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Foro para escritores de Bubok

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incongruente
Mensajes: 1.269
Fecha de ingreso: 10 de Junio de 2008

Más literatura y menos filosofía

26 de Enero de 2010 a las 12:38

Es asombroso y hasta sorprendente ver en los foros de bubok, página fundamentalmente literaria, como últimamente empiezan a invadir el foro temas de filosofía, religión, evolución… Dos foros abiertos en los últimos días y las intervenciones de los teóricos escritores aumentan como la mala hierba en los trigales.

Como yo soy muy legalista y cada cosa me gusta en su sitio, voy a abrir este foro para hablar de literatura y ver si a los escritores les merece atención alguna. Igual dejo al descubierto desviaciones ocultas de muchos de nosotros. (Terminaré escribiendo varios je, je, je, je… para que todo el mundo sea consciente de mi intención sarcástica, no se me vayan a enfadar algunos)

Cuando nos enfrentamos por primera vez a un papel en blanco, todo escritor, novato o experto, debe tener en cuenta que, antes de escribir una sola palabra, tiene que aclarar en su mente varios conceptos.

Indiscutiblemente el primer concepto a tener en cuenta es el TEMA. ¿Sobre qué voy a escribir? Está claro que, aquí, la imaginación de cada cual debe haber tenido que poner la maquinaria en funcionamiento con bastante antelación porque, enfrentarnos al papel en blanco si una idea sobre la qué escribir, es gana de perder el tiempo.

Supongamos, pues, que nuestra imaginación hierve por encima de los mil grados y las ideas se nos salen por los oídos. ¡Buen momento para enfrentarse al temido color blanco del papel! Pero, cuidado, que todo no es imaginación. ¿No? No señor; con la mente a pleno rendimiento, hay que pararse y determinar, esbozar mejor, el ARGUMENTO. Desde donde partimos y a donde pretendemos llegar. Y empezamos a desarrollar el tema, ahora sí. Mientras desarrollamos dicho argumento, no tenemos que ser muy metódicos, ya que todos sabemos que, a medida que vayamos desarrollando la temática, este argumento sufrirá muchos cambios. Punto importante a tener en cuenta. Cada cambio en el desarrollo del tema nos obliga a determinar de nuevo el argumento. ¿Por qué? Porque de no hacerlo, terminaremos perdiendo la referencia que nos define desde donde venimos y hacia donde vamos. A medida que vamos desarrollando la temática, no la novela, que a esta aun le queda tiempo para empezar, necesitaremos abrir varios archivos diferentes y que luego nos servirán para interrelacionar toda la novela.

¿Qué archivos? Los enumeraré, aunque no por orden cronológico, ya que este, el orden cronológico, dependerá de la decisión que vamos a tomar bastante más tarde. Los archivos serán:

1º: ARGUMENTACIÓN

2º: CRONOLOGÍA

3º: AMBIENTACIÓN

4º: PERSONAJES

5º: TIPO DE NARRACIÓN

6º: NARRADOR

7º: EL TEXTO

8º: LA ACCIÓN

9º: ELEMENTOS DE LA NOVELA

Puede que aún me haya olvidado de alguno más, pero creo que, por ahora, ya tenemos trabajo para comentar, si hay alguien en estos foros que en vez de filosofar sobre el sexo de los ángeles, si es que existen, prefiera hablar de literatura.

¿Seguiremos…?

incongruente
Mensajes: 1.269
Fecha de ingreso: 10 de Junio de 2008
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  • 28 de Enero de 2010 a las 20:49

Retomando el hilo original (yo a lo mío) empezaremos a desarrollar cada uno de los archivos abiertos.

1º: ARGUMENTACION: Se supone que la idea la tenemos. Esta puede ser de muy diferentes conceptos: histórica, bélica, romántica, costumbrista, biográfica… Lógicamente, cada tipo idea nos exigirá desarrollos diferentes, ya que no  necesitaremos buscar información de lugares por donde discurre la novela si es del tipo ciencia ficción, porque todos los escenarios pueden ser imaginarios; sin embargo, sí nos lo exigirá la costumbrista y, si es histórica, además deberemos estudiar muy a fondo los personajes que intervienen.

Pero la ARGUMENTACIÓN es ajena a toda la documentación que nos requiera la novela. La argumentación nos pide que definamos un origen y un destino. El HILO CONDUCTOR de dicho argumento nos debe llevar de un punto a otro. Al estudiar el viaje desde el origen hasta el destino, tendremos que definir paradas, desvíos posibles, subida de nuevos pasajeros imprevistos pero necesarios… En resumen, el archivo de la argumentación deberá estar siempre abierto, pues a medida que estudiamos y organizamos el resto de los archivos, el argumento puede y, posiblemente debe, ir cambiando, rechazando algunos conceptos e incorporando otros nuevos.

Lo importante es que el HILO CONDUCTOR de la argumentación, siempre debe estar claramente definido, para evitar que, cuando comience el “trabajo de negro” no nos volvamos locos.

Tras los comentarios, si aún queda alguien en el foro con paciencia para seguir leyéndome este rollo, seguiré con la CRONOLOGÏA, a no ser que algún “loco” me pida que ahonde aún más en este primer archivo. Je, je, hay que tener ganas.

mameri
Mensajes: 1.462
Fecha de ingreso: 30 de Octubre de 2009
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  • 28 de Enero de 2010 a las 21:07
Yo te sigo perfectamente, pero compruebo que tú ni te has dignado en responder a mi queja anterior. Creo que no es de recibo (y para no insistir en esto, no volveré a mentar dicho tema, pero quiero que conste en acta.)

