Humillados y Ofendidos (1861), Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881)
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Aestimes judicia, non numeres, decía Séneca. El valor de las opiniones se ha de computar por el peso, no por el número de las almas. Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes. ¿Qué acierto, pues, se puede esperar de sus resoluciones? Antes es de creer que la multitud añadirá estorbos a la verdad, creciendo los sufragios al error. Si fue superstición extravagante de los Molosos, pueblos antiguos de Epiro, constituir el tronco de una encina por órgano de Apolo, no lo sería menos conceder esta prerrogativa a toda la selva Dodonea. Y si de una piedra, sin que el artífice la pula, no puede resultar la imagen de Minerva, la misma imposibilidad quedará en pie aunque se junten todos los peñascos de la montaña. Siempre alcanzará más un discreto solo que una gran turba de necios; como verá mejor al sol un águila sola que un ejército de lechuzas. Benito Jerónimo Feijoo, Teatro Crítico Universal |
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Quiero hablarles ahora de una pobre chica que se llamaba Brigitte Bardot. Pues si. De verdad que había, en mi clase de último curso, una chica que se llamaba Bardot, porque su padre se llamaba así. Hice algunas indagaciones sobre él: era chacarero cerca de Trilport. Su mujer no trabajaba; se quedaba en casa. Casi nunca iban al cine, y estoy seguro de que no lo hicieron a propósito; incluso puede que la coincidencia les pareciera divertida los primeros años… Es penoso decirlo. “Cuando yo la conocí, en la plenitud de sus diecisiete años, Brigitte Bardot era un verdadero asco. Para empezar estaba muy gorda, un callo, una inmensa morcilla con diversos michelines desafortunadamente repartidos por las intersecciones de su obeso cuerpo. Pero aunque hubiera seguido durante veinticinco años el régimen de adelgazamiento más severo y terrorífico, su suerte no habría mejorado mucho. Porque tenia la piel rojiza, grumosa y granujienta. Y una cara ancha, chata y redonda, con los ojillos hundidos y el pelo ralo y sin brillo. La verdad es que, de la manera más inevitable y natural, todo el mundo la comparaba con una cerda. “No tenia amigas, y evidentemente tampoco tenia amigos; estaba completamente sola. Nadie le dirigía la palabra, ni siquiera en un examen de física; siempre preferíamos preguntarle a cualquier otro. Venia a clase y luego se iba a su casa; nunca oí decir a nadie que la hubiera visto fuera del liceo. “En clase, algunos se sentaban a su lado; se habían acostumbrado a su masiva presencia. No la veían y tampoco se burlaban de ella. Ella no participaba en las discusiones de las clases de filosofía; no participaba en nada de nada. En el planeta Marte no habría estado mas tranquila. “Supongo que sus padres debían de quererla. ¿Qué haría por la noche, al volver a casa? Porque seguro que tenia una habitación con una cama y las muñecas de su infancia. Lo mas probable es que viera la tele con sus padres. Una habitación a oscuras, y tres seres soldados por el flujo fotónico; no veo nada mas. “En cuanto a los domingos, me imagino muy bien a la familia cercana recibiéndola con fingida cordialidad. Y sus primas, seguramente bonitas. Repugnante. “¿Tenia fantasías? Y, en caso afirmativo, ¿cuáles? ¿Románticas, a lo Delly? Me cuesta pensar que pudiera imaginar de uno y otro modo, incluso en un sueño, que algún día un joven de buena familia, estudiante de medicina,acariciase la idea de llevarla en su descapotable a visitar los monasterios de la costa normanda. A menos que ella se pusiera una cogulla, dándole un giro misterioso a la aventura. “Sus mecanismos hormonales debían de funcionar con normalidad, no hay motivos para sospechar lo contrario. ¿Entonces? ¿Basta eso para tener fantasías eróticas? ¿Imaginaba unas manos masculinas entreteniéndose en los repliegues de su grueso vientre? ¿Bajando hasta su sexo? Pregunto a la medicina, y la medicina no contesta. Hay muchas cosas respecto