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Me alegra leer tus comentarios, Salazar, porque tengo en el segundo casillero de la culata de mi revolver de lecturas ese relato precisamente, entre unos de Idelosan y el de la casa sellada. Cuando salga de estos días de trabajo intenso y me ponga a leer tranquilamente, se me hace que voy a coger el de Bizarro con mayor curiosidad. Lo del trabajo intenso no es lo que pensarán algunos (una epidemia, una saturación de enfermos...). Resulta que hoy día los médicos del sistema público de salud tenemos en ocasiones que hacer tareas más administrativas que propiamente médicas (ando ahora metido en auditorias, nuevos documentos, impreso tal y cual, registro, trazabilidad...). Saludos Josep |
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Una magnífica crítica, aunque lo cierto es que destripa la trama ya en el primer párrafo xD Quizás sería conveniente editar el primer mensaje para avisar al principio de que la crítica se lea teniendo en cuenta que se te puede fastidiar el argumento antes de comenzar... pues sería una pena que las sorpresas que me llevé yo al leer esta gran obra se perdieran para otros lectores. |
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cita de salazar
Editado. Otra vez gracias Idelosan.
Como acertadamente me señala Idelosan, debo advertir, y advierto, a los lectores de este hilo, que la opinión literaria que hago sobre la novela de Bizarro, destripa, desde las primeras líneas, el desenlace de "El exilio de Amún Sar". Quien desee saborear las exquisitas sorpresas que contiene, no debe de leer ésto. Lo siento. Siempre malvado. No puedo dejar de ser Salazar. Obligado a matar en defensa propia con trece años, Rasún descubre que mata con facilidad, aunque no le gusta. No es un psicópata, pero se observa a si mismo con la perplejidad sincera de alguien honesto a quien le gusta escuchar más que hablar. Tampoco hecha de menos a su padre, aunque le respeta, y huérfano de madre, se alista en el ejército del faraón. Uno más. Es elegido por un soldado amigo para que le acompañe como vigilantes de un exiliado; Amún Sar. Aunque la misteriosa descripción del poderoso Amur puede hacer pensar al lector que se trata de una especie de sórdido marqués de Sade, al principio, pronto se descubre la verdadera naturaleza mística y malvada que lo alienta. E intercalado con ese sendero hacia el descubrimiento más soledad; esclavas a las que el autor no llama esclavas, sino asistentas, Kipa y Klápora, utilizadas sexualmente por su amo, y predispuestas a entregarse a los dos soldados. Asuzami, el compañero de Rasún, con quien viaja a la casa donde vive exiliado Amún, acepta y disfruta de la carnalidad de la segunda, pero el protagonista rechaza fornicar con Kipa, aunque la aprecia, y la desea. También la ayuda a escapar cuando su amo la ordena que aborte. Y medita con frecuencia sumergido entre las inquietantes estatuas que rodean al magnate al que les han ordenado vigilar. La muestra de la realidad es impecable; la de Rasún; con preguntas sin contestar, con hechos casuales, con caminos que no van a ninguna parte, a veces sin aparente sentido, pero todo, todo, dibuja con claridad unos ojos honestos, en soledad, sin victimismo, que desconfían de Amún con la certeza con la que se respira la verdad. Y entonces comienza lo fantástico. Pero no hay salto al vacío. Simplemente continúa el relato. Ese viejo milagro literario vuelve a repetirse, interminablemente, milagrosamente. Y bizarro lo consigue. El ambiente documentalista y aislado hace de trampolín a una oscura y profundísima caverna, bajo la casa de Amún, a donde éste baja regularmente a beber de la sabiduría de un místico oráculo al que el autor denomina El Metálico. Más aún. Una gigantesca serpiente lo guarda y Amún le lanza víctimas gratuitas para entretener a la bestia lo suficiente como para acercarse al tótem, leer sus misterio y huir de nuevo a la seguridad de su casa. Más aún. Rasún, aunque para todos esta prohibido tocar el Metálico, puede tocarlo, y entra