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salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009

Sadomasoquismo.

29 de Agosto de 2009 a las 22:55

   Apelo a vuestra valentía de escritores o a vuestra curiosidad de lector. Os advierto que aquí no valen frivolidades ni finales fáciles. Os invito a que vayamos a una estancia profunda y tenebrosa de la mente humana. Que nos sumerjamos en un comportamiento sexual tan increíblemente intenso como adictivo. Sólo el pudor o el miedo puede impediros hablar en serio de sadomasoquismo y ninguna de las dos cosas son dignas de un amante del arte de escribir. Hablemos de Sado amigos. 

 

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 4 de Agosto de 2011 a las 20:34
Sadomasoquismo-13. 

   Y entonces ocurrió. Desde su posición de observadora en la mesa de la planta superior Pilar no se perdía ni un detalle. María seguía frente al escaparate de la tienda de ropa, guardó el móvil en el bolso y se dio la vuelta. Acababa de ordenarle que enseñara el culo en medio del centro comercial. María echó un paso hacia atrás y casi pegó la espalda al cristal del escaparate. Con la mirada ausente en ninguna parte se llevó las manos por debajo de la cintura y con un rápido movimiento se subió por detrás completamente la falda. Pilar contuvo el aliento. Lo estaba haciendo. Su hermoso culito de melocotón con tanga negro se reflejaba ahora en el escaparate del Coronel Tappioca y María comenzó a contar en silencio, tan claramente, que a pesar de la distancia Pilar podía leerle los labios; uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Lentamente. Y al llegar al último segundo se bajó el vestido y compuso su postura. Nadie se había dado cuenta de nada; la gente seguía yendo y viniendo a través del gran hall del centro en todas direcciones. Pilar se acabó el licor que le quedaba de un trago y rápidamente la envió otro mensaje. 
"Ve al parking. Planta tercera, la verde. Busca el punto F16; allí está mi coche." 
   Nada más leerlo María salió disparada hacia las escaleras automáticas. Cuando desapareció, una dependienta jovencita de la tienda de ropa salió con cara extrañada. Le había visto el culo a María y se quedó en la puerta mirando cómo se alejaba sin entender nada de nada. Pilar también salió corriendo hacia aquel lugar del parking, pero cogió el ascensor para llegar antes. María había superado la prueba y ella estaba tan excitada que a cada paso que daba sentía como estocadas chispeantes la polla de goma que llevaba metida en el coño. Llegó al coche y se quedó parada. Casi inmediatamente oyó los pasos de María andando deprisa hacia ella. En la cara de su esclava se dibujó una intensa expresión de alivio y de alegría al verla. Jadeaba un poco, y parecía todavía nerviosa, pero no olvidó el tratamiento cuando llegó a su lado. 
-Buenos días mi señora. 
-Ven aquí zorra.- Pilar le puso la mano en la cintura y con la otra mano la cogió la nuca. La atrajo con brusquedad hacia si y la besó en la boca metiéndole a fondo la lengua, con fuerza. María la rodeó con sus brazos, apasionada y melosa. Estuvieron más de cinco minutos así, besándose, y fundidas en un abrazo manoseante a ambos lados. 
   Al fin separó Pilar su boca tan sólo unos dos centímetros de la boca de María. Entre los labios de las dos mujeres colgaban hilitos blancos de saliva. 
-Lo del culo te lo he hecho para que sepas quién manda aquí. 
-Sí mi señora. 
-Estoy contenta, lo has hecho muy bien. 
-Gracias mi señora. 
-Quítate el tanga y guárdatelo en el bolso. 
-Sí mi señora. 
   Para hacerlo, María se separó del abrazo, por supuesto, muy rápido, como siempre que obedecía. Esa costumbre complacía mucho a Pilar, que no le quitaba ojo. Comprobó, además, que llevaba afeitado el coño. Volvió a acercársela cogiéndola de la cintura, y con la otra mano, la tocó el chocho, metiéndole así, de primeras, varios dedos dentro. 
-Qué putón eres; estás empapada; chorreando como una perra salida.- Y ahora fueron cuatro dedos. Hasta el fondo. 
-Es usted mi señora, que me excita mucho. 
-Ya lo sé perra, pero no todo va a ser placer, también quiero, siempre que estés conmigo, que sufras un poco. 
-Sí mi señora. 
-Date la vuelta, descubre el culo y apóyate en el coche. Voy a azotarte un poco. 
-Sí mi señora. 
 
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 11 de Agosto de 2011 a las 17:05
Sadomasoquismo-14.

   Pilar se echó hacia atrás un par de pasos y sacó de su bolso una fusta. Lanzó al aire unos golpes que silbaron, sordos, en el inmenso silencio del parking. Miró a María. Rodeó un poco su coche para lanzar su bolso dentro, ya que había dejado la ventanilla del asiento del conductor bajada. Luego, sólo con la fusta en la mano, avanzó de nuevo con pasitos de gata hacia María; que ya estaba preparada. La imagen era soberbia; en medio del parking vacío, que parecía un bosque de columnas simétricas de hormigón, bajo la luz tenue de los fluorescentes , en medio, su coche negro, y apoyando las manos en el techo, de espaldas, su nueva esclava. Esperando ser castigada. Tenía la cabeza agachada entre los brazos extendidos, mientras apoyaba las palmas de las manos sobre el capó, y su pelo oscuro, brillante y rizado, le caía tapándole la cara. Como se había subido la falda dejando el culo al aire, sujetaba por delante la prenda apretándola entre los muslos. Mantenía las rodillas dobladas y las nalgas bien alzadas y espigadas hacia fuera, bien ofrecidas para su ama. Sus piernas, sin medias, pero con zapatos de tacón, inclinadas y descubiertas, quedaban preciosas en aquella posición. Y sobre el vestido, el chaquetón delgado de cuero, confundía sus brillos con las hondas de su melena. 
-Ya estoy lista mi señora.- Dijo María, con la voz un poco entrecortada. Por si quedaba alguna duda. Pilar sonrió. Ya estaba su lado y sujetaba la fusta con fuerza. Soberbia. María estaba soberbia. Aquello era un soberbio espectáculo. Y sólo para ella. 
-Recibirás tandas de seis fustazos cada una. Todas en el culo ¿Cuantas tandas? No sé. Ya veré. En principio, las que me salgan a mi del coño ¿Entendido? 
-Sí mi señora.- Ahora su cuerpo temblaba. 
-Contarás los fustazos en voz alta y darás las gracias por cada uno que recibas, como te he enseñado. 
-Sí mi señora. 
   Y sin mediar más explicaciones Pilar lanzó el primer golpe, y el segundo, y el tercero... "Uno, gracias mi señora, dos gracias mi señora, tres..." Así hasta seis. El sonido en el parking era magnífico; la resonancia y el eco de cada fustazo se alargaba en el aire como un susurro eléctrico. Al terminar la primera tanda María estaba empezando a llorar, pero no se había movido ni un milímetro. 
-¿Mañana puedo ir a tu casa a la misma hora que la vez anterior? 
-No puede ser mi señora. 
-¿Cómo? 
-Esta tarde llega mi marido. Termina un trayecto internacional de cuatro días y va a estar en casa casi una semana, hasta el jueves, que hace otro viaje al norte de Europa de tres días. 
-!Vaya! !A tomar por culo mi sesión! !Prepara el culo puta! 
-Sí mi señora. 
-Voy a desquitarme con ese trasero de perra salida !Otra tanda! 
-Sí mi señora.- Ahora lloraba. 
   Esta vez los fustazos fueron rápidos, fuertes, un poco salvajes. María volvió a aguantar sin moverse y dio las gracias por todos. Pilar la apartó el pelo de la cara y la ordenó que la mirara, porque le gustaba ver cómo le caían las lágrimas por las mejillas y la corrían todo el rímel de los ojos, y cómo torcía los labios desencajados y temblorosos por el dolor. 
-No debes llamarme al móvil, nunca, salvo que yo te ordene expresamente que lo hagas. 
-Sí mi señora. 
Te comunicarás conmigo básicamente a través de mensajes. 
-Sí mi señora. 
-Yo contestaré a los tuyos cuando quiera, pero tú, a los míos, los debes de contestar inmediatamente, como mínimo, con un "sí mi señora". Si alguna vez te retrasas en contestar más de la cuenta serás castigada. 
-Sí mi señora. 
-Levanta más el culo, zorra. Nueva tanda. 
   María comenzó a sollozar, pero al cabo de unos segundos, pudo controlar suficientemente la voz. 
-Sí... sí... mi señora... 
   Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Gracias. Gracias. Gracias. Mi señora. Mi señora. Al terminar esta última , María se quedó temblando como un flan, y tenía la cara como un cuadro abstracto por el rímel, las lágrimas y el llanto. 
-¿Has dicho el jueves de la semana que viene? 
-Sí mi señora. 
-!Joder! 
-Lo siento, mi señora, pero no puedo antes, de verdad, le ruego que me perdona mi señora. 
-Vale, vale, vale, esperaré, qué le vamos a hacer. En cuanto estés libre para que tengamos una sesión me informas ¿Entendido? 
-Sí mi señora. 
-A lo mejor tienes sorpresa. 
-¿Sorpresa, mi señora? 
-Sí; una sesión compartida. 
-¿Compartida, mi señora? 
-Sí. Ya veremos. Ábrete bien de piernas, aunque se baje la falda. 
-Sí mi señora. 
   Y por detrás, la metió la mano en el coño, prácticamente entera. 
-Joder, no sé cómo lo haces perra; lloras como una magdalena por el castigo y sin embargo, estás chorreándote viva de gusto. 
-Es usted, mi señora, que me vuelve loca. 
-Como debe ser. 
-Soy su esclava mi señora. 
-Sube al coche, a la parte de atrás. Vas a comerme bien el coño. 
-Sí mi señora. 
   Mientras María abandonaba la posición de castigo y abría una de las puertas traseras, Pilar se quitó la falda y miró a su alrededor. Seguía sin que hubiese nadie en el gigantesco parking. Perfecto. Aún le quedaban quince minutos. Abrió la otra puerta y entró. 
    
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 23 de Agosto de 2011 a las 17:28
Sadomasoquismo-15. 