a Bardot que no conseguí dilucidar; y lo intenté. “No llegue al punto de acostarme con ella; solo di los primeros pasos del camino que normalmente nos habría llevado a eso. En concreto, empecé a hablarle a principios de noviembre; unas palabras al terminar las clases, nada mas durante unos quince días. Y después, en dos o tres ocasiones, le pedí que me explicara tal o cual problema de matemáticas; todo eso con mucha prudencia, evitando que se notara. A mediados de diciembre empecé a tocarle la mano de un modo en apariencia accidental. Ella reaccionaba cada vez como si sintiera una sacudida eléctrica. Era bastante impresionante. “Alcanzamos el punto culminante de nuestras relaciones justo antes de Navidad, cuando la acompañe hasta su tren (en realidad un autorrail). Como la estación estaba a mas de ochocientos metros, no era una iniciativa insignificante; aquella vez llegaron a verme. Por lo general, en la clase me consideraban un enfermo, así que el perjuicio para mi imagen social era más bien limitado. “Aquella tarde, en mitad del anden, le di un beso en la mejilla. No la bese en la boca. Además creo que, paradójicamente, ella no lo habría permitido, porque incluso en el loco caso de que sus labios y su lengua hubieran conocido el contacto de una lengua masculina, no por ello dejaba ella de tener una idea muy precisa sobre el momento y el sitio en que esta operación debía tener lugar durante el recorrido arquetípico del flirt adolescente; diría que una noción tanto mas precisa cuanto el fluido vapor del instante vivido nunca había tenido ocasión de rectificarla y suavizarla. “Inmediatamente después de las vacaciones de Navidad deje de hablarle. El tipo que me había visto junto a la estación parecía haber olvidado el incidente, pero yo me había asustado mucho. De todas formas, salir con Bardot habría exigido una fuerza moral muy superior a la que yo poseía, incluso en aquella época. Porque no solo era fea, sino que también era mala de verdad. Afectada sin paliativos por la liberación sexual (estábamos a principios de los años ochenta, el sida todavía no existía), no podía, evidentemente, invocar algún tipo de ética de la virginidad. Además era demasiado inteligente, demasiado lucida como para explicar su estado gracias a una “influencia judeocristiana”; sus padres, en cualquier caso, eran agnósticos. Así que no tenía escapatoria. Solo podía asistir, con un callado odio, a la liberación de los demás; ver a los chicos apretujarse, como cangrejos, contra el cuerpo de las otras chicas; ser consciente de las relaciones que empiezan, de las experiencias que se deciden, de los orgasmos de los que se alardea; vivir en todos sus aspectos una autodestrucción silenciosa junto al placer manifiesto de los otros. Así tenia que transcurrir su adolescencia, y así transcurrió; los celos y la frustración fermentaron despacio, convirtiéndose en una paroxística hinchazón de odio. “En el fondo, no estoy muy orgulloso de esta historia; es demasiado burlesca para estar exenta de crueldad. Vuelvo a verme una mañana, por ejemplo, saludándola con estas palabras: “Oh, Brigitte, llevas un vestido nuevo…” Era bastante asqueroso, aunque fuese cierto; porque el hecho parecía alucinante, pero era real: cambiaba de vestido; hasta recuerdo una vez que se puso una cinta en el pelo; ¡OH, Dios mío, parecía una cabeza de ternera entreverada! Suplico su perdón en nombre de toda la humanidad. “Grande es el deseo de amor en el hombre, hunde sus raíces hasta profundidades asombrosas, y sus múltiples raicillas se afincan en la materia misma del corazón. A pesar de la avalancha de humillaciones que constituía su vida cotidiana, Brigitte Bardot tenía esperanzas y esperaba. Probablemente, sigue teniendo esperanzas y esperando. En su lugar, una víbora ya se habría suicidado. Los hombres no temen a nada. Michel Houellebecq en Ampliación del campo de batalla |
