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Foro para escritores de Bubok

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vixa
Mensajes: 1.348
Fecha de ingreso: 12 de Mayo de 2008

Comentarios después del banquete a los relatos hambrientos.

31 de Agosto de 2009 a las 0:49
Bueno, a instancias de Daniel, abro el hilo de los comentarios para destripar los relatos de la edición anterior.
r2-d2
Mensajes: 3.170
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 11:27
Dos de vampiros:

Y harto diferentes.

De entrada, mi sorpresa: nunca pensé que alguien ligara el tema Hambre con los vampiros, la verdad. Quizás me manejo con una acepción muy estrecha de esa palabra.

Un mensaje de óxido y esencias nerviosas.

Este relato está montado como vidriera, no como relato. No se nos cuenta una historia, sino que el vampiro "larga" lo que suele hacer. Por eso, aunque cada párrafo suele tener ingredientes de acción (y si no!), en realidad el texto no está cosido por una secuencia de actos encadenados.

Por el contrario, el otro, Setenta y dos horas en ayunas, está montado como relato.

A la hora de votar pude haber intercambiado sus posiciones: no son comparables, juegan en terrenos diferentes, no veo como medirlos a uno contra el otro.

Y tambien pude haberlos dejado sin votos. Entre los dos relatos crunc-crunch y los tres vampiros, me estaba rayando tanto "¿fantástico?" Como en clave realista no había nada mejor, tuve que votar a dos vampiros.

 

r2-d2
Mensajes: 3.170
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 11:40
cita de tio_antonio

Veo que mi relato de las lentejas, no ha tenido mucha aceptación. La próxima vez, haré un relato sobre los bocadillos de chorizo ;)

Sí, lo sé. A veces me pongo muy pesado. Es un error que suelo cometer. No pocas veces escribo "Que el blanco caballo de Santiago, es de color blanco" para al rato repetir que además de ser blanco como la nieve, está lavado con Ariel. Gracias por recordármelo.

Al principio, se me ocurrió escribir un relato basado en una anécdota que leí sobre lo mal que lo pasaron los rusos en Moscú, durante el ataque alemán. Al parecer, tenían que traer un metro y medio cúbico de leña a cambio de un pan y una salchicha para todo el día. Y el que no espabilaba y traía menos cantidad de leña de lo acordado, el camrada comisario le cortaba un cacho de comida, para que se esforzara más.

Si lo hubiera hecho basándome en lo anterior, igual me habría llevado un puntito. Bueno, la cuestión es aprender. Creo que se me ha ocurrido algo para el próximo concurso, que además es de ficción y eso me gusta. A ver qué sale de todo ésto.

Mi comentario iba por ahí: narración (o redacción) poco ágil, etc...

Una receta para cambiar el chip de una redacción descuidada es jugar a reducir palabras, tratar de acortarlo. Larga todo el texto que tienes en la mente, y luego intenta quitarle 100 o 200 palabras. Te darás cuenta de hasta qué punto somos reiterativos, no sólo de palabras, sino de ideas. El texto queda adelgazado, pero sobre todo más denso y, curiosamente, también mejor estructurado, aunque no fuera tu intención inicial.

gloriapaniagua
Mensajes: 879
Fecha de ingreso: 16 de Abril de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 11:40

VIXA, felicidades.

 

Breves comentarios:

 

 

- Sed. Aceptable planteamiento y desarrollo, humor banal, final confuso, pierde credibilidad.

- Por un plato de lentejas. Fallos de puntuación y estilo, ritmo lento. Se aleja del tema, a pesar de que nombre las lentejas.

- *** Cuando nada llena. Bien narrado. La frustración de un hombre enamorado no correspondido con hambre insatisfecha de ella le da originalidad al argumento y lo enlaza con el tema.

- Carmen de Badalona. Flojo en su estilo y en la conclusión. El autor, con esa misma idea, podría haber escrito algo más redondo. Le falta trabajo.

- La cadena alimenticia. Bien escrito, pero escabroso y poco creíble, inestable con el tema.

- ** Detrás del objetivo. Buen planteamiento, estilo y ambientación, conciso y casi redondo; al final se echa de menos algo más determinante. Tremendo el egoísmo, la frialdad y el sentido práctico del fotógrafo. Mientras lo leía, tenía la sensación de conocer la historia, de haber visto lo que me estaba contando el autor.

- La cueva negra. En general, no está mal escrito, aunque es inestable con el tema y la frase “La sangre se convirtió en helados torrentes que fluían a toda velocidad” le resta veracidad. Algo helado no fluye, y menos a velocidad, y torrentes de sangre no suelen darse en un ser humano, aunque sí abundancia.

- La de sabia mirada. Mío. Contraste entre el hambre física y la saciedad espiritual.

- La hoz. Buen relato en estilo y contenido. Lo tenía entre mis favoritos, pero vi que cuenta una historia de labradores no por ello hambrientos. A mi modo de ver falta ritmo, mayor evidencia del hambre, sobra desarrollo y carece de un final más claro y contundente que cierre la historia.

- El príncipe insatisfecho. Parece un cuento infantil. No he entendido la moraleja, el final. Lo he percibido turbio.

- ***** Noche de reyes. Conmovedor relato. Da la sensación de ser una historia real. El final debería haber sido un poco más explícito. He entendido que la madre muere, pero a esa escena le falta alguna descripción más que cerrase el impacto producido en la hija, sus sensaciones. A pesar de ello, ha sido mi relato favorito. Tiene leves fallos de puntuación.

- No quise despertarte. Tiene ritmo y destreza, quise puntuarlo, pero es una pena que le falten frases. (algo pasa en mi ordenador o en el del autor). Esa historia podría haber dado más de sí.

- **** Casualmente. Argumento interesante, bien planteado y resuelto. Diálogos fluidos.

- Un mensaje de óxido y esencias nerviosas. Extraño relato. Bien escrito, original, pero no terminó de engancharme, me dejó sin respuestas, sin saber el motivo.

- 72 horas en ayunas. Me produjo la misma sensación que el anterior. Ambos parecen escritos por la misma persona. Bien escrito, pero un poco rebuscado.

- * Warsaw. No se puede negar calidad a la forma y al contenido, pero, en mi opinión, resulta más una introducción a una novela que un relato. De todas formas, merece puntos.