Saludos
incongruente
Mensajes: 1.269
Fecha de ingreso: 10 de Junio de 2008
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  • 28 de Enero de 2010 a las 21:51
Gracias mameri por tu lectura y te pido perdón por mi ninguneo involuntario en el anterior post. Ya lo he rectificado y el fallo lo achaco a que para mí, tu nick es nuevo y mi memoria es la que los años me van dejando. Saludos
mameri
Mensajes: 1.462
Fecha de ingreso: 30 de Octubre de 2009
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  • 29 de Enero de 2010 a las 7:15
Hola, Incongruente, soy nuevo aquí pero espero ganarme una plaza en este espacio, a fuerza de empeño y de participar (bien, si fuera posible).

Un saludo cordial
raulcamposval
Mensajes: 4.210
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
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  • 29 de Enero de 2010 a las 9:07

Lo que observo es que a pesar de nuestras diferencias de método, todos disfrutamos de la escritura, cada cual a su manera. 


En mi caso, tardo más o menos entre una y dos horas en escribir un soneto (si no hay idea inicial, nada que hacer). Durante esa hora y pico, soy la persona más feliz de la tierra, imbuido en esa rima que no encuentras, en la búsqueda de la palabra exacta que necesitas, de tres sílabas y esdrújula, o que empiece o acabe por vocal o hache. Es un trabajo minucioso, como de relojero. En el engranaje de un soneto debe encajar todo. Cada uno es un reto. 


A lo mejor no es sitio, pero me apetece haceros partícipes de uno…


Como Grenouille, soy yo la garrapata

que se aferra al letargo de la estepa,

que escuetamente ignora a quien discrepa

y engorda el devenir que no la mata.

 

Mi fuerza no es la voz ni la bravata,

pues nunca la palabra, que se sepa,

fluyó de esta corteza en mala cepa

ni fue de mis tambores la hojalata.

 

Es dentro, donde se halla cada piedra,

el hogar de la garra y el aliento

por casar a mi fuero alguna medra.

 

Y aguardo en el silencio que alimento,

dormido en el sosiego de la hiedra,

los tiempos del asombro y el portento.


Espero que os haya gustado.

carlosaribau
Mensajes: 2.086
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 29 de Enero de 2010 a las 10:02
pues a ver si no tienes que aguardar mucho... yo me estoy cansando ya, no de di, por supuesto, no del foro, sino de mí.
raulcamposval
Mensajes: 4.210
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
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  • 29 de Enero de 2010 a las 10:21
cita de carlosaribau pues a ver si no tienes que aguardar mucho... yo me estoy cansando ya, no de di, por supuesto, no del foro, sino de mí.
EING!!!

incongruente
Mensajes: 1.269
Fecha de ingreso: 10 de Junio de 2008
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  • 29 de Enero de 2010 a las 13:49

Pero vamos a ver señores, yo discurriendo hasta echar humo por los ojos para que ustedes aprendan algo a escribir y me salen con estas chorradas.

Tarjeta roja intensa a ambos dos por falta grave; bueno, la tarjeta a xavierpierr más roja porque lo suyo ha sido gravísimo. Y la próxima vez os envío por correo privado una foto mía y no volvéis a reincidir ni borrachos. ¡¡¡Quedáis advertidos!!!

Es que donde no hay dictadura la democracia se desmadra. Cosa verede Sancho...

carlosaribau
Mensajes: 2.086
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 29 de Enero de 2010 a las 14:01
que arte, que maestría... Noto como las cosas cambian dentro de mi... ¿me estaré convirtiendo en mejor persona mientras leo?

Un abrazo incongruente
raulcamposval
Mensajes: 4.210
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
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  • 29 de Enero de 2010 a las 14:07
cita de Incongruente

Pero vamos a ver señores, yo discurriendo hasta echar humo por los ojos para que ustedes aprendan algo a escribir y me salen con estas chorradas.

Tarjeta roja intensa a ambos dos por falta grave; bueno, la tarjeta a xavierpierr más roja porque lo suyo ha sido gravísimo. Y la próxima vez os envío por correo privado una foto mía y no volvéis a reincidir ni borrachos. ¡¡¡Quedáis advertidos!!!

Es que donde no hay dictadura la democracia se desmadra. Cosa verede Sancho...

A sus órdenes, míster, ve voy a la ducha. Espero que no me caigan 2 partidos de sanción.

Un saludo.
incongruente
Mensajes: 1.269
Fecha de ingreso: 10 de Junio de 2008
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  • 29 de Enero de 2010 a las 22:32

Olvidé comentar que, dentro del archivo de ARGUMENTACIÓN, debemos definir el tipo de ESTRUCTURA que vayamos a darle a la novela. ¿Tipo? Sí, hay básicamente tres tipos de estructura: 1º: LINEAL. Es aquel que sigue un hilo conductor que comenzando en el esquema de la trama, pasa al núcleo de la novela y nos lleva al desenlace de la misma. Esta estructura puede ser abierta o cerrada; la primera cuando en el desenlace no quedan aclaradas todas las interrogantes de la trama. Cerrada cuando sí quedan aclaradas todas las interrogantes propuestas.