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“Escribí un cuento desde el punto de vista de un violador de una niña muy pequeña. Y la gente me acusó. Me hicieron entrevistas. Decían: ‘¿Le gusta violar a niñitas?’. Dije: ‘Por supuesto que no. Estoy fotografiando la vida’. Me metí en problemas con montones de cosas. Pero, por otro lado, los problemas venden libros. Pero, en última instancia, escribo para mí. (Da una larga pitada a su cigarrillo.) Es así. La pitada es para mí, la ceniza es para el cenicero. Eso es publicar. Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo. Todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan los trucos de la manga… la magia”. Charles Bukowski en una entrevista. |
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De verdad Mameri, macho, que me quitas las ganas de ser observador imparcial y no meterme en "fregaos". Por favor, no te relaciones con esta turba, con este monton de escoria que somos todos los que pensamos de diferente manera a la tuya. Hay que joderse con el tio. |
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Sigo con las entrevistas y el tema que ha abierto Emartiants con sus pedazos: Es imposible escribir verazmente acerca de uno mismo. Yo lo he intentado y lo único que hacía era acumular mentiras. Mi preocupación primordial era parecer mejor de lo que soy; falseaba datos, los ocultaba, los embellecía. Los autores de diarios son todos unos farsantes, su único objetivo es dar una imagen favorable de sí mismos. Pero entonces me ocurrió algo muy curioso: comprendí que mi verdadera autobiografía yacía enterrada en las cinco novelas que había publicado. Mi obra de ficción era mi autobiografía, ahí es donde se encerraba la verdad acerca de mi vida. Mis novelas constituyen un mapa emocional de lo que he sido y lo que soy. Siempre se escribe sobre uno mismo, es imposible que no sea así, y eso vale de manera especial para la ficción. Uno se expresa con mucha más libertad y veracidad por medio de la ficción que cuando escribe en un blog, o en un diario. Brett Easton Ellis en una entrevista a el País. |
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"La Maga desconfiaba un poco. Admiraba terriblemente a Oliveira y a Etienne, capaces de discutir tres horas sin parar. En torno a Etienne y Oliveira había como un círculo de tiza, ella quería entrar en el círculo, comprender por qué el principio de indeterminación era tan importante en la literatura, por qué Morelli, del que tanto hablaban, al que tanto admiraban, pretendía hacer de su libro una bola de cristal donde el micro y el macrocosmos se unieran en una visión aniquilante. -Imposible explicarte- decía Etienne-. Esto es el Meccano número 7 y vos apenas estás en el 2. La Maga se quedaba triste, juntaba una hojita al borde de la vereda y hablaba con ella un rato, se la paseaba por la palma de la mano, la acostaba de espaldas o boca abajo, la peinaba, terminaba por quitarle la pulpa y dejar al descubierto las nervaduras, un delicado fantasma verde se iba dibujando contra su piel. Ettiene se la arrebataba con un movimiento brusco y la ponía contra la luz. Por cosas así la admiraban, un poco avergonzados de haber sido tan brutos con ella, y la Maga aprovechaba para pedir otro medio litro y si era posible algunas papas fritas." Rayuela- Cortázar. |
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Me encontré de regreso en la ciudad sepulcral donde me molestaba la vista de la gente apresurándose por las calles para poder sacarse un poco de dinero unos a otros, para devorar sus infames alimentos, para tragar su insalubre cerveza, para soñar sus insignificantes y estúpidos sueños. Se entrometían en mis pensamientos. Eran intrusos cuyo conocimiento de la vida era para mí una irritante pretensión, porque yo estaba seguro de que era imposible que supieran las cosas que yo sabía. Su conducta, que era simplemente la conducta de individuos vulgares ocupándose de sus negocios con la certeza de una perfecta seguridad, era ofensiva para mí, como ultrajantes ostentaciones de insensatez ante un peligro que es incapaz de comprender. No tenía ningún deseo especial de ilustrarles, pero me resultaba bastante difícil contenerme y no reírme en sus caras, tan llenas de estúpida importancia. Tal vez yo no estuviera muy bien en aquella época. El corazón de las tinieblas (1899), Joseph Conrad