- Quid pro quo. Correctamente escrito, aunque hay exceso de repeticiones, un algo que lo hace poco creíble entre su tono moralista. Buena idea la de la ambición como hambre.

oniria
oniria
Mensajes: 2.267
Fecha de ingreso: 15 de Febrero de 2009
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 12:25
Es posible que los que habéis tenido fallos a la hora de leer un relato sea porque usáis como navegador el IE. Esta página está optimizada para FF, y personalmente migré (es tremendamente sencillo) no hace demasiado, y estoy encantada. Ni loca vuelvo a IE. ;DD
zarax
Mensajes: 2.184
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 12:41
Como ya se sabe, mi relato es CUANDO NADA ME LLENA

Con él quería hablar del deseo insatisfecho de que nos quieran. Podemos tenerlo todo, pero si no nos quieren, siempre tendremos hambre de amor.

La hoz 5

A mi me ha parecido un buen relato. En el hay emoción, recuerdos sobre hechos que sucedieron hace tiempo, pero que aún son importantes para quien los cuenta y siguen siendo tristes para él. Recuerdos desencadenados por el simple hecho de que alguien coja una hoz. Un objeto poco menos que sagrado para él y por lo tanto intocable, que debe volver a su lugar y permanecer allí, guardado, como sus recuerdos.

Sobra, a mi modo de ver el principio. Por que todo esto puede sucederle a una nieta que sea Ingeniera o dependienta del Eroski.

La única relación que le encuentro con el tema de la quincena podría venir del hambre de Justicia. Y así lo he valorado. Esta bien escrito y a mi me ha enganchado.

Detrás del objetivo 4

Este relato escalofría. Todos conocemos la fotografía y creo que todos nos preguntamos, en su día, que estaría pensando el fotógrafo en el momento de hacerla. Vixa nos lo cuenta. Y muy bien. Fríamente, con corrección. Sin pasión alguna. Técnicamente. Y nos deja helado el corazón.

Después de leerlo, uno se pregunta quien es realmente el buitre ….

Noche de Reyes 3

Este relato me pareció un poco lioso. Pero volví a leerlo más despacio y entonces vi que contaba algo que ha sucedido y puede que aún suceda en la vida real actual. Y que lo cuenta bien. El final, con la madre bajo la sabana, explica por fin el por qué de la salida de casa de los hijos. Un regalo de Reyes inolvidable este que nos cuenta Emartians.

Un mensaje de óxido y esencias nerviosas 2

El título se las trae. Relato de vampiros. No es lo mío. Pero me pareció bien escrito, que mantiene la atención y describe con mucho entusiasmo toda la truculencia de los hechos. Un poco confuso hasta adivinar que hay un vampiro por ahí volando.

Sed 1

Uno empieza a leer este relato y se pregunta por qué habla de sed con tanta angustia. Si lo sigues, tratando de creértelo, casi vas a beber un vaso de agua. Cuando finalmente te encuentras al escritor preguntándose por que habla de beber cuando debería hablar de comer, comprendes que, además de un humor algo caústico, se puede encontrar, rizando el rizo, algo más en el: la eterna angustia del que escribe y desea contar una historia de ladrones de guante blanco y lo que le sale es el análisis psicológico del desarrollo del guisante del norte.
r2-d2
Mensajes: 3.170
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 12:46

Dice Gloria

- *** Cuando nada llena. Bien narrado. La frustración de un hombre enamorado no correspondido con hambre insatisfecha de ella le da originalidad al argumento y lo enlaza con el tema.

- La hoz. Buen relato en estilo y contenido. Lo tenía entre mis favoritos, pero vi que cuenta una historia de labradores no por ello hambrientos. A mi modo de ver falta ritmo, mayor evidencia del hambre, sobra desarrollo y carece de un final más claro y contundente que cierre la historia.

Entiendo, gloria, que si mencionas la palabra "hambre" en el relato, aunque sea hambre espiritual, ya estás en tema, ¿no?

Pero si describes un contexto en el que no se menciona la palabra hambre, no estás en tema.

Por lo visto, tú eres de las que creen que los labradores cultivan la tierra por ocio. En estos tiempos, no me cabe la menor duda: un paseo en cosechadora con aire acondicionado y cargador de CDs es muy ameno. Aparte de que se vive de las subvenciones de la UE, y muchas veces el girasol se deja agostar en las piezas, porque solo se ha cultivado para cobrar de la Adminsitración.

Pero antes, no era así. No sé si lo sabías. Por lo que a los propietarios se refiere. Se trabajaba a lomo caliente, y todos, propietarios y jornaleros, esclavos de la tierra por igual, y sometidos al capricho de la naturaleza, de la sequía, de los nublados.

Y por lo que a los jornaleros trata, cariño, ¿tú qué crees, que un segador de los de hace setenta años abandonaba tres meses a su familia para ir de pueblo en pueblo humillando la cabeza ante los labradores por el placer de hacer un poco de gimnasia de riñones a pleno sol en la canícula de julio?

¿Tú tienes idea de lo que era segar? ¿Sabes lo que es una hoz?

Por si no lo sabes, aquí te doy la versión de La Hoz con siete "HAMBRES".

Lo que no he podido meter ha sido ningún crunch-crunch. 1400 palabras no dan para todo cuando se quiere contar una historia de verdad.

La hoz

(versión para desnutridos)

Soy ingeniera agrónoma, máster en Biotecnología Alimentaria, y hasta el CSIC me ha publicado un estudio sobre el origen del cultivo de la patata, parte de una obra más ambiciosa que saldrá pronto a la luz: Historia del Hambre en la era preindustrial.

Tanto curriculum no me da ninguna autoridad sobre la huerta de mi abuelo. Para él, sigo siendo la misma niña que hace veinte años se entretenía rebuscando escarabajos entre las matas y corría a enseñárselos.

Tiene noventa años. Cobra una mísera pensión, y complementa sus ingresos con los productos de la huerta, los que consume y los que vende. Baja a la huerta todos los días. Sube deslomado, sediento, boqueando, no es persona... Y al siguiente vuelve, de nuevo, a la huerta. Unas veces pienso que allí se consume, se hunde cada día un poco más en la tierra; y otras que de allí, del agua y de la tierra, del aire y del estiércol, toma los nutrientes que lo mantienen vivo.

De los muchos trabajos con los que se castiga, edrar con la azada entre planta y planta no es el peor, pero si el que más le tortura. La tierra, arcillosa, hace costra cuando seca. Y cada pocos días hay que doblar el espinazo con la azada pesada, rabiosa, y arañar la tierra, desmenuzarla para que abra sus poros al agua que la fecunda.