   María estaba en el suelo, de rodillas. En su casa, en una de las habitaciones de la planta de arriba del chalecito, que se utilizaba como estudio. Era la habitación más pequeña y una gran mesa lo ocupaba casi todo, delante de la ventana. Sobre la mesa, el ordenador, con todos sus aparatitos desplegándose de un lado a otro, y sobre la moderna pantalla plana, la cámara webcam, que tenía el piloto azul de funcionamiento encendido y que apuntaba a María. Había apartado a un lado la silla con ruedas que estaba siempre delante de la mesa y ella, arrodillada, ocupaba ahora el sitio de la silla. Aunque estaba sola, todas las cortinas de la casa estaban echadas, y a su espalda, había cerrado la puerta. Guardaba con especial cuidado la posición que Pilar le había ordenado mantener siempre que hablase con ella por videoconferencia. Las rodillas en el suelo enmoquetado, pero las piernas muy abiertas, el culo espigado hacia fuera, la espalda inclinada pero erguida, y ambas manos agarrándose las tetas y dirigiendo los pezones hacia la pantalla, como ofreciéndoselos a su ama. También Pilar se había ocupado de ordenarle lo que tenía que llevar puesto en esas ocasiones; unos zapatos negros de tacón de aguja altísimos que había comprado para María en un sex-shop y se los había regalado, y el pelo bien apretado y recogido en un moño. Nada más. Por supuesto tenía que afeitarse el coño y los sobacos todos los días, al igual que tenía que depilarse las piernas semanalmente. Además, para asegurarse de que las videoconferencias podían desarrollarse técnicamente sin ninguna dificultad, Pilar le había enviado a un par de informáticos para revisar y programar correctamente su ordenador. Los técnicos además, le explicaron unas sencillas reglas para establecer la videoconferencia con Pilar de manera rápida y cómoda. Ahora Pilar estaba encerrada en su despacho, porque le tocaba reunión con otros jefes de zona, también por videoconferencia, pero acababa de terminar en ese momento y vio que se encendía en su pantalla el piloto que indicaba que María se acababa de enganchar y que estaba esperando para poder hablar con ella. Perfecto. La puerta de su despacho podía permanecer cerrada todavía otros treinta minutos más sin levantar sospechas; así que se arrellanó bien en su asiento, se levantó un poco la falda y mientras se metía la mano en las bragas, dio al botón para conectar con María. 
-Habla perra. 
   Los informáticos habían hecho un buen trabajo; la imagen era perfecta y el sonido era alto y claro. María, como siempre que veía por primera vez a Pilar en pantalla, se quedó inicialmente muda, con cara de adoración y sorpresa. Tras esos instantes de incertidumbre, reaccionaba enseguida. 
-Buenos días mi señora.- Pilar llevaba los fones con micrófono y el pelo también recogido en un moño, como ella, sobre un traje gris ajustado muy de ejecutiva. La lanzaba una mirada cruel y morbosa. Estaba soberbia, pensó María, guardando con cuidado la posición, pues sabía que en ese momento estaba siendo analizada cuidadosamente. 
-Estimúlate los pezones, los quiero erguidos como espinas cada vez que hables conmigo. 
-Sí mi señora, enseguida mi señora, lo siento mi señora.- De inmediato de dejó los pechos y utilizó ambas manos para pellizcarse y retorcerse con fuerza los dos pezones al mismo tiempo. Por la cara de dolor que ponía lo estaba haciendo en serio. Pilar sonrió. 
-¿Está bien ahora mi señora? 
-Mejor. 
-Gracias mi señora. 
-Vuelve a levantarte las tetas con las manos. La posición ¿Recuerdas? 
-Sí mi señora. 
-Pero apriétalas fuerte, quiero que te hagas daño. 
-Sí mi señora. 
-Así, muy bien. Habla ahora perra. 
-Me he atrevido a llamarla a usted porque mi señora me ordenó que en cuanto estuviera disponible para ella le informara inmediatamente. 
-¿Y qué ha pasado? 
-Que ayer por la noche llamaron mi marido para decirle que otro de los camioneros de su empresa había caído enfermo y que si él podía sustituirle y hacer un viaje a Alemania. El caso es que aceptó, mi señora, y se fue esta mañana temprano y yo ya estoy disponible para mi señora hasta pasado mañana por la noche. 
-Perfecto. Date la vuelta y enséñame el coño, quiero ver si lo llevas bien afeitado. 
-Sí mi señora.- María se dio media vuelta y se puso de cuclillas, orientando el chocho hacia la webcam y abriéndose la raja con las manos. Ahora todos sus movimientos  orientados a ofrecer una buena imagen de su intimidad. 
-Bien, muy bien, parece el culito de un bebé; así me gusta perra. 
-Gracias mi señora. 
-Sigue así, no te muevas. 
-Sí mi señora. 
-En cuanto a esa limitación que me pusiste al principio de no penetrarte por el culo, creo que vamos a empezar a irla superando. 
-¿Superando... mi señora? 
-Sí. Tú eres mi perra ¿No es así? 
-Claro que sí mi señora, yo soy su esclava, usted tiene derecho para hacer conmigo lo que quiera. 
-Pues entonces, coincidirás conmigo, en que no es justo que yo no pueda follar a la perra de mi esclava por donde me de la gana, incluido el culo. 
-Tiene razón mi señora. Yo sólo quiero complacerla. 
-Para que te vayas a costumbrando ve a la cocina, coge una zanahoria pequeña, la lubricas con saliva y te la metes en el culo hasta el fondo, que no se vea. Y la llevarás ahí hasta que yo te diga. 
   Sin decir una palabra María se levantó y con los rápidos pasitos que le permitían aquellos taconazos, abrió la puerta y salió de la habitación. Un culazo precioso, pensó Pilar, y sonrió saboreando la idea de que era todo suyo. No tardó ni un minuto en regresar. Jadeaba un poco. Se había dado prisa, como tenía que ser. Y llevaba una zanahoria en la mano que antes de nada enseñó a la cámara. 
-Es bastante pequeña, pero para comenzar, nos vale. Tu agujero es demasiado estrecho y eso tenemos que cambiarlo. 
-Sí mi señora. 
-Ya sabes lo que tienes que hacer, perra; lo humedeces con la boca y todo para dentro. 
-Sí mi señora. 
   María dio media vuelta para mostrar bien cómo se metía la zanahoria por el culo y mantenía la cabeza girada para que, además, Pilar no dejara de verle el rostro. Aunque había dejado la zanahoria chorreando de saliva le costó introducirla al principio. Empujó con fuerza hacia dentro. Su cara trasmitía auténtico dolor; apretaba los dientes y se quejaba. Por fin la metió toda y con el dedo índice estirado la sumergió completamente en el agujero. 
-Ya está mi señora. 
-A la posición. 
-Sí mi señora. 
-Esos pezones, perra. 
-Lo siento mi señora. 
   María volvió a pellizcárselos, a retorcérselos y ahora, además, se dio dolorosas tobas hasta que los puso erguidos. 
-Ya está mi señora; y me agarro las tetas con todas mis fuerzas; me estoy clavando las uñas por debajo mi señora. 
-¿Te duele la zanahoria? 
-Un poco mi señora. 
-Repito; no puedes sacártela hasta que yo te diga, pero si te entran ganas de cagar o el dolor se vuelve insoportable, me llamarás para pedirme permiso, y yo, quizás, te autorice a quitártela. 
-Sí mi señora ¿Puedo preguntar algo a mi señora? 
-Adelante perra. 
-¿Hoy va a venir a verme mi señora? 
-Sí, pero hasta la tarde no puedo. 
-Muchas gracias mi señora. 
-Como quedan muchas horas hasta entonces quiero que mientras tanto, para que no te aburras, hagas algo para mi. 
-Lo que diga mi señora. 
-Tengo un esclavo que se llama Paco. Lo he aceptado bajo mi dominio hace muy poco, pero ya me he encontrado con él un par de veces en párkines solitarios. Tiene un cuerpo bonito, un aguante al dolor bastante alto y obedece bien. Creo que ha llegado el momento de que yo tenga con él una sesión de verdad, así que hoy haremos una sesión conjunta, los tres. 
-¿Los tres... mi señora? 
-Sí zorra, y no pongas esa cara. Él, tú y yo, una sesión conjunta. Me gusta usar a un esclavo y a una esclava al mismo tiempo ¿Tienes algún problema con eso? 
-Pero... ¿sería aquí... en mi casa... esta tarde... mi señora? 
-Por supuesto, me acabas de decir que estás sola y disponible ¿No es cierto? 
-Sí mi señora... pero es que... un hombre... un desconocido... me da un poco de miedo. 
-Mira María; te lo dije al principio y te lo vuelvo a repetir ahora; aquí las cosas se hacen como me salga a mi del coño y a ti sólo te toca obedecer y dar las gracias. Por supuesto que eres libre de elegir entre ser o no ser mi esclava, pero si eliges serlo, las cosas se hacen así y punto. Así que decídete ahora mismo ¿seguimos o lo dejamos? 
   A María le salió un puchero y las lágrimas comenzaron a recorrerle las mejillas. Como pudo, y entre sollozos, consiguió hablar. 
-Por favor señora, se lo suplico, no me deje, soy una idiota. 
-Las tetas. No me gusta repetir tanto las cosas. Te dije que te las apretases con fuerza cuando hablases conmigo por videoconferencia. 
   Sin decir palabra, y como para redimirse de un pecado recién cometido, María tomó aliento, y se apretó los pechos, cada uno con una mano, agarrándolos en garra por debajo, con tanta fuerza, que resoplaba y se puso morada. Hasta se hizo un poco de sangre con las uñas. Se tiró así más de medio minuto, haciéndose daño en serio, resoplando y llorando al mismo tiempo. Pilar se excitó muchísimo viéndola así de atacada y la dejó hacer mientras se metía los dedos de cuatro en cuatro. Por fin paró y miró a la pantalla, tenía la cara hecha unos zorros; el rímel se le había corrido y sus tetas y sus manos estaban amoratonadas. 
-Por favor mi señora; castígueme.- Dijo.-  Soy una estúpida y merezco ser castigada. 
-Bien perra; veo que has recuperado el sentido común. 
-Sólo quiero servir a mi señora. 
-Pero sí, tienes razón, como me has molestado un poco, esta tarde voy a castigarte, y voy a castigarte en serio, para que no olvides la lección. 
-Sí mi señora, me lo merezco mi señora, muchas gracias mi señora. 
-Haré que mi esclavo aparezca enseguida y os indicaré como prepararos hasta que yo llegue. 
-Lo que diga mi señora. 
-Ahora coges el móvil y el consolador que te regalé, el grande, y te vas al salón, y allí, de rodillas en el suelo, como una perra, te masturbarás pensando en mí hasta que el esclavo llame al timbre de la puerta. 
-Sí mi señora. 
-Y no te limpies la cara; el rímel corrido te da un aspecto de esclava desconsolada que me complace. 
-Sí mi señora. 
-Voy a cortar. Obedece. 
-Sí mi señora. 
   María se agachó hasta besar y lamer el suelo; era la manera como se le había dicho que tenía que despedirse. Pilar había cortado la videoconferencia. María se dejó las tetas y soltó un gritito de dolor, se las había apretado de verdad, pensó. Pulsó las teclas que le habían dicho los informáticos y se levantó tambaleante. Ya se estaba acostumbrando a los tacones  y la zanahoria parecía que no la molestaba mucho. De manera instintiva se llevó la muñeca a la cara, para limpiarse las lágrimas, pero de inmediato recordó que Pilar quería que mantuviese el rostro manchado, como lo tenía ahora, así que se contuvo y fue a coger lo que se le había dicho. Mientras bajaba las escaleras del chalecito, despacio, por los altísimos tacones, con el móvil en una mano y el consolador en la otra, pensó en lo buena ama que era Pilar, que la permitía ahora pasar un buen rato pajeándose pensando en su dueña. Se puso de rodillas y se metió la polla hasta la mitad de la primera estocada. Estaba chorreando. Qué buena era Pilar y cómo deseaba que llegase cuanto antes para que la castigara. Ser azotada complacía tanto a su señora que después de lo mal que se había portado, eso era lo menos que podía hacer con ella, pensó. Y la metió hasta dentro, antes de volverla a sacar. 
 
 
salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 3 de Septiembre de 2011 a las 13:56
Sadomasoquismo-16. 

   Cuando sonó el timbre del chalet María estaba en el suelo, en medio del salón, hecha un tembloroso ovillo. Continuaba en pelotas, solo con los zapatos de taconazos altísimos y la cinta del pelo recogido en una moña. El consolador, que sujetaba con su mano derecha, estaba empapado en sus propios fluidos y había dejado un charquito en el suelo. Toda ella estaba enrojecida, jadeante y cubierta de gotitas de sudor. Pilar la había ordenado que se pajease sin descanso hasta que su esclavo llamase a la puerta y ella había cumplido la orden a rajatabla. Ya se había corrido dos veces e iba a por la tercera cuando oyó la puerta. Debía de ser Paco. Pilar dijo que el esclavo se llamaba Paco. Tambaleante se levantó. Dejó el móvil y el consolador encima de la mesa de comedor y andó deprisa  hasta la entrada. Por supuesto, como se le había dicho, continuaba con todo el rímel corrido en la cara y los chorretones de lágrimas que había soltado durante la videoconferencia. También, como se mordió los labios cuando se estaba pajeando, se le había corrido el lápiz de labios. Así que el maquillaje de su rostro se había convertido en un cuadro abstracto. Antes de nada miró por la mirilla de la puerta. Efectivamente; ahí estaba el hombre. Alto, moreno, pelo corto y fuerte, ligero bigote que le quedaba bien, complexión atlética, labios carnosos y una dentadura perfecta. Estaba hablando por el móvil. María abrió la puerta con cuidado, poniéndose justamente detrás, para que nadie desde fuera pudiera verla. Paco entró inmediatamente sin decir nada, y él mismo, cerró otra vez la puerta a sus espaldas. Miró a María, extrañándose un poco al verla la cara, pero tampoco dijo nada, simplemente le alargó el móvil que tenía en la mano para que ella lo cogiera. María, mientras tanto, que no sabía muy bien qué hacer, delante de un perfecto desconocido al que acababa de permitir entrar en su casa, intentaba taparse, un poco patéticamente, el coño y las tetas con los brazos.Como no reaccionaba Paco le puso el móvil junto a la cara y comenzó a moverlo. Era evidente que quería que cogiese el aparato de inmediato.  
-¿El móvil?- Preguntó María. 
   Paco asintió con la cabeza, sin emitir ningún sonido, con la cara un poco desesperada. Por fin ella lo cogió y se lo puso al oído. 
-¿Sí? 
-Ya era hora perra.- Era Pilar. 
-Perdón mi señora, no sabía que era usted. 
-Ya te dije antes que se llama Paco; le he prohibido hablar hasta que yo llegue pero tú si quieres puedes hablarle. 
-Muy bien mi señora. 
-¿Sigue la zanahoria en su sitio? 
-Sí mi señora. 
-¿Duele? 
-Ya no mi señora; hasta comenzó a gustarme un poquito cuando me masturbaba. 
-Eres un putón. Al final te va a encantar que te den bien por el culo. 
-Yo soy feliz complaciendo a mi señora. 
-No me he olvidado del castigo. 
-Me lo tengo bien merecido mi señora. 
-Bien. Centrémonos ahora en el esclavo. 
-Sí mi señora. 
-Yo tardaré todavía aproximadamente una hora y media o quizás dos horas en llegar, así que quiero que comiences a preparármelo. 
-¿Cómo, mi señora? 
-Humillación. 
-¿Humillación? 
-Sí. Quiero que lo vistas de putón. De auténtica zorra barata. Y como guinda lo quiero con un lacito rosa en la punta de la polla ¿Has entendido perra? 
-Sí mi señora. 
-Cuando esté como una puta, que te saque la zanahoria, que la limpie con la boca y que te la vuelva a meter en el culo. 
-Sí mi señora. 
-Y por último, delante de él, para que te vea bien, te sigues pajeando a lo bestia hasta que yo llegue. 
-Sí mi señora. 
-Obedece. 
   Pilar cortó. María le dio el móvil a Paco y éste se lo guardó de inmediato en el bolsillo. 
-Hola ¿Te llamas Paco, verdad? 
   Él asintió con la cabeza. Tenía un rostro bonito, viril y proporcionado. 
-Ay, perdón, que no puedes hablar. 
   Volvió a asentir. 
-La señora me ha dicho lo que quiere que yo haga contigo, así que sígueme, vamos al dormitorio. 
   De repente María se sintió totalmente a gusto y relajada con la situación. Se separó los brazos del cuerpo, consciente de su desnudez, y delante de Paco comenzó a andar como una gatita para que él pudiera disfrutar con la visión de su culito. La verdad, pensó María, que estaba bastante bueno y se dio cuenta de que le gustaba estar así, en pelotas y con taconazos, delante de él. Subieron las escaleras, ella muy despacio. Él detrás, la observaba con expresión humilde y sonreía un poco. Ella también sonreía, y de vez en cuando, le miraba. Entraron en la habitación, en la que tuvo su primera sesión con Pilar, y María se dirigió al enorme armario y abrió sus puertas de par en par. Estaba preciosa, y se movía coqueta y exquisita, exhibiendo las tambaleantes desnudeces de sus tetas, caderas, nalgas y vientre, sobre aquellos tacones altísimos de aguja. 
-Te tengo que vestir; voy a sacar lo que voy a ponerte y tú, mientras tanto, desnúdate. Debes quitártelo todo. Completamente desnudo. 
 
salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 12 de Septiembre de 2011 a las 18:28
Sadomasoquismo-17. 