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No la he penetrado. Desde el primer momento mi deseo no ha seguido esa dirección, ese objetivo. La posibilidad de albergar mi miembro seco de viejo en esa funda de sangre caliente me hace pensar en ácido en la leche, ceniza en la miel, tiza en el pan. Cuando miro su cuerpo desnudo y el mío, me parece imposible creer que hace tiempo la forma humana fuera para mí como una flor que sale a la luz tras germinar en las entrañas. Tanto su cuerpo como el mío son difusos, gaseosos, dispersos, lo mismo giran en un torbellino que se cuajan, se espesan en otro lugar; pero a menudo son también planos, vacíos. Sé qué hacer con ella tanto como una nube en el cielo sabe qué hacer con otra. Esperando a los bárbaros (1980), J. M. Coetzee
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"Se veía Madrid. Un gran valle de luces, al fondo, como una galaxia extendida por la tierra; un lago de aceite negro, con el temblor de innumerables lamparillas encendidas, que flotaban humeando hacia la noche y formaban un halo altísimo y difuso. Colgaba inmóvil sobre el cielo de Madrid, como una losa morada o como un techo de humo luminoso." El Jarama, Rafael Sánchez Ferlosio. |
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"Normal como el aire" significaba algo sin valor, pero Hackworth sabía que cada bocanada de aire que Fiona respiraba, echada en su pequeña cama por las noches, un resplandor plateado en la oscuridad, era usada por su cuerpo para fabricar piel, pelo y hueso. El aire se convertía en Fiona, y merecía -no, exigía- amor. Ordenar la materia era la única tarea de la Vida, ya fuese un montón de moléculas autorreplicadoras en el océano primordial, o una fábrica inglesa que convertía hilos en ropa, o Fiona tendida en su cama convirtiendo el aire en Fiona. La Era del Diamante -Manual ilustrado para jovencitas- (1995) Neal Stephenson
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Entro en una papelería y compro un ejemplar del Sun. También echo una mirada a las revistas pornográficas del estante superior. No me disculpo por esto en absoluto; éste es un trabajo en el que resulta peligroso pensar demasiado, así que lo mejor es que cada cual canalice la propia energía hacia algo en lo que sea fácil pensar pero que no perjudique en absoluto. Para la mayoría de nosotros, el sexo cumple perfectamente la papeleta. No obstante, me marcho sin hacer otras adquisiciones, y me molesta lo alegre que está el tendero. "El Sun", grita en voz alta, "muy bueno, treinta peniques." Esto me disgusta, pues no soy como los demás plebeyos apestosos que leen el Sun. Soy más bien como alguien que lo redacta, que lo edita incluso. Ten en cuenta la diferencia, so plebeyo, ten siempre en cuenta la puta diferencia. Escoria (1998), Irvine Welsh.
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-Sí, Livio nunca carece de lectores. A la gente le gusta que la lleven a la virtud de la mano de un escritor encantador, en especial cuando se le dice al mismo tiempo que la civilización moderna ha hecho que esa virtud sea imposible de alcanzar. Pero los simples expositores de la verdad -los enterradores que exhuman el cadáver de la historia- los que no hacen más que registrar lo que en realidad ocurrió..., esos hombres sólo pueden contar con un público mientras tengan un buen cocinero y una bodega llena de vino de Chipre. Yo, Claudio Robert Graves. |
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... !Tened el puente!... !Tendello! Pues de no hacello, !pardiez!, antes del primer destello domaremos la altivez de esa torre, habéis de vello... Entonces los infanzones contestaron: !Pobres locos!... Para asaltar torreones, cuatro Quiñones son pocos. !Hacen falta más Quiñones! ... Primera Jornada de "La Venganza de don Mendo". Pedro Muñoz Seca.