2º: ESTRUCTURA CONVERGENTE. Cuando todos los elementos que el autor ha ido dejando sueltos a lo largo de la novela por la trama creada, quedan resueltos en el desenlace.

3º: ESTRUCTURA CONCENTRICA. Algo más compleja de explicar. La estructura comienza en el núcleo de la novela y va desarrollándose tanto hacia el desenlace como hacia la introducción de la misma. Véase Noticia de un secuestro de García Marquez.

Pasemos a la CRONOLOGIA o TIEMPOS de la novela.

Este tema hay que tratarlo con bastante detenimiento, pues los tiempos de una novela son tres y dos de ellos son de compleja explicación.

El primer tiempo es el real, o momento en el que ubicamos la historia a contar: Ejemplo: “Hijo de Heracles. Nacimiento de Esparta” del Teo Palacios, ubicada en el año 735 a.C.  Hay que tener en cuenta que este tiempo no es de obligatoria determinación porque muchas novelas son atemporales.

El TIEMPO de la narración. Aquí ya entramos a hablar de palabras mayores.

Definiéndolo de una forma lo más simple posible, el tiempo de la narración, o tiempo subjetivo, es la forma cronológica que cada autor elige para desarrollar la trama de su novela. Parece sencillo pero no lo es. Dentro de este TIEMPO, tenemos varios diferentes tiempos. Aclaremos. El tiempo puede ser secuencial, aquel que sigue una cronología natural: Toda acción tiene unas consecuencias que son cronológicamente posteriores a ella. El tiempo de esta novela se dice que es objetivo, dentro de la subjetividad que el autor tiene para manejarlo a su antojo. ¿Por qué? Pues si lo maneja por expansión, llamado de otra forma con RITMO lento (Marcel Proust era un artista en este tipo de narración), ralentiza la narración como si fuera a cámara lenta. Por modificaciones, usando continuamente la prolepsis (futuro) o analepsis (pretérito). Por elisión, el autor usa frecuentemente la reducción de la trama (elipsis) y hace que el lector tenga que “imaginar” más e imbuirse más en la novela. Finalmente, por contracción, utilizando resúmenes de las escenas.

Hoy ya no puedo más. Agotao

jpiqueras
Mensajes: 2.804
Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009
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  • 29 de Enero de 2010 a las 22:59

La acción de las novelas de Dan Brown suelen transcurrir en el curso de muy poco tiempo. A veces intercala recuerdos en algunos personajes. No me parece un modelo a seguir... aunque su éxito me hace pensar que tal vez sí lo sea.

Algunas novelas de Noah Gordon reflejan cosas ocurridas a los personajes a lo largo de su vida.

Muchas veces una novela tiene varias partes, y lo narrado en una parte es posterior a lo desarrollado en partes sucesivas. Conan Doyle utiliza ese método más de una vez. Y yo lo he utilizado también: en Tulán Zuivà los hechos de la segunda parte son anteriores a los de la primera, pero fluyen hacia un momento en que ambas partes coincidirán. La tercera aparte arranca de ese punto. El preámbulo y el epílogo, en cambio, se ajustan al orden cronológico natural.

En resumen: hay muchas formas de tratar el tiempo en el que trasncurre la novela. Si el escritor es bueno y sabe hacerlo bien, no importa demasiado. Claro que si el escritor es bueno y nos atrapa con su prosa, lo mismo da que sea una novela que un ensayo atemporal.

Josep

carlosaribau
Mensajes: 2.086
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 30 de Enero de 2010 a las 16:48
Hace tiempo leí el artículo y no voy a dudar de sus palabras ni un momento

Escribir es dejar de ser escritor

Muchas veces me he visto obligado a contestar a la pregunta de por qué escribo Al principio, cuando era muy joven y tímido, utilizaba la breve respuesta que daba André Gide a esa pregunta y contestaba: «Escribo para que me lean.»

Si bien es cierto que escribo para que me lean, con el tiempo he aprendido a completar con otras verdades mi sincera respuesta a la pregunta de por qué escribo. Ahora, cuando me hacen la inefable pregunta, explico que me hice escritor porque 1) quería ser libre, no deseaba ir a una oficina cada mañana, 2) porque vi a Mastroianni en La noche de Antonioni; en esa película -que se estrenó en Barcelona cuando tenía yo dieciséis años- Mastroianni era escritor y tenía una mujer (nada menos que Jeanne Moreau) estupenda: las dos cosas que yo más anhelaba ser y tener

Casarse con una Jeanne Moreau no es fácil, tampoco lo es ser realmente un escritor. Por aquellos días, yo tenía una vaga idea de que no era sencillo ni una cosa ni la otra, pero no sabia hasta qué punto eran dos cosas muy complicadas, sobre todo la de ser escritor

Yo vi La noche y empecé a adorar la imagen pública de esos seres a los que llamaban escritores. Me gustaron, en un primer momento, Boris Vian, Albert Camus, Scott Fitzgerald y André Malraux. Los cuatro por su fotogenia, no por lo que hubieran escrito. Cuando mi padre me preguntó qué carrera pensaba estudiar -é1 tenía la callada ilusión de que yo quisiera ser abogado-, le dije que pensaba ser como Malraux. Recuerdo la cara de estupor de mi padre, y también recuerdo lo que entonces me dijo: «Ser Malraux no es una carrera, eso no se estudia en la universidad.»