   Paco obedeció al instante, lenta y metódicamente. Se deshizo de toda su ropa y la puso, doblada y ordenada, sobre una butaquita. Estaba bueno y musculoso. Tenía muy poco vello en el cuerpo y, por supuesto, como le gustaba a Pilar, la polla completamente afeitada. Una buena polla, que en ese momento tenía medio dura y un poco levantada. María se admiró de sí misma por la naturalidad con que se estaba comportando en aquella situación. Con las manos en jarra y contoneando las caderas se acercó a Paco y muy cerca de su rostro dio un par de vueltas a su alrededor para observarle bien. Le gustó mucho su pollón gordo y su culo de potrillo, duro y poderoso. 
   María terminó de poner la ropa que había seleccionado sobre la cama y le hizo una seña a Paco para que se acercara un poco. 
-Me ha dicho la señora que te vista de puta barata. Siéntate y ponte estas medias. 
   Con cierto titubeo por la falta de costumbre Paco obedeció y se puso unos medias blancas a medio muslo. 
-Las sandalias. 
   Eran de tacón y abiertas por detrás, con su talla de pie eran las únicas que le cabían. María vio que le quedaban apretadas pero que podía andar. Tras un par de pruebas rechazó la idea de ponerle tanga o bragas de triángulo porque la polla abultaba mucho o directamente se salía por algún lado. Sin bragas. En la cintura le puso un pequeño corsé superajustado, que le costó bastante abrochar, pero que al final le dejó la cadera que parecía la de una tía, y por detrás, con su culo tan musculoso, no quedaba nada mal. Por último camisón blanco de satén, ajustado, y hasta el comienzo de las piernas. Parecía una minifalda tipo cinturón y la polla, que se había endurecido un poco más durante toda la sesión de vestuario, levantaba ostensiblemente el extremo del camisón por delante, y quedaba chocante, y morboso. 
-Ahora voy a maquillarte.- Por supuesto; mejillas casi naranjas, labios muy rojos, color de ojos fuerte, rímel postizo y cinta al pelo. Todo muy ostentosamente femenino. Muy repollo. María contempló su obra satisfecha unos instantes. Ambos tenían la misma altura. Estaban de pie, frente a frente, casi pegados. Mirándose. 
-El último detalle; súbete el camisón. 
   María se arrodilló y le cogió la polla con las manos. La miraba con adoración y dulzura. Le pareció preciosa. Le dio un par de besitos muy lentos antes de ponerle un lacito rosa cuyo nudo hizo con esmero para que no se soltase. 
-Ya está. Perfecto.- Vio la polla con el lacito y la acarició satisfecha. Acercó finalmente el rostro, sin poder evitarlo, y se metió la punta, solo la punta, en la boca, como si fuese la pajita de un refresco y se quedó así, absorviéndola y jugueteándola con la lengua un rato. Cuando terminó alzó el rostro y le miró. 
-Arrodíllate tú también, a mi lado. 
   Paco lo hizo y ambos quedaron juntos en el suelo. María le tomó la mano, como si fuese a contarle un secreto. 
-Mira; la señora me ordenó que me metiera una zanahoria en el culo porque dice que tengo muy estrecho el agujero y quiere que se me dilate. Así que todavía la llevo aquí dentro.- Se señaló las nalgas.- Y también me dijo que después de vestirte, me sacaras tú la zanahoria, la limpiaras con la boca y después me la volvieras a meter en el culo, muy despacio, y con mucho cuidado ¿Entendido? 
   Paco asintió varias veces con la cabeza. 
-Pues vale; vamos a hacerlo. 
   María se dio la vuelta y bajó la cabeza hasta pegar la mejilla en el suelo, manteniendo las piernas muy abiertas y el culo muy levantado delante de Paco, que sin perder un segundo, le puso las manos en las nalgas, abriéndole a tope el agujero del culo. María soltó un suspiro de placer al sentir aquellas manazas viriles abriéndole las nalgas. Como tenía el coño visiblemente mojado metió allí los dedos con los que iba a sacar la zanahoria, para lubricarlos. Ella suspiró más. Cuando estuvieron bien mojados volvió al culo, los metió hasta la mitad y sacó poco a poco la hortaliza. No estaba muy sucia, pero sin pensarlo se la llevó a la boca y comenzó a lamerla hasta que la dejó reluciente. María ahora daba grititos entrecortados. Volvió a abrirle el agujero con la mano y con la otra, poco a poco, empezó a metérsela hasta el fondo. Por último empujó, con el dedo índice, el extremo gordo hacia dentro, hasta que desapareció. 
   María se irguió y se dio la vuelta, sujetándose las nalgas con las manos. 
-Gracias.- Le dio un beso a Paco en los labios, pero inmediatamente, se llevó la mano a la boca, como quien se descubre a si mismo cometiendo una falta involuntaria.- !Ay! No vaya a corrersete el pintalabios. Lo siento. 
   Paco asintió, pero sacó la lengua y la mantuvo así, apuntando a la boca de María. Ella comprendió que quería más, sin estropearse el maquillaje y con su lengua tocó y jugueteó con la lengua de Paco unos minutos. Mientras lo hacía, él la abrazó, magreándole duro el culo y pasándole con fuerza la mano por el coño. Ella le puso una mano en el hombro y con la otra le agarró la polla. Sentía la cinta rosa en medio de la palma de su mano. Ahora sí que estaba dura y levantada. 
   María puso fin a la escena poniéndose de pie. 
-Sígueme, aún queda una orden por cumplir. 
   Salió de la habitación y bajó hasta el salón mientras Paco la seguía. 
-Quédate aquí, de rodillas, y no dejes de mirarme; tienes que prestar atención y ver bien lo que hago hasta que llegue la señora. 
   Él se acomodó en el suelo y María cogió el consolador grande y negro que había dejado encima de la mesa y se sentó, también en el suelo, delante de Paco, a un par de metros, para que pudiera verla bien de cuerpo entero. Abrió del todo las piernas, se abrió la raja del coño con la mano izquierda y con la otra mano agarró con fuerza la polla de goma. Miró a Paco. 
-No dejes de mirarme, ni un segundo, son las órdenes de la señora. 
   Y se clavó hasta el fondo el consolador sin más preámbulos. 

silanm
Mensajes: 11
Fecha de ingreso: 17 de Marzo de 2011
  • CITAR
  • 14 de Septiembre de 2011 a las 1:31
cita de salazar Sadomasoquismo-17. 

   Paco obedeció al instante, lenta y metódicamente. Se deshizo de toda su ropa y la puso, doblada y ordenada, sobre una butaquita. Estaba bueno y musculoso. Tenía muy poco vello en el cuerpo y, por supuesto, como le gustaba a Pilar, la polla completamente afeitada. Una buena polla, que en ese momento tenía medio dura y un poco levantada. María se admiró de sí misma por la naturalidad con que se estaba comportando en aquella situación. Con las manos en jarra y contoneando las caderas se acercó a Paco y muy cerca de su rostro dio un par de vueltas a su alrededor para observarle bien. Le gustó mucho su pollón gordo y su culo de potrillo, duro y poderoso. 
   María terminó de poner la ropa que había seleccionado sobre la cama y le hizo una seña a Paco para que se acercara un poco. 
-Me ha dicho la señora que te vista de puta barata. Siéntate y ponte estas medias. 
   Con cierto titubeo por la falta de costumbre Paco obedeció y se puso unos medias blancas a medio muslo. 
-Las sandalias. 
   Eran de tacón y abiertas por detrás, con su talla de pie eran las únicas que le cabían. María vio que le quedaban apretadas pero que podía andar. Tras un par de pruebas rechazó la idea de ponerle tanga o bragas de triángulo porque la polla abultaba mucho o directamente se salía por algún lado. Sin bragas. En la cintura le puso un pequeño corsé superajustado, que le costó bastante abrochar, pero que al final le dejó la cadera que parecía la de una tía, y por detrás, con su culo tan musculoso, no quedaba nada mal. Por último camisón blanco de satén, ajustado, y hasta el comienzo de las piernas. Parecía una minifalda tipo cinturón y la polla, que se había endurecido un poco más durante toda la sesión de vestuario, levantaba ostensiblemente el extremo del camisón por delante, y quedaba chocante, y morboso. 
-Ahora voy a maquillarte.- Por supuesto; mejillas casi naranjas, labios muy rojos, color de ojos fuerte, rímel postizo y cinta al pelo. Todo muy ostentosamente femenino. Muy repollo. María contempló su obra satisfecha unos instantes. Ambos tenían la misma altura. Estaban de pie, frente a frente, casi pegados. Mirándose. 
-El último detalle; súbete el camisón. 
   María se arrodilló y le cogió la polla con las manos. La miraba con adoración y dulzura. Le pareció preciosa. Le dio un par de besitos muy lentos antes de ponerle un lacito rosa cuyo nudo hizo con esmero para que no se soltase. 
-Ya está. Perfecto.- Vio la polla con el lacito y la acarició satisfecha. Acercó finalmente el rostro, sin poder evitarlo, y se metió la punta, solo la punta, en la boca, como si fuese la pajita de un refresco y se quedó así, absorviéndola y jugueteándola con la lengua un rato. Cuando terminó alzó el rostro y le miró. 
-Arrodíllate tú también, a mi lado. 
   Paco lo hizo y ambos quedaron juntos en el suelo. María le tomó la mano, como si fuese a contarle un secreto. 
-Mira; la señora me ordenó que me metiera una zanahoria en el culo porque dice que tengo muy estrecho el agujero y quiere que se me dilate. Así que todavía la llevo aquí dentro.- Se señaló las nalgas.- Y también me dijo que después de vestirte, me sacaras tú la zanahoria, la limpiaras con la boca y después me la volvieras a meter en el culo, muy despacio, y con mucho cuidado ¿Entendido? 
   Paco asintió varias veces con la cabeza. 
-Pues vale; vamos a hacerlo. 
   María se dio la vuelta y bajó la cabeza hasta pegar la mejilla en el suelo, manteniendo las piernas muy abiertas y el culo muy levantado delante de Paco, que sin perder un segundo, le puso las manos en las nalgas, abriéndole a tope el agujero del culo. María soltó un suspiro de placer al sentir aquellas manazas viriles abriéndole las nalgas. Como tenía el coño visiblemente mojado metió allí los dedos con los que iba a sacar la zanahoria, para lubricarlos. Ella suspiró más. Cuando estuvieron bien mojados volvió al culo, los metió hasta la mitad y sacó poco a poco la hortaliza. No estaba muy sucia, pero sin pensarlo se la llevó a la boca y comenzó a lamerla hasta que la dejó reluciente. María ahora daba grititos entrecortados. Volvió a abrirle el agujero con la mano y con la otra, poco a poco, empezó a metérsela hasta el fondo. Por último empujó, con el dedo índice, el extremo gordo hacia dentro, hasta que desapareció. 
   María se irguió y se dio la vuelta, sujetándose las nalgas con las manos. 
-Gracias.- Le dio un beso a Paco en los labios, pero inmediatamente, se llevó la mano a la boca, como quien se descubre a si mismo cometiendo una falta involuntaria.- !Ay! No vaya a corrersete el pintalabios. Lo siento. 
   Paco asintió, pero sacó la lengua y la mantuvo así, apuntando a la boca de María. Ella comprendió que quería más, sin estropearse el maquillaje y con su lengua tocó y jugueteó con la lengua de Paco unos minutos. Mientras lo hacía, él la abrazó, magreándole duro el culo y pasándole con fuerza la mano por el coño. Ella le puso una mano en el hombro y con la otra le agarró la polla. Sentía la cinta rosa en medio de la palma de su mano. Ahora sí que estaba dura y levantada. 
   María puso fin a la escena poniéndose de pie. 
-Sígueme, aún queda una orden por cumplir. 
   Salió de la habitación y bajó hasta el salón mientras Paco la seguía. 
-Quédate aquí, de rodillas, y no dejes de mirarme; tienes que prestar atención y ver bien lo que hago hasta que llegue la señora. 
   Él se acomodó en el suelo y María cogió el consolador grande y negro que había dejado encima de la mesa y se sentó, también en el suelo, delante de Paco, a un par de metros, para que pudiera verla bien de cuerpo entero. Abrió del todo las piernas, se abrió la raja del coño con la mano izquierda y con la otra mano agarró con fuerza la polla de goma. Miró a Paco. 
-No dejes de mirarme, ni un segundo, son las órdenes de la señora. 
   Y se clavó hasta el fondo el consolador sin más preámbulos. 

