El hombre y la lluvia
A veces, los que escribimos cosas: cuentos, relatos, poemas…deseamos, necesitamos ser muy claros y concisos. Porque, en muchos momentos de la vida, vemos cuadros, escenas, paisajes, que por su belleza y fuerza impresionan tanto, que ansiamos transmitirlos tal como hasta nosotros llegan. Con la misma claridad, resplandor, color, forma y olor, que antes nuestros ojos se manifiestan para que lo entiendan bien las personas que lo lean. Al menos a mí, en muchas ocasiones, me sucede esto.
Y una de estas ocasiones la viví ayer mismo por la tarde. En el rincón de las tierras llanas al comienzo del río. Aquí es donde tiene él su propio huerto. Un trocico de terreno, muy cerca del riachuelo y que labra y siembra con el mayor esmero. Y en esta tierra siembra de todo un poco: tomates, pimientos, habichuelas, garbanzos, habas, maíz… También tiene aquí sembrados algunos árboles frutales y muchas plantas que solo dan flores: rosales, lirios, enredaderas… Y todo esto lo hace solo por el gusto de ver crecer las plantas y para gozar y disfrutar de sus frutos y flores. Por eso es, según he visto con mis propios ojos, el más feliz y libre de todos.
Y ayer por la tarde lo pude comprobar. Su gozo llegó a tal extremo que parecía morirse de tan honda dicha. Se nubló mucho el cielo y, al caer la tarde, comenzó a llover con fuerza. Lo vi acercase a su huerto, se sentó en una piedra y se puso a mirar la lluvia caer sobre las hojas de las plantas. Con tanto interés miraba que parecía beberse la propia lluvia que ante él se derramaba y ahogarse en no sé qué océano de felicidad. Por eso, ahogándome yo también en mi propia curiosidad, me acerqué y le pregunté:
- ¿Qué es lo que tanto te emociona?
Y me respondió:
- La clara lluvia cayendo sobre las hojas de las plantas de mi huerto. ¿No ves tú qué espectáculo tan hondo, natural y bello?
Y miré y miré y, lo que más deseé en ese mismo momento, es lo que ya he dicho antes: haber tenido en mí la facultad de recoger, escribir y transmitir el acontecimiento con la misma sencillez, claridad, hondura y fuerza que él la estaba viviendo.