Hoy sé muy bien por qué deseaba ser como Malraux. Porque ese escritor, además de tener una expresión de hombre curtido, se había construido una leyenda de aventurero y de hombre no reñido con la vida, esa vida que yo tenía por delante y a la que no quería renunciar Lo que en esos días yo no sabía era que para ser escritor había que escribir, y además escribir como mínimo muy bien, algo para lo que hay que armarse de valor y, sobre todo, de una paciencia infinita, esa paciencia que supo describir muy bien Oscar Wilde: «Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla.»

Todo esto lo explicó muy bien Truman Capote en su célebre prólogo a Música para camaleones cuando dijo que un día comenzó a escribir sin saber que se había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo: «Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y escribir mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil pero brutal.»

Así pues, yo en esos días no sabía que para ser escritor había que escribir, y además había que escribir como mínimo muy bien. Pero es que, por no saber, ni sabía que era preciso renunciar a una notable porción de vida si se quería realmente escribir Por no saber, ni sabía que escribir, en la mayoría de los casos, significa entrar a formar parte de una familia de topos que viven en unas galerías interiores trabajando día y noche. Por no saber, ni sabía que iba a acabar siendo escritor, pero un tipo de escritor alejado de la figura de Malraux, pues me esperaban aventuras, pero más del lado de la literatura que de la vida.

Pero escribir vale la pena, no conozco nada más atractivo que la actividad de escribir, aunque al mismo tiempo haya que pagar cierto tributo por ese placer. Porque es un placer y es -como decía Danilo Kis- elevación: «La literatura es elevación. No inspiración, les ruego. Elevación. Epifanía joyceana. Es el instante en que se tiene la impresión de que, en toda la nulidad del hombre y de la vida, hay de todos modos unos cuantos momentos privilegiados, que hay que aprovechar. Es un don de Dios o del diablo, poco importa, pero un don supremo.»

Hoy en día, con el auge de la nueva narrativa española, se dan entre nosotros dos tipos de escritores jóvenes, de escritores principiantes: por una parte, están los que no ignoran que se trata de un oficio duro y paciente, un oficio en el que se avanza en tinieblas y le obliga a uno a jugarse la vida, a arriesgar (como decía Michel Leiris) la vida como lo hace un torero; por otra parte, están los que ven en la literatura una carrera y buscan el dinero y la fama como primer objetivo de su trabajo.

No tengo alma de predicador y, además, no quiero desanimar ni a unos ni a otros, de modo que citaré de nuevo a Oscar Wilde, citaré ese consejo que le dio a un joven al que le habían dicho que debía comenzar desde abajo: «No, empieza desde la cumbre y siéntate arriba.» Gabriel Ferrater lo dijo de otra forma: «Un escritor es como un artillero. Está condenado, lo sabemos todos, a caer un poco más abajo de su meta. Por ejemplo, si yo pretendo ser Musil y caigo un poco más abajo, pues ya es bastante más arriba. Pero si pretendo ser como un autor de cuarta fila...»

Un escritor debe tener la máxima ambición y saber que lo importante no es la fama o el ser escritor sino escribir, encadenarse de por vida a un noble pero implacable amo, un amo que no hace concesiones y que a los verdaderos escritores los lleva por el camino de la amargura, como muy bien se aprecia en frases como esta de Marguerite Duras: «Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos.»

Plantearse escribir es adentrarse en un espacio peligroso, porque se entra en un oscuro túnel sin final, porque jamás se llega a la satisfacción plena, nunca se llega a escribir la obra perfecta o genial, y eso produce la más grande de las desazones. Antes se aprende a morir que a escribir. Y es que (como dice Justo Navarro) ser escritor, cuando ya se sabe escribir, es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo. Escribir es hacerse pasar por otro, escribir es dejar de ser escritor o de querer parecerte a Mastroianni para simplemente escribir, escribir lo que escribirías si escribieras. Es algo terrible pero que recomiendo a todo el mundo, porque escribir es corregir la vida -aunque sólo corrijamos una sola coma al día-, es lo único que nos protege de las heridas insensatas y golpes absurdos que nos da la horrenda vida auténtica (debido a su carácter de horrenda, el tributo que debemos pagar para escribir y renunciar a parte de la vida auténtica no es pues tan duro como podría pensarse) o bien, como decía Italo Svevo, es lo mejor que podemos hacer en esta vida y, precisamente por ser lo mejor, deberíamos desear que lo hiciera todo el mundo: «Cuando todos comprendan con la claridad con que yo lo hago, todos escribirán. La vida será literaturizada. La mitad de la humanidad se dedicará a leer y a estudiar lo que la otra mitad de la humanidad habrá escrito. Y el recogimiento ocupará la mayor parte del tiempo que será así arrebatado a la horrible vida verdadera. Y si una parte de la humanidad se rebelase y se negase a leer las lucubraciones de los demás, mucho mejor. Cada uno se leería a sí mismo.»

Leyendo a los otros o a nosotros mismos, poco margen veo yo para estallidos bélicos y mucho en cambio para la capacidad de un hombre para respetar los derechos de otro hombre, y viceversa. Nada menos agresivo que un hombre que baja la vista para leer un libro que tiene en sus manos. Habría que partir a la búsqueda de ese recogimiento universal. Se me dirá que se trata de una utopía, pero sólo en el futuro todo es posible.