dentro y se funde en él. Sólo pensamiento. En la más profunda expresión de la palabra pensamiento ¿Más aún? Muertes violentas a manos de unos monstruos escalofiantemente bien descritos, los Hombres de Piedra, y enfrentamientos descomunales contra la serpiente y posteriormente el dragón que custodian el oráculo son las antesalas de la fusión mística de Rasún. Y más aún. Durante la última parte de la novela el protagonista es pensamiento. Puro pensamiento. Pensamiento ¿divino? Un espectáculo narrativo de fuegos artificiales en el que al final grandioso sigue un final superior y más bonito. Rasún vuela entre la contemplación de la realidad a través de la materia y el tiempo, y seguimos oyendo su voz y reconociendo al personaje. Y creyéndolo. Hasta que sale del tótem y vuelve a nuestra realidad hecho carne miles de años después. Y entonces uno, leyéndolo, se da cuenta de que el prepotente y el soberbio es el lector facilón, como yo, porque esperaba que al final Rasún se manifestase en nuestra realidad actual como Jesucristo o Buda o Mahoma. Nada de éso. Creíble hasta el final, desde la inmensísima altura que coge el relato, Bizarro lo cierra con el protagonista en soledad vocacional, mirando perplejo y preguntando. No hay descenso. Una línea de vida más recorriendo el universo. Nada más. Nada menos. Aunque en esta ocasión la línea recorre territorios de diversos universos. |
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cita de salazar
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Como acertadamente me señala Idelosan, debo advertir, y advierto, a los lectores de este hilo, que la opinión literaria que hago sobre la novela de Bizarro, destripa, desde las primeras líneas, el desenlace de "El exilio de Amún Sar". Quien desee saborear las exquisitas sorpresas que contiene, no debe de leer ésto. Lo siento. Siempre malvado. No puedo dejar de ser Salazar. Obligado a matar en defensa propia con trece años, Rasún descubre que mata con facilidad, aunque no le gusta. No es un psicópata, pero se observa a si mismo con la perplejidad sincera de alguien honesto a quien le gusta escuchar más que hablar. Tampoco hecha de menos a su padre, aunque le respeta, y huérfano de madre, se alista en el ejército del faraón. Uno más. Es elegido por un soldado amigo para que le acompañe como vigilantes de un exiliado; Amún Sar. Aunque la misteriosa descripción del poderoso Amur puede hacer pensar al lector que se trata de una especie de sórdido marqués de Sade, al principio, pronto se descubre la verdadera naturaleza mística y malvada que lo alienta. E intercalado con ese sendero hacia el descubrimiento más soledad; esclavas a las que el autor no llama esclavas, sino asistentas, Kipa y Klápora, utilizadas sexualmente por su amo, y predispuestas a entregarse a los dos soldados. Asuzami, el compañero de Rasún, con quien viaja a la casa donde vive exiliado Amún, acepta y disfruta de la carnalidad de la segunda, pero el protagonista rechaza fornicar con Kipa, aunque la aprecia, y la desea. También la ayuda a escapar cuando su amo la ordena que aborte. Y medita con frecuencia sumergido entre las inquietantes estatuas que rodean al magnate al que les han ordenado vigilar. La muestra de la realidad es impecable; la de Rasún; con preguntas sin contestar, con hechos casuales, con caminos que no van a ninguna parte, a veces sin aparente sentido, pero todo, todo, dibuja con claridad unos ojos honestos, en soledad, sin victimismo, que desconfían de Amún con la certeza con la que se respira la verdad. Y entonces comienza lo fantástico. Pero no hay salto al vacío. Simplemente continúa el relato. Ese viejo milagro literario vuelve a repetirse, interminablemente, milagrosamente. Y bizarro lo consigue. El ambiente documentalista y aislado hace de trampolín a una oscura y profundísima caverna, bajo la casa de Amún, a donde éste baja regularmente a beber de la sabiduría de un místico oráculo al que el autor denomina El Metálico. Más aún. Una gigantesca serpiente lo guarda y Amún le lanza víctimas