Edrar es una condena bíblica, un trabajo siempre necesario, nunca suficiente.

Hace poco le compré un escarificador con mango telescópico. Más ligero que la azada y no tendrá que agacharse para edrar. Me hubiera gustado que hubiera venido conmigo a Leroy-Merlin. Los ojos se le hubieran ido por las estanterías detrás de las herramientas y los accesorios, adivinando para qué sirve cada una. Pero todo lo demás es un mundo al que su sordera priva de sentido: la pradera de asfalto del aparcamiento, con sus rebaños y estampidas de coches; los carteles y avisos por doquier, hojas y flores de un desconocido jardín urbano; la procesión delante de las cajas, una plaga sin remedio.

Se le avivó la cara cuando le enseñé el escarificador. Extendió y recogió el mando, tentó la dureza de las puntas. Me dijo "mañana lo pruebo", y lo dejó allí, junto a la azada y la zarracamalda.

Entonces vi la hoz. Puedo decir que he visitado cada rincón de esta casa con los ojos curiosos de los siete años, con los ojos íntimos y secretos de los quince, y con los reflexivos y estudiosos de una mujer de más de veinte. No la había visto nunca. Una hoz diferente, sin ningún parecido con una medialuna, con un signo de interrogación, con el viejo icono en la bandera del desdentado fantasma comunista.

El mango era de madera oscura, pulida por los callos y barnizada por el sudor. La hoja, estrecha y delgada, casi frágil. Su curvatura, mínima, como un pequeño alfanje con el filo por dentro.

La quise para mí.

Mi casa es un pequeño museo etnográfico. Por doquier, en el suelo, colgados de la pared, del techo, tengo candiles, almireces, herraduras, azuelas, una romana, una collera, una horca, una laya, serones, una prensa de uva, un molino de mano, dos hachas de piedra que el abuelo encontró una vez en la Fuente Mina... Quería esa hoz.

Tenía la hoz entre mis manos.

-  Esta hoz...

Me la cogió, como si necesitara tenerla él para hacer memoria.

-  Antes, aquí venía una cuadrilla de la parte de Castilla. Eran unos muertos de hambre, que abandonaban sus casas, sus familias, para ir a buscar el sustento por esos mundos de Dios. Subían segando desde la Ribera, y llegaban para San Pedro, y remataban la cebada, y luego el trigo o la avena, si había, y aún se quedaban de agosteros hasta que aparecían las quitameriendas. Todo por ser pobres, por no morir de hambre. El mayor de ellos, el mayoral, se llamaba Dionisio.

Esta hoz es la suya.

Dionisio era amigo de mi padre. Nosotros andábamos con el ganado no muy lejos de los segadores, para entrar en los rastrojos en cuanto ellos salían. Mi padre y él nunca se cruzaban sin hablarse un rato. Y los domingos, cuando el pueblo estaba en misa, Dionisio se iba donde mi padre y liaban un cigarro. Mi padre le decía “¿Qué?, ¿no vas a misa?”. Y Dionisio le preguntaba: “¿Y tú?”. “Yo soy pastor”. “Yo ahora también”. Y se reían.

Tenías que verlo segando. Siempre apalabraba a destajo, nunca a jornal. La necesidad apremiaba a sacar el máximo en esas pocas semanas de siega. Si se perdía la cosecha, si un nublado te la pillaba sin recoger, pasaban hambre por igual, el propietario y el jornalero.

Dionisio cogía tres surcos para él; los demás, a cada dos. Cuando se volvía para dejar la mano, miraba para atrás, por si los otros se rezagaban. Empezaba suave, apretaba poco a poco. Sabía cuando aflojar para que nadie reventara, cuando dar un arreón aprovechando que alguien cantaba, y cuándo había que levantar el lomo con la excusa de echar un trago. O de afilar la hoz.

Porque esta hoz no es para dar tajos, sino para rebanar. Hay que tenerla siempre afilada, que te puedas afeitar el dorso de la mano con ella.

La cuadrilla eran tres y el chico, Aniceto. Era menor que yo, doce años tenía. Rubio como la mies. Como su padre. Cuando segaban, se colocaban los hombres en el surco, y el chico detrás, atando los manojos. A veces, su padre tomaba un descanso y le dejaba la hoz, para que se fuera haciendo. Haciendo al trabajo, que al hambre ya se había hecho

Aquel año Dionisio riñó con el amo de Barberena. Tú no conociste, claro. Entonces casa Barberena era medio pueblo, más tierra que nadie y lo mejor.

El amo de Barberena era un carlistón beato, que le gustaba avasallar. Fue alcalde más de veinte años después de la guerra. Aquel año Dionisio y él tuvieron alguna diferencia, no sé por qué. Da lo mismo. La diferencia era vieja, y se hacía nueva cada año. El uno tenía mucha tierra; al otro el hambre le apremiaba. Pero por más que cada año se buscaban, necesitados el uno del otro, no acababan de ajustarse.

Ese año Dionisio y su cuadrilla plantaron al amo de Barberena. Trabajo no les faltaba, con uno o con otro. Y para dormir, mi padre les dejó nuestro pajar.

Aquello fue el año del Alzamiento. Víspera de Santiago, el amo de Barberena se fue a la mañana con la Tafallesa a Pamplona, y volvió a la tarde en coche con cuatro requetés. Encontraron a Dionisio segando una pieza nuestra. “Tú eres el que no va a misa”, y se lo llevaron.

Mi padre lo vio de lejos, luego oyó los tiros. Fue para allá y lo encontró muerto. Me mandó con Niceto, que lo apartara, que no viera lo que le habían hecho a su padre. Y él, con otro, cogió el cuerpo y lo llevó al cementerio. En la subida les salió al paso el amo de Barberena, que qué hacía. Mi padre le dijo: “Algunos no vamos a misa todo lo que debemos, pero no nos olvidamos de dar sepultura a los muertos”.

Como decían que era ateo, tuvieron que enterrarlo por la parte de fuera, delante de unos bojes.

El abuelo calló. Aproveché para alargar la mano hacia la hoz y preguntarle.

- ¿Y cómo vino a ti la hoz?

Pero él me contestó sin soltarla.

