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Foro para escritores de Bubok

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cerinto
Mensajes: 248
Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009

El oficio de escribir

18 de Septiembre de 2009 a las 21:10
Cesare Pavese fue un notable escritor y poeta italiano. Entre otros libros escribió El Oficio de Vivir. Tomándolo como punto de partida hoy abro yo aquí un nuevo tópico de discusión que titulo El oficio de escribir. Sirva esto como introducción. En días próximos me lanzaré a fondo.
jaumemoreso
Mensajes: 947
Fecha de ingreso: 9 de Abril de 2009
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  • 18 de Noviembre de 2009 a las 12:25
Yo no sé ni lo que piensa la mía ahora!!! Estas mujeres!!! xD
emartiants
Mensajes: 608
Fecha de ingreso: 6 de Julio de 2009
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  • 19 de Noviembre de 2009 a las 18:05
XD XD XD XD
cerinto
Mensajes: 248
Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 20 de Noviembre de 2009 a las 10:38

A psicologia social deste século nos ensinou uma importante liçao: usualmente nao é o caráter de uma pessoa que determina como ela age, mas sim a situaçao na qual ela se encontra. (Cita de Stanley Milgran, tirada do filme brasileiro Tropa de elite. Es una película de denuncia acerca de la policía de Río de Janeiro y los traficantes de droga de las favelas. Me ha gustado.)

Antes de meterme en harina, contestaré a las tres última entradas. He visto que a menudo usáis el XD; me gustaría saber qué significa. Quevedo me ha influído a mí, pues no lo olvido, si se tiene en cuenta que ya he citado un par de veces y a propósito de algunas de las críticas que aquí se me han hecho, su conocido exabruto: ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Y he visto con gusto el vídeo Simón del desierto, sacado de una película, a lo que me figuro, y que me ha hecho recordar la anécdota que en mi libro ¿Será Papa una Mujer? cuento yo acerca de Thaïs, la cortesana, y el anacoreta Pafnucio, sacada a su vez del francés Anatole France, si no me equivoco. Vayamos ahora con lo mío. En apoyo de lo que dejo dicho acerca de que la culpa del mal social que padecemos es en alto grado colectiva antes que individual, comienzo con una cita sacada de la película que he visto ayer. Como veis, es del sociólogo americano S. Milgran, a quien uno de vosotros ha citado en el foro en que se ha debatido acerca del Bien y del Mal, pues ha sido el que en los años 60 llevó a cabo el experimento acerca del condicionamiento del ciudadano común a obedecer. Recordadlo: era todo fingido, mas ellos no lo sabían, y algunos no vacilaron, sólo porque una supuesta autoridad así se lo ordenaba, en aplicar al igualmente supuesto detenido y en castigo de falsas faltas cometidas, descargas de hasta 300 voltios. Volviendo al tópico de la influencia de la literatura en la vida de todos. Recordad también el caso de Goethe y Las desdichas de Werther. Al parecer tuvo tal éxito su libro que, imitando al protagonista, su manera de sentir y ver la vida, un montón de jóvenes se suicidó, hasta tal punto que las autoridades se alarmaron. No les faltaba razón. Fue una psicosis colectiva. Ignoro si Goethe sospechó por un momento el efecto que sus palabras impresas iban a tener sobre el lector, pero el caso es que inconsciente tal vez, hizo un montón de daño. Inconscientes vivimos nosotros de la medida en que se nos condiciona y manipula, afortunadamente quizá, porque de saberlo, y dado que tan poco podemos hacer al respecto, puede que algunos no lo soportáramos.

cerinto
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Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 21 de Noviembre de 2009 a las 12:25

Como digo, estoy leyendo los Episodios Nacionales, de don Benito Pérez Galdós, y en el volumen titulado Un voluntario realista, 18 de la serie, cuando algunos catalanes, que pudiéramos llamar integristas o fundamentalistas, a los que Fernando VII, el que durante la dicha década ominosa, de 1824 a 1833, mató y ajustició sin el menor escrúpulo a todo el que en España quería levantar cabeza, parece demasiado débil, y quieren destronarlo y poner en su lugar al infante don Carlos, doy con este párrafo: Es preciso que el hombre del día sea muy enérgico. Los lazos del poder se van aflojando mucho y llegará día en que no haya disciplina ni autoridad, y héteme aquí a la sociedad desquiciada por completo. En España hacen falta hombres así, desengáñese usted, Carlos... ¡Si no, a dónde vamos a parar! Dicen que el conde está loco. Ya quisieran más de cuatro tener su juicio. ¡Por vida del Santísimo!... Lo que tiene es muchas agallas. Es el único hombre a quien veo con capacidad bastante para acabar con el bando liberal. Y no se para en pelillos mi señor conde. Marchando despacito con su ejército va barriendo el país; lo va barriendo, sí, a fusilazos. Como nos dejen, no quedará uno para muestra... Figúrese usted que él llega a un pueblo, sale a pasear por las calles y a todo el que encuentra le detiene y le dice: «enséñame el rosario». Como no se lo enseñe, va derecho a la cárcel. ¡Ay de los que sean conocidos por sus opiniones! Esos no van a la cárcel: van a otra parte de donde no se vuelve... Yo no soy de los que opinan que el conde es un hombre cruel y sanguinario... no, señor, todo es relativo. Hay que ver cómo está nuestro país, podrido de malas ideas. Es preciso que esta guerra corte y ampute y despedace y descuartice. ¿No cree usted lo mismo?