gratuitas para entretener a la bestia lo suficiente como para acercarse al tótem, leer sus misterio y huir de nuevo a la seguridad de su casa. Más aún. Rasún, aunque para todos esta prohibido tocar el Metálico, puede tocarlo, y entra dentro y se funde en él. Sólo pensamiento. En la más profunda expresión de la palabra pensamiento ¿Más aún? Muertes violentas a manos de unos monstruos escalofiantemente bien descritos, los Hombres de Piedra, y enfrentamientos descomunales contra la serpiente y posteriormente el dragón que custodian el oráculo son las antesalas de la fusión mística de Rasún. Y más aún. Durante la última parte de la novela el protagonista es pensamiento. Puro pensamiento. Pensamiento ¿divino? Un espectáculo narrativo de fuegos artificiales en el que al final grandioso sigue un final superior y más bonito. Rasún vuela entre la contemplación de la realidad a través de la materia y el tiempo, y seguimos oyendo su voz y reconociendo al personaje. Y creyéndolo. Hasta que sale del tótem y vuelve a nuestra realidad hecho carne miles de años después. Y entonces uno, leyéndolo, se da cuenta de que el prepotente y el soberbio es el lector facilón, como yo, porque esperaba que al final Rasún se manifestase en nuestra realidad actual como Jesucristo o Buda o Mahoma. Nada de éso. Creíble hasta el final, desde la inmensísima altura que coge el relato, Bizarro lo cierra con el protagonista en soledad vocacional, mirando perplejo y preguntando. No hay descenso. Una línea de vida más recorriendo el universo. Nada más. Nada menos. Aunque en esta ocasión la línea recorre territorios de diversos universos. |
| Coño Bizarro, la frase está bien, pero el caballero ya usaba esa técnica hace tiempo en su hilo, quiero decir, que lo comentas como si fuera nuevo y supongo que se lo habías visto hacer, es más fue lo primero que le comenté al volver, quedaría más elegante comentárselo en su hilo y de paso darle un up! en el subforo, cosa más bien parece te has autohecho, nada que objetar, busines is busines, y ahora te lo subo yo, bytheface, que semos colegas o al menos nadamos en el mismo fango. Pues eso, aupa Salazar. |
| Con respecto a lo de las coletas no diré nada por la admiración y el respeto que me inspira tu talento. Tú tampoco puedes dejar de ser un poco gamberro. Pero quiero preguntarte algo. Es esa especie de distorsión que siempre se produce cuando se escribe un libro, que parece gratuita y que aunque quizás lo sea, es algo que nunca deja de fascinarme. Se trata del blanco y el negro, de las opiniones siempre diferentes y a veces opuestas entre lo que el escritor cree que es su obra, cuando la escribe, y los que la mayoría de los lectores perciben cuando la leen. Concretando; qué creías tú, literariamente hablando, que era "El exilio de Amún Sar", que han creído que es los que han leído la novela, y obviamente, te lo han contado, y por último, qué es lo que crees ahora, después de haber escuchado sus opiniones. Fin de interrogación. Ya está. |
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cita de bizarro
Este mensaje debería ser proclamado post del año del foro de bubok. Por dios, qué risas con unas pocas frases xDEl hilo de Salazar tiene un problema. Un problemón. Y es que, si por casualidad te pones cachondo por alguno de sus textos, miras un poquito arriba a la izquierda y, ¡plas!, la cara de Salazar. Es como cuando te estás haciendo una paja viendo una película porno, y en el momento álgido (el momento de correrte, para el que no sepa leer entre líneas), desaparece la piva y aparece el tipo sudoroso barruntando como un buey. Y te jode la vida. Salazar, no te lo tomes a mal, amigo, pero ponte aunque sea unas coletas... No hace falta ni que te afeites. En fin, tendré que comprender que un poco de "spam" de vez en cuando no hace daño a nadie. |
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cita de salazar