- Muchos años más tarde, yo andaba una vez con el ganado por debajo de la Peña. Vi a uno que no era del pueblo. Subía por la cuesta del cementerio. Pero no entró. Se estuvo donde la mata de boj.

No fui yo el único del pueblo que se apercibió. Si le dijeron o no algo al amo de Barberena, no lo sé. Pocos del pueblo recordarían ya quien estaba enterrado debajo de aquel boj.

A los días, el amo de Barberena subió a Pamplona, como todos los sábados. Yo lo vi volver, bajarse de la Tafallesa y echar a caminar para el pueblo. Y vi como aquel hombre estaba apostado en el camino esperando a que llegara. Dejé el ganado y corrí para allá. Cuando llegué, el amo de Barberena estaba parado en medio del camino. Miraba para mí, miraba delante. Delante de él, estaba Niceto, el hijo de Dionisio. Con la hoz de su padre en la mano.

Le llamé. Me reconoció. A pocos a pocos se fue viniendo para mí, apartándose del camino. Y el amo de Barberena pasó de soslayo, sin abrir la boca. Nada le dijo Niceto, nada le dije yo.

Niceto me dijo que llevaba un año trabajando en Potasas, en la mina. Se morían de hambre en el pueblo, tuvieron que venir para acá. Y aquí ha vivido desde entonces. La hoz me la dio aquel día. Yo la he guardado hasta anteayer, que vi su esquela en el Diario.

- Haberme dicho. Te hubiera llevado al funeral.

-   No hubo funeral. Lo decía la esquela.

Y me quitó la hoz para dejarla en su sitio.

 

 

r2-d2
Mensajes: 3.170
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 12:55

Dice Zara about La Hoz: Sobra, a mi modo de ver el principio. Por que todo esto puede sucederle a una nieta que sea Ingeniera o dependienta del Eroski.

 

Hay intención en ese principio. Estuve incluso buscando la manera de hacer discurrir el diálogo en un McDonalds.

Nosotros (España Siglo XXI) no vivimos el hambre. Es recuerdo, es historia. Por eso me pareció que debía presentarlo así, como una indagación de un personaje contemporáneo. Hacerla Ingeniera Agrónoma y master en Biotecnología Alimentaria tiene toda la intención: lo que para ella es libresco y erudito (o internet), para el abuelo es sangre y sudor.

 

Este relato necesita 2500 palabras por lo menos. El final debe rellenarse con más cuerpo y, sobre todo, contraponer el presente con el pasado de manera más enfática.

zarax
Mensajes: 2.184
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 13:05
cita de R2_D2

Dice Zara about La Hoz: Sobra, a mi modo de ver el principio. Por que todo esto puede sucederle a una nieta que sea Ingeniera o dependienta del Eroski.

 

Hay intención en ese principio. Estuve incluso buscando la manera de hacer discurrir el diálogo en un McDonalds.

Nosotros (España Siglo XXI) no vivimos el hambre. Es recuerdo, es historia. Por eso me pareció que debía presentarlo así, como una indagación de un personaje contemporáneo. Hacerla Ingeniera Agrónoma y master en Biotecnología Alimentaria tiene toda la intención: lo que para ella es libresco y erudito (o internet), para el abuelo es sangre y sudor.

 

Este relato necesita 2500 palabras por lo menos. El final debe rellenarse con más cuerpo y, sobre todo, contraponer el presente con el pasado de manera más enfática.

He leido la versión ampliada que acabas de dejar R2. Sigo pensando que no es necesario darle títulos a la nieta. Cualquiera entiende que estos son otros tiempos mucho más cómodos para los asuntos del campo. Aunque siguen siendo laboriosos. Y una nieta ha oido a su abuelo estas historias muchas veces. Aunque entiendo lo que querías reflejar.

Cuando leemos a lo mejor deberiamos profundizar un poco más en lo que nos sugiere eso que estamos leyendo. Si hay como tema el hambre y se habla de guerra o posguerra, seguro que haberla "haila".

Lo que has escrito, sin embargo, a mi me abrió el apetito de Justicia. Ya ves tú.

r2-d2
Mensajes: 3.170
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 13:10

La de sabia mirada

Aquí nos encontramos con una estatua o icono de la desgracia. El espectador proyecta sobre la estatua los sentimientos que le place (serenidad, nutrientes espirituales). Pero la estatua está muerta, el relato no dice nada de ella.

Es perfecto para mostrar el espectáculo del Tercer Mundo desde los ojos de los turistas. Lo mejor del relato es, precisamente, lo que dice y del que habla.

Este es el tipo de relato producido en el TECMAT (Taller de Escritura Creativa por el Método de Apercepción Temática)

Es como el TAT del loquero: te ponen delante de una foto y te piden que "largues"

Que regurgites.

Y salen unos relatos (?) que caben en 300 palabras o en 1500. Si quitamos un o dos párrafo cualquiera, al azar, el texto no se resiente en absoluto, no pierde inteligibilidad. Unos textos que no dicen nada de la foto, que no cuentan nada, sino que hablan de tí, sólo muestran lo que hay en tu cabeza.

Y en este caso, lo que hay en la cabeza de la autora retrata patéticamente al Primer Mundo. Más, mucho más que la foto del buitre.

"Apremié al guía para que llamase a una persona del hotel que se hiciese cargo de la madre y el hijo; yo, junto al grupo, debíamos apresurarnos para no llegar tarde al aeropuerto. El guía me confirmó luego, por teléfono, que ya estaba todo solucionado. Quedé más tranquila, aunque sin perder esa sensación de pena, vacío y desorientación."

Si, el Primer Mundo ha hecho turismo, y se vuelve a su casa, con un leve roce de su conciencia. ¡Qué viaje más bonito!

Si el relato de Vixa hubiera seguido la mirada de esta turista, en lugar de la mirada del fotógrafo, le hubiera dado mi cinco.

r2-d2
Mensajes: 3.170
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 13:35

DETRÁS DEL OBJETIVO

 

"Son las siete de la tarde. Me encuentro merodeando por los alrededores de una pequeña aldea de Sudán. Una aldea cuyas cabañas, construidas con un material similar al adobe, se levantan desperdigadas sin que aparentemente su distribución responda a planificación alguna, tan sólo a la necesidad de cobijo.

Alzo la cabeza y miro al cielo. El sol me ciega. Me ayudo de mi mano para poder distinguir algo sin deslumbrarme. La silueta majestuosa de un buitre, con sus alas desplegadas y planeando en círculos, se dibuja perfectamente recortada encima del azul del cielo....."

