Es la literatura que se hace completamente al margen de la industria editorial existente. Y en España esta industria es; Planeta, Mondadori, Alfaguara y Seix Barral. Todos los escritores indie les hemos enviado nuestras obras y las han rechazado. Por éso estamos en Bubok. Inicialmente una plataforma de autoedición para fracasados que ha tenido un éxito suficiente debido, y ya está, al elevado número que conformamos ¿Ya está? No. Hasta aquí la parte triste de la historia luego, afortunadamente, se ha ido complicando. Está naciendo un territorio Indie y nosotros lo estamos creando.
Sin consideraciones subjetivas es escritor el que puede vivir de lo que le pagan por sus obras y todos los que escribimos aspiramos a alcanzar ese estatus profesional, pero aparte de esta mera autodefinición socioeconómica ya no nos une mucho más con los escritores de la gran industria editorial. Entre los escritores convencionales y los escritores indies existen diferencias fundamentales, y probablemente, insalvables. Como son. El campo de acción. La personalidad del autor. Y las características de las obras.
Las grandes editoriales son jugadores cobardes que siempre prefieren apostar con ventaja; seleccionan muy poquito de lo mucho que se les ofrece y publican a casi cualquier imbécil que tenga la fama suficiente para ofrecerles cierta garantía mediática. El universo, y el más allá, y todo, de la distribución literaria convencional es suyo. Y hasta ahora creían que no necesitaban nada más. Pero llegó Internet y llegamos nosotros. Algunos de nosotros escribimos igual de bien que los mejores escritores de la industria convencional y bastante mejor que el ejército de imbéciles mediáticos. Y ahora se nos ve. En la Red. Nuestro campo de acción, la dimensión digital, no sólo es propio y original, es básicamente nuestro. Entramos como fracasados, aquí nos hemos desarrollado y si quieren algo nuestro, aquí nos tendrán que venir a buscar.
La personalidad del autor convencional cumple arquetípicamente el paradigma de un ser humano poliédricamente culto, capaz de hablar de todo, pero, y ese es su mérito artístico, hablar de cualquier cosa de forma, o al menos, con un estilo original. El escritor Indie es distinto; quizás estigmatizado por su peculiar caldo de cultivo, la Red, que es información en su máxima potencia, no es un artista al que se le reconozca lo más mínimo por poseer una basta cultura. Al contrario. Los cibernáutas se detienen un momento con el escritor Indie porque leyéndole acallan momentánemente las cascada mátrix de información que les baña y les escuchan. Sobre algo. La temacidad y darle mil vueltas a algo es la segunda característica mollar del creador literario Indie. En el fondo se trata de una reacción comprensible; se busca lo que no se tiene. En el maremagnun inavarcable, en el territorio Indie literario, el microarte son los diamantes. Lo más valorado.
Las características de las obras también tienen una forma peculiar; sólo vale aquí lo que vale en la gran selva de Internet y para valer hay que cumplir las tres "is"; inmediatez, innovación e intensidad. Básicamente lo que le falta a la idea del Sello de Calidad Indie que intenta fraguarse en Bubok. Tarda mucho, con lo que ha dejado hace tres pueblos de ser inmediato. No innova porque intenta poner a trabajar gratis simples seleccionadores literarios a los que llama "editores". Es pasado. Y no es intenso porque lo estamos burocratizando y nos negamos a dotarle del contenido y de la definición revolucionarios que, sólo, y únicamente, podrían impulsarlo.
Lo del Sello va mal, pero quizás aún podamos arreglarlo. Puede que no debiéramos haber olvidado, tan pronto, que nacía en el Territorio Indie y que aquí, todavía, somo nosotros los que mandamos.