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Doy un portazo y salgo a la calle odiándome tanto que me lanzo contra las paredes de los edificios, contra los troncos de los árboles, contra las carrocerías de los automóviles. Ella gritaba, gritaba, gritaba. Histérica hasta que mi puño impactando en su estómago la hizo callar. Ella quería salir, comprar unos helados, pasear agarrados de la mano. Yo no. Yo no quería cosa alguna. Ella quería besarme en una plaza, ver pasar personas, recordar nuestros viajes sentados en cualquier banco. Yo no. Yo no quería cosa alguna, anulado por una de mis crisis nerviosas; no sé escribirlo ni decirlo de otra manera. Llevábamos una semana drogándonos, sobre todo yo. Esta vez era cocaína. Casi siempre es cocaína. Cocaína para borrar el absurdo, anestesiar el vacío. Cocaína como coartada, aunque luego siempre es peor. Pero todo es comenzar. E incluso hay momentos buenos. Aunque luego siempre es peor. Ella gritaba que afuera había mucha gente con caras divertidas, que afuera íbamos a reírnos. Gritaba, gesticulaba; pero sabía que sus aspavientos no me iban a levantar del sillón; sabía además que la calle, esa mañana repleta de sol, era un lugar horrible hecho de estraza sucia para dos locos como nosotros. Sin embargo continuaba, continuaba, continuaba. Porque todo es comenzar. Ella (2003), Estanislao Orozco, alias soloelsol.
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"Y así era, que por más que tratara de resistirme siempre que te acercabas a mí era para llevarte algo. Un pensamiento, un recuerdo, una horquilla, un sorbito de sangre. ¿Y me importaba? No, no me importaba. Aún más, quería que siguieras haciéndolo, hasta dejarme sin nada. Que te llevaras todos mis sueños y mis pensamientos, hasta las letras de mi nombre, y que a partir de entonces tuviera que seguirte a todos los sitios como un corderito, porque sólo tú podías decirme quién era y lo que iba a ser de mí." "Ah, el amor, el amor... Menudo cepo, menuda engañifa, menudo gran y soberano fraude. Y, sin embargo, allí estaba triunfante, lleno de luz, y en apariencia siempre nuevo, después de miles de años de promesas incumplidas y de anunciados desastres. Había producido más víctimas que las guerras, más daño que los tornados, más delirios que las fiebres palúdicas, más rencor que la usura, más horror que la misma muerte. Y aún así, por allí andaban todos y todas buscando sus dudosos favores, sus sabios venenos, sus mentiras fervientes. ¿Se podía evitar? No, no se podía. Una lucha dulce, un tierno arrebato, una herida que destilaba miel, el acceso a tesoros que no podían ser nuestros, un mundo lleno de huevos y de pequeñas larvas prometiendo antenas, aletas, secreciones, la mezcla de ojos y cartílagos innumerables". La Soñadora, de Gustavo Martín Garzo
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cita de nosebundos
Doy un portazo y salgo a la calle odiándome tanto que me lanzo contra las paredes de los edificios, contra los troncos de los árboles, contra las carrocerías de los automóviles.
