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De todas formas, conservo mi postura de que es absurda la idea de que se escriba mejor bebiendo. Sólo hay que ver una lista de los efectos del alcohol en el organismo para darse cuenta de que para facilitar contacto social y todo eso no se puede negar, pero para otra cosa... el alcohol malo, malo. Si acaso, lo único bueno que se me ocurre que podría aportar el alcohol es alguna idea excéntrica u original que con la mente clara no se te habría ocurrido (siempre que luego no vuelvas a estar sobrio y te avergüences de ella xD) |
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Como experto en setas tóxicas o medicinales (o al menos es lo que creen aquellos que tienen la osadía de invitarme), y como interesado en las relaciones entre los hongos y los seres humanos, he dado y doy de vez en cuando conferencias en jornadas micológicas, cursos de verano y similares, sobre temas como "drogas y micológia", "los hongos en el origen de la cultura y la religión". En esas charlas, tras hablar de la experiencia sobrecogedora del chaman, tras parafrasear a Roger Gordon Wasson cuando nos dice "¿Cómo explicar lo que sientes al que no los ha probado? Es como tratar de explicar que es la luz al ciego de nacimiento... por fin conoces lo inefable y sabes lo que significa el éxtasis." suele ocurrir que al final se me acercan algunas personas del público y me dicen algo así como "¡Se nota que usted los ha probado, los honguillos!". Y yo dudo en desengañarlos, pero lo cierto es que no los he probado. Mi medio de vida es la civilización occidental, la universidad, el asfalto, el siglo XXI... ¿Cómo puedo esperar que los honguillos produzcan en mí el efecto que producían en el joven aprendiz de chaman, cuando, tras un largo tiempo de preparación junto a su maestro el sabio medicineman, dispuesto ya para la iniciación, consumía por vez primera los honguillos con respeto y reverencia, listo para ver su alma prendida al pie de la divinidad, a punto de vivir la eternidad en una hora y fundir el infinito en un grano de arena? Pero nuestra curiosidad como estudiosos, el amor por la ciencia y el conocimiento, y una disposición de mi mente abierta a conocer nos permiten hacer nuestras con facilidad las emociones de aquellos que han escrito o divulgado sobre sus experiencias con los hongos. Puedo ponerme tanto en la piel de un investigador universitario que experimenta con las setas en busca de ampliar su conocimiento sobre los efectos de las plantas y los hongos en la mente, como en la del antiguo chamán que se aproximaba al éxtasis, y soy capaz de imaginar la sobrecogedora experiencia iniciática, ese estado que ofrece pensamientos elevados, magníficos, inefables. Y ello, por supuesto, sin recurrir el antiguo consumo de los hongos enteógenos. Consumo que, en el caso de buscar el conocimiento, no podría considerar inadecuado, pero que en la actualidad muchas veces se lleva a cabo simplemente por pasar un buen rato, de una manera que considero inadecuada. Caramba, me he alargado otra vez. Yo lo único que quería decir es que la inspiración de las drogas puede llegarnos también sin consumirlas. Ya dijo Tim Leary de una de ellas (LSD) "que despierta paranoias en aquellos que no la han probado". Josep |
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Pues yo solo puedo decir que cada escritor busca la mejor forma de inspirarse o de que le fluyan mejor las ideas. Yo no suelo beber mientras escribo, pero reconozco que cuando lo he hecho, mi mente ha trabajado mucho mejor y con mas elocuencia. NO por ello voy a animar a la gente a que lo haga. Cada uno que busque su modo, pero sí, reconozco que una copa de buen vino blanco en una noche lluviosa (o no), puede ser una buena amiga si ese día estás costroso. |
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Por supuesto que no… ¿qué barbaridad es esa de escribir y beber? ¡El vicio os corroe y os pudre por dentro! Quiero dejar claro que no recomiendo beber, que no incito a nadie que lo haga y menos si se trata de beber más allá de lo que cada uno pueda considerar responsable. Por lo demás no sé si es bueno, pero poder, se puede según qué queramos. ¿Estamos hablando de escribir? ¿O de escribir para que me lean? Parece una pregunta muy tonta pero para mi no lo es tanto. Hace muy poco recuperé algo que escribí hace algunos años. Empiezas echando un vistazo a cd’s antiguos y después pasa lo que pasa. Que encuentras cosas, historias. Sorpresas como ésta. Una historia escrita por mi hace diez años que ahora no era capaz de entender. Y recuerdo haberla escrito y recuerdo las noches que pasé escribiéndola. Es una de las historias que más viví mientras escribía. Pero no la entiendo. Las metáforas son excesivamente rebuscadas y las afirmaciones muy imprecisas. Las referencias a otros textos, canciones o películas son tan continuas que es imposible entender lo que ahí pone en muchísimos párrafos. ¡Vaya mierda! Pues no. En aquel momento lo escribí porque necesitaba reflexionar. Recuerdo que en aquel entonces me ponía a escribir encerrado en mi habitación con una botella de Cutty Sark y otra de Schweeppes Naranja. Puesto que era una de esas horribles etapas melancólicas supongo que buscaría la comprensión y sabiduría de Joaquín Sabina ha sabiendas que tan afable compañero no haría más que ayudarme a catalizar lo que sentía. Y así, sin ninguna sonrisa tras la que esconderme, sin ningún motivo por el que hacerlo en la intimidad, me ponía a escribir. Sin demasiado orden y sin ninguna pretensión, buscando las palabras para algo que estaba viviendo por primera vez, peleándome con ellas, maldiciéndolas como Antonio Orozco porque eran las cadenas de mis sentimientos. Pero lo vives, vives lo que escribes porque con la ayuda de Cutty y Sabina has limitado el mundo a una habitación y el tiempo a un momento. Has conseguido el premio de la intimidad contigo mismo y la tranquilidad de saber que nadie va a leer aquello para mirar dentro de ti. Pero también sabes escribir mejor, para que te lean… y escribes para eso. Ya no es solo la habitación, ya no es solo el momento… ni siquiera es algo íntimo porque ahora sois dos, tú y el lector. Debes cuidar de él mientras escribes porque, de alguna manera, mientras tú estás escribiendo él te está leyendo. En otro lugar, en otro momento, reacciona ante lo que escribes y tú lo intuyes, lo sientes como si fuera aquí y ahora. Pasados los años volverás a leer lo que escribiste ebrio y no lo entenderás. Leerás lo que escribiste sobrio y te decepcionará porque ya no te sirve, ya no eres tú. ¿La conclusión? No importa si bebes para escribir o no. El valor de esas palabras es tan efímero como su sonido al leerlas. Tú escribe. Lo que quieras, lo que sientas, porque solo hay un momento más íntimo que ese y suele durar muchísimo menos. En fin, digo yo, que de esto sé muy poco. Un abrazo Carlos |
Y yo sólo diré un nombre: Charles Bukowski.
Y la conclusión general es que cada autor es un mundo.