
Mis mejores amigos
12 relatos de primavera
1- Noche con aromas de nardo
2- Recogiendo en mi cuaderno trozos de un sueño
Por las ruinas del molino de la Parra
3- Granada y tú, como un sueño
4- Junto al río sentando mirando al agua
5- Vivir la vida en paz
6- Diálogo con Sinombre y la tormenta
7- Encuentro con la niña en el Cortijo de la Viña
8- Con la niña por el Prado del Arroyo
9- Una reflexión sobre la vida en su forma más natural
10- Los juegos de la niña con su caballo Enebro
11- Tapizar la tierra de buenos sentimientos
12- Los retozos de Enebro
1- Noche con aromas de nardo
Antes de la primera luz del alba me han despertado los autillos con sus finos cantos. Y, conforme ha ido avanzando el día, he contemplado despacio las últimas estrellas en el cielo y, luego ya, el sol naciendo con su color rosado. Me gusta ver salir el sol cuando me levanto y más me gusta aun verlo relucir sobre vosotros en el prado. Pero quiero preguntarte: esta noche ¿qué ha pasado? Yo de nuevo hoy lo apunto en mi cuaderno y con cariño lo guardo para después compartirlo con nuestra niña querida y con los amigos. Pero ¿cómo les cuento yo, a los que quieran oírme, lo que esta noche ha pasado?
Bajo la noguera vieja que clava sus raíces en el mismo centro de este prado de primavera yo he dormido esta noche. Sobre la hierba, con el telón de fondo de las laderas y con las música del río dulcemente arrullando. Pero no sé si he dormido o he soñado porque al despertar te he visto recostado en la misma ribera y pegado al viejo tronco del álamo. ¿Con qué has soñado tú o por dónde has estado esta noche? Enebro se ha venido aquí conmigo, muy pegado a la cabecera de la almohada de trébol que esta noche ha perfumado mis sueños. Y el caballo Bandolero, al amanecer, lo veo al lado de arriba de la llanura, comiendo por entre las zarzas del arroyo que viene del collado. No hay más en este amanecer mágico de la llanura junto al río y las ruinas del viejo molino abandonado. Pero te pregunto otra vez: ¿qué es lo que esta noche ha pasado?
Te miro como extrañado y escribo en mi cuaderno. Yo ayer por la tarde le dije al caballo Enebro:
- Necesito ir a la Cueva de los Madroños, mi casa y mi palacio, a por algo que tengo allí y ahora me hace falta. ¿Quieres venir conmigo? Me gustaría estar contigo un buen rato.
Y el caballo Enebro, listo como tú y Bandolero o como el mismo viento que en la noche nos ha besado, se puso a trotar como si ya fuéramos de camino. Pero luego se volvió y se vino a mi lado y, sin que yo le dijera nada, se me ofreció para que lo montara porque quería llevarme sobre su lomo al alba. Desde unas de las piedras gordas del río salté a su lomo y le dije:
- ¡Ea, amigo Enebro! Llévame de paseo siguiendo el cauce del río y ve con cuidado que todo esto ahora está lleno de nidos. La nutria tiene el suyo por aquel lado, los patos silvestres lo tienen por aquí, por allí anda el mirlo acuático, por este lado cantan las perdices y, el mirlo que siempre nos da compañía, tiene su nido en el mismo acebo de la puerta de mi cueva. Así que trota con la suavidad del viento para que nadie se asuste y huya de tu presencia. Ha llegado la primavera y todo brota y nace y regala fuerza. Es la fuerza de la vida que se instala junto a nosotros para llenarnos de energía. Tú ve con cuidado para que los habitantes de estos prados nunca puedan decirnos que no los respetamos
Trotando con la armonía del monte y con la caricia de la hierba Enebro me llevaba por el camino río arriba hacia mi cueva. Y las dos tórtolas turcas, la pareja azul perla que a todas horas juega con el aire, volaron desde los fresnos al prado de la cascada y luego se posaron sobre las ramas de los álamos. Cuando llegamos al Prado de los Fresnos me bajé de Enebro, subí a mi cueva, cogí lo que necesitaba, recorrí la senda de la cascada y al llegar de nuevo al caballo ¿sabes lo que vi? Como en un sueño vi un hermoso caballo blanco que pastaba junto a Enebro en el prado. Cerca y, descansando sobre la hierba, vi una muchacha que me ocultaba su cara y, al verme ella, subió en su caballo y se alejó como en un vuelo de paloma blanca. Como galopando y siguiendo un camino a través del viento. Ese camino que ya he visto otras veces y creo que se pierde por entre las estrellas hacia el alba. No pude ver más. Solo la blancura de su hermoso caballo hondeando sus largas crines y la figura de la muchacha que se evaporaba como en la luz de amapola clara. Al llegar a Enebro le pregunté:
- ¿Sabes quién era y si quería algo?