-Lo mismo.

-¡Cruel y sanguinario! Pues yo sostengo que es un hombre de bonísimos sentimientos, muy pío y temeroso de Dios. Me consta que confiesa y comulga todas las semanas. ¡Con qué miramientos trata a los señores clérigos y frailes! Yo le he visto en la iglesia dándose golpes de pecho como el mayor pecador del mundo. Me han dicho que tiene éxtasis y que usa cilicio...

He puesto aquí esta cita porque leyendo a Galdós, a menudo tengo la impresión de que el autor habla de hoy, no de 1827, hasta tal punto parece que muchos españoles actuales encajarían en ese ejemplo de aquel capitán precursor de los posteriores carlistas, y que nada ha cambiado. O en todo caso, muy poco.

cerinto
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Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 24 de Noviembre de 2009 a las 15:57

Ya dije preferir el realismo en literatura frente al barroco anterior de que, con ocasión de El sí de las niñas, de L.F.de Moratín, en sus Episodios hablaba Galdós. Hoy, en su episodio no. 19, Los Apostólicos, doy con el párrafo que cito, en el que el autor se pronuncia acerca del incipiente Romanticismo en los años 30 del siglo XIX, párrafo que me hecho gracia porque retrata fielmente algo de lo que yo siento acerca de esta literatura actual que nos invade de truculencias a lo Millennium y lo The constant gardener, El jardinero fiel, de John Le Carré y del que luego hablaré; los disparates, porque para mí no son otra cosa, de la llamada literatura gótica, a la que, al parecer de una amiga, pertenece la de vampiros que también está teniendo éxito, y así por el estilo. Este es el párrafo de Galdós:

Nos llaman por algún tiempo en Madrid afecciones de literatos. Y se iba encrespando aquel piélago de ideas, de temas literarios e imágenes poéticas del cafetín llamado Parnasillo. De allí había de salir algo grande. Ya se hablaba mucho y con ardor de un drama célebre estrenado en París el 25 de Febrero de 1830 y que tenía el privilegio de dividir y enzarzar en atroz contienda a todos los ingenios del mundo. El asunto, según algunos de los nuestros, no podía ser más disparatado. Un príncipe apócrifo que se hace bandolero, una dama obsequiada por tres pretendientes, un viejo prócer enamorado, y un emperador del mundo, son los personajes principales. Luego hay aquello de que todos conspiran contra todos y de que pasan cosas históricas que la Historia no ha tenido el honor de conocer jamás. En un pasaje, el prócer que aborrece al bandido lo salva del emperador; y luego el emperador se lleva a la muchacha y el bandolero se une al prócer; y como uno de los dos está de más, porque ambos quieren a la señorita, el bandolero jura que se matará cuando el prócer toque un cierto cuerno que aquel le da en prenda de su palabra; y cuando todo va a acabar bien, porque el emperador ha perdonado a chicos y a grandes, y con espléndida fiesta viene el casorio de los amantes, suena el consabido cuerno: el príncipe bandolero se acuerda de que juró matarse, y en efecto se mata.

Si a unos les parece esto el colmo del absurdo, a otros les parece de perlas. Riñen los exaltados con los retóricos, y en medio de las disputas sale a relucir una palabra que estos profieren con desprecio, aquellos con orgullo. ¡Románticos!...

Para algunos, el drama francés es un monstruo; el delirio atropella la corrección; con sus gastados cachivaches las reglas se hunden para dar paso a la regla única y soberana de la inspiración. Se acaba la poesía que proscribe los personajes que no sean reyes, y en el colosal imperio de los protagonistas se proclama la igualdad. Rómpese la jerarquía de las palabras nobles e innobles, y el pueblo habla de tú a las musas.

Me he reído con ganas, pues también yo aborrezco de corazón la afectación y ampulosidad barrocas, ajenas a la vida, como considero tales los sucesos absurdos que se supone pasan en planetas aún por descubrir y todo lo demás de que ya he hablado aquí. Y por no alargarme demasiado, dejaré para mañana lo que tenía que decir a propósito de John Le Carré.


raulcamposval
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  • 26 de Noviembre de 2009 a las 18:54
cita de gabrielfrau Aparte de que no acepto que nadie me indique qué es bien o qué es mal, aparte de que entre uno y otro concepto existen mil tonos grisáceos de difícil catalogación, aparte de que jamás aceptaré algo como bien sólo porque sea preferencia de las masas, ni algo como mal sólo porque todo el mundo se persigne a su paso, déjame, amigo Cerinto, que sea yo mismo quien decida si un libro, si una película, si una canción o si una persona es buena o mala para mí.

