“Ya no hay locos, amigos ya no hay locos”
León Felipe
Dedicatoria
Raúl que signaste mi futuro de poeta nunca olvidaré aquella noche de 1972
Cuando te leí mis primeros versos de mi recién estrenada adolescencia
y me encomiaste escribir Aún conservo tu libro Rumbo a las Islas Perdidas con una nota que dice “A Marta en la gran aventura de la poesía y el futuro con un gran abrazo Raúl González Tuñon”
Gracias Raúl, aún seguiré buscando las islas de tu últimos y entrañables poemas.
El primero de los cuatro libros de Antología del Desamparo
A la memoria de mis compañeros de “celda”.
Relámpagos de una realidad que no se nombra
“Si puedes soportar un año sin escribir una sola palabra entonces no eres escritor”
Rilke no cuantificaba ni calificaba en esta aseveración; más hondamente, como corresponde al poeta legítimo transmitía una experiencia íntima; universalizaba su individualidad, pero no desde un deber ser racionalizado como experiencia propia, sino desde la necesidad existencial de la experiencia del hombre escritor.
Coincido con Rainer M. R. Escribir, es la respiración de un poeta, no tan sencillo, sí tan necesario. El momento de la escritura tiene el apresuramiento de un llanto a punto de romper, de un deseo irrefrenable, de una ansiedad de diálogo. En esos días en que la soledad nos haría sentar frente a la mesa de un café al irreverente Mefistófeles para compartir unas copas.
Pero escribir es un trabajo de angustiosa responsabilidad.
Cada libro es un caos cuyas leyes, cuyo orden apenas nosotros podemos establecer en lento logos hacia el cosmos.
La intuición poética: esa instancia del alma que bordea el inconsciente, se pone en manos del hacedor hasta ordenarse en un discurso semejante al anhelado.
En estos tiempos hay que tener una extraña fortaleza para ser poeta. Y esto es una evidente locura.
Pero como decía R.Gonzalez Tuñón
“Que todo en broma se toma
Todo menos la canción”
la que dejó contra el muro
su perdigón de auxilio:
Esa alquimia extraña
de amanecer y furia.
Si es tarde ya
y la sábana suda
tus criaturas de hielo
y la sed que da a luz
el real templo del pecho,
mucho ante que a Dios
y su iglesia de fábula,
quedó en fangosa sed de alcantarilla.
Antes de que te sitien el corazón:
ESCRIBE.
Y escribe en la demencia
para entender la muerte
de tus muertos amados
para hablar de los vivos
que arrebató el silencio.
Y hoy predican la música
de las notas ausente
II
que rodará hacia el mar eternamente.
Toma el oro que los otros deprecian:
esa arena de fuego descendido.
Siente en tu boca el sabor de las cerezas
que sólo se abre al suicida
o al amante absoluto.
Y escribe sobre el ángel
del devenir de Heraclito.
de este mundo feliz,
los que huyen de Omelas
o del cruel paraiso.
Y canta a la Utopía
que aun pueril nos consuela.
con las sílabas torpes
de un himno que amanece.
que hondee tu prisión
derrotando los claustros.
Pon alas a tu cuerpo
entre asépticas correas
hasta volverlo en pájaro
un latido de viento.
Que ha muerto la locura
pero no su poesía.
Que la palabra es cuna
que ahuyenta el sufrimiento:
III
Federico arrebatado
con polizón de nardos
vuelve con el pez de sombras
que abre el camino del alba
Vallejo muere en París
con aguacero
pero en su amargo cáliz
aún le habla a la infancia.
tan torpe en esta tierra
tan bello en las alturas.