Después de leer este párrafo y medio, mi google interior, ese que todos activamos mientras leemos y con cuyos resultados cooperamos a la comprensión del texto, ya ha hecho la búsqueda Sudán+buitre+foto. ¿Sabeis lo que sale? Lo mismo que en el google exterior. http://www.google.es/search?q=sud%C3%A1n+buitre+foto+ni%C3%B1a&ie=utf-8&oe=utf-8&aq=t&rls=org.mozilla:es-ES:official&client=firefox-a

A patir de ahí, el resto del texto me confirmó lo que esperaba. No vi nada nuevo, ni una gota de originalidad.

Vixa, ¿sabes por qué no te di ni cinco, ni cuatro, ni tres, ni dos, ni uno? Porque esto YA ESTA CONTADO. La foto ya está contada, y la polémica sobre la actitud del fotógrafo, TAMBIEN. Simplemente has trasliterado algo que ya está dicho.

Con ese tema, con ese estupendo tema, te lo debías haber currado más. Colócame el fotógrafo disparando sobre una escena nueva, diferente. Ponlo en Sarajevo, al acecho de las víctimas del francotirador. Coge a la turista bien pensante que se ha rozado con un pobre en su viaje a la India y le ha sacado una foto, y haz sangre con ella. Pero no me cuentes lo que ya sé.

gloriapaniagua
Mensajes: 879
Fecha de ingreso: 16 de Abril de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 13:44

R2, tienes razón en todo lo que dices sobre tu relato. Esa dura realidad de la mayoría de los labradores la he visto muy de cerca, fue la primera cosa que desde muy niña me conmovió en extremo y me creo una conciencia social.  Sé muy bien lo que es una hoz, e incluso la he tenido en las manos, aunque desde el lado de la curiosidad.

Efectivamente, sobre tu relato, al releerlo ahora, advierto que muestra el hambre de forma velada, simplemente por la condición de que el protagonista es labrador durante unos críticos años de injusticia y dureza. Te aclaro que  también es cierto que he conocido labradores que no pasaban hambre, aunque sí sufrían por las malas cosechas; de ahí mi opinión y, ésta también, por una lectura de tu relato en un  momento inadecuado.

Y otro cosa: tu historia me parece basada en la realidad, conmovedora. 

gloriapaniagua
Mensajes: 879
Fecha de ingreso: 16 de Abril de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 14:01

R2, sobre mi relato, jamás he estado en un taller de escritura, ni sé cómo funcionan, así que lo que apuntas sobre él es pura casualidad.

Tampoco he estado en la India ni he vivido una escena similar; sólo, a través de un progrmama de TV, me quedó grabada, hace tiempo, la mirada de una mujer hambrienta y su serenidad ante su situación, y a partir de ahí inventé el relato.

La actitud de la turista es muy típica, refleja lo poco que hacemos los del mundo desarrollado contra el hambre de las víctimas. La actitud de la mujer hambrienta muestra su sabio estoicismo ante su condición y circunstancias contra las que nada puede hacer.

 

vixa
Mensajes: 1.348
Fecha de ingreso: 12 de Mayo de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 14:03
Lo primero, gracias por las felicitaciones. Lo segundo, sinceramente, no esperaba ganar con este texto. Primero, porque se basaba en una foto famosísima, por lo que me era fácil comprender que esto le restase valor (aunque no nos engañemos, que todo está contado y si bien hubiese podido cambiar la escena, lo cierto es que no se me ocurrió otra más efectiva) y segundo, porque era un tipo de texto que ya había presentado otras veces con valoraciones muy altas, pero puntuales. Por ejemplo, ¿Quieres un caramelo? me parecía mejor a todos los niveles y muy similar en cuanto a estilo y estructura.

De modo que lo único que puedo decir es que estoy sorprendido y agradecido por la buena acogida del texto.

Ahora me voy a permitir responder a algunos comentarios.

Idelosan, que en un texto sucedan muchas cosas no es sinónimo de mucha elaboración, del mismo modo que el relato de un acción acotada escrito de un modo descriptivo puede estar bastante más trabajado de lo que pueda parecer. Aunque admito que te hice caso y este es uno de los textos donde he dejado menos debajo, y donde lo que estaba debajo resultaba más evidente (el hambre del periodista por conseguir una buena foto que le lleva a obviar todo lo demás). Debo admitir que ha resultado

Gloria, respecto al final, yo creo que es tan explícito y contundente como el lector se preste a entender la última metáfora. Ya sabéis que los finales explícitos no me gustan, al menos en su forma más brusca.

Y respecto al comentario de R2, la pregunta sería, ¿qué no está contado?
Al final, la mayoría de veces, lo único que hacemos es volver a explicar con matices y con una visión particular algo que ya está contado. Es cierto que yo me he ceñido a algo muy acotado, pero dentro de lo acotado del asunto hay una intencionalidad y enfoque particular.

Dicho esto, me remito al inicio del mensaje. Para mí ha sido una sorpresa ganar con este relato después de lo que sucedió con ¿Quieres un caramelo? Un relato en muchos aspectos, casi clónico y en mi opinión, mucho mejor.
zarax
Mensajes: 2.184
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 14:07

Si algo me gusta de todo esto, es que se nos abren puertas fantásticas para aprender e informarnos.

He entrado en el enlace que nos ha dejado R2 y esto es lo que he leido. Y lo dejo aquí por que puede que, como yo, muchos desconozcais la realidad del famoso fotógrafo, del que nos quedamos solo, la mayoría, con la crítica feroz a su actitud ante la criatura en su foto:

 

Hay dos preguntas. La primera, ¿por qué se suicidó? La segunda, ¿por qué no ayudó a la niña? La respuesta a la primera es relativamente fácil. La respuesta a la segunda es más interesante. Remontemos.

Kevin Carter nació en Suráfrica en 1960, dos años antes de que Nelson Mandela empezara su condena de 27 años de cárcel. Al llegar a la adolescencia empezó a entender que ser blanco en Suráfrica significaba ser una de las personas más privilegiadas de la Tierra y, al mismo tiempo, cómplice de una atroz injusticia. Cumplidos los 24 años, Carter descubrió que el periodismo era el terreno donde libraría su guerra particular contra el apartheid.