Enrigque Vila-Matas

El artículo no tiene desperdicio. Y sí, yo a veces me pregunto si en lugar de escribir, me conformaría con ser escritor. Gracias Nosebundos, por recordármelo
mameri
Mensajes: 1.462
Fecha de ingreso: 30 de Octubre de 2009
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  • 30 de Enero de 2010 a las 18:22
Gran artículo de Enrique Vila-Matas, no puedo evitar traer a colación otro artículo:

LA DIFERENCIA ENTRE EL ESCRITOR Y EL ESCRIBIDOR

Mario Vargas Llosa escribió una novela titulada: 'La tía Julia y el escribidor.' En ella aparecen dos autores diametralmente opuestos: uno conoce la fama y la gloria, aunque sea temporal, sus guiones para la radio son escuchados y seguidos con deleite por la mayoría de los oyentes del país; el otro vive un poco a la sombra del primero, de vez en cuando logra sacar de su vieja olivetti un artículo para el periódico, algún que otro cuento, que no duda en destruir (decepcionado) al cabo de una semana.

El primero es el «escritor», la persona que disfruta de las mieles del triunfo. Se gana la vida con sus publicaciones. La inspiración acude abundante a su pluma. Todos y cada uno de los lectores admiten sin paliativos su talento.

El segundo es el «escribidor». Sólo un reducido grupo de amigos conoce su afición a las letras. Está en lucha continua con las musas. Le da miedo y hasta vergüenza que los demás echen siquiera un vistazo a lo que él ha sido capaz de componer, muy a duras penas.

Pero pasa el tiempo; nuestros dos héroes viven sus peripecias, cada uno por su lado. El primero, en pleno apogeo artístico, tarda en advertir que en realidad se ha pasado al otro lado de la montaña: ha comenzado para él el declive. El segundo, por el contrario, se ha ido construyendo como persona; ciertos escarceos amorosos con una señora de alta cuna le han servido para formarse una identidad, una personalidad única y exclusiva.

Las modas, los hábitos cambian, las costumbres son otras con el despuntar de una nueva década.

Las radio-novelas viven sus últimos momentos de esplendor. El auditorio da la espalda poco a poco a los folletines de las emisoras. Nuestro elogiado autor se ve en cuestión de meses abocado al olvido. Ya nadie se acuerda de sus guiones y trabajos literarios. El escritor se ha convertido, por obra y gracia del público, en un mediocre escribidor.

Mientras tanto, el otro escribidor, el del principio, ha ido ganando peso en la redacción del periódico. Ha conseguido por fin publicar algún que otro cuento en una revista prestigiosa. Su nombre va adquiriendo vuelo. De repente, la «República de las Letras» queda al alcance de su mano.

Esto que narra tan admirablemente bien Mario Vargas Llosa ha sucedido, en realidad, infinidad de veces. Es un poco a la manera del cuento de nunca acabar. Los escribidores, que comienzan apenas su carrera literaria, se convierten luego en escritores; y viceversa: el cambio de apreciación no depende de su labor personal, sino de los gustos, modas y caprichos de los lectores.

A Cervantes lo tuvieron durante medio siglo por un escritor de poca monta. Muchos sabios de las universidades lo calificaban de «escritorzuelo». Y, sin embargo, ¿quién se acuerda ahora de esos sabios de entonces? Nadie. El escribidor ha triunfado al fin sobre la medianía y la pedantería de los muchos envidiosos que en el mundo hay.

Así pues, en materia de calidades literarias nadie tendrá nunca la última palabra. ¡La historia ha desmentido tantas veces lo que se tenía por verdad absoluta! ¿En cuántas ocasiones hemos dado la vuelta a la tortilla, valorando lo que antes se menospreciaba, a la vez que arrojábamos a la cámara del olvido lo que en su día gozó de fama sin igual?

fuente: http://www.carmela-escribe.blogspot.com



pelagio
Mensajes: 3.387
Fecha de ingreso: 5 de Mayo de 2009
  • CITAR
  • 30 de Enero de 2010 a las 18:36
Escribid, malditos, escribid, y dejáos ya de zarandajas. Quiero novelas, relatos, ensayos, quiero letras con sentido y mejor las que no parecen tenerlo. Escribid, malditos, escribid.
mameri
Mensajes: 1.462
Fecha de ingreso: 30 de Octubre de 2009
  • CITAR
  • 30 de Enero de 2010 a las 18:43
Hola, Pelagio, si las cuentas no me fallan, 12 párrafos en un artículo y 10 en el otro. Eso es escribir, y lo demás son cábalas.
rebeca-rodriguez
Mensajes: 205
Fecha de ingreso: 4 de Junio de 2008
  • CITAR
  • 30 de Enero de 2010 a las 18:50
cita de carlosaribau Hace tiempo leí el artículo y no voy a dudar de sus palabras ni un momento

Escribir es dejar de ser escritor

Muchas veces me he visto obligado a contestar a la pregunta de por qué escribo Al principio, cuando era muy joven y tímido, utilizaba la breve respuesta que daba André Gide a esa pregunta y contestaba: «Escribo para que me lean.»

