El príncipe y el otoño
Ocurrió en los recintos y paisajes que rodean a la Alhambra. Al príncipe nadie le dijo nada porque, al parecer, nadie sabía lo más mínimo dentro de los palacios. Al menos, eso es lo que él creía porque, cuando preguntaba:
- Hace días que no veo a la princesa de mis sueños. ¿Es que está enferma o es que se la han llevado lejos?
Unos y otros siempre les respondían:
- Nosotros, nada sabemos.
Y aquella mañana, otoño recién llegado, con algunas nubes en el cielo y nieblas revoloteando, salió de los recintos de la Alhambra. Tampoco dijo nada a nadie porque no le apetecía. Cogió la senda que, cruzando el bosque de la ladera norte de la Alhambra baja al río Darro y comenzó a descender. Con ella en sus pensamientos y por eso como si meditara o fuera al encuentro de un lugar sagrado. Rozó las ramas de los álamos, ya con las hojas amarillas y atravesó la espesura de los almeces. Según se acercaba al río hasta sus oídos llegaba el rumor de la corriente.
Al llegar a las aguas, saltó al otro lado del río y buscó una piedra alargada. Las nieblas revoloteaban, elevándose desde las aguas para irse como al encuentro de las torres en la Alhambra. Pero, aunque las nieblas se alzaban y aleteaban a sus anchas y las nubes se abrían y cubrían parte del cielo, aquella mañana de otoño, el sol lucía muy bello. Como si despertara de alguna larga siesta después de un prolongado invierno y ahora tuviera que alumbra y calentar toda la tierra aprisa y corriendo.
Se sentó en la piedra, sacó su cuaderno, miró a las aguas del río saltando todas claras, miró las murallas y torres de la Alhambra en lo más alto de la colina y con ella en su mente, escribió:
Tu ausencia es ancha
como son bellas las nieblas
que en la mañana
se alzan y vuelan
vestidas de hadas.
Princesa de mis sueños,
fantasía blanca
de las noches de luna
y de Granada.
¿A dónde te has ido
tan callada
dejando tan hondo vacío
en mi alma?
Y dicen que aquella mañana de otoño recién llegado y junto a las aguas del río Darro, el príncipe lloraba. Recordando a su princesa y queriendo compartir con ella los colores, olores y luces de los bosques de la Alhambra. Y también dicen que cuando fueron a buscarlo le preguntaron y él respondió con estas palabras:
- Cuando una persona se marcha y se le olvida para siempre es como si el Universo entero de la historia la borrara. Pero si se le recuerda y con cariño, es como si para toda la eternidad, esa persona y a todas horas por aquí estuviera presente.