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Julia Al otro extremo de sus ilusiones sólo permanece el recuerdo. Cuando soñaba con bajar al baile por una escalera con un vestido blanco. Cuando su segundo hijo casi murió atropellado. Las noches junto a su marido, enfermo, en aquella casa tan humilde. Los malos tiempos sin dinero. Todos los que se fueron antes que ella y cuyas caras el tiempo y la edad han desdibujado. Por eso en la residencia a nadie importa, porque no habla, sólo se queda mirando ese tiempo fugitivo soñando con escapar pronto más allá de todas las ilusiones.
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Insurgente Al otro extremo de sus ilusiones estuvo siempre desde niño. Creció en medio del hambre y la miseria de la tiranía. «¡Descansen!». La vaporosa brisa del verano refresca su rostro maltrecho. Las coyunturas adoloridas intuyen la llegada del otoño. El trino de las ciguas palmeras lo acompañan mientras cuelga de manos y pies en vuelo rasante sobre la tierra. ¡Tembló de frío! ¿Temor a la nada? «¡Tírenlo en la fosa junto a los otros!» ...Resquemor de haber fallado.
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Viaje al futuro Al otro extremo de sus ilusiones, lejos de todo lo que había soñado y por lo que había luchado durante tanto tiempo, veía pasar el paisaje como si fuera una película y ella una espectadora que mirara sin comprometerse. El autobús circulaba por la autopista llevándola al encuentro de la otra mitad de su vida. |
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PCP Al otro extremo de sus ilusiones, allí donde el espíritu parece hundirse en un pozo de oscuros presentimientos y de dolorosos reproches, le habían conducido el estímulo y la excitación de sus neurotransmisores. Pero si la hierba del ángel había sacudido sin piedad su conciencia, también le había abierto los ojos a un indescriptible conocimiento de lo sobrenatural y lo inefable. —No es tan mala, después de todo. Creo que no voy a matarte, camello. Y dejando la pistola sobre la mesa, se recostó un poco más en la silla, al tiempo que esnifaba otra dosis de cristal.
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Empezar de nuevo Al otro extremo de sus ilusiones, en una cuerda cada día más larga, estaban sus logros. Acababa de cumplir los cincuenta y con el paso del tiempo se había alejado de los deseos, ahora lo veía claro. Se levantó, cogió el cabo de los logros, más ligero, más liviano, y lo anudó al de las ilusiones. Quizás no era un buen nudo, incluso es posible que el niño que había sido pudiese desatarlo, pero le serviría como punto de apoyo: con las ilusiones de nuevo a la vista,usando los logros, lucharía con más ahínco por alcanzarlas.
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Dantesco Al otro extremo de sus ilusiones estaba la orilla. Desde el océano, el anciano apreciaba como en el horizonte, otrora verde y frondoso, se levantaban cientos de torres pretolíferas y las chatas y redondas chimeneas de varias centrales nucleares. Las suaves olas lamieron la barca e hicieron que ésta se balanceara tranquilamente. La superfície del mar estaba invadida por grandes manchas de petróleo y vertidos de las centrales. El anciano lloraba.
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Sólo Intentarlo Al otro extremo de sus ilusiones le atosigaba la negativa de su padre, que le esperaba con su palabrerío y su mirada al aire entre un tumulto de frases hechas que, por más sensatas que fueran, no serían capaz de convencerle y ni siquiera de hacerle reflexionar más sobre sus intenciones al respecto. No, no cesaría en su intento. No, no dejaría que su circunspecto padre le impidiese tirarse desde aquel barranco con su nuevo artilugio para volar. Incluso si su destino era destrozar sus huesos en el suelo, su sueño era intentarlo, volar como los pájaros. |
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Tachán! Al otro extremo de sus ilusiones, el entregado público aplaudía ensusiasmado desde el patio de butacas. Primero fueron las palomas que hizo desaparecer de la jaula (se suponía que tenían que transformarse en gallinas), después, un golpe de su varita provocó que una llamarada surgiera del sombrero de copa que a punto estuvo de abrasarle las pestañas (creía que sólo saldría una nube de confeti). Ahora, con su asistente partida en dos, todos esperan el desenlace. Él, fuerza una sonrisa y trata de ocultar el serrucho ensangrentado entre los pliegues de su capa mientras se dirige al lateral del escenario.
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Insatisfacción Al otro extremo de sus ilusiones se encontraba a sí mismo y se veía incapaz de llegar hasta allí. No sabía si era cobardía, falta de decisión o simple conformismo. Rozaba con los dedos aquellos anhelos pero retiraba la mano con rapidez cuando sentía que podía lograr el propósito. Quizás lo que le mantenía vivo en realidad era aquello. |
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Excusas ante Morfeo Al otro extremo de sus ilusiones había ocultado los préstamos con los que hacerlas realidad. Al fin y al cabo: ¿no tenían ellos también derecho a una casa, un coche para cada uno, un buen colegio para sus niños, unas vacaciones en la Costa Daurada?; ¿no era lícito permitirse un caprichito de vez en cuando?; ¿acaso las comodidades de la vida moderna no estaban ahí para que las disfrutaran?; ¿no era lo que todo el mundo hacía?; ¿no era justo vivir mejor comprando la felicidad a plazos…? Contando estas ovejas se quedó dormido. Cuando despertó, la deuda aún seguía allí.
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El vaso Al otro extremo de sus ilusiones, en la cara oculta de sus deseos, había un vaso que siempre exigía ser llenado, un vacío intenso y una sed de olvido que nunca conseguía aplacar. En algún punto del camino había olvidado seguir andando y ahora todas sus etapas se habían diluido en el fondo de aquel vaso donde todo parecía tener cabido y todo perdía sentido y dejaba de existir. Sólo importaba llenarlo una vez más, apurarlo y robarle a la negrura otro segundo.
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Errores de apreciación Al otro extremo de sus ilusiones quiso que todos lo vieran... tan adentro, que al salir del agujero, el animal no pudo soportar tanta luz clavándose en sus retinas. No era un hombre; era un topo casi ciego y sin apenas piel... Pero volvió como pudo a ser un lo-que-fue; un humano cualquiera.
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Escritor en ciernes. -¿Al otro extremo de sus ilusiones? ¿Qué diablos dices? Las ilusiones no son más que decepciones si les das el tiempo suficiente. Es el momento de que lo aprenda. -Cuenta con nosotros. Necesita que lo apoyemos- replicó entristecida por el tono de su marido. -¡Y yo necesito ayuda en la tienda!-gritó.- No puedo estar por los clientes, por la mercancía y por los proveedores yo solo. -Necesita tiempo. Quizá si termina la novela… -El mundo no necesita más novelas. -Él no es como tú, Juan. ¿No ves que lo estás matando? -Mejor un muerto que otro vago tras un teclado.
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