La precisión de la puntería bajo la mira telescópica del rifle preferente de un francotirador, su frío acero, la cero cabida a las emociones. La sangre recorriendo su cuerpo; volverse fría como el témpano de hielo, la mirada comparada a la de un felino en pleno acecho de su presa, volviéndose profunda y fija, como penetrante tan a fondo, que es inevitable atraerle la sensación de muerte y miedo a su punto fijo, envolviéndolo en temblor y calarle todos sus huesos.
Siendo ignorante la víctima de la procedencia de ese acontecer inusual y fulminante. Así es como considera Jonathan que es este servicio militar y secreto, que él viniendo de un padre de las fuerzas especiales –ahora ausente en su vida— por haberse divorciado de su madre hace mucho, lleva también en la genética; el gusto y la pasión por el arma, junto a la acción escurridiza, sigilosa y oculta a la que debe de someterse el francotirador con suma prudencia.
Jonathan es dueño de un local de armas, y junto a sus cuatro empleados atienden a los clientes con sed también de balas, o acuden a los otros deberes que demanda este negocio.
Siempre; “latente a cada instante” de infortunados momentos es este giro comercial, tanto por ocasiones de penetrar algún loco faltante de algún tornillo en el cerebro, como por otras ocasiones verse asaltados por aquellos que “por la fuerza” requieren hacerse de esos valiosos y precisos instrumentos.
Jonathan es de aspecto delgado, cabello negro y rizado; largo a la altura de hombros, alto, moreno, y sobresaliéndole la peculiaridad de tener largos los dedos de sus manos, que eso le da ventaja; tanto en el gatillar como en el modo de coger el arma con suma estabilidad.
Pero; esta es la vida “a vista de todos”, de la que se mira con un solo pestañeo, sólo que; como “toda vida de un amante de la mira y perfección de puntería”, es de saberse que llevan una “doble vida”, y esa es la vida a la que; por un período prolongado, Jonathan se ha rehusado a retomar, porque; a pesar de tener él la sangre para arrebatarle la vida a quien se le fuera solicitado, no es algo que a estas alturas de su vida le diera mucho placer el hacerlo; si es que así se presentara la ocasión.
Mas también; es algo “con lo que se nace”, es decir; que el nacer con la rabia adherida al alma, para limpiar lo sucio de lo amoral que circula tan libremente por la vida, y que de lo cual; a tipos como Jonathan, no les agrada para nada pisar el mismo pavimento que “esos indeseables” también pisan.
Pero; como todo matón a sueldo, él tiene que ser neutro en esa línea que entremedio se halla, y que es un centro del cual, no se sabe si a quien se le ordene ejecutar, fuera a ser una persona merecedora de tal desenlace, o sólo es un acto de quitar de en medio a quien en esas ya circunstancias; estorbe. Aunque en sus ocasiones; se ha tenido que enfrentar a la aniquilación de los que resguardan el contorno de aquél “elegido”.
No tiene cabida en esta profesión; lo moral, en lo absoluto como se entiende, sólo entra un único e irrepetible cliente, y que éste es; “el nulo razonamiento”. Sólo lo que los jefes –quienes pagan—ordenen ejecutar, y que a ojos ciegos se obedezca.
Hay un grupo desertor de la milicia en un país del sur, y muy popular por estos días, y que del cual “a como tierra que se lleva el agua por los canales”, es a como estos desalmados se han derramado por varios círculos sociales, y que ya han sobrepasado los límites de algún parámetro que en esto; deba también de prevalecer.
Les platico que estoy metido en el mundo de los francotiradores, y bueno; muy en específico de la historia de un francotirador, junto a su dósis de espionaje y demás ingredientes de esta trama. A ver qué tal pintará como historia, y dirigiéndolo hacia un francotirador del servicio secreto.