Ainsss! Salazar siempre nos dejas con ganas de mas, espero que tardes poco en poner mas.

Un saludo

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 14 de Septiembre de 2011 a las 23:14
cita de Silanm
cita de salazar Sadomasoquismo-17. 

   Paco obedeció al instante, lenta y metódicamente. Se deshizo de toda su ropa y la puso, doblada y ordenada, sobre una butaquita. Estaba bueno y musculoso. Tenía muy poco vello en el cuerpo y, por supuesto, como le gustaba a Pilar, la polla completamente afeitada. Una buena polla, que en ese momento tenía medio dura y un poco levantada. María se admiró de sí misma por la naturalidad con que se estaba comportando en aquella situación. Con las manos en jarra y contoneando las caderas se acercó a Paco y muy cerca de su rostro dio un par de vueltas a su alrededor para observarle bien. Le gustó mucho su pollón gordo y su culo de potrillo, duro y poderoso. 
   María terminó de poner la ropa que había seleccionado sobre la cama y le hizo una seña a Paco para que se acercara un poco. 
-Me ha dicho la señora que te vista de puta barata. Siéntate y ponte estas medias. 
   Con cierto titubeo por la falta de costumbre Paco obedeció y se puso unos medias blancas a medio muslo. 
-Las sandalias. 
   Eran de tacón y abiertas por detrás, con su talla de pie eran las únicas que le cabían. María vio que le quedaban apretadas pero que podía andar. Tras un par de pruebas rechazó la idea de ponerle tanga o bragas de triángulo porque la polla abultaba mucho o directamente se salía por algún lado. Sin bragas. En la cintura le puso un pequeño corsé superajustado, que le costó bastante abrochar, pero que al final le dejó la cadera que parecía la de una tía, y por detrás, con su culo tan musculoso, no quedaba nada mal. Por último camisón blanco de satén, ajustado, y hasta el comienzo de las piernas. Parecía una minifalda tipo cinturón y la polla, que se había endurecido un poco más durante toda la sesión de vestuario, levantaba ostensiblemente el extremo del camisón por delante, y quedaba chocante, y morboso. 
-Ahora voy a maquillarte.- Por supuesto; mejillas casi naranjas, labios muy rojos, color de ojos fuerte, rímel postizo y cinta al pelo. Todo muy ostentosamente femenino. Muy repollo. María contempló su obra satisfecha unos instantes. Ambos tenían la misma altura. Estaban de pie, frente a frente, casi pegados. Mirándose. 
-El último detalle; súbete el camisón. 
   María se arrodilló y le cogió la polla con las manos. La miraba con adoración y dulzura. Le pareció preciosa. Le dio un par de besitos muy lentos antes de ponerle un lacito rosa cuyo nudo hizo con esmero para que no se soltase. 
-Ya está. Perfecto.- Vio la polla con el lacito y la acarició satisfecha. Acercó finalmente el rostro, sin poder evitarlo, y se metió la punta, solo la punta, en la boca, como si fuese la pajita de un refresco y se quedó así, absorviéndola y jugueteándola con la lengua un rato. Cuando terminó alzó el rostro y le miró. 
-Arrodíllate tú también, a mi lado. 
   Paco lo hizo y ambos quedaron juntos en el suelo. María le tomó la mano, como si fuese a contarle un secreto. 
-Mira; la señora me ordenó que me metiera una zanahoria en el culo porque dice que tengo muy estrecho el agujero y quiere que se me dilate. Así que todavía la llevo aquí dentro.- Se señaló las nalgas.- Y también me dijo que después de vestirte, me sacaras tú la zanahoria, la limpiaras con la boca y después me la volvieras a meter en el culo, muy despacio, y con mucho cuidado ¿Entendido? 
   Paco asintió varias veces con la cabeza. 
-Pues vale; vamos a hacerlo. 
   María se dio la vuelta y bajó la cabeza hasta pegar la mejilla en el suelo, manteniendo las piernas muy abiertas y el culo muy levantado delante de Paco, que sin perder un segundo, le puso las manos en las nalgas, abriéndole a tope el agujero del culo. María soltó un suspiro de placer al sentir aquellas manazas viriles abriéndole las nalgas. Como tenía el coño visiblemente mojado metió allí los dedos con los que iba a sacar la zanahoria, para lubricarlos. Ella suspiró más. Cuando estuvieron bien mojados volvió al culo, los metió hasta la mitad y sacó poco a poco la hortaliza. No estaba muy sucia, pero sin pensarlo se la llevó a la boca y comenzó a lamerla hasta que la dejó reluciente. María ahora daba grititos entrecortados. Volvió a abrirle el agujero con la mano y con la otra, poco a poco, empezó a metérsela hasta el fondo. Por último empujó, con el dedo índice, el extremo gordo hacia dentro, hasta que desapareció. 
   María se irguió y se dio la vuelta, sujetándose las nalgas con las manos. 
-Gracias.- Le dio un beso a Paco en los labios, pero inmediatamente, se llevó la mano a la boca, como quien se descubre a si mismo cometiendo una falta involuntaria.- !Ay! No vaya a corrersete el pintalabios. Lo siento. 
   Paco asintió, pero sacó la lengua y la mantuvo así, apuntando a la boca de María. Ella comprendió que quería más, sin estropearse el maquillaje y con su lengua tocó y jugueteó con la lengua de Paco unos minutos. Mientras lo hacía, él la abrazó, magreándole duro el culo y pasándole con fuerza la mano por el coño. Ella le puso una mano en el hombro y con la otra le agarró la polla. Sentía la cinta rosa en medio de la palma de su mano. Ahora sí que estaba dura y levantada. 
   María puso fin a la escena poniéndose de pie. 
-Sígueme, aún queda una orden por cumplir. 
   Salió de la habitación y bajó hasta el salón mientras Paco la seguía. 
-Quédate aquí, de rodillas, y no dejes de mirarme; tienes que prestar atención y ver bien lo que hago hasta que llegue la señora. 
   Él se acomodó en el suelo y María cogió el consolador grande y negro que había dejado encima de la mesa y se sentó, también en el suelo, delante de Paco, a un par de metros, para que pudiera verla bien de cuerpo entero. Abrió del todo las piernas, se abrió la raja del coño con la mano izquierda y con la otra mano agarró con fuerza la polla de goma. Miró a Paco. 
-No dejes de mirarme, ni un segundo, son las órdenes de la señora. 
   Y se clavó hasta el fondo el consolador sin más preámbulos. 

Ainsss! Salazar siempre nos dejas con ganas de mas, espero que tardes poco en poner mas.

Un saludo

   Gracias Silamn, y en cuanto a tu pregunta, tardaré lo de siempre. Poco más de una semana. Espero a que me visiten los trescientos y pico que los hacen siempre, porque me gusta apurar los placeres despacio, y porque viendo sus visitas, asisto fascinado, y me excita, su interés por los sexual y por lo desbocado. Por lo que escribo. Asisto, mentalmente erecto, a un reducidísimo espacio en el que yo soy un escritor de éxito. Soy el nuevo Marques de Sade, Y el espacio es reducido. Bubok. Pero reino. Yo. Reino. 
   Y ahora, con lo de Pelagio... recordar París y que siempre os quedará Salazar en este antro. 
 
salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 24 de Septiembre de 2011 a las 13:24

Sadomasoquismo-18.

 

   María volvió a abrir la puerta de la calle con cuidado, de manera que nadie pudiera verla, desnuda como estaba, desde fuera. Luego corrió todo lo que los taconazos que llevaba le permitían, hasta el salón, donde Paco esperaba arrodillado, con la cabeza muy baja. María se pegó junto a él y se arrodilló igual. Era Pilar la que acababa de llegar.Enfundada en su traje azul marino ajustado de ejecutiva y tras las gafas de sol que aún no se había quitado, estaba exquisita. Tiró el bolso de piel que llevaba al suelo, junto al consolador mojado que yacía allí, y que María había estado utilizando en si misma sin interrupción, delante de Paco, hasta ese preciso momento en el que ella había llegado.

-Tú, esclavo; coge el consolador con la boca y lo llevas como si fuese un hueso.

-Sí mi ama.-Era la primera vez que le oía hablar y a María le pareció una voz carnosa y agradable, con cierto acento sureño.

-Y tú, esclava; coge la bolsa con la boca, del asa.

-Sí mi señora.- Además, María se dio cuenta de que ella misma siempre llamaba a Pilar "señora" y no "ama". Pensó que quizás debía de preguntarla de qué manera prefería que la llamase. Quería esforzarse para ser una buena esclava.

-Los dos a cuatro patas, como lo que sois, unos perros. Seguidme, rápido. Vamos al dormitorio.

   Y Pilar comenzó a andar, decidida y erguida, delante de ellos. María y Paco tuvieron que darse mucha prisa para seguir su ritmo a gatas, tanta, que se hicieron un poco de daño en las rodillas, pero a ninguno se le cayó duante el trayecto lo que llevaba en la boca.

-Dejar lo que lleváis en la cama y poneros de pie.

-Ya está mi ama.

-Sí mi señora.

-Desnudadme; quitármelo todo menos los zapatos.

   Y Pilar levantó los brazos y los puso en aspa para facilitar la labor. Esta vez sin decir palabra, pero sin perder un segundo, los dos comenzaron a desabrochar  a sacarle todas las prendas. Por último María le quitó el tanga y Paco el sujetador. Pilar estaba magnífica, con el pelo recogido en un moño y maquillada,  sólo sobre sus zapatos brillantes de medio tacón que resaltaban poderosamente sus piernas musculosas y femeninas, coronadas por sus caderas de cascada y sus nalgas generosas. Apenas tenía tetas pero los pezones se le disparaban hacia fuera como dardos. Y de toda aquella sinfonía anatómica, destacaba sobre todo, la raja perfectamente recta de su chocho, afeitado, raja simétrica y un poco abierta, como la rajita de una hucha con forma de cerdito rosado. Se llevó la mano al pubir y se la acarició con los dedos, cuyos extremos entraban y salían con facilidad de allí dentro.

-Perra.

-¿Sí mi señora?

-Abre el bolso y traeme la fusta. Voy a inspeccionaros.

-Enseguida mi señora.

   María le dio la fusta muy agachada, para evidencia su sumisión, y se puso al lado de Paco, con la mirada baja, ambos frente a ella.

-Y veo que has dejado a Paco muy guapa.

-Cumplí las órdenes de mi señora.

-¿Y tú cómo tienes el coño?

-Mojado mi señora.- María se abrió de piernas y avanzó el vientre y, efectivamente, Pilar le echó la mano al coño y comenzó a meterle y a sacarle los dedos rápidamente.

-Mojado no, perra, está empapado.

-Me estuve pajeando delante del esclavo como ordenó mi señora.

-¿Es cierto perro?

-Sí mi ama. No paró ni un segundo y estuvo así, tirada en el suelo, metiéndose y sacándose el consolador más de treinta minutos. Hasta que llamaste hace un momento a la puerta mi ama.

   Entonces dejó el coño de María y le cogió la polla a Paco, que sobresalía medio levantada del extremo del camisón rosa que llevaba. A pesar del ligero bigote, el maquillaje ostentoso que María le había hecho en l cara, no le quedaba mal. Parecía una mucheca japonesa, con cieto aire de morbosidad femenina, sobre la evidente virilidad de su cara.

-Muy mono el lacito, pero se lo apretaste demasaido.

-Lo siento mi señora.

-Ponte en posición; te daré seis fustazos en el culo por éso.

-Sí mi señora.

   Pilar lanzó el primero y María respondió sólo con un !ay! ras esperar un par de segundos, la cogió del pelo y la pegó el rostro a la cara para que la escuchara con atención.

-El culo espigado hacia fuera, las manos ujetándote las tetas y los cuentas, uno a uno, y después das las gracias por cada fustazo que recibas ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo putón?

-Perdón mi señora, lo siento mucho mi señora.

-En vez de seis serán doce, para que no te olvides de nada.

-Sí mi señora.

-Comenzamos. Atenta.

-Sí mi señora.

 

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
  • CITAR
  • 2 de Octubre de 2011 a las 16:27

Sadomasoquismo-19.

 

   Ahora el fustazo fue seguido también por un sincero ay, pero después dijo "uno" y "gracias mi señora". Siguieron uno tras otro hasta doce, interrumpidos solo por el tiempo necesario para que María pudiera deci tras cada golpe lo que tenía que decir.