Si bien es cierto que escribo para que me lean, con el tiempo he aprendido a completar con otras verdades mi sincera respuesta a la pregunta de por qué escribo. Ahora, cuando me hacen la inefable pregunta, explico que me hice escritor porque 1) quería ser libre, no deseaba ir a una oficina cada mañana, 2) porque vi a Mastroianni en La noche de Antonioni; en esa película -que se estrenó en Barcelona cuando tenía yo dieciséis años- Mastroianni era escritor y tenía una mujer (nada menos que Jeanne Moreau) estupenda: las dos cosas que yo más anhelaba ser y tener

Casarse con una Jeanne Moreau no es fácil, tampoco lo es ser realmente un escritor. Por aquellos días, yo tenía una vaga idea de que no era sencillo ni una cosa ni la otra, pero no sabia hasta qué punto eran dos cosas muy complicadas, sobre todo la de ser escritor

Yo vi La noche y empecé a adorar la imagen pública de esos seres a los que llamaban escritores. Me gustaron, en un primer momento, Boris Vian, Albert Camus, Scott Fitzgerald y André Malraux. Los cuatro por su fotogenia, no por lo que hubieran escrito. Cuando mi padre me preguntó qué carrera pensaba estudiar -é1 tenía la callada ilusión de que yo quisiera ser abogado-, le dije que pensaba ser como Malraux. Recuerdo la cara de estupor de mi padre, y también recuerdo lo que entonces me dijo: «Ser Malraux no es una carrera, eso no se estudia en la universidad.»

Hoy sé muy bien por qué deseaba ser como Malraux. Porque ese escritor, además de tener una expresión de hombre curtido, se había construido una leyenda de aventurero y de hombre no reñido con la vida, esa vida que yo tenía por delante y a la que no quería renunciar Lo que en esos días yo no sabía era que para ser escritor había que escribir, y además escribir como mínimo muy bien, algo para lo que hay que armarse de valor y, sobre todo, de una paciencia infinita, esa paciencia que supo describir muy bien Oscar Wilde: «Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla.»

Todo esto lo explicó muy bien Truman Capote en su célebre prólogo a Música para camaleones cuando dijo que un día comenzó a escribir sin saber que se había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo: «Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y escribir mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil pero brutal.»

Así pues, yo en esos días no sabía que para ser escritor había que escribir, y además había que escribir como mínimo muy bien. Pero es que, por no saber, ni sabía que era preciso renunciar a una notable porción de vida si se quería realmente escribir Por no saber, ni sabía que escribir, en la mayoría de los casos, significa entrar a formar parte de una familia de topos que viven en unas galerías interiores trabajando día y noche. Por no saber, ni sabía que iba a acabar siendo escritor, pero un tipo de escritor alejado de la figura de Malraux, pues me esperaban aventuras, pero más del lado de la literatura que de la vida.

Pero escribir vale la pena, no conozco nada más atractivo que la actividad de escribir, aunque al mismo tiempo haya que pagar cierto tributo por ese placer. Porque es un placer y es -como decía Danilo Kis- elevación: «La literatura es elevación. No inspiración, les ruego. Elevación. Epifanía joyceana. Es el instante en que se tiene la impresión de que, en toda la nulidad del hombre y de la vida, hay de todos modos unos cuantos momentos privilegiados, que hay que aprovechar. Es un don de Dios o del diablo, poco importa, pero un don supremo.»

Hoy en día, con el auge de la nueva narrativa española, se dan entre nosotros dos tipos de escritores jóvenes, de escritores principiantes: por una parte, están los que no ignoran que se trata de un oficio duro y paciente, un oficio en el que se avanza en tinieblas y le obliga a uno a jugarse la vida, a arriesgar (como decía Michel Leiris) la vida como lo hace un torero; por otra parte, están los que ven en la literatura una carrera y buscan el dinero y la fama como primer objetivo de su trabajo.

No tengo alma de predicador y, además, no quiero desanimar ni a unos ni a otros, de modo que citaré de nuevo a Oscar Wilde, citaré ese consejo que le dio a un joven al que le habían dicho que debía comenzar desde abajo: «No, empieza desde la cumbre y siéntate arriba.» Gabriel Ferrater lo dijo de otra forma: «Un escritor es como un artillero. Está condenado, lo sabemos todos, a caer un poco más abajo de su meta. Por ejemplo, si yo pretendo ser Musil y caigo un poco más abajo, pues ya es bastante más arriba. Pero si pretendo ser como un autor de cuarta fila...»

Un escritor debe tener la máxima ambición y saber que lo importante no es la fama o el ser escritor sino escribir, encadenarse de por vida a un noble pero implacable amo, un amo que no hace concesiones y que a los verdaderos escritores los lleva por el camino de la amargura, como muy bien se aprecia en frases como esta de Marguerite Duras: «Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos.»