El caballo me miró y movió su cabeza para la hierba al borde del charco. Lo seguí con mis ojos y allí, junto al agua clara del arroyo y cerca de una piedra, vi una carta. Comprendí que me la había regalado ella y por eso me agaché y la cogí. Inmediatamente quise leerla pero luego me resistí pensando que mejor cuando estuviéramos todos juntos en el llano del molino viejo. Así que me subí en Enebro y, como si dentro de mí y por mis venas ahora me corriera el cielo, bajamos galopando por el camino que recorre el río. Como si tuviéramos prisa de llegar para contaros. Y al llegar vi que nos esperabais y por eso mirabais como diciendo: “A ver qué nuevas nos traéis de aquel prado”. ¿Acaso sabíais vosotros algo?
Con vosotros me quedé ayer todo el día por este lado del edén del río y, con la carta que me habían regalado, esperando en mi bolsillo. Quería abrirla y leerla pero para gustarla más despacio me la guardaba con cariño y seguía esperando. Y ya viste tú que a ratos, me paraba entre la hierba y miraba al cielo, como si por entre el azul lejano, esperara verlos asomar galopando. Y me tocaba en el pecho con mi mano para sentir la presencia de la carta y no la leía. Tampoco la he leído esta noche. Mira, ves, aquí la tengo. Creo que al llegar este nuevo día es el momento pero antes de abrirla y leerla te sigo preguntando, a ti y a Enebro y a Bandolero: ¿qué ha sido lo que esta noche ha pasado? Te vuelvo a decir que no sé explicarlo pero en el silencio y el viento he sentido algo muy dulce y mágico. Como un perfume de paz que, invisible, haya brotado de la carta que ayer me regalaron y guardo con el cariño de un niño ilusionado.
Canción de una noche de primavera
Noche de estrellas
con cálido viento
y serena,
lago de calma
sobre un mar de seda.
Noche vestida
de hierba
por la llanura
y las riberas
del río, limpia música,
de primavera.
Noche exhalando,
por las praderas,
aromas de nardo
que en el alma dejan
caricias de cielo
que al cielo llevan.
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2- Recogiendo en mi cuaderno trozos de un sueño De hoy no pasa, de ahora mismo, sin que cumpla yo lo que te he prometido. Esta mañana es un buen momento para nuestro recorrido por las ruinas del viejo molino. El día se va levantando y tiene aspecto, más bien, de un día de invierno por las nubes negras que cubren y por el airecillo fresco. Y otra vez parece que puede llover en cualquier momento y vendría bien para las tierras y los manantiales que también van presintiendo la llegada de la primavera. Hoy es un día más pero, como lo tengo delante de mí y tú estás a mi lado, este nuevo día vuelve a ser especial. Nuevo otra vez y, para mí, como si fuera el último o el primero. Ahora mismo te llevo conmigo y te enseño lo que ya te he prometido.
����������� Ya estás viendo tú cuántas cosas en este nuevo día y todavía me quedan más en el tintero. Y sé que te estás preguntando: “¿Y la carta de la muchacha del caballo blanco?” Pues aquí la tengo y ya la he leído. Me fui ayer por los caminos de estas altas laderas y, bajo aquellas rocas de las montañas, me senté mirando a este valle. Con vosotros ante mis ojos y con el tapiz verde de la pradera y el río saltando alegre, me preparé y abrí la carta. La fui leyendo y la meditaba despacio y, esto que vas a oír ahora mismo, es lo que en su carta nos dice la del caballo blanco:
���������� Aquí estoy contigo. Ya ha llegado el momento y cumplo lo que te he prometido. Vente por este lado de arriba del fresno y cruzamos el río. Mientras Enebro y Bandolero están en su tranquilidad, en la hierba de la llanura de la Huelga de la Parra, vamos a darnos un paseo por las ruinas de viejo molino. Abro mi cuaderno, donde tengo apuntado los datos, y te voy leyendo. Ya estamos sobre las ruinas y lo primero que puedes ver es que lo levantaron justo donde el río tenía el mejor vado. Al otro lado del cauce, hacia la Bruna y el collado de la Tejea, sigue todavía el valle de la noguera que es donde se han quedado los caballos. Ya has descubierto tú que es una llanura muy grande y de tierra buenísima. Este viejo molino tenía mucho terreno y de la mejor calidad. Por esa llanura, ahora sólo hay hierba, juncos, los árboles frutales que ya te he dicho entre los bancales y rodeándola, muchos álamos, fresnos y robles en los que se engarban las parras.� � ����������� Unos metros todavía antes de llegar y encontramos las piedras del molino. Se ve que las arrancaron, las desplazaron de su sitio y las dejaron por la llanura de la puerta. También están aquí las aspas de hierro sobre las que caía el agua y con su fuerza giraban dando movimiento a toda la maquinaria del molino. Alguien las arrancó de su sitio, se las trajo hasta esta llanura y junto con la piedra, por aquí las dejó. Seguro que quisieron llevárselas y por lo que fuera, luego las dejaron abandonadas. El hierro de las aspas está muy oxidado y por eso creo que ahora ya no pueden servir para otra cosa que para adornar. Las pongo sobre la misma piedra que en el molino molió y le hago una foto. También a mí me apetece llevármelas pero en fotos para así no olvidarlo nunca.�
����������� Cruzando el cauce, a sólo unos metros del molino, queda la gran llanura. Se derrama entre las aguas del río y las paredes que caen desde la montaña por el lado de la Bruna. Y para atravesar el río no hay puente alguno. Sólo unas piedras que todavía están desde aquellos tiempos por donde se avanza saltando de una en otra. La corriente por aquí discurre muy serena y por eso se forma un pequeño vado. Por este punto cruzaban las vestías cuando ellos iban o venían con ellas cargadas con las cosechas, maderas y otras cosas. Es justo por aquí por donde pasaba la vieja senda que ya te he contado en varias ocasiones. La que surcaba a estas sierras desde un extremo a otro.