-Ay, ay, ay... doce... gracias mi señora.- El gesto de dolor de María se fundía ahora perfectamente sobre su rostro de maquillaje corrido por todos lados. Inspiraba un patetimo intenso que a Pilar le pareció bellísimo; la cogió otra vez del pelo y la metió la lengua en la boca. María la correspondió de inmediato con dulzura, como hechizada, rodeándola con los brazos y acariciándole la espalda. Mientras la besaba con lengua, Pilar la pasaba la mano por las nalgas, decoradas ahora con las manchas rojas provocadas por los golpes de fusta. Ella contoneaba el culitocomo una gatita al sentir ahí la mano firme de su señora.

-Basta. Luego te aplicaré el otro castigo que te impuse por videoconferencia. No te creas que se me ha olvidado.

-No se preocupe mi señora. Aunque usted no hubiese dicho nada yo se lo habría recordado. Ya sé que tengo que recibir todos los castigos sin dejar ni uno.

-Bien. Ahora solucionaremos lo del lacito; arrodíllate delante de él, se lo quitas y después se la chupas un poco para desentumecerle la polla. Vamos.

-Sí mi señora.

   Pilar se sentó en la cama, co mo una reina, y comenzó a pajearse con los dedos mientras veía a María arrodillada, que ya había deshecho el nudo  y se la metía en la boca y comenzaba a chupar, hacia dentro u hacia fuera, moviendo la cabeza.

-¿Te la chupó antes sin mi permiso, perro?

-Sólo un poquito mi ama, cuando me puso el lacito.

   María, sin sacársela de la boca, asintió con la cabeza.

-Bueno; no te castigaré por eso. Hoy estoy generosa.

   María sontió como pudo, con el pene en la boca, sin interrumpir los movimientos y la lanzó una mirada de gratitud.

-Déjale ya la polla.

-Sí mi señora.

-Mira; se la has puesto demasiado dura; hay que bajarle ese calentón; no me gusta que los esclavos disfruten demasiado.

   Pilar se levantó.

-!De rodillas coño!

   Ambos obedecieron.

-Tú, perro, pega la cara al suelo y mantén bien levantado el culo.

-¿Así mi ama?

   Pilar se descalzó el pie derecho y por toda respuesta se lo puso en la mejilla ue no estaba pegada en la moqueta. Mientras le pisaba la cara se puso correctamente la correa del extremo de la fusta en la muñeca. María la miraba arrodillada a su lado, con las manos como un angelito, como quien mira a una diosa. Pilar reparó en su mirada enamorada y la acarició el rostro.

-Por cierto; a ti todavía no te he azotado las tetas ¿No?

-Todavía no, mi señora.

-Pues ya va siendo hora. El castigo que te queda va a ser ahí; vete pensando un número generoso de fustazos y luego me lo dices.

-Sí mi señora.

-Y tú, perro; lame y besa. Voy a azotarte el culo.-^Paco, como pudo, giró un poco el rostro y así comenzó a besar y a lamer entre los dedos el pie descalzo de Pilar. El prmer fustazo sonó fuerte y seco. Tuvo que doler bastante.

-Uno... ay... gracias mi ama...

-Dos... -Y así, sin apenas pausas, cayeron más de treinta. Al final Pilar se volvió a calzar el pie y observó las nalgas enrojecidas de Paco que guardaba inmóvil la posición. La polla, que se le veía colgando detrás de los hueos, entre las piernas, había bajado bastante. Pilar, sin avisar, agarró con fuerza a María por el pelo y la hundió la boca en el culo de Paco.

-Chúpale bien el agujero del culo, putón.- Y como quien intenta hablar comiendo, María pudo decir "sí mi señora".

-Se lo dejas bien lubricado con saliva.

   Ahora María asintió con la cabeza sin dejar de cumplir la orden. Mientras ella seguía, Pilar se agachó y cogió del suelo el consolador. Se lo dio a María.

-Méteselo hasta el fondo.

-Sí mi señora.

 

 

 

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 15 de Octubre de 2011 a las 22:08

Sadomasoquismo-20.

 

   María cogió la polla de goma con ambas manos, apuntó y la hundió hacia dentro. Paco soltó quejidos y jadeos de dolor, pero siguió sin moverse. Mantenía el culo en pompa, de rodillas y con la cara en el suelo; se le habían puesto los ojos en blanco. La polla le había bajado bastante.

-Quieto ahí, sin moverte un rato. Perro mariconazo.

-Sí... mi ama.- Consiguió decir. Se le habían saltado un par de lágrimas.

-Y tú guarra, acércate.

-Sí mi señora.- María andó rápido dando pasitos de rodillas y se pegó a las piernas de Pilar, que lanzaba fustazos al aire, para desentumecerse la muñeca, y se metía los dedos en el coño con la otra mano.

-Las palmas en la nuca y ofréceme bien las tetas. No cuentes los fustazos; sólo voy a darte tres o cuatro, pero éso sí; ni se te ocurra moverte !Vamos!

-Sí mi señora.- María levantó los brazos como se le había indicado, sacó pecho y cerró los ojos esperando el primer golpe. No se hizo esperar. María soltó un grito de auténtico dolor y no le dio tiempo a terminarlo cuando recibió otro y otro y otro y otro fustazo.

-Vale. Da las gracias puta.

   María estaba llorando y se le salía un poco la saliva por las comisuras de los labios.

-Muchas gracias... mi señora... ¿Puedo preguntarle algo a mi señora?

-Habla.

-¿Prefiere mi señora que la llame "ama" o que la siga llamando "mi señora" ?

-Tú, desde el principio, y creo que de manera natural, me has llamado señora y me has tratado de usted, y eso me gustó, así que quiero que continúes haciéndolo del mismo modo, perra.

-Sí mi señora. Gracias mi señora.

-Ahora vuelve a erguirte y saca las tetas que voy a darte otros tres fustazos pr preguntona.

-Sí mi señora.

   María soltó un sollozo, y rápidamente, uno detrás de otro, cayeron los golpes sobre las caras superiores de sus pechos y sobre los pezones.

-Da las gracias.

-Gracias mi señora.- Sollozaba.

-Ya puedes bajar los brazos.

-Gracias mi señora.

   Pilar cogió el bolso de piel que había dejado encima de la cama, abrió la cremallera y comenzó a buscar algo.

-Ponte como Paco; el culo bien levantado y la cara en el suelo.

-Sí mi señora.

   Sacó un cinturón con doble dildo, negro, curvado y poderoso.

-Sácate la puta zanahoria.

-Sí... ah... ah... ya está mi señora.

-Tírala.

-Sí mi señora.

   Se abrochó el dildo a la cintura, bien apretado, metiéndose hasta el fondo la polla de goma de su lado, y quedaba hacia fuera, de igual tamaño, otra polla que parecía suya.

-Con los fluidos que te chorrean del coño lubrícate bien el agujero del culo !Vamos putón, rápido!

-Sí mi señora, ya lo hago.

   Preparada para follar, se arrodilló justamente detrás de María, y la cogió con salvaje brusquedad de las nalgas y los muslos.

-Ábrete bien, zorra, voy a darte por el culo de una puta vez.

-¿Por el culito... mi señora?

   María obedeció, bajando un poco las caderas a la altura del dildo y abriéndose de piernas todo lo que pudo.

   Pilar situó la punta de la polla de goma del dildo, justo, contra el agujero de culo de María, y antes de metérsela, la cogió con fuerza del pelo y la giró el rostro para verla la cara. Estaba a cuatro patas, y aunque melosa y con pose de gatita, se sentía un poco acobardada, ante la mirada salavje de Pilar.

-Sí. Por el culo. Te voy a follar a tope por el culo ¿Tienes algún problema con eso, pedazo de putón barato?

-Le pido perdón a mi señora.

-Haces bien en pedir perdón; porque no me gusta nada que me desobedezcan; no me gusta nada de nada.- La tiró con fuerza del pelo.

-Mi señora, usted puede hacer conmigo lo que quiera. Yo sólo quiero dar placer a mi señora del alma.

-¿Mi señora del alma?

-Yo la quiero a usted mucho mi señora; por favor, no me deje nunca, por favor.

-No te pongas cursi, putón, y basta de charla. Voy a encularte.

-Sí mi... - María no fué capaz de terminar la frase. Pilar dio un brutal empujón y metió la polla hasta la mitad. María se quedó con la boca abierta por el dolor, sin dejar de emitir un sordo gritito. Pilar la seguía agarrando del pelo, y así, la empujaba hacia atrás, como si fuese una yegua, y ella, a cuatro patas, con la espalda doblada, y el culo y la cabeza levantados, se dejaba hacer lo que su señora quisiera, sin rechistar. Y otro empujón. Todo el pollón hasta el fondo. Pilar soltó un jadeo de placer sintiendo su bajo vientre chocar contra las nalgas entregadas de María. El alargado gritito se había convertido en un sollozo sordo, un poco ahogado, y salpicado de ays, pero no se movía. Pilar comenzó a metérsela y a sacársela, con golpes de cintura, y ahora sujetándola con fuerza del pelo con ambas manos. Parecía que cabalgase. Resoplaba y su rostro era una erupción de furia y deseo desbocado. María había roto a llorar pero mantenía la posición y se abría de patas todo lo que podía. Pilar la soltó del pelo, pero seguía follándosela a golpes de pelvis. Lanzó una sonora palmada contra el culo de Paco, que continuaba al lado, también de rodillas. Con la mano derecha le sacó el consolador al taxista para volver a metérselo de inmediato un par de centímetros más adentro.

   Paco jadeó. María lloraba.

-Putones. Esto es lo que merecéis, que os den bien por el culo.

  Pilar estaba chorreando, porque la polla del dildo que tenía metida en el coño tampoco paraba.

-Dar las gracias; los dos.

-Muchas gracias mi ama.- Dijo Paco apretando los dientes.

-Mi señora del alma, muchas gracias.- Dijo María, entre mocos, lágrimas y pucheros.

-No vuelvas a llamarme esa cursilería. Con "mi señora" basta.

-Sí mi señora.

-!Perra!

-Gracias mi señora.

   

 

  

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 22 de Octubre de 2011 a las 12:07

Sadomasoquisno-21.

 

-Por favor, no cuelgues, estoy desesperada.

-Es que lo que te he dicho es que yo busco ama y tú me acabas de decir que eres esclava. No me interesa seguir hablando contigo.

-Pero yo te ofresco a mi ama.

-¿Tu ama?

-Sí, mi ama, por favor, te lo suplico. Escúchame tan sólo unos segundos. Por favor.

-Está bien. Habla.

-Me llamo María y tengo un ama que es maravillosa; es guapa y está buenísima, de verdad, tiene un cuerpo de escándalo.Y yo la adoro, cada día más, aunque a veces me castiga muy duro, no vayas a creer que es una ama blanda.

-¿Cómo de duro te castiga?

-Bueno, pues por ejemplo, la última vez que estuvimos juntas me penetró por detrás con un dildo bastante grueso, y era mi primera vez por ahí, vamos, que era virgen del culito. Ella lo sbía y a pesar de todo me lo hizo. Me puso a cuatro patas, me agarró del pelo y todo para dentro. Me dolió bastante.

-¿A eso le llamas un castigo duro?

-No, no, es que no he acabado.

-Sigue.

-Como vio que se me dilató bastante bien el ano y que empecé a disfrutar estuvo sólo unos diez minutos dándme por detrás. Luego paró, cogió la fusta y dijo que tenía que bajarme el calentón urgentemente.

-¿Y qué hizo?

-Comenzó a azotarme en el culo; primero con el extremo de la fusta en forma de palmeta.

-¿Y después?

-Con el tronco de la fusta; como si fuera una vara inglesa !Eso sí que dolía! Así se tiró veinte minutos, ensañándose con mis pobres nalgas.

-¿Veinte minutos?

-Y berreaba como un niño, y lloraba, pero conseguí aguantar hasta el final sin moverme.

-¿Sin moverte?

-Sí, claro. Mi ama me ha enseñado a aguantar la posición cuando me castiga. Yo siempre lo hago; eso le gusta mucho.

-Hum... no sé, quizás tengas un ama de verdad.

-Que sí, te lo juro, creéme, es cierto.

-Antes, cuando me pediste que no colgara ¿por qué dijiste que estabas desesperada?

-Porque llevo desde las diez de la mañana y ya son casi la una, intentando entrar en contacto con alguna mujer que quiera ser esclava, y no he conseguido nada. Es un desastre.

-Explícate.

-Compre los periódicos y un par de revistas porno, para mirar en las secciones de contactos, y para empezar, los anuncios de sadomaso son muy pocos.

-Sí, eso es verdad.

-Luego la mayoría de los que se ofrecen son tíos solos.

-Cierto.

-Y para colmo, a los pocos anuncios de tías a los que he conseguido llamar, no he podido hablar con ninguna; o saltaba el contestador, o directamente no estaba el teléfono operativo.

-A mí me has llamado dos veces ¿Verdad?

-Sí, en la primera llamada, como no contestaste, te dejé un mensaje de voz.

-Lo escuché, y por eso contesté a la segunda.

-¿Por qué?

-Porque eres una tía. Yo no contesto a tíos.

