreal. Ahora respiraba una libertad y una alegría que no había conocido antes. Lástima que para conseguirlas hubiese sido necesario matar a padre y arrojarlo al pozo. Pero la mirada de alivio de su hermana y el abrazo que madre le dio, antes de marchar, lo justificaban todo. El precio de su voluntario exilio lo pagaba bien a gusto. Había hecho justicia y eso era lo más importante. Algún día, es cierto, le tocaría enfrentarse a un juez supremo y dar cuentas de sus actos. Pero estaba seguro de que Dios le perdonaría. |
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Huyendo Lejos del pueblo y de su casa trata de vivir, encontrar la paz para su atormentada alma. Se viste de largo y negro. Las mañanas son para orar, las tardes para reflexionar y las noches, para llorar. Vive y trata de vivir en el convento, con sus creencias, sus miedos y sus delirios: por ella entró en él, por ella su alma se desgarra tras el velo opaco de la noche, y por ella ha de permanecer ahí, lejos de las tentaciones de la carne, del pecado.
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Injusticia Lejos del pueblo y de su casa se sentía perdido. Le odiaba y jamás le perdonaría. Todos aquellos años ausente, apenas alguna llamada y un par de visitas y ahora venía a decirle que se lo quería llevar con él y encima el juez le había dado la razón. Jamás entendería eso que llaman justicia ¿No le habían oído repetir mil veces que no quería ir? ¿Quién haría justicia ahora con su madre y con él?
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El final del escondite Lejos del pueblo y de su casa, de la mirada severa de su padre y con la complicidad de su madre, había llegado ser lo que siempre había querido. Durante años, con una excusa u otra, no había vuelto a las calles del pequeño pueblo castellano; pero ahora su madre había muerto. Se enfrentó al espejo, aligeró el maquillaje, se vistió de negro, sabiendo de antemano que todos hablarían de esa mujer que volvía de la ciudad a la que una vez se marchó un chico. |
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En ciernes Lejos del pueblo y de su casa, Víctor se sentía pletórico. Había roto de un arrebato con todo lo que no soportaba, sin importarle los reproches ni el cariño de sus padres ni el de sus amigos. Ahora, ilusionado por el futuro, comenzaba a llevar a cabo sus sueños de actor. Solamente le faltaba convencer a la persona adecuada de que era el mejor del grupo para obtener el papel protagonista, con su carácter seductor y sus habilidosas artimañas. Estaba convencido de que su doble personalidad facilitaría su ambición; el director era de los suyos.
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La manzana de Sarah Lejos del pueblo y de su casa sabe que el honor familiar está a salvo. Recluida a varios días a caballo en aquel aislado monasterio aguarda a que finalice tan humillante trance. El sólo respirar le provoca nauseas… Guiada por los indiscretos cuchicheos de algunas religiosas, ha descubierto a espaldas de la abadía el foso al que van a parar los pecados de las novicias. Oculto entre los zarzales. Desprendiendo el pestilente olor a fruta podrida que lo invade todo. …retira avergonzada las manos de su vientre al notar un golpecito cerca del ombligo recordándole que se acaba el tiempo. |
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Frío Lejos del pueblo y de su casa, bueno… de lo que un día fue su hogar, de hecho nunca tuvo ni se creyó dueño de nada ni de nadie, aunque intentó disfrutar de todo y amar como si fuese siempre el último día, sin reservas, sin nada que guardar. Para él, “lo guardado y lo dormido era aquello no vivido”. Le aterraba acabar su tiempo sin vivir suficiente. Repasó su pasado como en un viejo cine mudo en blanco y negro, sobre un fondo mal oliente de urbe que se oscurecía por momentos…, callaba…, por fin… dejó de sentir frio. |
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Sin tiempo para recordar Lejos del pueblo y de su casa, rodando montaña abajo hacia el abismo negro de la noche, piensa por un instante en qué es lo que le ha llevado hasta allí, hasta el borde mismo de su memoria. Y no puede recordarlo, no tiene tiempo para recordarlo mientras su cuerpo yace en lo hondo de hojas y helechos y zarzas, mirando ciego la vida que dejó en lo alto, en la curva que nunca tomó.
