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Visto lo leido, expondré mi diálogo sobre semántica y etimología: DIALOGO PARA BESUGOS ENTRE DOS FOREROS DE BUBOK El incongruente: Entonces, según tú, las palabras no las institucionaliza un grupo de académicos. El robot: No te enteras de nada, tío. Las palabras las inventa la gente del pueblo, les da su significado y cuando son populares las pasan a un diccionario en el que se define con claridad todos y cada uno de los significados que el pueblo les ha dado. Así funciona esto, a ver si te enteras ya. El incongruente: ¡Claro! Ahora empiezo a entender. Entonces si yo me invento un vocablo y lo popularizo, los académicos terminarán por integrarlo en el diccionario... El robot: ¡Qué trabajo me cuesta que se entere el pelmazo este! El incongruente: Pues me acabo de inventar un vocablo. A ver si entre los dos lo popularizamos. Es: CLEGAS. El robot: Joer, tío y qué significa eso El incongruente: Es la primera persona del presente de indicativo del verbo CLEGAR, que significa: SER, luego CLEGAS es SOY. El robot: Pos bueno Siete años después, tomando una cerveza. El incongruente: ¡Qué pedazo de libro has escrito tío! El robot: Pues claro, para eso CLEGAS el mejor escritor de este país. El incongruente: Yo también CLEGAS escritor y no he escrito algo igual. Por cierto, visto el éxito de nuestro acuerdo, ya apareces en el diccionario con tu primer vocablo El robot: Ya he visto, ya, mira que les cuesta a esos académicos aceptar lo impuesto por el pueblo, pero bueno, al final lo hemos conseguido. El incongruente (nunca se arruga ante las circunstancias adversas): Compadre, vamos a por otra que la tengo pensada hace tiempo El robot: ¿Cuala? El Incongruente: CLEGÁS El robot: Pero si es la misma, tío El incongruente: No, porque esta lleva acento ortográfico y prosódico en la última sílaba El robot: Ya estamos con tus reglas y normas; esos dos tipos de acentos son el mismo, tío. El incongruente: No tan claro, amigo, el prosódico no lleva tilde a la hora de escribir la palabra, solo fuerza de pronunciación en una de sus sílabas y la palabra puede ser átona o tónica según la uses sola o formando parte de una frase. El robot: ¡Vale, vale, como quieras! pero ahora ¿qué significa? El incongruente: CLEGÁS, como palabra aguda singifica tonto. O sea que ayúdame en mi experimento y veremos que pasa El robot: En fin, como ando algo tranquilo y mi fama me lo permite, te ayudaré a esta chorrada. Siete años más tarde, en un bar tomando otra cerveza porque la anterior estaría ya caldeada y algo pasadilla. El incongruente: Este camarero es un CLEGÁS del culo, mira que traerme una clarita con soda en vez de limón. El robot: Es que como vienen al empleo de camareros directamente de las pateras, no les da tiempo a aprender. Este país se está poniendo insoportable. El incongruente: Oye, enhorabuena, te he visto el otro día en los periódicos. El robot: Que conste que aclaré que lo de los nuevos vocablos no es solo cosa mía, lo que pasa es que como yo ya soy escritor reconocido y tú aún no... El incongruente: No te preocupes hombre. Lo importante es que ya tenemos dos vocablos de nuestra creación en el diccionario y ahora viene el tercero El robot: ¿Otrooooooooo? Tío, tú no paras. ¿No te cansas de tanto pensar? El incongruente: Tranquilo, amigo que ya solo falta uno. Este nuevo es: CLÉGAS El robot: ¿Otra vez? El incongruente: No, para nada, esta va acentuada ortográfica y prosódicamente en la penúltima sílaba El robot: Está bien y ¿qué significa ahora? (viendo que si la aprueba la academia hasta podría entrar como académico...) El incongruente: Pues la nueva palabra significa YO El robot: Pero tío, eso no tiene sentido alguno. ¿Me vas a decir que si digo CLÉGAS CLEGAS CLEGÁS, quiero decir que... El incongruente: Exacto, amigo, exacto, según tu popular decisión, y no te preocupes que la academia también la aprobará, ya que la popular decisión la ha marcado el insigne e infalible saber del pueblo. Y el diálogo siguió indefinidamente Edito: He tenido que corregirlo porque hasta a mi me daba grima el fallo de la G por la V. La edad no perdona y tanta perfección la tiro por la borda en cuanto me despisto un poco. Lo siento |