Plantearse escribir es adentrarse en un espacio peligroso, porque se entra en un oscuro túnel sin final, porque jamás se llega a la satisfacción plena, nunca se llega a escribir la obra perfecta o genial, y eso produce la más grande de las desazones. Antes se aprende a morir que a escribir. Y es que (como dice Justo Navarro) ser escritor, cuando ya se sabe escribir, es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo. Escribir es hacerse pasar por otro, escribir es dejar de ser escritor o de querer parecerte a Mastroianni para simplemente escribir, escribir lo que escribirías si escribieras. Es algo terrible pero que recomiendo a todo el mundo, porque escribir es corregir la vida -aunque sólo corrijamos una sola coma al día-, es lo único que nos protege de las heridas insensatas y golpes absurdos que nos da la horrenda vida auténtica (debido a su carácter de horrenda, el tributo que debemos pagar para escribir y renunciar a parte de la vida auténtica no es pues tan duro como podría pensarse) o bien, como decía Italo Svevo, es lo mejor que podemos hacer en esta vida y, precisamente por ser lo mejor, deberíamos desear que lo hiciera todo el mundo: «Cuando todos comprendan con la claridad con que yo lo hago, todos escribirán. La vida será literaturizada. La mitad de la humanidad se dedicará a leer y a estudiar lo que la otra mitad de la humanidad habrá escrito. Y el recogimiento ocupará la mayor parte del tiempo que será así arrebatado a la horrible vida verdadera. Y si una parte de la humanidad se rebelase y se negase a leer las lucubraciones de los demás, mucho mejor. Cada uno se leería a sí mismo.»

Leyendo a los otros o a nosotros mismos, poco margen veo yo para estallidos bélicos y mucho en cambio para la capacidad de un hombre para respetar los derechos de otro hombre, y viceversa. Nada menos agresivo que un hombre que baja la vista para leer un libro que tiene en sus manos. Habría que partir a la búsqueda de ese recogimiento universal. Se me dirá que se trata de una utopía, pero sólo en el futuro todo es posible.

Enrigque Vila-Matas

El artículo no tiene desperdicio. Y sí, yo a veces me pregunto si en lugar de escribir, me conformaría con ser escritor. Gracias Nosebundos, por recordármelo
Por favor, permíteme subir esta joya de artículo a mi blog. ¿Te parece? Creo que algunos escritores que conozco deben leerlo para que se bajen de su pequeño pedestal.
pelagio
Mensajes: 3.387
Fecha de ingreso: 5 de Mayo de 2009
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  • 30 de Enero de 2010 a las 18:54
cita de mameri Hola, Pelagio, si las cuentas no me fallan, 12 párrafos en un artículo y 10 en el otro. Eso es escribir, y lo demás son cábalas.
Filosofar sobre que clase de escritor soy o no.
Destripar las entrañas de mis propios sentimientos
Vomitad en el papel las palabras y no al albur de los vientos.
Lo siento, hoy me siento extrañamente poeta.
nosebundos
Mensajes: 1.332
Fecha de ingreso: 25 de Mayo de 2009
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  • 30 de Enero de 2010 a las 20:06
cita de pelagio
cita de mameri Hola, Pelagio, si las cuentas no me fallan, 12 párrafos en un artículo y 10 en el otro. Eso es escribir, y lo demás son cábalas.
Filosofar sobre que clase de escritor soy o no.
Destripar las entrañas de mis propios sentimientos
Vomitad en el papel las palabras y no al albur de los vientos.
Lo siento, hoy me siento extrañamente poeta.
Amén, pelagio.
carlosaribau
Mensajes: 2.086
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 30 de Enero de 2010 a las 20:49
cita de Rebeca_Rodriguez
cita de carlosaribau Hace tiempo leí el artículo y no voy a dudar de sus palabras ni un momento

Escribir es dejar de ser escritor

Muchas veces me he visto obligado a contestar a la pregunta de por qué escribo Al principio, cuando era muy joven y tímido, utilizaba la breve respuesta que daba André Gide a esa pregunta y contestaba: «Escribo para que me lean.»

Si bien es cierto que escribo para que me lean, con el tiempo he aprendido a completar con otras verdades mi sincera respuesta a la pregunta de por qué escribo. Ahora, cuando me hacen la inefable pregunta, explico que me hice escritor porque 1) quería ser libre, no deseaba ir a una oficina cada mañana, 2) porque vi a Mastroianni en La noche de Antonioni; en esa película -que se estrenó en Barcelona cuando tenía yo dieciséis años- Mastroianni era escritor y tenía una mujer (nada menos que Jeanne Moreau) estupenda: las dos cosas que yo más anhelaba ser y tener

Casarse con una Jeanne Moreau no es fácil, tampoco lo es ser realmente un escritor. Por aquellos días, yo tenía una vaga idea de que no era sencillo ni una cosa ni la otra, pero no sabia hasta qué punto eran dos cosas muy complicadas, sobre todo la de ser escritor

Yo vi La noche y empecé a adorar la imagen pública de esos seres a los que llamaban escritores. Me gustaron, en un primer momento, Boris Vian, Albert Camus, Scott Fitzgerald y André Malraux. Los cuatro por su fotogenia, no por lo que hubieran escrito. Cuando mi padre me preguntó qué carrera pensaba estudiar -é1 tenía la callada ilusión de que yo quisiera ser abogado-, le dije que pensaba ser como Malraux. Recuerdo la cara de estupor de mi padre, y también recuerdo lo que entonces me dijo: «Ser Malraux no es una carrera, eso no se estudia en la universidad.»

Hoy sé muy bien por qué deseaba ser como Malraux. Porque ese escritor, además de tener una expresión de hombre curtido, se había construido una leyenda de aventurero y de hombre no reñido con la vida, esa vida que yo tenía por delante y a la que no quería renunciar Lo que en esos días yo no sabía era que para ser escritor había que escribir, y además escribir como mínimo muy bien, algo para lo que hay que armarse de valor y, sobre todo, de una paciencia infinita, esa paciencia que supo describir muy bien Oscar Wilde: «Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla.»