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El ruido de la nevera Lejos del pueblo y de su casa no había nada. Revolvió con la cuchara y tomó un sorbo de leche. En la ciudad no era feliz y no entendía porque le habían enviado allí. Apenas conocía a la tía Ursula y en el nuevo Instituto no tenía amigos. Sin levantarse del escaño miró por la ventana: el bosque, rebosante de otoño, estaba esplendido. Por él había correteado tantas y tantas mañanas con sus amigos... Su padre entró en la cocina, impasible, sin mirarle ni hablarle. Por encima del tazón del desayuno sólo escuchaba el ruido de la nevera. |
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La escapada Lejos del pueblo y de su casa, Pedrito se sintió libre por primera vez en su vida. Desde que tenía uso de razón siempre estuvo atado al candor de las faldas de su madre, al rigor de la mirada del padre y al calor que desprendía su hogar en las largas tardes de invierno. Por primera vez, su conducta no estaba auspiciada por la generosidad de su hermano. Pedrito era libre, pero su alegría duraría lo que tardase la noche en llegar. Qué miedo da ser libre, debió de pensar mientras la oscuridad le rodeaba.
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Un nuevo hogar Lejos del pueblo y de su casa, de los silencios acusatorios, de las burlas y las miradas inquisidoras, de las mentes estrechas que odiaban lo que no entendían, del agobio y la asfixia; allí, donde a nadie importaban sus nombres, se dejó envolver por los brazos fuertes de Andrés al ritmo de la música que los mecía mientras sus pies se deslizaban ligeros por la pista de baile. |
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Génesis Lejos del pueblo y de su casa para siempre, concluyó el comandante "Y". |
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La sopa Lejos del pueblo y de su casa, ese hombre tenía que salir de allí y dejarla en paz ya. Aquella tenía que ser la última bofetada, ya había oído el último insulto y dado el último portazo. No aguantaba su olor, su presencia, su vida. El que entró siendo el rey de la casa se convirtió en un diablo. Ojalá se fuera al infierno de donde venía. Mientras miraba la tele entre lágrimas, la noticia del estramonio le dio una idea de la clase de sopa que prepararía para la cena esa noche. Empezaba a hacer fresco. |
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Memorias Lejos del pueblo y de su casa, rememora el instante de su partida y a su abuela, sentada sobre el banco próximo a la alberca. Rodeada de gallinas, ávidas del pan duro que les lanza, mientras le despide, agitando su mano; con ritmo pausado. Durante el regreso la imagen se aviva en su cerebro, saturada de color, primavera y aromas de bondad. Al girar por el linde vislumbra el banco, allá, a lo lejos; las gallinas picotean el suelo, pero no hay rastro de la mano que las cebaba. La distancia encumbra los recuerdos y desata el llanto. |
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La señorita Waldford - ¡Lejos del pueblo y de su casa! ¡La señorita Waldford queda desterrada de por vida! - Desterrada dice, ¡miren qué bien! - ¡Señorita Waldford compórtese! - Compórtese usted y guarde su cosa cuando no esté su mujercita cerca. La sala se llenó de risas. - El otro día me persiguió por el mercado ofreciéndome el oro y el moro. La señorita Waldford hace un gran aspaviento con las manos y logra de nuevo una gran risotada de la gente. La comedia terminó con un fuerte aplauso por parte de un público más que entregado. |
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Madrid Lejos del pueblo y de su casa. Lejos de calles silenciosas habitadas por asesina monotonía. Lejos del aire que, como una capa de pesado paño gris, flota en su casa. El autobús baila sobre sus zapatillas neumáticas por la ancha avenida entre centenares de bulliciosos danzarines de colores. “Los ruidos de la calle invaden la casa”, tituló y firmó un pintor futurista. Él no es futurista pero sí pintor. Lleva gafas y una sonrisa que siempre parece recién estrenada. Espera por ella al pie del autobús, en la gran ciudad.
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Se cierra el concurso con la presencia de 19 micros. Su lectura puede facilitarse leyéndolos en formato pdf. Descarga aquí. A partir de ahora y hasta el domingo a las 22 horas se puede enviar la votación privadamente, esta vez votando hasta 7 micros con 8-6-5-4-3-2-1 puntos. Espero vuestras votaciones.
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