No entiendo tu perseverancia en mantener la tesis de que Millenium mantiene unas teorías perniciosas para el conjunto de la humanidad. Deja ya de decir lo que es bueno y lo que es malo para mí y para el resto de mis congéneres. A no ser que seas Dios.
Gabriel, no des ideas… Ja ja ja
cerinto
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Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 27 de Noviembre de 2009 a las 19:01

Hoy no privan ya esos absurdos románticos de emperadores y enemigos que, enamorados de la misma doncella, se odian a muerte; sino la exhibición brutal y descarnada de violencias atroces y cadáveres descompuestos. Hace dos días y con ocasión de la Semana del cine brasileño que se está celebrando aquí, di con la película El jardinero fiel, del director Fernando Meirelles, y no me pareció del todo mal, de modo que quise saber algo de la novela de la que procedía. Era de John Le Carré y se la titulaba The constant gardener. No pude pasar de la página cuatro. En tan breve espacio nos cuenta el maledetto autor, sin ahorrarnos atroz ni morboso detalle, el asalto, violación y degüello de la joven y agraciada protagonista, y la quema forzada a lo bonzo, rociado de gasolina e inmovilizado en el interior de una pila de neumáticos, del chófer del jeep en que ambos se dirigían a investigar las criminales maniobras de una empresa farmacéutica que está usando como cobayas de sus dudosos productos a la población africana de Kenia. ¡Vade retro, Satanás! Luego me enteré de que los libros de este mal llamado escritor se venden como rosquillas. Se venderán como rosquillas -me dije; pero ciertamente nunca ganarán el Nobel de Literatura. Quien para captar la atención del lector, para motivarlo y vender ejemplares de su libro, me figuro,  recurre a estos excesos escabrosos, será lo que se quiera, pero ciertamente no es lo que yo entiendo por un escritor. Y es que, venida a cuento la cosa, no hay alta y baja cultura, como alguno pretende, sino Cultura a secas; lo demás es basura. Basura con que se alimenta a las masas. Se las alimenta, sí, no se alimentan ellas por propia elección. Las masas, de las que Galdós, una vez más, en el Episodio titulado El equipaje del rey José y con motivo del comportamiento de aquellos españoles que otrora expulsaron de Madrid al rey Bonaparte, dice lo siguiente:

...el populacho es bajo, soez, envidioso, cruel y sobre todo cobarde. Todos los vencidos sufren más o menos la cólera de esta deidad harapienta que por lo común no sale de sus madrigueras sino cuando el tirano ha caído. Si con su iniciativa y su fuerza no le supo exterminar, casi siempre se da el gustazo de rociarlo con su fango; y a todas las instituciones o personas que caen por el esfuerzo de campeones de otra esfera más alta, el populacho les pone su ignominioso sello de inmundicia. La libertad y las caenas, a quienes alternativamente aduló, han visto sobre sí en el momento terrible a la furia inmunda que les escupía. Como la hiena, es intrépida con los muertos".

cerinto
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Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 29 de Noviembre de 2009 a las 14:44

En el dominical de hoy se dice de Unamuno que “en un libro precioso, habló de como se hace una novela. No le interesaba contar, oficio de literatos, sino hacer, crear de la nada mundos para la vida, porque la novela es un organismo vivo, no un mecanismo”. Efectivamente, todos los Millennia, los Código da Vinci y los demás de igual categoría son puros mecanismos, cosa inanimada; no son novelas. Estos días he dado con un montón de citas que vienen al pelo de lo que aquí voy escribiendo. Al parecer -y para empezar- en una ocasión, un periodista preguntó a Franco si creía que “los españoles eran ingobernables”, a lo que él respondió: “¡Qué va! Nadie tan dócil y obediente como ellos. Basta con decirles que hagan esto o aquello, para que se lancen a hacerlo, sin más consideraciones”. Y yo digo: pues hasta puede que sea verdad. A despecho de tan furibundos “en mí no manda nadie y yo hago lo que me peta”, es muy probable que el que más y el que menos coman en la mano de cualquiera que sepa trastearlos. Como -también al parecer- saben trastear al consumidor los peritos en la ciencia de la publicidad, que, habiéndose percatado de que pataleando y enrabietándose, los niños consiguen más fácilmente de sus padres lo que en un momento quieren, empezaron a idear anuncios que provocasen en ellos, los niños, esas conductas quejicas y arranques de genio, con éxito tal que aumentaron notablemente las ventas. Para que luego se diga que no estamos manipulados. Otra más; igualmente he leído u oído decir que allá en los USA es práctica corriente entre los editores lanzar un libro nuevo ya con la faja “best seller” puesta, sin que aún no se haya vendido ni un miserable ejemplar, lo que de nuevo redunda en un sustancial aumento de las ventas. De ser verdad, esa gente ¡Se las sabe todas! Lo que me reafirma en lo que ya dije, a saber, que en eso de “yo leo lo que me gusta” habría mucho que hilar, porque es muy probable que ese “me gusta” haya sido prefabricado. ¡Ay! ¡Infelices nosotros, carne de mangoneo!

cerinto
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  • 2 de Diciembre de 2009 a las 17:16