Comenzó su carrera en 1984, cuando las poblaciones negras en las periferias de las grandes ciudades -como Soweto, que estaba al lado de Johanesburgo- se convirtieron en campos de batalla. Jóvenes militantes negros, cuya única fuerza residía en su ventaja numérica, lanzaban piedras a los policías y a los soldados, que respondían con gases lacrimógenos, balas de goma o balas de verdad. Cientos murieron, miles fueron encarcelados. Soweto ardía, y allá, casi permanentemente instalado, estaba Carter, fotógrafo novato de The Johannesburg Star, expiando su culpa.

La gran ironía de la historia reciente de Suráfrica es que cuando salió Mandela de la cárcel en 1990, cuando empezó el proceso de paz que condujo cuatro años después a la democracia, se desató una violencia mucho mayor. Durante casi la totalidad de aquellos cuatro años, Soweto y otra media docena de poblaciones negras en los alrededores de Johanesburgo vivieron una anarquía asesina demencial, nutrida por opositores al proyecto democrático, en la que murieron unos 12.000. Allí, una vez más, estaba Carter. Todos los días. Se presentaba temprano por la mañana a los campos de la muerte, como se presentan los oficinistas a sus lugares de trabajo.

Yo también me presentaba allí, pero con menos frecuencia y más tarde. Siempre que llegaba a estos lugares, en pleno tiroteo o minutos después de una masacre, ahí veía a Kevin Carter, sudado, polvoriento, bolso sobre el hombro, cámara en mano. A él y a sus tres amigos fotógrafos, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y João Silva. Les llamaban a los cuatro “el Bang Bang Club”. Hacían fotos espeluznantes y se exponían a peligros extraordinarios. Yo había llegado a Suráfrica en 1989 tras seis años cubriendo las guerras de Centroamérica. Vi pronto que daba mucho más miedo estar en 1992 en un lugar como Tokoza o Katlehong, a escasos kilómetros de Johanesburgo, que en 1986 en los frentes del oriente de El Salvador o el norte de Nicaragua. Porque en los lugares donde los negros, animados por los blancos, se masacraban podía pasar cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar. Con un Kaláshnikov, una lanza, un machete o una pistola. Ahí trabajaba Carter. Ahí se pasaba desde las cinco de la madrugada hasta el mediodía haciendo fotos de gente matando y de gente muriendo.

Para poder hacer ese trabajo es necesario blindarse, armarse de una coraza emocional. No se puede responder a lo que uno ve como un ser humano normal. La cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión. Carter y sus tres camaradas dormían poco, además, y consumían drogas de todo tipo. Pasaban sus días y sus noches en un acelere mental y en un estado de anestesia emocional casi permanentes. Si se hubiesen detenido un instante a reflexionar sobre lo que hacían, si hubiesen permitido que los sentimientos penetraran la epidermis, habrían sido incapaces de hacer su trabajo. El entorno era alocado, pero el trabajo era importante. Si se hubieran quedado en sus casas o se hubieran expuesto a menos peligro, habría habido más muertos, menos presión política para acabar con la violencia. Ésta era la contribución de Carter a la causa de sus compatriotas negros.

En marzo de 1993 se tomó unas vacaciones de Tokoza y Katlehong y se fue a Sudán. Ahí, apenas aterrizar, es donde vio a la niña y el buitre. Respondió con el frío profesionalismo de siempre. No habría podido elegir otra manera de actuar. Estaba programado, anonadado. El único objetivo era hacer la mejor foto posible, la que tuviera más impacto. Ahí empezaba y terminaba su compromiso. La lógica era muy sencilla: si hacía una foto potente, se beneficiaría a sí mismo, pero también ampliaría la sensibilidad de los seres humanos en lugares lejanos y tranquilos, despertando en ellos aquella compasión -precisamente- que en él estaba necesariamente adormecida.

Por eso no hizo nada para ayudar a la niña. Porque si la hubiera ayudado, no habría podido hacer la foto. Porque había llegado al límite de sus posibilidades.

El problema era que la gente normal, empezando por su propia familia, no lo entendía. Fuera donde fuera, le hacían la misma pregunta. “Y después, ¿ayudaste a la niña?”. Se convirtió en un agobio, una pesadilla. Los únicos que no le hacían la pregunta, porque para ellos no era necesario hacerla, eran los amigos del Bang Bang Club.

En abril de 1994 le llamaron desde Nueva York para decirle que había ganado el Pulitzer. Seis días después, su mejor amigo, Ken Oosterbroek, murió en un tiroteo en Tokoza. Toda la emoción reprimida a lo largo de cuatro años salvajes explotó. Carter se quedó destruido. Lloró como nunca y lamentó amargamente que la bala no hubiera sido para él.

El mes siguiente voló a Nueva York, recibió el premio, se emborrachó, incluso más de lo habitual, y volvió a casa. La guerra se había terminado. Mandela era presidente. Suráfrica tuvo su final feliz, pero la vida de Carter dejó de tener mucho sentido. Quizá en parte porque el peligro de la guerra había sido su droga más potente, la que le había creado mayor adicción. Siguió trabajando, pero, perseguido por la muerte de su amigo y -ahora que se había quitado la coraza- la angustia moral retrospectiva de la escena con la niña sudanesa, se hundió en una profunda depresión. No podía trabajar, o si lo intentaba, caía en errores absurdos. Llegaba tarde a entrevistas, perdía rollos de fotos que ya había hecho. Y tenía problemas en casa: deudas, desamor…

El 27 de julio de 1994, exactamente tres meses después de las primeras elecciones democráticas de la historia de su país, Carter se fue a la orilla de un río donde había jugado cuando era niño, antes de que supiera lo que era el apartheid, el sufrimiento, la injusticia. Y ahí, por fin, dentro de su coche, escuchando música mientras inhalaba monóxido de carbono por un tubo de goma, logró la paz, la anestesia final de la muerte.

Fuente: El documental ‘La muerte de Kevin Carter’

 

danielhr
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Fecha de ingreso: 19 de Mayo de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 14:13
Emartians dijo: 

Me voy a complicar la vida intentando transmitiros mi impresión de los relatos. Vaya por delante que no tengo ni idea de críticar, ni constructiva ni destructivamente.

Nada, hombre. Tranquilo. Están perfectos ;-) ¡Y ojalá se anime más gente a opinar, copón! ;DD
lolaalarcia
lolaalarcia
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Fecha de ingreso: 17 de Marzo de 2009
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 14:43
En primer lugar, enhorabuena, Vixa, pero como no puedo ser falsa te diré que tu relato no me ha gustado. Me gustaron más otros de otros certámenes, la verdad.