-En tu anuncio dices que vives en Madrid capital y que buscas un ama.

-Correcto, y por eso, no sé que coño hago hablando por teléfono contigo.

-No te enfades por favor, mi ama está buscando otra esclava y me encargó que yo la encontrase. Por eso te he llamado.

-Eso ya lo has dicho antes.

-¿Cómo te llamas?

-Nelly.

-No tienes acento español.

-Soy rumana.

-¿Has tenido otras amas?

-No. Nunca, pero quiero probar. Quiero iniciarme poco a poco en el tema y la persona con la que lo haga tendrá qe aceptar mis condiciones.

-¿Condiciones?

-Sí. No me gustan las sorpresas y quiero poner límites de antemano. Hay cosas que yo no pienso hacer.

-Bueno; eso lo puedes hablar con mi ama.

-¿Cómo se llama?

-Pilar. Es maravillosa.

-Pareces enamorada.

-Lo estoy.

-Me has dicho que te llamas María ¿No?

-Sí.

-¿Sabes por qué no te he colgado todavía María?

-¿Por qué?

-Porque pareces sincera. No soporto que me mientan, en serio, eso me cabrea mucho. Y este mundillo de los contactos por anuncio ya me está quemando porque la mayoría de las veces todo son putas mentiras.

-Sí, pasa lo mismo con los contactos por Internet. Mi señora también se queja de eso.

-¿Mi señora?

-Sí, a Pilar la llamo "mi señora" y la trato de usted. No la digo "mi ama" porque a ella le gusta más así.

-Suena bien.

-¿Y tú has dicho que te llamas Nelly?

-Sí, pero no te embales, que aún no me creo del todo que sea cierto lo que me cuentas. Quiero probarte. Ahora.

-¿Probarme?

-Sí. Tu móvil tiene cámara ¿No?

-Sí, la tiene.

-Y me has dicho que has comprado la prensa del día.

-Así es.

-Yo tengo el País, así que me envías ahora mismo una foto de su portada junto a ti, o de lo contrario, corto definitivamente la comunicación ahora mismo.

-¿Pero para qué?

-Para comprobar que no eres una mentirosa de mierda. Espero la foto.

-!Joder! !Ha colgado!

 

 

salazar
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  • 26 de Octubre de 2011 a las 21:27

Sadomasoquismo-22.

 

-¿Estás en la cama tumbada en pelotas?

-¿Ha salido bien el periódico?

-Sí, muy bien ¿Que si estás en pelotas?

-No del todo. Es que esta mañana hablé con mi señora por videoconferencia y cuando me ordena que haga algo sola, también me dice lo que tengo que llevar puesto.

-¿Y llevas algo? Aunque apenas se te ve la cara en la foto parece que estás completamente desnuda.

-No. Llevo los zapatos de tacón, ella no me deja nunca que me los quit y llevo también cinta sanitaria adhesiva, para vendas, de color blanco; dos trocitos en cada pezón formando una cruz y otro trozo más largo tapándome la rajita del... coñito.

-!Qué pasada! ¿Puedo verlo?

-Vale.

 

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 4 de Noviembre de 2011 a las 17:25

Sadomasoquismo-23.

 

-Yo también estoy en la cama, pero en pijama. Siempre duermo con pijama de tío. Además, me lo pongo porue la casa es muy fría.

-¿Vives sola?

-No. Alquilo una habitación a un matrimonio con un niño. También son rumanos. Gente tranquila.

-Osea, que curras.

-Pues claro. Lo que pasa es que hoy es mi día libre.

-¿Han salido bien las marcas de mi culo?

-¿Son marcas?

-Sí; las de la fusta. Ya te lo he dicho. Todavía las tengo desde el otro día.

-¿Y tu marido no te dice nada?

-Que va, no se entera de nada. Siempre me folla a oscuras. Ese no sabe nada de lo mío con el sadomaso, ni yo quiero que se entere, no lo entendería.

-Sí. Casi nadie lo entiende. Es mejor no decirlo. Pero tú estás bastante buena María.

-¿Te gusto?

-Sí.

-Osea, que te van las tías.

-Más que los tíos, y si son autoritarias conmigo me ponen loca.

-Pues entonces tú con mi ama vas a triunfar.

-Puedo probar. Pero ya te he dicho que tendrá que aceptar mis condiciones.

-¿Quieres conocerla?

-¿Ya?

-Sí, sí, ya. Mi señora no se anda con tonterías; cuando dice que quiere algo lo quiere ya. Y ahora quiere otra esclava más.

-¿Y cómo voy a conocerla?

-Por videoconferencia; en mi casa.

-¿En tu casa? ¿Ahora?

 

salazar
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  • 9 de Noviembre de 2011 a las 10:34

Sadomasoquismo-24.

 

   Pantalones vaqueros de talle bajo, deportivos con medias calzas, camisita a rallas ajustada, por encima del ombligo, y una cinta del mismo color de los vaqueros recogiéndole el pelo. Nelly tenía una melenita muy rbia y muy lisa y casi siempre la llevaba recogida. Por encima de todo un abrigo beis clarito de tres cuartos pero sin holguras, que se ceñía bien a su cuerpo y evidenciaba lo bien que estaba de tipo. En su rostro lo más destacable era que sobre la línea recta de sus labios, siempre de rosa, reinaban tranquilos los dos diamantes color de mar del Norte que eran sus ojos. Inspiraban calma y profundidad. Después de vestirse, cerrar con llave su habitación, salir de casa y abandonar el portal, nada más cruzar la calle, vio el taxi que le estaba esperando. Super rápido, pensó. Aunque sentía que quizás estaba yendo demasiado deprisa, en el fondo, le gustaba esa rapidez y la sensación que esa rapidez daba a aquella situación de apabullante realidad que no podía dejar de ser aprovechada. De hecho, Nelly, aunque estaba un poco acojonada, no podía dejar de seguir adelante. Era una extraña sensación. Tan excitante como imparable. Como si fuese espectadora e si misma, y a la vez, muy por encima del miedo, se sentía guapa y sexual. Al verla acercarse al vehículo Paco salió y le abrió la puerta. Ella sonrió. Se cruzaron un par de holas y entraron; parecía que ambos tenían prisa, aunque no se conocían. En el asiento de atrás Nelly dejó su bolso a un lado  y se desabrochó el abrigo. Paco, delante, conducía. El taxi ya había salido y la miró por el espejo retrovisor. Le encantaron sus ojos color hielo y el tipito que lucía.

-El ama quiere hablar contigo.

-¿Pilar?

-Sí. Pero no se te ocurra llamarla por su nombre, por el momento simplemente trátala de usted.

-Vale.

-Ahora sonará el móvil. Es ella. Contesta tú la llamada.

-Vale.

   Sin dejar de mirar la carretera Paco le alrgó el teléfono y ella lo cogió. Se arrellanó en el asiento mirándolo. Se iluminó la pantalla. Sonó. Nelly entonces lo abrió de inmediato.

-¿Sí?

-¿Eres Nelly?

-Sí, soy Nelly.

-Bien. Paco, el taxista que acaba de recogerte también es esclavo mío, como María. Le he ordenado que te lleve a casa de María, que está relativamente cerca  de donde te has subido, así que no tardaréis mucho.

-Vale, y yo quería decirle algo... señora.

-¿El qué?

-Que tengo condiciones. Me gustaría dejárselas claras antes de seguir adelante... señora.

-¿Condiciones?

-Sí. Coniciones, señora.

-Pásale el teléfono a Paco, ahora mismo.

-Vale.

   Nelly le dijo a Paco que Pilar quería hablar con él y le paso el aparato. Tras varios asentimientos de cabeza y decir que sí, el taxista colgó y aparcó el vehículo. Una vez detenido el taxi se quitó el cinturón y se volvió hacia Nelly.

-El ama quiere que salgas del taxi y que te vayas.

-¿Pero por qué?

-No le ha gustado lo que le has dicho de unas condiciones.

   Nelly se llevo la mano a la mejilla; estaba boquiabierta, y sobre todo, pensó que acababa de cagarla. No. De ninguna manera. No quería que aquello acabase así.

-Oye, un momento, yo no quería molestarla. Déjame habla con ella, para pedirle perdón. Por favor. Déjame el móvil. Por favor.

   Paco se le quedó mirando pensativo. Estaban preciosos zquellos ojos de mar suplicantes. Resopló y marcó rellamada.

-Perdón mi ama, pero no quiere irse del taxi... sí... quiere hablar contigo ama... para pedrte perdón... eso ha dicho... sí... ahora mismo.

   Le acercó el aparato y Nelly se lo llevó a la oreja ansiosa.

-Perdóneme señora, se lo suplico.- Dijo.- Es que yo no tengo experiecia y...

   Pilar no la dejó continuar.

-Eres una descarada.

-Es que yo...

-!Silencio!

-Perdón.

-Hablarás cuando yo te de permiso.

-Sí. De acuerdo.

-Y esas putas condiciones me las dirás cuando yo te deje hacerlo.

-Vale.

-Y ahora vas a pagar ese descaro.

-¿Pagarlo?

-Sí; voy a humillarte y voy a castigarte.

-Pero...

-!Silencio!

-Sí.

-¿Te han llamado alguna vez golfa?

-No señora.

-Estupendo; yo te llamaré así. Golfa. Eso es humillación ¿Entiendes golfa?

-Sí señora.

-Y como castigo enséñale las tetas a Paco.

-¿Aquí? ¿En el taxi?

-Sí golfa; e irás con las tetas al aire hasta llegar a la casa de María ¿Me he explicado bien golfa?

-Sí, muy bien señora.

   Colgó.

   Nelly cerró el móvil y respiró hondo. Se lo dio a Paco, que seguía mirándola con una media sonrisa y se llevó las manos a los botones superiores de su camisa

-Me parece que tienes que ver esto. Lo ha dicho tu ama.

   Nelly se desabrochó todos los botones de la camisa salvo los dos últimos de abajo. Después se llevó las manos a la espalda y se quitó el sujetador. Tras sacárselo se lo metió en el bolso. Por último, se colocó con las manos las tetas que se acababa de dejar al aire y miró a Paco.

-Por molestarla me ha puesto como castigo que te enseñe las tetas. Por favor, míramelas.

-Son preciosas.

-Gracias.

-¿Qué más te ha dicho?

-Que las lleve así, al aire, hasta que lleguemos a la casa de María.

-¿Y no te ha dicho nada de si puedo tocártelas?

-No. De eso no ha dicho nada, pero vamos, si te apetece a mi la verdad es que no me importa.

   Nelly se inclinó hacia delante y Paco alargó la mano derecha y le cogió un pecho; primero se lo magreó un rato y después comenzó a pellizcarle suavemente los pezones. Nelly se puso roja como un tomate y bajó la mirada. No decía nada, no se movía y se dejaba hacer.

-Están superduras. Tienes tetas de quinceañera.

-Eso dice mi ginecóloga.

-Yo no puedo mentirle al ama; en cuanto establezcamos la videoconferencia le diré que tú me has dejado tocarte los pechos.

-¿Y eso es malo?

-Bueno, ella no lo había ordenado, así que supongo que te castigará.

-Joder; habérmelo dicho tío. Tú sabes que yo de ésto no sé nada y encima de que te dejo meterme mano, ahora resulta que van a castigarme por ello.

-Pero si te encanta que te castigue. En el fondo te estoy haciendo un favor.

-Qué locura tío. Me está tocando las tetas un taxista al que acabo de conocer porque me ha ordenado que me mediodesnude en su coche una mujer a la que ni siquiera conozco todavía.

-Y te encanta.

-Ay. Cuidado Paco, no me aprietes tanto os pezones, los tengo muy sensibles.

-¿Así?

-Sí. Así mejor.

-Se te cambia la voz cuando hablas con ella.

-Es verdad. Es como si me acojonara y a la vez, no pudiera dejar de obedecerla. Las dos cosas al mismo tiempo.

-¿Muy sensibles? Si parece que se te fueran a explotar los pezones.

-¿Es guapa?

-¿El ama?

-Sí.

-Enseguida lo verás. Vamos. Ya nos hemos retarsado bastante.

   Paco la dejó las tetas y arrancó el taxi. El vehículo siguió la marcha y Nelly se arrellanó en el asiento. Estaba acalorada, con las mejillas rojas y los pechos al aire. Pero no se las tapó. Cumplía la orden. De repente se dio cuenta de que se había puesto la mano en el chocho y de que se estaba tocando con fuerza por encima del pantalón. Alguien la miró unos segundos desde otro coche, con sorpresa y deseo. Ella no prestó atención y cambió la mirada. Se apretó más el pantalón.

-¿Queda mucho Paco?

-No. Ya estamos llegando.

-Si quieres, antes de entrar en la casa, me las puedes tocar un poco más.

-Imposible. No podemo hacer esperar al ama.

-Tienes razón. Perdona.

   Nelly sonrió y se llevó la mano que le quedaba libre a uno de sus pezones. Sí que estaba duro. Otro conductor de otro coche la miraba. Ni caso. Enseguida se perdió en la vorágine del tráfico. Ahora fué ella quien se apretó el pezón con fuerza.

 

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 18 de Noviembre de 2011 a las 17:31

Sadomasoquismo-25.