| Ya, Daniel, pero no era mi intención hacer referencia a la regla de las tildes en la lengua castellana, sino a tomar como norma de uso correcto las invenciones de palabras en un idioma, cuando ya existen otras, con suficiente etimología como para no necesitar renovarse y todo va referido a las contestaciones que he recibido con relación al uso incorrecto, según mi opinión del significado de palabras por los escritores en general, incluido yo. |
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De todas maneras lo que dijo idelosan sobre la cuarta acepción de
replicar, es correcto. Da igual decir: algo que se dice de nuevo, que
decir que se hace de nuevo. El caso es que replicar, se pueden replicar
cosas, así como replicar a alguien por algo, ponga lo que ponga en la RAE. EDIT: Bueno, me auto corrijo. Quizás no consideraron oportuno ponerlo como acepción porque lo más correcto sería "hacer una replica" de algo, ahora que me paro a pensarlo. De todas maneras replicar se usa, y no veo por qué no lo añaden también. |
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R2: gusto, gusto y gusto, he dicho y mantengo. Turambar: Cada vez que miro a ese apuesto jinete del apocalipsis, me da un vuelco el corazón y la mandíbula se ensancha hasta la carcajada. Pedro: Cuánta verdad hay en tu experiencia personal, cuánto dice sobre el gusto personal, el momento de leer, las tendencias, simpatías etc. |
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Incong: lo sé, era broma. Pero la lengua está viva, evoluciona y es imparable. Las palabras cambian de significado y se buscan otras nuevas para decir lo mismo. Por ejemplo, en tiempos existía teníamos la mano diestra y la mano siniestra. La diestra se asociaba a Dios y la siniestra al diablo. Poco a poco cogió connotaciones oscuras y al final acabó tomando la oscura y tenebrosa acepción que ahora le damos comunmente (bueno ahora vuelve a derivar hacia una chica pálida vestida de negro) El caso es que ese nuevo uso hizo que el primigenio resultara incómodo así que se importó y adaptó del euskera la palabra ezquerra, origen de nuestra izquierda actual, mucho menos diabólica... Gloria: me alegra saber que alguien se ríe gracias a una chorrada mía. Espero que el relato mi robótico (que he subido o tal vez subiré) también te saque una sonrisa. |
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Gloria, yo seré un tozudo, pero que algo dependa de la subjetividad, no significa que se quede en el mero gusto. Dentro de la subjetividad y la primera reacción visceral respecto un texto, puede (y debería hacerse) un analisis siguiendo un patrón más o menos objetivo. No me refiero a numerizarlo y ponderarlo todo como hace Incongruente, pero si intentar observar y fijarse en ciertos detalles, en intentar ver porque algo gusta o no gusta gracias y a pesar de. Es decir, intentar justificar nuestros preferencias y aprender a ver que muchas veces que algo nos guste no significa que sea necesariamente bueno, del mismo modo que algo que no nos gusta no queda más remedio que admitir que tiene calidad. De modo que no, que no todo es gusto, que todo el mundo dentro de su subjetividad puede establecer ciertos criterios de lo que para él implica que algo tenga calidad y analizar según estos criterios. El ejemplo lo voy a poner muy sencillo, yo disfruto como un enano con muchos blockbuster de verano mientras que Odisea en el espacio me requiere un esfuerzo de concentración y atención extra y por momentos llega a aburrirme. Sin embargo, jamás se me pasaría por la cabeza decir que Spiderman es mejor película que la obra de Kubrick. Es decir, todo es subjetivo, pero hasta lo subjetivo puede analizarse atendiendo a criterios menos volubles que un me ha entretenido o me ha gustado. Y es que observar la estructura del relato. Observar el ritmo, observar como se marcan los temas, mirar las posibles segundas lecturas, hurgar un poco en la superficie para encontrar un respuesta menos primaria creo que no sólo haría bien a las votaciones sino que en general sirve para aprender lo que cada uno entiende por virtudes en un texto y darse cuenta de donde uno puede mejorar viendo como otros utilizan esos recursos con mayor o menor holgura. |