¡joder! que bueno es este párrafo de SoloelsolElla gritaba, gritaba, gritaba. Histérica hasta que mi puño impactando en su estómago la hizo callar. Ella quería salir, comprar unos helados, pasear agarrados de la mano. Yo no. Yo no quería cosa alguna. Ella quería besarme en una plaza, ver pasar personas, recordar nuestros viajes sentados en cualquier banco. Yo no. Yo no quería cosa alguna, anulado por una de mis crisis nerviosas; no sé escribirlo ni decirlo de otra manera. Llevábamos una semana drogándonos, sobre todo yo. Esta vez era cocaína. Casi siempre es cocaína. Cocaína para borrar el absurdo, anestesiar el vacío. Cocaína como coartada, aunque luego siempre es peor. Pero todo es comenzar. E incluso hay momentos buenos. Aunque luego siempre es peor. Ella gritaba que afuera había mucha gente con caras divertidas, que afuera íbamos a reírnos. Gritaba, gesticulaba; pero sabía que sus aspavientos no me iban a levantar del sillón; sabía además que la calle, esa mañana repleta de sol, era un lugar horrible hecho de estraza sucia para dos locos como nosotros. Sin embargo continuaba, continuaba, continuaba. Porque todo es comenzar. Ella (2003), Estanislao Orozco, alias soloelsol.
perdón |
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cita de bizarro
"El hombre corriente
¡CHARLES BUKOWSKI!, con -i joder, con una puta -i latina, talibán de la lengua.
Con la mujer corriente Cuidado con su amor. Su amor es corriente, busca lo corriente. Pero es un genio al odiar es lo suficientemente genial al odiar como para matarte, como para matar a cualquiera. Al no querer la soledad al no entender la soledad intentarán destruir cualquier cosa que difiera de lo suyo. Al no ser capaces de crear arte no entenderán el arte. Considerarán su fracaso como creadores sólo como un fracaso del mundo. Al no ser capaces de amar plenamente creerán que tu amor es incompleto y entonces te odiarán. Y su odio será perfecto como un diamante resplandeciente como una navaja como una montaña como un tigre como cicuta Su mejor ARTE." Charles Bukowsky |
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cita de carlosaribau
¡Grande!, ¿eh? Pues la tienes de gratis, loco. ¡A leer!
cita de nosebundos
Doy un portazo y salgo a la calle odiándome tanto que me lanzo contra las paredes de los edificios, contra los troncos de los árboles, contra las carrocerías de los automóviles.
¡joder! que bueno es este párrafo de SoloelsolElla gritaba, gritaba, gritaba. Histérica hasta que mi puño impactando en su estómago la hizo callar. Ella quería salir, comprar unos helados, pasear agarrados de la mano. Yo no. Yo no quería cosa alguna. Ella quería besarme en una plaza, ver pasar personas, recordar nuestros viajes sentados en cualquier banco. Yo no. Yo no quería cosa alguna, anulado por una de mis crisis nerviosas; no sé escribirlo ni decirlo de otra manera. Llevábamos una semana drogándonos, sobre todo yo. Esta vez era cocaína. Casi siempre es cocaína. Cocaína para borrar el absurdo, anestesiar el vacío. Cocaína como coartada, aunque luego siempre es peor. Pero todo es comenzar. E incluso hay momentos buenos. Aunque luego siempre es peor. Ella gritaba que afuera había mucha gente con caras divertidas, que afuera íbamos a reírnos. Gritaba, gesticulaba; pero sabía que sus aspavientos no me iban a levantar del sillón; sabía además que la calle, esa mañana repleta de sol, era un lugar horrible hecho de estraza sucia para dos locos como nosotros. Sin embargo continuaba, continuaba, continuaba. Porque todo es comenzar. Ella (2003), Estanislao Orozco, alias soloelsol.
perdón |
La vanidad de los Duluoz (1967), Jack Kerouac (1922-1969)
Cruzo el puente con un viento que aúlla y una nieve intensa que me golpea la cara roja, naturalmente sin ni una alma a la vista, cuando, de pronto, un hombre de uno noventa de estatura, más o menos, se acerca; tiene el cuerpo grande y la cabeza muy pequeña; continúa en dirección a Brooklyn, sin mirarme, dando zancadas, pensativo. ¿Sabes quién era?
Thomas Wolfe