 

   Al salir del taxi, sin abrocharse la camisa, simplemente se cruzó por delante el abrigo que llevaba puesto y así, tapada, avanzó unos metros con Paco hasta la puerta del chalet de María. No tuvieron que tocar al timbre; cuando llegaron al umbral la puerta se abrió y ambos entraron rápido y sin decir nada. Ya dentro María cerró la puerta y les miró. Sonreía, un poco nerviosa.

-Hola, soy María. Tú debes de ser Nelly.

-Sí, soy Nelly ¿Cómo estás?

   Efectivamente. En pelotas; con un par de aspitas de esparadrapo tapándole los pezones y otro trocito tapándole la rajita del coño afeitado. El pelo suelto; ondulado y limpio. Aunque no era muy guapa de cara y su voz era ronca, tenía un tipazo; pensó Nelly. La cogió de la cintura para darla dos besos en plan saludo entre tías y le juntó las mejillas. Aprovechó, además, para tocarle un poco el culo.

-Eres muy guapa.

-Gracias ¿Me das el abrigo?

   Nelly se lo quitó descubriendo otra vez sus tetas al aire. María se las miró asombrada, sin dejar de sonreir.

-Me lo ha ordenado tu señora.- Se justificó Nelly mientras se recolocaba los pechos pero sin tapárselos. Otra vez tenía las mejillas rojas y observó cómo se le hinchaban los pezones.

-Hola Paco, perdona, que no te he dicho nada.

-Hola María. Cómo me gusta verte así. El culito sobre todo.

   La aludida se volteó un poco para que el taxista pudiera verle mejor las nalgas.

-Gracias.

-Ojala pudiera follártelo.

-Bueno; ya sabes que no depende de mi ¿A tí también te gusta?

-Me encanta. Ahora sí que veo bien las marcas de fusta. Son impresionantes.- Respondió Nelly.

-¿Verdad? Ya te lo dije.- María dejó el abrigo de la recién llegada en el perchero del hall. Paco sólo llevaba vaqueros, camisa y jersey. Tras colocar la prenda de Nelly volvió a posar ante ellos enseñándoles todavía mejor las nalgas.

-A la señora no le importa que me metáis mano. Podéis tocar si queréis.

   De inmediato, Paco una nalga y Nelly la otra. La magrearon un rato. Paco, además, se la sacó y comenzó a pajearse suavemente. La tenía muy dura. Nelly le miró la polla con los ojos entreabiertos, respirando profundamente, y sin dejar el culo de maría, comenzó a pellizcarse y a retorcerse los pezones.

-No deberíamos hacer esperar a la señora.

   Los dos la dejaron el culo entones y ella se dio la vuelta. Se tocó las tetas y el coño, por encima del esparadrapo.

-Seguidme.

 

 

 

   (Dedicado a Estrellafugaz, por ser un gran corrector ortográfico, tan bueno, que los escritores que habitamos Bubok, yo entre ellos, le perdonamos que de vez en cuando se entrometa en asuntos literarios.)  

estrellafugaz
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2008
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  • 18 de Noviembre de 2011 a las 21:10
cita de salazar

Sadomasoquismo-25.

 

   Al salir del taxi, sin abrocharse la camisa, simplemente se cruzó por delante el abrigo que llevaba puesto y así, tapada, avanzó unos metros con Paco hasta la puerta del chalet de María. No tuvieron que tocar al timbre; cuando llegaron al umbral la puerta se abrió y ambos entraron rápido y sin decir nada. Ya dentro María cerró la puerta y les miró. Sonreía, un poco nerviosa.

-Hola, soy María. Tú debes de ser Nelly.

-Sí, soy Nelly ¿Cómo estás?

   Efectivamente. En pelotas; con un par de aspitas de esparadrapo tapándole los pezones y otro trocito tapándole la rajita del coño afeitado. El pelo suelto; ondulado y limpio. Aunque no era muy guapa de cara y su voz era ronca, tenía un tipazo; pensó Nelly. La cogió de la cintura para darla dos besos en plan saludo entre tías y le juntó las mejillas. Aprovechó, además, para tocarle un poco el culo.

-Eres muy guapa.

-Gracias ¿Me das el abrigo?

   Nelly se lo quitó descubriendo otra vez sus tetas al aire. María se las miró asombrada, sin dejar de sonreir.

-Me lo ha ordenado tu señora.- Se justificó Nelly mientras se recolocaba los pechos pero sin tapárselos. Otra vez tenía las mejillas rojas y observó cómo se le hinchaban los pezones.

-Hola Paco, perdona, que no te he dicho nada.

-Hola María. Cómo me gusta verte así. El culito sobre todo.

   La aludida se volteó un poco para que el taxista pudiera verle mejor las nalgas.

-Gracias.

-Ojala pudiera follártelo.

-Bueno; ya sabes que no depende de mi ¿A tí también te gusta?

-Me encanta. Ahora sí que veo bien las marcas de fusta. Son impresionantes.- Respondió Nelly.

-¿Verdad? Ya te lo dije.- María dejó el abrigo de la recién llegada en el perchero del hall. Paco sólo llevaba vaqueros, camisa y jersey. Tras colocar la prenda de Nelly volvió a posar ante ellos enseñándoles todavía mejor las nalgas.

-A la señora no le importa que me metáis mano. Podéis tocar si queréis.

   De inmediato, Paco una nalga y Nelly la otra. La magrearon un rato. Paco, además, se la sacó y comenzó a pajearse suavemente. La tenía muy dura. Nelly le miró la polla con los ojos entreabiertos, respirando profundamente, y sin dejar el culo de maría, comenzó a pellizcarse y a retorcerse los pezones.

-No deberíamos hacer esperar a la señora.

   Los dos la dejaron el culo entones y ella se dio la vuelta. Se tocó las tetas y el coño, por encima del esparadrapo.

-Seguidme.

 

 

 

   (Dedicado a Estrellafugaz, por ser un gran corrector ortográfico, tan bueno, que los escritores que habitamos Bubok, yo entre ellos, le perdonamos que de vez en cuando se entrometa en asuntos literarios.)  

Te quedo agradecido, por supuesto.
Y eso que era reticente a entrar en este hilo. Por aquello que dijo alguien de que éste es un hilo para que hable sólo Salazar; o para que Salazar hable solo. Gracias otra vez.
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 29 de Noviembre de 2011 a las 6:23

Sadomasoquismo-26.

 

   Atravesaron el salón y subieron las escaleras. Arriba, la única habitación que tenía la puerta abierta era la del estudio; donde estaba el ordenador, y allí entraron los tres. Paco seguía con la polla sacada y Nelly con las tetas fuera. María se sentó frente a la pantalla y comenzó a teclear. Enseguida apareció en el ordenador Pilar; sentada en su sillón de cuero de ejecutiva y con unos fones inalámbricos en elos oídos del que salíael alambre cromado qe terminaba en un miro minúsculo junto a los labios. María se levantó la silla con ruedas lejos, y se puso de rodillas en el centro del campo de visión de la minicámara que había encima de la pantalla.

-Mi señora; soy vuestra esclava.

-Habla.

-Como ordenó mi señora Paco ha traído a la chica nueva para que la conozca.

-Levanta.

-Sí mi señora.

-Deja de apretarte las tetas.

-Sí mi señora.

-Que se ponga a tu lado para que la vea.

   Nelly avanzó un par de pasitos y se pegó con María, cadera con cadera, que además le cogió de la cintura. Tenía una expresión sobrecogida y miraba la pantalla con ojos como platos.

-Aquí está mi señora.- Dijo María.

-¿Así que tú eres la de las "condiciones"?

   Nelly movió con decisión la cabeza afirmativamente pero lo único que le salió por la boca en ese momento fué:

-Perdón... le pido perdón.

-No estás mal de tetas. Tienes unos pechos bonitos.

-Muchas gracias.- Nelly además se abrió más la camisa, con cierta brusquedad, para que sus senos quedaran más desnudos y expuestos frente a la pantalla.

-El culo.

-¿Cómo?

-Que ahora quiero verte el culo, golfa, que me lo enseñes.

-Sí señora. Pêrdón señora.

   La aludida rápidamente se dio la vuelta y se bajó el pantalón y  el tanga hasta las rodillas, inclinando el trasero hacia la pantalla.

-Tampoco está mal.

-Muchas gracias.

-¿Cómo dijiste que te llamas?

-Nelly, señora.

-Pues mira Nelly; las condiciones me las dirás cuando tengamos el primer encuentro real tú y yo, y por lista, por cada condición, te daré treinta fustazos o en el culo, o en las tetas o en la barriga, y al final de recibir todos los fustazos, y de agradecerlos, te diré si las acepto o si no las acepto ¿Has entendido?

-Sí mi señora.

-Paco.

-Dime ama, esyoy aquí.- El taxista avanzó y se situó entre las dos mujeres.

-Con la palma de la mano dale seis azotes en el culo a esa golfa. Y quiero que le duelan.

-Sí mi ama.

   Paco lanzó el primer azote, que sonó a palmada salvaje y Nelly perdió el equilibrio y cayó al suelo. De inmediato se levantó, sujetándose los pantalones y mirando a la pantalla.

-Lo siento mi señora.- Dijo la rumana.- Lo siento mucho, ha sido culpa mía.- Y se situó otra vez ofreciendo el culito desnudo a Paco. La siguiente palmada, más brusca, le arrancó un quejido y volvió a caerse. Se levantó apurada otra vez y de nuevo disculpándose.

-María.- Dijo Pilar.

-¿Sí mi señora?

-Sujétala para que no vuelva a caerse.

-Sí mi señora.

   La aludida la abrazó sujetándola bien por los hombros y cuando Paco las vió en una psosición segura, lanzó, uno detrás de otro, con fuerza y precisión, los cuatro golpes restante.

-Ya está mi ama.- Dijo finalmente Paco; se le había vuelto a poner dura y levantada. Nelly, en su rostro, lucía una mueca de dolor, una especie de sonrisa nerviosa, salivosa, de la que salía un constante ay, ay, ay.

-María.

-¿Sí mi señora?

-De rodillas y le chupas la polla a Paco un buen rato porque hoy se ha portado muy bien.

-Sí mi señora.- Respondió María arrodillándose y casi sin terminar la frase, metiéndose el pene del taxista en la boca.

-Y tú golfa.

-¿Sí?... ¿Sí señora?

-Súbete el pantalón y abróchate la camisa. No quiero que enseñes nada hasta que yo llegue. Por el momento te limitas a mirar la mamada de María.

-¿Va a venir la señora?

-Ya te lo he dicho golfa. Corto.

   Pilar desapareció de la pantalla y se hizo un silencio soberbio en la habitación, solo roto, por los rechupeteos de María, que de soslayo, la miró. Sin sacarse la polla de la boca consiguió decir:

-¿Qué te ha parecido la señora?

   Nelly tenía las mejillas rojas y respiraba con cierta dificultad. Se subió el tanga y el pantalón vaquero y luego, se abrochó la camisa. Continuaba con los ojos muy abiertos y tenía la mirada perdida.

-¿Que... qué me ha parecido la señora preguntas?

-Glup... sí... glup...

   Una vez abrochado el último botón se compuso la ropa y se arrodilló al lado de María mirándola. Sobre todo la miraba la boca y lo que hacía con la boca y con la lengua, con la polla de Paco.

-Es divina. Es una diosa.- Dijo Nelly, al fin, sin apartar la mirada.

 

salazar
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  • 9 de Diciembre de 2011 a las 19:31

Sadomasoquismo-27.

 

   Nelly estaba sudando y apenas podía aguantar la posición, pero por el momento lo estaba consiguiendo, y además, como se le había ordenado, mantenía la mirada fija en Pilar. El ama. A parte de la profunda necesidad que sentía por cumplir a rajatabla las órdenes de aquella mujer, y a parte de la asombrosa satisfacción que le producía la obediencia, la verdad es que la fascinaba mirarla. Lucía soberbia. Estaba en la cocina del chalet de María, que era una estancia muy amplia, y como todos los visillos de la casa estaban echados, aunque era de día, y comienzo de una tarde soleada, tenía las luces encendidas. Fijadas al techo había cuatro lámparas fluorescentes alargadas y de diseño, que irradiaban hasta el último rincón, una poderosa luz morada, de intensidad radioactiva y transparencia ecológica. Destacaba la pigmentación morena del cuerpo de Pilar y el bañador negro que llevaba, que junto con sus zapatos de tacón de calle, era lo único que vestía en ese momento. Estaba de pie, frente a la gran mesa de la cocina. Aunque el bañador negro era tipo deportivo y le quedaba ajustado, por detrás terminaba en tanga y el sujetador iba sin tirantes. La prenda tenía un aspecto elástico y semibrillante que agradaba mucho a Pilar, tanto, que con frecuencia, para sus sesiones, se lo ponía de ropa interior. Los pezones y los labios del coño se le marcaban perfetamente reconocibles en ese bañador y aquello también le gustaba mucho a su dueña. Se lo ajustó mientras miraba a Nelly y se llevaba otro trocito de sushi a la boca. Mientras comía, y masticaba, Pilar daba pasitos cortos de un lado a otro de la mesa, y el ruido de su tacones, rebotaba y atravesaba la morada luminiscencia. El silencio era denso y concentrado. Pilar estaba comiendo y sólo se la oía a ella. A su lado María, de pie, pero en una exraña posición, entre semiagachada o semiarrodillada, se ocupaba de limpiar de inmediato los granitos de arroz que podían caerse, de llenar el vaso de agua, de ordenar las bandejitas y el cuenco. De que constantemente todo estuviera limpio, en su sitio y perfecto mientras su ama comía. Seguía llevando los taconazos de charol de vértido y encima sólo los trocitos de esparadrapo sanitario en aspa que le tapaban cada pezón  y una par de ellos en vertical tapándole la raja del chocho. Nada más. Así llevaba todo el día, como su señora le había ordenado. Y junto a Nelly la rumana estaba Paco, al otro lado de la mesa, ambos frente a Pilar y María. El taxista, con la camiseta ajustada levantada por encima de la barriga y los pantalones vaqueros un poco bajados, mantenía la polla medio dura y medio levantada, y para mantenerla así, otra orden de Pilar, se la autoacariciaba  de vez en cuando mientras le miraba el culo y las tetas a Nelly.