Como vengo diciendo, al principio Pérez Galdós aborrecía el naciente romanticismo; pero a medida que la nueva tendencia se afirmaba, iba abandonando su repugnancia primera y al final también él cultivó la novedad. En efecto. Finalizado el Episodio 20, que lleva por título Un faccioso más y algunos frailes menos, dio por terminada la empresa y así lo hizo constar en un epílogo a la obra. Sin embargo, unos años después la reemprendió con un nuevo volumen, De Oñate a La Granja, en el que tal vez olvidado de su inquina primera nos compone un relato rabiosamente romántico. Para dar una idea, cito a continuación un párrafo de las últimas páginas. La protagonista Demetria, huérfana y sola en la vida, como es de rigor, cuenta al héroe, Fernando Calpena, sus padeceres a manos de los facciosos carlistas. Dice así:

¡Pero si las cosas que nos han pasado... son tales, que con ellas se podría escribir un libro!... Sucesos tristes, tristísimos, enlazados y contrapuestos con lances graciosos; horrores y tragedias por un lado; mil ridiculeces por otro: todo esto ha sido mi vida en tan breve tiempo. A usted le habrá sucedido, leyendo libros de entretenimiento, que todo le parece mentira, exageración de los que escriben tales obras; y recreándose en aquellos lances, no les da crédito... Yo he pensado lo mismo; pero ya no; creeré cuanto lea, y aun me parecerá pálido todo el cúmulo de desdichas y calamidades entretejidas que a veces nos ponen, para cautivar nuestra atención y hacernos sufrir y gozar, los autores de novelas. No, no: ya sé que la vida sabe más que los autores, y lo inventa mejor, y más doloroso, más intrincado, y con más sorpresas y novedades. -Muy bien. La realidad tiene más talento que los poetas.

He subrayado los rasgos del romanticismo a que en otros pasajes he aludido. Para despertar la morbosa atención del futuro lector, el autor se vale de recursos dudosos. Cosa que más arriba también he rechazado. Y para señalar el contraste entre las dos tendencias, la realista, que prefiero, y la romántica, que aborrezco, (como rechazo los actuales Millennia y literatura de extraterrestres) cito de nuevo a otro autor, Vital Aza, cuyo satírico poema he envidiado a menudo:

Cuando de niño empecé / a darme a la poesía, / tan en serio lo tomé, / que sólo en serio escribía. / Romántico exagerado, / era lo triste mi fuerte. / ¡Válgame Dios; le he soltado / cada soneto ¡A la muerte! / La fatalidad, el sino, / el hado, la parca fiera, / el arroyo cristalino / y la tórtola parlera... -Todo junto le servía -a mi necia inspiración para hacer una elegía / que partía el corazón. / No hubo desgracia ni duelo / que en verso no describiera... / ¡Si estaba pidiendo al cielo / que la gente se muriera! / ¿Que airado el mar se tragaba / la barca de un pescador? / Pues yo en mi lira lanzaba / los lamentos del dolor. / ¿Que un amigo se moría, /viejo o joven, listo o zafio? / Pues, ¡zas!, al siguiente día / publicaba su epitafio. / ¿Que una madre acongojada / gemía en llanto deshecha? / ¿Que por una granizada / se perdía la cosecha? / Pues yo enjugaba aquel llanto / en versos de arte mayor, / y maldecía en un Canto / al Granizo destructor. / Escéptico y pesimista, / ¡me hacía unas reflexiones!... / Sirva de ejemplo esta lista / de varias composiciones: / Ludibrio, Dios iracundo, / Profanación y adulterio. / Los desengaños del mundo. / El ciprés del cementerio. / Pues, ¿Y una composición / en que, imitando a otros vates, / con la mejor intención / decía estos disparates? / “Ay! El mundo en su falsía / aumentará mi delito, / vertiendo en el alma mía / la duda de lo infinito. / ¡Triste, errante y moribundo, / sigo el ignoto sendero, / sin encontrar en el mundo / un amigo verdadero! / ¡Todo es falsedad, mentira! / ¡En vano busco la calma! / ¡Son las cuerdas de mi lira / sensibles fibras del alma! / ¡El mundo en su loco anhelo, / me empuja hacia el hondo abismo! / ¡Dudo de Dios y del cielo / y hasta dudo de mi mismo! / ¡Esta existencia me hastía! / ¡Nada en el mundo es verdad!... / Y todo esto decía / con quince años de edad! / Francamente, yo no sé / cómo algún lector sensato / no me pegó un puntapié / por necio y por mentecato. / ...

¡Mucho me he reído leyendo a Vital Aza! Infelizmente es autor poco conocido.

cerinto
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Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 3 de Diciembre de 2009 a las 10:37

Close up (Primer plano) es una película del director iraní Abbas Kiarostami. Ayer la he visto y en ella, en cierto momento, el protagonista, uno que por diversión, por amor al arte, se podría decir, se hace pasar por otro conocido director de cine iraní, dice a quien lo interroga lo siguiente: El arte es la expresión de lo que en lo más íntimo sientes. Tolstoy dijo que el arte es una experiencia emocional que el artista comparte con los otros. La experiencia de las dificultades con que he tropezado y los sufrimientos que he padecido me dan la base para ser un buen actor. Así actúo bien y manifiesto mi realidad íntima. Me pareció entonces que se podía aplicar a lo que en este foro se discute las anteriores palabras. ¿Se podría decir con justicia que en su obra Stieg Larsson o John Le Carré expresaban “lo que en lo más íntimo sentían”? Ciertamente, no me lo parece, ni que lo que esa gente, esos autores, escriben sean “experiencias emocionales que comparten” con nadie. Tampoco que en ella “manifiesten su realidad íntima”. De lo cual se deduce que esos engendros, (lo que ha sido engendrado, sin ánimo peyorativo) están lejos de ser arte, vale decir, buena literatura. También se podría aplicar a Corín Tellado, Agathe Christie o la serie negra de Vázquez Montalbán esto que digo, así como a los que escriben acerca de vampiros, los que prefieren a los extraterrestres y en general toda la literatura llamada de evasión. Q.e.d. Como se quería demostrar.