Esto me nació, a raíz de ir mirando hace poco en el canal de history channel, la historia de los francotiradores militares, y me ha apasionado de sobremanera a como jamás pensé que así lo fuera. Además de lo seductor que es el arma y el mundo en sí de este bélico servicio. Y como se sabe, que es un tema que tiene hartísima tela de donde cortarle, y que tiene mucho para dar en lo que a imaginativa se refiera.
En fin; que éste su amigo y loco escritor de este otro lado del charco, les platica en lo que anda metido, y aquí les dejo un adelanto de lo que en borrador he ido adelantando :
La precisión de la puntería bajo la mira telescópica del rifle preferente de un francotirador, su frío acero, la cero cabida a las emociones. La sangre recorriendo su cuerpo; volverse fría como el témpano de hielo, la mirada comparada a la de un felino en pleno acecho de su presa, volviéndose profunda y fija, como penetrante tan a fondo, que es inevitable atraerle la sensación de muerte y miedo a su punto fijo, envolviéndolo en temblor y calarle todos sus huesos.
Siendo ignorante la víctima de la procedencia de ese acontecer inusual y fulminante. Así es como considera Jonathan que es este servicio militar y secreto, que él viniendo de un padre de las fuerzas especiales –ahora ausente en su vida— por haberse divorciado de su madre hace mucho, lleva también en la genética; el gusto y la pasión por el arma, junto a la acción escurridiza, sigilosa y oculta a la que debe de someterse el francotirador con suma prudencia.
Jonathan es dueño de un local de armas, y junto a sus cuatro empleados atienden a los clientes con sed también de balas, o acuden a los otros deberes que demanda este negocio.
Siempre; “latente a cada instante” de infortunados momentos es este giro comercial, tanto por ocasiones de penetrar algún loco faltante de algún tornillo en el cerebro, como por otras ocasiones verse asaltados por aquellos que “por la fuerza” requieren hacerse de esos valiosos y precisos instrumentos.
Jonathan es de aspecto delgado, cabello negro y rizado; largo a la altura de hombros, alto, moreno, y sobresaliéndole la peculiaridad de tener largos los dedos de sus manos, que eso le da ventaja; tanto en el gatillar como en el modo de coger el arma con suma estabilidad.
Pero; esta es la vida “a vista de todos”, de la que se mira con un solo pestañeo, sólo que; como “toda vida de un amante de la mira y perfección de puntería”, es de saberse que llevan una “doble vida”, y esa es la vida a la que; por un período prolongado, Jonathan se ha rehusado a retomar, porque; a pesar de tener él la sangre para arrebatarle la vida a quien se le fuera solicitado, no es algo que a estas alturas de su vida le diera mucho placer el hacerlo; si es que así se presentara la ocasión.
Mas también; es algo “con lo que se nace”, es decir; que el nacer con la rabia adherida al alma, para limpiar lo sucio de lo amoral que circula tan libremente por la vida, y que de lo cual; a tipos como Jonathan, no les agrada para nada pisar el mismo pavimento que “esos indeseables” también pisan.
Pero; como todo matón a sueldo, él tiene que ser neutro en esa línea que entremedio se halla, y que es un centro del cual, no se sabe si a quien se le ordene ejecutar, fuera a ser una persona merecedora de tal desenlace, o sólo es un acto de quitar de en medio a quien en esas ya circunstancias; estorbe. Aunque en sus ocasiones; se ha tenido que enfrentar a la aniquilación de los que resguardan el contorno de aquél “elegido”.
No tiene cabida en esta profesión; lo moral, en lo absoluto como se entiende, sólo entra un único e irrepetible cliente, y que éste es; “el nulo razonamiento”. Sólo lo que los jefes –quienes pagan—ordenen ejecutar, y que a ojos ciegos se obedezca.
Hay un grupo desertor de la milicia en un país del sur, y muy popular por estos días, y que del cual “a como tierra que se lleva el agua por los canales”, es a como estos desalmados se han derramado por varios círculos sociales, y que ya han sobrepasado los límites de algún parámetro que en esto; deba también de prevalecer.