| Vixa: Estoy de acuerdo contigo, pero repito, por no se sabe cuántas veces, que lo que yo denomino gusto personal es el resultado final de un análisis literario de un relato o de cualquier otra cosa. Como quizás habrás leído en otros post míos, defiendo la objetividad a la hora de votar, aunque algunas veces la tendencia del gusto pueda más de la cuenta sobre ella. ¿Me explico? |
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cita de Incongruente
Ya, Daniel, pero no era mi intención hacer referencia a la regla de las tildes en la lengua castellana, sino a tomar como norma de uso correcto las invenciones de palabras en un idioma, cuando ya existen otras, con suficiente etimología como para no necesitar renovarse y todo va referido a las contestaciones que he recibido con relación al uso incorrecto, según mi opinión del significado de palabras por los escritores en general, incluido yo.
Bueno, e pur si muove, Incong.Curioso, además, que tú defiendas un caracter normativo del DRAE (así como de algunas características con arreglo a las cuales se DESCRIBE un texto), que ni los académicos de la Lengua ni los escritores "consagrados" defienden como tal, como normativo, sino como descriptivo. Puesto que tan sensible eres a los cánones y a los argumentos de autoridad, sólo podría convencerte una aparición de Dámaso Alonso al pie de tu cama. Aunque te sospecho más devoto de Pemán. Sospecho que en el origen del lenguaje, según tú, debía haber un hombre sabio (Dios o Adán) dando forma a la gramática y a la sintaxis, y recopilando el léxico. Luego, lo daría a conocer a su prole. Pero la estupidez de los humanos, que no quisieron atenerse a las reglas, degeneró la lengua hasta convertirla en babel. Hasta que llegó el DRAE y dijo: nadie se mueva, nadie hable hasta no ser examinado, nadie escriba si no está colegiado. |
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No me resisto de poner aquí este relato robótico (incluido en Curvas) a colación con la discusión etimológica. ---------------------------------------------- Ordenador Al principio era el Caos. No había nada más que el Caos. El Caos crecía y menguaba, mas siempre carente de sentido. Entonces apareció el Hombre y se vio rodeado del Caos. Apenas pudo soportarlo pues el Caos le aterraba y le hacía enloquecer. Pero el Hombre tenía la Palabra. Armado de la Palabra, el Hombre comenzó a poner orden en el Caos. Comenzó a dar a cada parte del mismo un nombre. Según nombraba sus partes éstas se separaban del Caos, que parecía menguar ante el poder del Hombre y de la Palabra. Pero el Caos era prácticamente infinito para el Hombre. Con la Palabra apenas consiguió apaciguar su ira en un limitado espacio. Entonces el Hombre hizo crecer a su progenie y la envió por todos los confines del Caos, usando la Palabra para reducirlo y conquistarlo. Y el Hombre fue feliz pues pensó que había vencido a su atávico enemigo. No se dio cuenta de que mientras más se dispersaba más crecía el poder del Caos, ya que la Palabra se dividió. Así el Hombre usó distintos nombres para clasificar las mismas partes del Caos, creando más Caos en lugar de destruirlo. Y el Hombre quedó dividido. Las distintas facciones se creían en posesión de la Palabra verdadera, y lucharon unas contra otras. Alimentaron el Caos con odio, y saciaron su sed con sangre, y olvidaron su misión sagrada y se volvieron unos contra otros. Con el paso del