cerinto
Mensajes: 248
Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 5 de Diciembre de 2009 a las 17:23

 

Los diarios traen hoy una noticia. Allá por Los Ángeles de los USA, una cadena de radio prometió regalar una consola Wii a aquel de sus oyentes que bebiese más agua antes de ir al baño a descargar lo bebido. He aquí que una mujer treintañera, madre de tres hijos, oyó aquel programa, y ni corta ni perezosa quiso participar en la prueba. Así lo hizo, y se metió en el cuerpo 7 litros y medio de agua antes de sentir ganas de devolver al ambiente lo que de él había extraído. Hasta aquí todo bien. Si no fuera porque pasada media hora escasa rindió cuentas a Dios, como se decía antiguamente en otro lugar. Que la palmó, vaya, y dejo huérfanos a sus tres hijos y probablemente también a su compañero sentimental, antes marido. Y se desató la polémica. ¿Quién era aquí el responsable? La cadena de radio se disculpó diciendo que la buena señora debía haber sabido el riesgo que corría. Infelizmente, nadie lo sabe todo, de modo que exigirle a la víctima saber lo que hacía me parece excesivo. Todo esto viene a cuento de lo que en este foro se ha dicho. Algunos dijeron que las mujeres que allá por los tiempos de Franco leían a Corín Tellado eran lo bastante maduras como para saber que todo aquello era pura ficción, de modo que semejante lectura no influía para nada en sus vidas ni en su talante frente al marido y los hijos. Mas ya se ve; es muy posible que no todas supiesen lo que estaban haciendo ni sus consecuencias en su equilibrio mental. Con sus actos, con sus escritos, Corín Tellado influyó en sus lectores. Para mí, causó daño a muchos de ellos, infelizmente tal vez no tan maduros como quizá contra razón se les exigía. ¿Fue responsable? También se ha dicho aquí que nadie tiene la culpa del desequilibrio mental previo que hace vulnerables a ciertas influencias a esos lectores. Pero claro está, se da por sentado que ese desequilibrio afecta tan sólo a unos pocos pirados a quienes se les vino encima como caído del cielo. Es el problema del huevo y la gallina: ¿quién fue primero? ¿El desequilibrio o aquello que lo produce? Aquí lo dejo. Que cada uno lo medite y saque sus conclusiones. Porque como afirma el latino: intelligentibus pauca, que es lo mismo que decir, a buen entendedor, pocas palabras.

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 5 de Diciembre de 2009 a las 18:47
Cerinto. No somos políticos ni moralistas. No le decimos a nadie lo que debe de pensar. No escribimos para señalar el bien; somos unos putos perturbados que escribimos porque no nos queda más remedio. Nos corremos escribiendo, intelectualmente hablando. Pagaríamos por hacerlo, como se paga a las prostitutas. Y soñamos con que nos paguen por lo que escribimos porque así, escribiremos más. Y yo no me siento culpable. Deja ya ese rollo.
danielturambar
Mensajes: 5.077
Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
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  • 5 de Diciembre de 2009 a las 21:40
A ver si yo te digo: salta por la ventana y volarás como un superhéroe, te como el coco, lo haces y te matas pues mea-culpa. Pero si describo en mis historias al tal superhéroe y tú te crees él saltas y te tiras, pues que me registren. Porque para empezar no he puesto mi historia en tus manos.
Es como si después de leer una da las sesiones de Salazar me da por probar y acabo con la picha en carne viva, pues él culpa no tiene ninguna de que no haya sabido medir.

Yo soy responsable de mis actos en última instancia, para bien o para mal. Y si no sé distinguir realidad de ficción tengo un problema que tratar. Y la literatura viene siendo ficción, vamos que yo sepa.
cerinto
Mensajes: 248
Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 8 de Diciembre de 2009 a las 18:59

