
El río de las aguas azules
I- Dentro de la Alhambra, en los salones de las torres y en los palacios y jardines, continuamente se comentaba:
- Dicen que es el río más bonito que nunca se vio aquí en Granada y en otras partes del mundo.
- ¿Y tú lo has visto?
- Yo nunca fui por donde corre ese río pero cada noche lo sueño.
- Pero yo no creo que ese río sea más bello que el que nosotros esperamos encontrar allá en el paraíso.
- Tampoco creo que podamos decir eso mientras no veamos el río de esas montañas.
- ¿Cuándo quieres que vayamos a verlo?
- No sé en qué momento y día podré pero en cuanto se me presente la oportunidad, te lo digo.
Y la noticia del río más bello de la tierra llegó a oídos de las dos princesas amigas. Cosa que en un principio ellas no dieron mucha importancia pero como corrían los días y cada vez más se hablaba del río azul y de sus cristalinas aguas, un día las princesas preguntaron a sus criadas:
- ¿Es cierto lo que dicen de ese río?
- Debe ser cierto porque todo el mundo cuenta y nunca para.
- ¿Y podríamos ir nosotras a verlo?
- Seguro que sí pero nosotras no podemos intervenir en esto.
- ¿Quién entonces puede informarnos bien?
- Quizá la familia que vive en la medina que hay dentro de la muralla que rodea a la Alhambra.
- ¿Por qué esta familia?
- Porque todos ellos son amigos de la mujer que tiene su casa de piedra junto a las aguas del río azul, allá en la montaña. Vive ella allí con su marido y su hijo y, de vez en cuando, se monta en su borriquillo y viene a la casa de sus amigos de la medina de la Alhambra. Casi siempre les trae productos de sus animales y huerta y se los cambia por otras cosas que ellos necesitan.
Y las dos amigas princesas, aquella tarde de primavera ya final del mes de mayo, salieron de los palacios y se fueron a casa de la familia de la medina. Al llegar saludaron al hombre que las recibió y preguntaron por la mujer del borriquillo. Él les dijo:
- Es mi mujer la que puede daros información más completa porque las dos son muy amigas.
Y salió la mujer, saludó a las dos princesas y cuando éstas les dijeron lo que buscaban ella les aclaró:
- Precisamente mañana viene mi amiga con su borriquillo a traerme algunas cosas que me tiene prometido. También yo ya le tengo preparado lo que le voy a dar a cambio.
- ¿Y podemos saludarla y preguntarle?
- Claro que podéis. A ella le va a gustar mucho en cuanto se lo diga.
- Pues mañana, cuando tu amiga llegue, aquí ya estaremos nosotras esperándola.
Y la mujer de del borriquillo llegó a media mañana. Saludó a la familia y antes de que la amiga de la medina dijera nada, se presentaron las dos princesas. Saludaron a la mujer de la montaña y sin más rodeos le informaron de lo que querían. La mujer de la casa de piedra junto a las aguas del río azul, les dijo:
- Será un gran honor para mí llevaros para que veáis ese río que deseáis conocer.
- Es que no acabamos de creer que sea lo que cuentan y por eso queremos verlo con nuestros propios ojos. ¿Cuándo nos llevas?
- Yo regreso a mi casa allá en la montaña en menos de media hora. Lo que tarde en descargar las cuatro cosas que traigo en mi borriquillo para estos amigos mío y en cargar lo que ellos tienen que darme.
- Vale. Nosotras te ayudamos y así terminamos antes.
Y las dos princesas se pusieron y, en nada de tiempo, descargaron el borriquillo y lo cargaron de nuevo. También un poco después, se pusieron en camino de regreso, la mujer a su casa y las princesas, al encuentro del río de las aguas azules.
Y mientras subían por las veredas, desde la Alhambra hacia Sierra Nevada que era por donde la mujer tenía su casa, charlaban de mil cosas. La mujer montada en su borriquillo y las dos princesas andando porque no consintieron montarse ni siquiera un rato. Decían:
- Somos jóvenes y fuertes y, además, a nosotras nos gustan estas aventuras.
- Y hacéis bien, hijas mías porque, digan lo que digan unos y otros, nada hay más importante en este mundo que ser amigos de la naturaleza, de lo bello y de la libertad que siempre regalan estas tierras.
- ¿Y tú eres libre como el aire?
- Mucho más porque tengo la suerte de poder vivir junto al río más bello de la tierra y, aunque no soy muy rica, poseo este borriquillo, el cariño de mi marido e hijo y un trozo de tierra donde cultivo frutas y hortalizas.
- ¡Qué suerte tan buena la tuya!
- Y también la vuestra porque vivís en los palacios más bonitos del mundo y porque hoy vais a desfrutar de una experiencia única.
- ¿Y baja hoy el río con mucho agua?
- Repleto como nunca. Con la marcha de la primavera y los primeros calores del verano, las nieves de Sierra Nevada, se están derritiendo. Por eso el río baja repleto y más al caer las tarde que es cuando nosotras vamos a llegar a mi casa.
Y al caer la tarde, aunque todavía con cuatro horas de sol, llegaban al puente de piedra, al final del amplio valle y por donde el río se estrecha mucho. La mujer sentada en el lomo de su borriquillo y las dos princesas acompañándola, una agarrada a la cola del borriquillo y la otra a las crines. Preguntó la más joven de las dos princesas:
- ¿Sabes tú quién y cuando construyeron este puente?
- Yo solo sé que es mucho, mucho más antiguo que la Alhambra.
- ¿Y tan viejo y todavía tan fuerte y bello?
- Ya lo estáis viendo.
El pequeño puente de piedra, con solo dos arcos, pasillo empedrado y con dos paredes a los lados, daba paso al río con la elegancia de lo eterno. Y ellas, al llegar al centro de este puente, se pararon y la mujer del borriquillo dijo a las princesas:
- Desde aquí mismo, cuando el sol se pone, es desde donde se ve más bonito este río.
- Y su azul intenso ¿en qué momento es más bello?
- Ahora mismo. Mirad para vuestra derecha y lado de arriba y luego para la izquierda, lado de abajo y por donde el sol se pone.
Y las princesas hicieron caso a la mujer del borriquillo.
Miraron para el lado de arriba y vieron el río descender desde las altas cumbres de Sierra Nevada. Y luego descubrieron que, cuando el río se acercaba al valle, se ensanchaba y por aquí mismo, por donde el cauce se hacía grande y dejaba a los lados hermosas praderas de hierba, el azul de las aguas era intenso y puro. Lo más parecido a un limpio cielo y semejante a transparente viento. Y por el lado de abajo, por donde el sol iba cayendo, las aguas se alejaban serenas, tornándose cada vez más en tonos dorados, miel y caramelo. Preguntó la princesa más pequeña:
- ¿Y nosotras podemos venirnos a vivir aquí contigo?
Y la mujer del borriquillo aclaró:
- Mi casa no es muy grande ni se parece someramente a vuestros palacios pero si queréis quedaros en ella, bienvenidas seáis a estas tierras.
Y la princesa mayor dijo:
- Es que lo que estamos viviendo es tan bonito e interesante y nos gusta tanto que solo quedándonos a vivir aquí contigo podríamos realmente disfrutarlos. Son tan azules las aguas de este río y es tan mágico todo lo que por aquí vemos que en nada tiene que envidiar al paraíso que, nuestros mayores, siempre nos han dicho.
Este relato tiene una segunda parte titulada:
“LA CABAÑA DE LAS PRINCESAS”.
Lo pondré aquí en unos días.