Todo esto lo explicó muy bien Truman Capote en su célebre prólogo a Música para camaleones cuando dijo que un día comenzó a escribir sin saber que se había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo: «Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y escribir mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil pero brutal.»

Así pues, yo en esos días no sabía que para ser escritor había que escribir, y además había que escribir como mínimo muy bien. Pero es que, por no saber, ni sabía que era preciso renunciar a una notable porción de vida si se quería realmente escribir Por no saber, ni sabía que escribir, en la mayoría de los casos, significa entrar a formar parte de una familia de topos que viven en unas galerías interiores trabajando día y noche. Por no saber, ni sabía que iba a acabar siendo escritor, pero un tipo de escritor alejado de la figura de Malraux, pues me esperaban aventuras, pero más del lado de la literatura que de la vida.

Pero escribir vale la pena, no conozco nada más atractivo que la actividad de escribir, aunque al mismo tiempo haya que pagar cierto tributo por ese placer. Porque es un placer y es -como decía Danilo Kis- elevación: «La literatura es elevación. No inspiración, les ruego. Elevación. Epifanía joyceana. Es el instante en que se tiene la impresión de que, en toda la nulidad del hombre y de la vida, hay de todos modos unos cuantos momentos privilegiados, que hay que aprovechar. Es un don de Dios o del diablo, poco importa, pero un don supremo.»

Hoy en día, con el auge de la nueva narrativa española, se dan entre nosotros dos tipos de escritores jóvenes, de escritores principiantes: por una parte, están los que no ignoran que se trata de un oficio duro y paciente, un oficio en el que se avanza en tinieblas y le obliga a uno a jugarse la vida, a arriesgar (como decía Michel Leiris) la vida como lo hace un torero; por otra parte, están los que ven en la literatura una carrera y buscan el dinero y la fama como primer objetivo de su trabajo.

No tengo alma de predicador y, además, no quiero desanimar ni a unos ni a otros, de modo que citaré de nuevo a Oscar Wilde, citaré ese consejo que le dio a un joven al que le habían dicho que debía comenzar desde abajo: «No, empieza desde la cumbre y siéntate arriba.» Gabriel Ferrater lo dijo de otra forma: «Un escritor es como un artillero. Está condenado, lo sabemos todos, a caer un poco más abajo de su meta. Por ejemplo, si yo pretendo ser Musil y caigo un poco más abajo, pues ya es bastante más arriba. Pero si pretendo ser como un autor de cuarta fila...»

Un escritor debe tener la máxima ambición y saber que lo importante no es la fama o el ser escritor sino escribir, encadenarse de por vida a un noble pero implacable amo, un amo que no hace concesiones y que a los verdaderos escritores los lleva por el camino de la amargura, como muy bien se aprecia en frases como esta de Marguerite Duras: «Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos.»

Plantearse escribir es adentrarse en un espacio peligroso, porque se entra en un oscuro túnel sin final, porque jamás se llega a la satisfacción plena, nunca se llega a escribir la obra perfecta o genial, y eso produce la más grande de las desazones. Antes se aprende a morir que a escribir. Y es que (como dice Justo Navarro) ser escritor, cuando ya se sabe escribir, es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo. Escribir es hacerse pasar por otro, escribir es dejar de ser escritor o de querer parecerte a Mastroianni para simplemente escribir, escribir lo que escribirías si escribieras. Es algo terrible pero que recomiendo a todo el mundo, porque escribir es corregir la vida -aunque sólo corrijamos una sola coma al día-, es lo único que nos protege de las heridas insensatas y golpes absurdos que nos da la horrenda vida auténtica (debido a su carácter de horrenda, el tributo que debemos pagar para escribir y renunciar a parte de la vida auténtica no es pues tan duro como podría pensarse) o bien, como decía Italo Svevo, es lo mejor que podemos hacer en esta vida y, precisamente por ser lo mejor, deberíamos desear que lo hiciera todo el mundo: «Cuando todos comprendan con la claridad con que yo lo hago, todos escribirán. La vida será literaturizada. La mitad de la humanidad se dedicará a leer y a estudiar lo que la otra mitad de la humanidad habrá escrito. Y el recogimiento ocupará la mayor parte del tiempo que será así arrebatado a la horrible vida verdadera. Y si una parte de la humanidad se rebelase y se negase a leer las lucubraciones de los demás, mucho mejor. Cada uno se leería a sí mismo.»

Leyendo a los otros o a nosotros mismos, poco margen veo yo para estallidos bélicos y mucho en cambio para la capacidad de un hombre para respetar los derechos de otro hombre, y viceversa. Nada menos agresivo que un hombre que baja la vista para leer un libro que tiene en sus manos. Habría que partir a la búsqueda de ese recogimiento universal. Se me dirá que se trata de una utopía, pero sólo en el futuro todo es posible.

Enrigque Vila-Matas

El artículo no tiene desperdicio. Y sí, yo a veces me pregunto si en lugar de escribir, me conformaría con ser escritor. Gracias Nosebundos, por recordármelo
Por favor, permíteme subir esta joya de artículo a mi blog. ¿Te parece? Creo que algunos escritores que conozco deben leerlo para que se bajen de su pequeño pedestal.
Claro, pero recuerda que no es mío y que lo justo es citar al autor.

Un abrazo
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