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3- Granada y tú, como un sueño Los almendros ya habían florecido. No había llegado aun la primavera pero, después de las abundantes lluvias a lo largo de todo el invierno, la hierba relucía. Como ansiando mostrar su fuerza y también con el deseo de alfombrar con miles de florecillas.
Sin embargo, aquella mañana de marzo, todo el campo amaneció nevado. Blanco puro, como si otra vez el invierno hubiera vuelto. Se asomó él a la torrentera y caminó despacio. Buscando la pequeña senda que, por el barranco que desciende hacia el río, avanza y busca las tierras de la vega.
Pisando la nieve o más bien resbalando por ella, bajó a toda prisa. Como en un juego y agradeciendo al cielo estampa tan bonita. Y, mientras lo hacía, la recordaba. Lejana, como ya hacia mucho, mucho tiempo pero inmaculada y alegre en su alma, como el primer día. Y de nuevo dio gracias al cielo por tan hermoso sentimiento en su corazón, a pasar de la distancia y el tiempo.
Llegó a la corriente del río, lo cruzó, subió por el terraplén, atravesó los olivos, por donde las parras aun desnudas y siguió bajando en la misma dirección que las aguas. Y al poco dejó atrás el estrecho desfiladero del río y salió a la panorámica. Donde el terreno se configura como un gran balcón frente a Granada y por donde la senda, agarrada a la ladera, se abre como un fantástico abanico. Y aquí se paró. Miró despacio y la visión que la ciudad le regalaba le llenó el corazón de hondo gozo.
Sobre la alta colina, recostada y alargada, se veía la Alhambra. Al fondo, las altas cumbres de Sierra Nevada y a los pies, la fantástica ciudad de Granada. Blanca hoy y como durmiendo pero bella como el más delicado y hermoso de los sueños. Meditó un momento, miró al cielo, todo azul a pesar de la gran nevada y luego pensó en ella. Y como susurrando para sí y para el viento que le acariciaba, dijo:
“Una vez más mi corazón se alegra solo con recordarte. Fuiste tan buena en aquellos días que de armonía y paz y para la eternidad, dejaste sembrada mi alma. Por eso a cada instante sigues palpitando en mi pecho. De aquí que ahora mismo y, hoy de nuevo, te regale Granada. Los almendros ya han florecido y la nieve, esta noche, lo ha vestido todo de blanco. Y tú sigues viva, florecida y rociando de gozo y paz todos los sentimientos que laten en mi pecho”. |
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4- Junto al río sentando mirando al agua �������� Ahí lo está viendo sentando. Desde que vino, ayer por la mañana, yo sé que le pasa algo. El pastor es nuestro amigo y él nos trata bien y le gustan nuestras cosas. Es un hombre sencillo y lo único que quiere es vivir la vida sin meterse con nadie ni que nadie se meta con él. Pero en cuanto lo vi ayer supe que algo le ha ocurrido. ¿Míralo, lo ves? Ahí frente al río está sentado y junto a él, en la hierba está acostado, el mastín Álamo. Como si hubiera comprendido que su amo está dolido por algo. Sinombre, ahora dentro de un rato nos vamos a ir los cuatro, río arriba por entre las madroñeras, al lado del pastor. No sé cómo pero podemos intentarlo: el pastor, nuestro amigo, tiene una pena y creo que está llorando. De la manera que sea debemos consolarlo. Ahora en seguida nos vamos con él.� - Tengo noticias para vosotros. Muchas y muy importantes, pero antes, quiero haceros un regalo. Os preparo en seguida tres kilos de palomitas de maíz y mientras os la vais comiendo os cuento y charlamos. Tú te pusiste contento y también Enebro y Bandolero. Y poco después, sobre la hierba y, entre los pétalos inmaculados de las flores de los cerezos, os rocié yo las palomitas de maíz. Para que os las comierais despacio y sin problemas. ¿A que parecía el prado una fantasía de seda cubierta de copos blancos? Solo ver aquello ya se llenaba uno de entusiasmos. Y mientras vosotros os comíais tan ricas golosinas y yo os miraba meditando y, satisfecho el pastor, se fue a su huerto diciendo: - Tengo que labrarlo y quitarle las malas hierbas. La primavera ya está empujando y la cosecha irrumpe con fuerza de la tierra. ¡Ay que ver como corre el tiempo aunque pase tan despacio! Le dije yo: - Nosotros también tenemos que compartir contigo todo lo que nos ha pasado. Tenemos un montón de preguntas y por eso te estábamos esperando. Y es verdad que la primavera ya sí, con fuerza, se ha presentado.� |
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