Lamento, Salazar, que te incomode lo que escribo, y si aprovechase tu mismo argumento, podría añadir que no me siento culpable; pero no lo haré, no lo aprovecharé; es una broma. Por más que os pueda extrañar, yo me tomo a pecho el asunto de la responsabilidad en general y la del escritor en particular. Creo firmemente que nuestro modo de vida, nuestros valores, nuestra visión del mundo, acarrean mucho dolor y sufrimiento, gran parte de él evitable, y que tratar de evitarlos en la medida de lo posible es una buena causa, por no decir un deber. Creo también que se los evitará tomando conciencia de ellos y de sus causas. Muchos de nuestros errores de conducta son imputables a la ignorancia. Sencillamente, no pensamos lo bastante acerca de las consecuencias de lo que hacemos. En este sentido, tampoco creo de recibo aislarse en una torre de marfil, aun literaria, y desentenderse del resto. “Todos somos responsables de todo y de todos”, en uno de sus libros dijo Dostoyewsky, y le doy la razón. Tampoco es saludable vivir dividido en compartimientos estancos, en uno somos puramente racionales, no entra la emoción, en otro guardamos los sentimientos. Hay que vivir íntegro, admitiendo lado a lado los dos componentes de la personalidad. Me dices que no somos políticos ni moralistas, pero yo creo que todos nuestros actos son políticos y morales, lo primero porque con ellos afectamos a los demás, esencia de la política, y lo segundo, porque todo acto supone una elección, la de lo menos malo en detrimento de lo que creemos peor. Incluso el rechazar en la literatura la moral, es una elección moral. Ya sé que es muy difícil trazar la línea entre lo literario dañino y lo inocuo, (piénsese en Las cuitas de Werther, de Goethe, por poner sólo un ejemplo) y que lo que defiendo roza más lo ideal que lo real; pero pese a todo, me gusta hablar de la responsabilidad, la literaria entre otras, y tenerla en cuenta. En cuanto a Daniel, tus argumentos son válidos, pero creo que te has quedado corto. Yendo al extremo, me referiría a la literatura francamente panfletaria, como el Mein Kampf de Hitler, que abiertamente predicaba el exterminio judío. Claro está que cualquiera que quisiera establecer una censura en el sentido que apunto, lo tendría muy difícil; ya se vio en tiempos de Franco el disparate de pretensión semejante. Lo dicho y resumiendo, la cuestión de la responsabilidad colectiva en el mal social, frente a la individual que es la norma, a mí me preocupa. Me hace pensar.

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 8 de Diciembre de 2009 a las 20:33
Me siento aludido por lo que dices porque soy un aprendiz de escritor maldito; hago relatos de sadomasoquismo. Admiro al marqués de Sade, no tanto literariamente como conceptualmente, y personalmente ¿Sabes que de los setenta años que vivió más de treinta los pasó encarcelado? Y, permanentemente, vivió semiescondido, como un delincuente social y un apestado cultural. Hasta hace muy poquitos años el estigma de ser un ponzoñoso cáncer de la literatura era el sinónimo de Sade, y ahora mismo, si no te informas y no te cultivas, para la gran cultura popular de masas, el marqués, simplemente, es un psicópata vintage. El terreno en el que te adentras es oscuro y sinuoso, y en el fondo, injusto. Lo mejor del arte de la escritura nunca ha sido fruto de un cálculo responsable. Lo mejor del arte siempre es compulsivo, irrefrenable, y algunas veces, incontrolable por sus mismos autores. Ese fogonazo imprevisible es el que deslumbra. Y el que nos guía ¿De verdad crees que cuando encadenaban las palabras los grandes maestros en sus mejores líneas pensaban si era malo o era bueno? En el fondo sabes que no era así Cerinto, porque tú también has temblado de emoción leyendo. Y cuando uno tiembla. Tiembla. No se hace preguntas sobre lo bueno.  
cerinto
Mensajes: 248
Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 9 de Diciembre de 2009 a las 17:18

Reconozco que se me pueda considerar exagerado y que sería punto menos que imposible llevar a la práctica lo que sugiero. También creo que ningún escritor se detuvo en las consideraciones que apunto, porque de lo contrario nadie habría escrito nada. Tal como dices, la escritura no resulta de un cálculo responsable. Sería difícil imputar a Goethe los suicidios que siguieron a su libro citado, de la misma manera que sería absurdo afirmar que los escritos del abate Reynal, de Diderot o de Voltaire fueron los causantes de la Revolución francesa. O responsabilizar de los crímenes de Stalin a Karl Marx. Sin embargo... He conocido indirectamente algo de la vida hogareña, no tan equilibrada como se pudiera desear, de alguna mujer que se decía devota de Corín Tellado de modo que cuando Castilla del Pino, en sus Patografías, describió el caso aquel de aquella cordobesa neurótica, no pude menos que asociar una cosa con otra y pensar que la literatura irreal de la autora romántica muy bien podía haber agravado la neurosis previa de la paciente, aunque también es un hecho que no cabría atribuir a Corín toda la responsabilidad, dado que muchos otros factores de nuestro modo de vida, de nuestra mentalidad común, contribuyen a aquel mal. De todas formas, es una idea y ahí queda. Porque de una cosa no hay duda, a saber, la inmensa fuerza del ambiente, lecturas incluídas, en nuestra conducta.

cerinto
Mensajes: 248
Fecha de ingreso: 29 de Abril de 2009
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  • 10 de Diciembre de 2009 a las 10:15

Leyendo a Galdós, en el episodio titulado Mendizábal, encuentro expresadas, a respecto del romanticismo entonces incipiente, las mismas o parecidas ideas que expreso ahora yo acerca de la literatura tipo Millennium, o tipo Crepúsculo, que más arriba he mencionado; al parecer aborrecía él la nueva tendencia tanto como aborrezco yo la actual:

-¡Clásicos! Eso quisiéramos. El mundo está tocado de insana demencia... Ya no pasan las cosas como antes, con aquella pausa y regularidad de otros tiempos; todo está trastornado; reina la sorpresa, mangonea el acaso, y los acontecimientos se suceden sin ninguna lógica. Ya no hay reglas. Esto es el caos, la barbarie, la anarquía de las almas. Corre un viento de desorden, y en la naturaleza no hay aquella serenidad, aquella calma majestuosa... -Todo por ese maldito... Hasta me repugna pronunciar su nombre. -Ese maldito... ¿qué? -¿Sabe usted quién tiene la culpa de esta locura que nos saca de quicio, de esta llamarada que nos abrasa el rostro, de esta comezón que nos hace bailar la tarántula? -¡Qué! ¿No lo acierta? Pues tienen la culpa Víctor Hugo y Dumas, esos dos infames progenitores del romanticismo... ¡El romanticismo! Ese es el remolino, ese es el vértigo, esa es la locura... -¿Qué tiene que ver...? ¡Dumas, Víctor Hugo!... son dos grandes poetas... -Que han desatado las tempestades en nuestra literatura, y tras el desquiciamiento de la literatura, ha venido el de la política, y luego el de la vida toda... Yo, a esos dos, les mandaría cortar la cabeza, sin cargo alguno de conciencia, como a malhechores del género humano, y me quedaría tan fresco... ¿No ve usted que ya no hay orden ni reglas en el curso de los hechos que constituyen l vida? ¿No ve usted que ya todo es exaltación, misterio, fantasmas, lo desconocido, lo imponderable?... Pues espérese usted un poco, que ya empezarán los espectros, las tumbas, los cipreses funerarios...

Como se ve, nada nuevo bajo el sol; todo se repite.

cerinto
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  • 11 de Diciembre de 2009 a las 14:13

Galdós escribió, en los años 70 del siglo XIX, las dos primeras series de sus Episodios, y en ellas se mostró sereno y objetivo, fiel al realismo, atento a retratar la Historia antes que a dejar volar la fantasía y el sueño. Inicialmente su intención era no pasar de ahí y dar por terminada la obra. Pero en los años 90 y por diversas circunstancias, se animó a seguirla, y entonces se entregó, puede decirse que de lleno, al romanticismo que antes había criticado, y los primeros volúmenes de la tercera serie son ante todo relatos rabiosamente románticos, con una salvedad: que se mantuvo dueño de su arte, de modo que al mismo tiempo que se manifestaba como autor, se mostraba crítico de lo que escribía. No se dejaba ir, no se permitía el arrebato, sino que era comedido y llevaba las riendas. Pues bien, en el Episodio titulado Mendizábal he tropezado hoy con unos párrafos que reflejan lo dicho en este tópico del foro. Dos personajes principales del relato, Fernando Calpena y Pedro Hillo, representan respectivamente el romanticismo rampante cuando se escribía el libro y el realismo que lo precedía y al que Galdós llama clasicismo. Como alguno de los que han escrito aquí, el furioso romántico Calpena se expresaba en estos términos:

¿Con que amor tenemos? -dijo Hillo; bueno: con tal que sea clásico... -¿Y qué entiende usted por amor clásico? -El que se contiene dentro de los límites de la conveniencia y de la regularidad; el que no es motivo de escándalo; el que no es furor insano, sino afecto plácido y limpio; el que tiene por norte la familia... Le miró Calpena, plantándose ante él desdeñoso, altanero, y con grave entereza contestó: «Soy un hombre; tengo un alma que es mía, una inteligencia que me pertenece, y con ellas siento y juzgo lo que me incumbe. Ni de usted ni de nadie admito lecciones, ni soy un niño para recibirlas en esa forma. Soy libre, Sr. D. Pedro; a nadie me someto. Los que me protegen por motivos que ignoro, que den la cara, y entonces hablaremos. Si conseguimos entendemos, bien, y si no, lo mismo. No altero mis propósitos, no me someto, no me rindo». Él, Calpena, no contaba con más porvenir que el que por sí mismo se labrase, pues todo lo demás era fantasmagorías y sueños; y en último caso, no sacrificaría a ninguna consideración, ni a interés alguno por grande que fuese, la pasión que colmaba todos los anhelos de su existencia”.

Leyendo esto que precede, me he visto en el papel del señor Hillo, y en el del joven Calpena a los que con viveza protestan contra lo que escribo, el realismo frente al romanticismo, la sensatez, el refinamiento, la elegancia y el término medio que prefiero, frente a esa supuesta literatura nueva hecha de violencia, grosería y absurdo, la de los Millennia, el vampiril Crepúsculo y el matadero de reses de John Le Carré. No parece que hayan pasado los siglos, pues el hoy refleja el ayer.

cerinto
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  • 12 de Diciembre de 2009 a las 10:15

Eugenio Hartzenbusch era uno de aquellos autores románticos noveles que menciona Galdós. Escribió la conocida obra Los amantes de Teruel, cuya sinopsis es esta:

En el siglo XIX se puso de moda el amor romántico, un sentimiento profundo mezcla de deseo carnal, pasión y fidelidad, que buscaba la unión con el amado para compartir con él la vida entera. Los poetas y novelistas del romanticismo lo exaltaron, aunque la estética derivaba del amor cortés provenzal. Su origen medieval, período histórico al que los autores del siglo XIX admiraron mucho, convirtió en el prototipo del amor romántico la leyenda de los amantes de Teruel. El año 1217, Juan Martínez de Marcilla se enamoró de Isabel Segura, hija de un acaudalado señor del lugar. Los dos eran vecinos y se conocían desde niños. Él se le declaró, y ella le respondió que le correspondía, pero que no se casaría sin el permiso paterno. Juan Martínez pidió al padre la mano de la joven, pero él se la negó, pues el pretendiente era un segundón sin fortuna. Entonces y tras haber acordado con la amada guardarse cinco años de ausencia, para hacerse un nombre el mozo partió para la guerra. Como transcurrido el plazo él no apareciese, ella cedió y desposó a otro que el padre le propuso. En mitad de las bodas se presentó el amado, y no soportando ver en brazos ajenos a la moza, salió de la sala y se ocultó en la cámara nupcial. Llegada la noche, Isabel pidió a su marido una prórroga en el deber conyugal, porque era la única noche que le quedaba para cumplir un voto que había hecho. En ese momento, Juan salió de su escondrijo y le dijo quién era, tras lo cual y como premio a su fidelidad le pidió tan sólo un beso, a lo que ella replicó que pese a que lo amaba con pasión, ahora pertenecía en exclusiva a su marido. De pena y dolor, allí mismo el mozo cayó muerto redondo. Al día siguiente, cuando se celebraban sus funerales, Isabel se presentó, se inclinó sobre el cadáver y le dio el beso que se le había pedido. Y en ese mismo instante, se murió de pena.

cerinto
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  • 14 de Diciembre de 2009 a las 14:17

Continuamente hallo en Galdós precedentes de lo que aquí voy escribiendo. Véase por ejemplo este otro párrafo, continuación de los anteriores que he citado:

...no desmaye, que veo cercano el peligro. Si Fernando consigue apoderarse de Aura y desaparece, cualquiera les coge después... ¡Y si contrariados en sus amores, enloquecidos por la pasión, resuelven suicidarse juntos...! ¡Dios mío, qué horror! Esta idea me persigue desde anoche... No duermo, si pienso en los distintos procedimientos de matarse que inventa el romanticismo, y que, con el continuo ejemplo de dramas y novelas, los malditos poetas han puesto de moda e infundido a la juventud exaltada...

Al parecer, también a él le preocupaba la posible influencia de la literatura, de la cultura, en sentido amplio, en la vida de la gente normal, de la gente de a pie. Creo que menospreciamos esa influencia. Nos imaginamos libres y autónomos, que nadie nos gobierna, que nos poseemos y que no nos afecta lo externo. Nos equivocamos. En grado mayor que el que nos gusta admitir, somos criaturas del ambiente y de la cultura en que vivimos.

Otra víctima del nefasto romanticismo fue el articulista de talento Mariano José de Larra. Difícil es saber qué parte tuvo en su suicidio la lectura de los autores de aquella cuerda y qué parte el ambiente en general, por no decir el entorno familiar de su niñez, causante primero del desequilibrio que lo condujo a la locura. En El drama del niño bien dotado, la escritora Alice Miller explica estos casos. A sus 17 años, Larra se enamoró de una mujer mucho mayor que él que resultó ser la amante de su padre, casado en segundas nupcias. Una especie de otra madre suya, se podría afirmar, si atendemos a Freud. No en vano se ha dicho que la vida adulta de casi todos nosotros es la repetida puesta en escena de la niñez mal vivida. Le pasó lo que al también escritor, el argentino Borges, con la diferencia de que en este caso fue el padre quien sedujo a la amante del hijo. Con efectos infaustos también. En 1829 Larra casó con Josefa Wetoret, pero el matrimonio fracasa. En 1834 publicó la novela histórica El doncel de don Enrique el Doliente y estrenó la pieza teatral Macías, ambas basadas en la trágica vida del poeta medieval de ese nombre y en sus amores adúlteros, como adúltera era la relación que en aquellos momentos mantenía él mismo con Dolores Armijo. Ese año deja a su mujer y se queda con la hija que han tenido; pero su amante lo abandona. Él la sigue a Badajoz, donde ella se ha refugiado, pero no la encuentra. En 1836 lo eligen diputado. En febrero de 1837 y acompañada de su cuñada, Dolores lo visita en Madrid, en la calle santa Clara, donde él reside, cercana al palacio real, y le anuncia que vuelve con el marido, que está en las Filipinas; quiere recobrar las cartas, que podrían comprometerla. Rompe pues definitivamente con él y se va. Larra se encierra en su despacho y con una pequeña pistola de bolsillo, de 23 cm y afiligranada, se pega un tiro. La bala le entra por la sien derecha, encima de la oreja, y le sale por el otro lado. Adela, la hija, que tiene sólo 5 años, quiere darle el beso de las buenas noches y lo encuentra muerto. Buen literato, sí, tal vez, pero con un grave problema emocional debido a una niñez infeliz -diría un psicólogo.

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