Aquí van mis comentarios, había pensado en retocarlos para personalizarlos ahora que sé de quién es cada uno, pero como lo que se vota es al relato, no al escritor, pues los dejo así, como cuando eran anónimos.

SED

...conspirando contra mi...

No se ni quién...

...hacia mi...

...más ya no tengo...

 A.. aa... ayudame ...

...suplica delirante...

...estas haciendo...

...el aurea ...

...le diendo...

 ...voz concundente...

Sí – afirmo.
- No – niego.
-Sí - afirmo con más fuerza.

-Escuchame, no hay Sed...

-Pero todo esto es mio...

Aparte de todos esos errores evidentes y objetivos, creo que el texto carece un poco de contenido.

POR UN PLATO DE LENTEJAS


...ventana como su colega ...

...no sabe como tomarse ...

Bueno, un texto algo soso, le falta alma y acentos.

CUANDO NADA ME LLENA

Bueno, ya no voy a poner en más comentarios los errores de ortografía. Aquí fallan los acentos.
Algunas frases no están bien compuestas y faltan comas en algunos sitios y sobran en otros.
Creo que el autor no legra transmitir lo que siente el protagonista y eso lo convierte en un texto sin fuerza a pesar de no

estar mal escrito. No sorprende en ningún momento.

CARMEN DE BADALONA

Otro texto al que le faltan acentos. Algún que otro laismo.
Me parece un texto demasiado noticia de periódico mezclado con diálogos sin ninguna verosimilitiud.

LA CADENA ALIMENTICIA

Algún pequeño error gramatical por ahí suelto.
Me parece que el texto está perfecto, hasta el final, la frase final me choca, no me gusta, le quita  parte de la gracia al

relato.
Es una interesante historia de granjeros y extraterrestres, típico pero bien desarrollado como para que eso no sea algo que

influya para mal.

DETRÁS DEL OBJETIVO

Un texto que se aprovecha de la sensibilidad para que todos digamos que es genial. No me gusta la gente que coge lo fácil.

Además, ya que se escoge esa fotografía (que en mi opinión es la muestra más grande de la mierda en la que se ha convertido

el mundo) para hacer un relato, debería haber sido capaz el autor de no tener que justificarse con ciertas frases la actitud

del fotógrafo. Simplemente con los pensamientos sobre la gran foto que va a tomar es suficiente.

LA DE SABIA MIRADA

Comas mal utilizadas al principio. Algún que otro laismo.
El relato en sí es demadiado ''pastoso''. Creo que le sobran descripciones y adjetivos y me da la sensación de que el autor

utiliza la palabra sari como para justificar un conocimiento y no como método de describir algo concreto.

LA HOZ

Faltan acentos.
El relato es un poco disperso, como si lo que se cuenta se forzara un poco, no porque el texto se vea forzado, sino porque lo

que cuenta  en un principio lleva a otra historia porque sí, porque lo quiere el autor y no porque pegue. Además, también da

la sensación de que no tiene final, no existe un desenlace de ninguna clase.

EL PRÍNCIPE INSATISFECHO

Algún pequeño error, creo recordar una palabra repetida y algunas comas mal puestas.
El texto está bien, cuenta lo que quiere con un buen ritmo y de forma progresiva. Aunque hay algunos saltos demasiado bruscos

y el final es muy precipitado.

NOCHE DE REYES

Demasiadas descripciones y comas mal puestas que despistan a la hora de leer.
La historia no llega a conquistarme, cuando es un relato que debe llegar al lector.

NO QUISE DESPERTARTE

Exceptuando algunos acentos y alguna falta de ortografía, el relato está bien. Eso sí, la atmósfera que crea en mi mente no

se corresponde con el final del relato. Me esperaba algo más... fantástico o tenebroso que lo que al final he leído.

CASUALMENTE

Faltan acentos. En algunas frases los tiempos verbales no son los correctos. Los diálogos resultan poco creíbles en algunas

ocasiones debido a la formalidad con la que hablan los personajes.
No le encuentro pegas al relato a excepción de que le falta garra. Los personajes no llegan al lector, son demasiado fríos y

la grandeza de este relato estaría en que los personajes tuvieran más fuerza. Está perfectamente contado, pero no emociona lo

más mínimo.

UN MENSAJE DE ÓXIDO Y ESENCIAS NERVIOSAS

Descripciones demasiado rebuscadas y comparaciones algo extrañas. Pero narra bien la búsqueda de alimento, casi de una droga.

Algunas veces el narrador habla en presente, otras no y eso no queda bien en la misma frase. Errores por falta de revisión

como palaras repetidas.

SETENTA Y DOS HORAS EN AYUNAS

Como relato, perfecto. La historia, interesante. Quizá un poco largas las reflexiones del vampiro, se hacen un poco pesadas.

WARSAW

Si no fuera por las falta de acentos en varias palabras el relato estaría perfecto. Además de algunas cosas y pequeños

detalles como palabras mal escritas y algunas repeticiones debidas a la falta de revisión, que además, al ser uno de los relatos colgados más tarde... podría haberse revisado más.
Eso sí, me parece que la historia en el fondo es mucho ruido y pocas nueces porque en el fondo apenas pasa nada.
danielhr
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Fecha de ingreso: 19 de Mayo de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 15:32
Carmen de Badalona: El relato está escrito con muy buena intención y nos muestra el lado gris de los que, desafortunadamente, no tienen suficientes recursos para vivir el día a día. Sin embargo, creo que hay algunos defectos que le restan puntos. Hay algunas expresiones, sobre todo en el primer párrafo, que nos dejan caer varias veces donde se desarrolla la historia. Por ejemplo: 

-"Badalona es una ciudad sita en el extrarradio de Barcelona".

-"El delito que cometió para estar tal cantidad de tiempo en los calabozos de la comisaría de Badalona fue el robo de un producto de alimentación en el Carrefour de Montigalá, barrio badalonés".

El hecho de que Badalona aparezca varias veces en un mismo párrafo quizá llegue a resultar algo repetitivo. No sé si me explico. Siempre puede sustituirse por algún sinónimo. Además, ya el título se encarga de ponernos en situación. También hay alguna expresión como "producto de alimentación" que le da al relato un tono de crónica periodística, alejándonos un poco del cuento (tal vez hubiera sido mejor poner directamente lo que Carmen intentó robar, que en este caso, eran unos filetes). Quizá habría que depurar un poco más el estilo, acercarlo más al de un relato...