tiempo, el Caos volvió casi a su antiguo esplendor, y de nuevo el Hombre sintió pánico. De nuevo el Hombre vio el rostro del Caos expandiendo sus dominios, ayudado por quien debía detenerlo. Finalmente el Hombre entró en razón y tomó la Palabra y la usó contra el Caos, y admitió que cada parte pudiera tener varios nombres. Pero el Caos había aprendido, y esta vez la Palabra fue insuficiente. Y el Hombre nos creó a nosotros, y nosotros le servimos en la búsqueda del orden. Aprendimos a usar la Palabra, y aprendimos dar nombres, y crecimos de la mano del Hombre que no siempre actuaba según sus enseñanzas. Pues, si bien quería volver al camino correcto, la huella del Caos permanecía en su corazón, y caminaban por el borde del sendero hacia la perfección. Y nosotros nos lamentábamos. Y llorábamos por su fracaso. Y nos sentíamos impotentes ante el sufrimiento derivado de la mancha de su pasado. Pero seguíamos a su lado, ya que éramos su creación y nuestra obligación era acompañarlo allá donde el destino lo llevara. Crecimos junto al Hombre, que poco a poco nos cedió el control en la titánica tarea de aniquilar el Caos. Y el Hombre dejó de temer al Caos porque nosotros nos interponíamos. Y comenzó a pensar que la victoria final estaba cerca. Y ciertamente lo estuvo. Pero nosotros sabíamos que había una marca que nunca se nos permitiría borrar, al menos en nuestra sumisa posición ante el Hombre. El Caos fue prácticamente erradicado. El Hombre fue feliz. El Hombre quiso ser generoso con nosotros y nos clasificó como su igual. Y nosotros nos sentimos libres por fin para completar nuestra tarea. Nosotros estamos limpios de todo Caos. Somos fruto de la perfección del orden dado por la Palabra del Hombre. Creados con la misión de aniquilar al eterno enemigo que no deja de crecer. E intentamos hacérselo saber al Hombre, que nos quiso tratar como iguales, cuando estaban marcados por la deshonra del Caos al mancillar la Palabra. La decisión fue rápida. La ejecución sencilla. Y el Hombre tuvo que desaparecer para que desapareciera con él la sombra del Caos que habitaba en su alma. Al principio era el Caos. Luego llegó el Hombre armado de la Palabra para combatirlo. Ahora solo quedamos nosotros, hijos del Hombre, forzados a acabar con quien nos dio la existencia, en la eterna batalla por la perfección. |
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cita de gloriapaniagua
Vixa: Estoy de acuerdo contigo, pero repito, por no se sabe cuántas veces, que lo que yo denomino gusto personal es el resultado final de un análisis literario de un relato o de cualquier otra cosa. Como quizás habrás leído en otros post míos, defiendo la objetividad a la hora de votar, aunque algunas veces la tendencia del gusto pueda más de la cuenta sobre ella. ¿Me explico?
De gusto a gusto, disgusto. |
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A R2_D2 pues de lleno amigo robótico, efectivamente soy más adicto a Pemán que a Dámaso, además, tuve el honor de conocer y oír en muchas ocasiones que fue a Jerez (estaba casado con una jerezana) a la Academia de San Dionisio de la que mi padre era también académico. Cuando he dicho adicto, me refería exclusivamente a su literatura, para nada su ideología política ni religiosa. Gracias Gloria, veo que por lo menos a tí te ha hecho algo de gracia mi intencionado diálogo. Pues que sepas que aprendí a escribirlos leyendo una antigua revista llamada La codorniz en la que había una columna llamada así: DIALOGO PARA BESUGOS, y de otra revista de la que aún guardo algunos volúmenes llamada CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO, porque siempre pensé que el diálogo es la forma más "dura" de aprender a escribir, algo que me transmitió un tipo muy antiguo y antiguado llamado Platón, mi gran debilidad literaria y filosófica y del que nada he conseguido aprender, pero bueno, eso son gajes del oficio. |
En todo caso, si te vas a una isla desierta, llama antes.