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Como acertadamente me señala Idelosan, debo advertir, y advierto, a los lectores de este hilo, que la opinión literaria que hago sobre la novela de Bizarro, destripa, desde las primeras líneas, el desenlace de "El exilio de Amún Sar". Quien desee saborear las exquisitas sorpresas que contiene, no debe de leer ésto. Lo siento. Siempre malvado. No puedo dejar de ser Salazar. Obligado a matar en defensa propia con trece años, Rasún descubre que mata con facilidad, aunque no le gusta. No es un psicópata, pero se observa a si mismo con la perplejidad sincera de alguien honesto a quien le gusta escuchar más que hablar. Tampoco hecha de menos a su padre, aunque le respeta, y huérfano de madre, se alista en el ejército del faraón. Uno más. Es elegido por un soldado amigo para que le acompañe como vigilantes de un exiliado; Amún Sar. Aunque la misteriosa descripción del poderoso Amur puede hacer pensar al lector que se trata de una especie de sórdido marqués de Sade, al principio, pronto se descubre la verdadera naturaleza mística y malvada que lo alienta. E intercalado con ese sendero hacia el descubrimiento más soledad; esclavas a las que el autor no llama esclavas, sino asistentas, Kipa y Klápora, utilizadas sexualmente por su amo, y predispuestas a entregarse a los dos soldados. Asuzami, el compañero de Rasún, con quien viaja a la casa donde vive exiliado Amún, acepta y disfruta de la carnalidad de la segunda, pero el protagonista rechaza fornicar con Kipa, aunque la aprecia, y la desea. También la ayuda a escapar cuando su amo la ordena que aborte. Y medita con frecuencia sumergido entre las inquietantes estatuas que rodean al magnate al que les han ordenado vigilar. La muestra de la realidad es impecable; la de Rasún; con preguntas sin contestar, con hechos casuales, con caminos que no van a ninguna parte, a veces sin aparente sentido, pero todo, todo, dibuja con claridad unos ojos honestos, en soledad, sin victimismo, que desconfían de Amún con la certeza con la que se respira la verdad. Y entonces comienza lo fantástico. Pero no hay salto al vacío. Simplemente continúa el relato. Ese viejo milagro literario vuelve a repetirse, interminablemente, milagrosamente. Y bizarro lo consigue. El ambiente documentalista y aislado hace de trampolín a una oscura y profundísima caverna, bajo la casa de Amún, a donde éste baja regularmente a beber de la sabiduría de un místico oráculo al que el autor denomina El Metálico. Más aún. Una gigantesca serpiente lo guarda y Amún le lanza víctimas gratuitas para entretener a la bestia lo suficiente como para acercarse al tótem, leer sus misterio y huir de nuevo a la seguridad de su casa. Más aún. Rasún, aunque para todos esta prohibido tocar el Metálico, puede tocarlo, y entra dentro y se funde en él. Sólo pensamiento. En la más profunda expresión de la palabra pensamiento ¿Más aún? Muertes violentas a manos de unos monstruos escalofiantemente bien descritos, los Hombres de Piedra, y enfrentamientos descomunales contra la serpiente y posteriormente el dragón que custodian el oráculo son las antesalas de la fusión mística de Rasún. Y más aún. Durante la última parte de la novela el protagonista es pensamiento. Puro pensamiento. Pensamiento ¿divino? Un espectáculo narrativo de fuegos artificiales en el que al final grandioso sigue un final superior y más bonito. Rasún vuela entre la contemplación de la realidad a través de la materia y el tiempo, y seguimos oyendo su voz y reconociendo al personaje. Y creyéndolo. Hasta que sale del tótem y vuelve a nuestra realidad hecho carne miles de años después. Y entonces uno, leyéndolo, se da cuenta de que el prepotente y el soberbio es el lector facilón, como yo, porque esperaba que al final Rasún se manifestase en nuestra realidad actual como Jesucristo o Buda o Mahoma. Nada de éso. Creíble hasta el final, desde la inmensísima altura que coge el relato, Bizarro lo cierra con el protagonista en soledad vocacional, mirando perplejo y preguntando. No hay descenso. Una línea de vida más recorriendo el universo. Nada más. Nada menos. Aunque en esta ocasión la línea recorre territorios de diversos universos. |