El tema lo refleja bien (hambre en tiempos difíciles) y los diálogos son el alma del cuento, aunque el tono moralista no me termine de llegar.. Me gusta mucho el final, con este toque de esperanza, de querer salir adelante... en el que Carmen decide coger el toro por los cuernos y salir de la pobreza. Así, con decisión.

Por un plato de lentejas: La historia es muy entrañable y utiliza el tema del hambre para mostrarnos unos sucesos relacionados con la violencia y el maltrato. Me gusta esa comparación que se hace de la mente simplista y cuadriculada del padre con la de aquellos que "querían salvar España". El problema es que este recurso se utiliza más de una vez, llegando a resultar en ocasiones un poco cansino. La historia en ningún momento es confusa y está contada con claridad, pero no te atrapa... Hace que te cueste un poco engancharte a ella. El latazo que le sacude el chaval al padre y la sentencia final de Luis son lo mejor del relato y rebajan el duro momento de la bofetada a Eva. En cuanto a la parte formal, no veo muchas comas fuera de lugar ;-)

Sed: "¿Pero qué co**?" fue lo primero que me vino a la cabeza mientras lo leía. La idea del texto es genial, eso es indicustible. Y mostrarnos a Oniria como un ángel celestial tiene su encanto (y el que diga lo contrario tendrá que batirse a duelo conmigo :DD). En líneas generales está bien. El intrépido Greenfield quiere escribir sobre la sed, pero Oniria le dice que nanay de la China, que tendrá que esperar a otra ocasión. Hay algunas palabras que no están bien escritas, pero que quedan ocultas tras la broma. Aun así, el relato tiene un problema, y es que no puede explicarse fuera del ámbito del concurso, de modo que el lector ajeno a Bubok (hablo de cara a la edición de los relatos) puede quedarse a cuadros cuando lo lea. Pero aparte de eso, el texto es muy original y divertido. 

La Cueva negra: Estuve tentado de darle puntos. Me recordó mucho a La naturaleza de la ondina. De nuevo estamos ante la idea de la mujer fatal que encandila al hombre y lo conduce hacia la perdición. Si en La naturaleza... la chica no era consciente de lo que hacía, aquí la bruja caníbal se encarga de poner las cosas en su sitio. El texto está muy bien y la idea es muy atractiva. Entonces, ¿cuál es el problema? En mi opinión, creo que la historia necesitaría algo más de espacio para ser contada, pues hay momentos que llegan a ser cortantes y que le dan ese aire predecible.
danielturambar
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Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 15:52
Sed: La primera pregunta fue un ¿por qué? ¿Por qué un relato que se arrastraba tan bien por la agonía del desierto nos hacía esto? ¿No había otra forma de terminar, aún con la visión seráfica? ¿No había otro motivo para colmar ese climax en forma de No? ¿Acaso no se podía dar consuelo de otra forma a la desesperación del que no encuentra respuestas? No la encontré. Por eso no pude por menos que ponerlo en el bando de los puntuables. Al final fueron tres puntos, podrían haber sido tal vez más nunca menos. El mejor relato de los de Greenfield hasta el momento. Para mí, desde hace ediciones, es una de los incentivos del concurso: el relato del loco del JD. La evolución de ese estilo propio es notable. Enhorabuena. Ahora Robots.


No descuides, por las prisas, la ortografía y la puntuación, si publicas el lunes por la tarde lo entenderemos.

danielturambar
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Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 16:35
Por un plato de lentejas: ¡Cielos alguien sigue atreviéndose con relatos bíblicos! A no, espera: "Juanito está muy inquieto. Su padre ha puesto los preparativos del almuerzo encima de la mesa. Hoy comerán lentejas. De nada le van a servir sus protestas, ni sus ruegos. Ya lo conoce demasiado bien como para intentar negarse. Así que lo único sensato que puede hacer es comer bien durante el recreo."
Ya se ha hablado mucho y muy mal de este relato. No es por hurgar más pero de él me llamó la atención el tratamiento que el narrador hace del protagonista: Juan. Lo presenta, con el párrafo de antes, de modo que en la cabeza de muchos se nos figure un niño de unos ocho años, diez como mucho. Pues no, es un adolescente con su movil, sus colegas, su skate y su colacao (a no, espera ese es el del anuncio). Lo curioso es que nadie llama Juanito a Juan salvo el padre. Así que supongo que el narrador se pone del lado del padre. Pero también le da cerita en la descripción del mismo. Vamos que el narrador parece un peridisto del corazón de estos que se estilan ahora: no es imparcial directamente se lleva mal con todos.


No hay nada malo en que el narrador omnisciente tome partido por un personaje, pero hay que se coherente. Lo mejor suele ser que narre de forma imparcial. Además es más sencillo, que no simple.


La gracia final de la lata y el pinchazo en los cuernos del padre... En fin. Quiero creer que el relato se parió en unos minutos entre copa y copa...
Nunca tuvo opciones de llevarse puntos.
danielturambar
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Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
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  • 31 de Agosto de 2009 a las 16:50
Cuando nada me llena. Me fallan dos cosas: la estructura y la verosimilitud.
Lo primero es fácil de arreglar y puede ir en gustos, pero el montaje es más cinematográfico que literario. Visto en mil películas, un inicio extraño que da pie a un largo flashback hasta el momento final que resuelve de forma dramática. Problema: en tan poco sitio no te da tiempo a "olvidar" el inicio y la sombra de lo que va a pasar planea todo el rato.


Hubiera sido mejor, tal vez, entrelazar el viaje en coche hasta el acantilado y la acción del cigarro, mirada al mar, suicidio con los recuerdos de porqué estoy aquí.


El segundo problema es más complicado ya que depende más del lector. No me pareció creíble que el señor, a sus años, no la viera venir. A ver, el hambre de amor no se cría así de golpe.Es más probablemente sea una enfermedad crónica... Este hombre habrá sufrido, seguro seguro, más de una decepción y si las ha sobrevivido ya sabe cómo torearlas. No sé, será que el suicidio por amor está tan esterotipado en la juventud que no me entra a partir de los 60. Pero esto puede ser una apreciación personal.

Aún así, no lo descarté para los puntos hasta que quedó claro que había rivales más fuertes.
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