-Se le está bajando.- Observó Pilar en voz alta mirándosela a Paco.

-¿Quiere la señora que se la chupe un poco?- Preguntó María acentuando corporalmente su posición sumisa.

-Sí, rápido.

   María corrió hasta el taxista, tan rápido, que prácticamente se tiró de rodillas frente a él y se tragó de sopetón su polla. Pilar sonrió y cogió otro sushi con los palillos. Ya los manejaba bastante bien. Miró a Nelly y sonrió otra vez. La seguía mirando sin apartar los ojos ni un instante. Parecía que iba a saber obedecer. Pensó que la rumana le estaba empezando a gustar.

   Su melenita rubia de pelo muy liso, que le contorneaba la cara, y sus ojos de color de hielo, le pareció que le daban un aire superatractivo cuendo estaba sufriendo. No era muy agraciada de cara, sólo agradable, pero había podido constatar que cuando se la estaba castigando su rostro, y todo el lenguaje gestual de su cuerpo, adquirían una sensualidad abrumadora.

-Basta. Ya se la has puesto a Paco bastante dura. Déjale y dime ahora cómo tiene esa puta el coño.

-Sí mi señora.

   María se levantó limpiándose la boca con el antebrazo, dejó al taxista que jadeaba un poco y se acercó por detrás a la rumana. Nelly puso cara de susto cuando sintió la mano de María hundiéndose literalmente en su coño, como si fuese una vaca a la que se empezaba a estimular para ser inseminada. Tras unos grititos de dolor sordos no dijo nada más y simplemente se abrió un poco más de piernas para facilitar el brusco mete y saca didgital que María le estaba llevando a cabo.

-Mojada.

-A ver; quiero olerte la mano.

-Sí mi señora.

   María corrió a pasitos cortos hacia ella, manteniendo la mano que le había metido a Nelly levantada y con los dedos unidos y estirados. Le brillaba un poco. Pilar dejó sobre la mesa el cuenco de arroz blanco y los palillos y la cogió de la muñeca llevándose la mano de María a la nariz.

-Hum, qué rico le huele el chichi, y además chorrea bastante cuando se la castiga, como a mi me gusta.

-Muchísimas gracias.- Dijo Nelly, mirándola con intensidad desde su posición, y sonriendo lo más humildemente que supo. Pilar ya estaba terminando su almuerzo.

 

salazar
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  • 20 de Diciembre de 2011 a las 20:22
cita de salazar

Sadomasoquismo-27.

 

   Nelly estaba sudando y apenas podía aguantar la posición, pero por el momento lo estaba consiguiendo, y además, como se le había ordenado, mantenía la mirada fija en Pilar. El ama. A parte de la profunda necesidad que sentía por cumplir a rajatabla las órdenes de aquella mujer, y a parte de la asombrosa satisfacción que le producía la obediencia, la verdad es que la fascinaba mirarla. Lucía soberbia. Estaba en la cocina del chalet de María, que era una estancia muy amplia, y como todos los visillos de la casa estaban echados, aunque era de día, y comienzo de una tarde soleada, tenía las luces encendidas. Fijadas al techo había cuatro lámparas fluorescentes alargadas y de diseño, que irradiaban hasta el último rincón, una poderosa luz morada, de intensidad radioactiva y transparencia ecológica. Destacaba la pigmentación morena del cuerpo de Pilar y el bañador negro que llevaba, que junto con sus zapatos de tacón de calle, era lo único que vestía en ese momento. Estaba de pie, frente a la gran mesa de la cocina. Aunque el bañador negro era tipo deportivo y le quedaba ajustado, por detrás terminaba en tanga y el sujetador iba sin tirantes. La prenda tenía un aspecto elástico y semibrillante que agradaba mucho a Pilar, tanto, que con frecuencia, para sus sesiones, se lo ponía de ropa interior. Los pezones y los labios del coño se le marcaban perfetamente reconocibles en ese bañador y aquello también le gustaba mucho a su dueña. Se lo ajustó mientras miraba a Nelly y se llevaba otro trocito de sushi a la boca. Mientras comía, y masticaba, Pilar daba pasitos cortos de un lado a otro de la mesa, y el ruido de su tacones, rebotaba y atravesaba la morada luminiscencia. El silencio era denso y concentrado. Pilar estaba comiendo y sólo se la oía a ella. A su lado María, de pie, pero en una exraña posición, entre semiagachada o semiarrodillada, se ocupaba de limpiar de inmediato los granitos de arroz que podían caerse, de llenar el vaso de agua, de ordenar las bandejitas y el cuenco. De que constantemente todo estuviera limpio, en su sitio y perfecto mientras su ama comía. Seguía llevando los taconazos de charol de vértido y encima sólo los trocitos de esparadrapo sanitario en aspa que le tapaban cada pezón  y una par de ellos en vertical tapándole la raja del chocho. Nada más. Así llevaba todo el día, como su señora le había ordenado. Y junto a Nelly la rumana estaba Paco, al otro lado de la mesa, ambos frente a Pilar y María. El taxista, con la camiseta ajustada levantada por encima de la barriga y los pantalones vaqueros un poco bajados, mantenía la polla medio dura y medio levantada, y para mantenerla así, otra orden de Pilar, se la autoacariciaba  de vez en cuando mientras le miraba el culo y las tetas a Nelly.

-Se le está bajando.- Observó Pilar en voz alta mirándosela a Paco.

-¿Quiere la señora que se la chupe un poco?- Preguntó María acentuando corporalmente su posición sumisa.

-Sí, rápido.

   María corrió hasta el taxista, tan rápido, que prácticamente se tiró de rodillas frente a él y se tragó de sopetón su polla. Pilar sonrió y cogió otro sushi con los palillos. Ya los manejaba bastante bien. Miró a Nelly y sonrió otra vez. La seguía mirando sin apartar los ojos ni un instante. Parecía que iba a saber obedecer. Pensó que la rumana le estaba empezando a gustar.

   Su melenita rubia de pelo muy liso, que le contorneaba la cara, y sus ojos de color de hielo, le pareció que le daban un aire superatractivo cuendo estaba sufriendo. No era muy agraciada de cara, sólo agradable, pero había podido constatar que cuando se la estaba castigando su rostro, y todo el lenguaje gestual de su cuerpo, adquirían una sensualidad abrumadora.

-Basta. Ya se la has puesto a Paco bastante dura. Déjale y dime ahora cómo tiene esa puta el coño.

-Sí mi señora.

   María se levantó limpiándose la boca con el antebrazo, dejó al taxista que jadeaba un poco y se acercó por detrás a la rumana. Nelly puso cara de susto cuando sintió la mano de María hundiéndose literalmente en su coño, como si fuese una vaca a la que se empezaba a estimular para ser inseminada. Tras unos grititos de dolor sordos no dijo nada más y simplemente se abrió un poco más de piernas para facilitar el brusco mete y saca didgital que María le estaba llevando a cabo.

-Mojada.

-A ver; quiero olerte la mano.

-Sí mi señora.

   María corrió a pasitos cortos hacia ella, manteniendo la mano que le había metido a Nelly levantada y con los dedos unidos y estirados. Le brillaba un poco. Pilar dejó sobre la mesa el cuenco de arroz blanco y los palillos y la cogió de la muñeca llevándose la mano de María a la nariz.

-Hum, qué rico le huele el chichi, y además chorrea bastante cuando se la castiga, como a mi me gusta.

-Muchísimas gracias.- Dijo Nelly, mirándola con intensidad desde su posición, y sonriendo lo más humildemente que supo. Pilar ya estaba terminando su almuerzo.

 

   Antes de terminar la escena quiero felicitar a todas las bubokeras y buboqueros. Os deseo un buen año. Yo seguiré escribiendo aquí mis historias sadomasoquistas y si me seguís visitando os lo agradezco de antemano. Feliz Navidad. Feliz Año Nuevo. Escritores. Hermanas y hermanos.
salazar
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  • 11 de Enero de 2012 a las 22:14

Sadomasoquismo-28.

 

   Los viernes acababan al mediodía, después de las dos de la tarde, y al terminar y salir de su oficina se fue directamente a casa de María sin comer. Pr eso tenóa hambre. Antes de llegar se detuvo en un wok de comida asiática y pidió un menú vip para llevar de sushi, sashimi y arroz blanco. Lo daban en una cajita de cartón de diseño preciosa. Probablemente a esas horas ni Paco, ni María ni la rumana habían comido tampoco, porque además, llevaban casi toda la mañana siguiendo sus órdenes por móvil y por ordenador. Pero eso no importaba. Para Pilar mantener a los esclavos y a las esclavas un poco hambrientos, era una parte más a la hora de crear un ambiente adecuado en las sesiones. Se estaban portando bien. Los tres. Pero pensó que había llegado el momento de aumentar el tono.

-Recoge. Ya he terminado.

-Sí mi señora, enseguida mi señora.- María, rápido, comenzó a llevarlo todo a la pila y a limpiar la mesa con un trapo. Pilar cogió la fusta pequeña de su bolso y sin mediar palabra, se volvió. y lanzó un fustazo terrible en medio del culo de María, que al sentir el golpe, puso los ojos en blanco y estiró la espalda.

-Gracias mi señora...- Consiguió decir María tras un corto suspiro y luego comenzó a lavar los platos.

   Con la fusta en la mano y masticando el último bocado aún del menú vip japo, se ace´rcó a Nelly. Cada uno de sus pasos producía una explosión de tacón seco en el aire. Estaba fibrosa y musculosa dentro de ajustado bañador, sobre el que sobre todo destacaban, las montañitas de los pezones y abajo la raja. Su mirada dura, envuelta en una sonrisa cruel, se clavó en la rumana mientras se le acercaba. A Nelly se le cortó el aliento. Tuvo muchísimo miedo en ese instante, y a la vez, con sorpresa, se escuchó a si misma diciendo:

-Qué guapa eres.

-Ya lo sé.- Pilar la había cogido de la melenita y le acercó tanto el rostro que ambas se olían mutuamente el aliento al hablarse.

-Haz conmigo lo que quieras. Por favor. Te lo suplico. 

-También lo sé.

-¿Puedo cambiar de posición? Me duelen mucho las piernas.

-Sí. Deja esa postura y relájate. Siéntete cómoda.

-Gracias.

-Al suelo; y lámeme entre los dedos d los pies.

-Sí... sí... enseguida... muchísimas gracias...

-Eh, puta, te aviso que lo estás haciendo muy mal.

   Como ya estaba en el suelo, de rodillas, y agachada, dando los primeros lametazos, Nelly alzó la cabeza y la miró un poco asustada.

-¿Por qué? ¿Qué estoy haciendo mal?

-Tienes que llamarme "ama" siempre que te dirijas a mi.

-Sí... ama.

-No, "ama" a secas no. Debes llamarme "mi ama".

-Sí... mi ama.

-Y además empezaste muy mal.

-¿Por qué, mi ama?

   Pilar levantó un poco el pie y se lo acercó a la boca; llevaba tacones pero eran zapatos abiertos, con lo que la rumana podía lamer bien entre los dedos. Al instante Nelly la metió la lengua como pudo entre el pulgar y el índice, sujetando con delicadeza el pie de Pilar con las manos.

-Porque comenzaste tocando los cojones con esa mierda de las "condiciones".

-Lo siento mi ama.- Más lametazos.

-¿Pero tú crees, puta de mierda, que puedes ponerme a mi alguna condición?

-No... no... mi ama... lo siento; lo siento mucho.

-Eso de sentirlo no basta; voy a llenarte el culo de fustazos, ahora mismo. Por jilipollas. Para que no vuelvas a ser tan atrevida y para que no olvides cómo debes tratarme. Por cierto ¿qué tal la chupas?  

-No sé mi ama... yo creo que bien... me he fijado mucho en cómo lo hace María.

-También tendré que enseñarte eso a fustazos. Me temo que me vas a dar mucho trabajo.

-Yo te agradezco mucho que me enseñes, mi ama.- Más lametazos.

-Ya lo sé.

-¿Cómo me pongo mi ama?

-¿Qué?

-¿Que cómo me pongo para recibir los fustazos, mi ama?

 

   
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