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salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009

Sadomasoquismo.

29 de Agosto de 2009 a las 22:55

   Apelo a vuestra valentía de escritores o a vuestra curiosidad de lector. Os advierto que aquí no valen frivolidades ni finales fáciles. Os invito a que vayamos a una estancia profunda y tenebrosa de la mente humana. Que nos sumerjamos en un comportamiento sexual tan increíblemente intenso como adictivo. Sólo el pudor o el miedo puede impediros hablar en serio de sadomasoquismo y ninguna de las dos cosas son dignas de un amante del arte de escribir. Hablemos de Sado amigos. 

 

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 29 de Octubre de 2010 a las 12:27
OCHO.

   La cena se prolongó hasta casi las doce y los invitados estuvieron magníficos en su papel; sobrios, conversadores y simpáticos. Además, para alegrar la vista a los presentes y mantener vivo el fuego del espectáculo, José Andrés mandó al servicio a Agustín cuatro veces. Le ordenó que diera un zigzagueante y lento rodeo entre las mesas antes de llegar y para eso su acompañante era muy buena. En tanga y con sus taconazos parecía flotar como una diosa del sexo entre los manteles del Robata. Sin duda alguna aquella noche Agustín dio la talla pero con creces. Nadie de los que asistieron a aquella velada podría olvidarla en mucho tiempo con facilidad. Cuando estuvo claro que el momento de los postres había terminado, Shiguemi ordenó a los camareros que retiraran la mesa de la pareja. Cosa que se hizo en el acto, y siguiendo una indicación específica del escritor, también se retiró la silla de Agustín, a la que ordenó que se levantara. Quedó entonces José Andrés sentado en la silla, y a su lado, con las manos en la espalda, la vista baja y expresión sumisa, Agustín, de pie. Ambos sobre la pequeña tarima, que ahora sin mesa, parecía más aún un miniescenario. Entonces el escritor, aprovechando el silencio expectante que se había creado, chasqueó los dedos y Agustín, inmediatamente, se arrodilló. José Andrés se sacó del bolsillo una cadena de perro y con parsimonia enganchó su extremo al collar de Historia de O que su acompañante llevaba trabada al cuello. Tras hacerlo dio unos pequeños tironcitos a la cadena, como para comprobar que había quedado fija, y los tirones hicieron temblar un poco a Agustín, que sin embargo, no levantaba los ojos del suelo. Luego le acercó la mano a la boca y Agustín se la lamió entre sonrisas y miradas enamoradas. Así estuvieron un rato, ante la fascinada contemplación del público y el alivio de Shiguemi que se había inquietado minutos antes cuando el escritor hizo que se llevaran la silla de su acompañante y no estaba nada claro ni para qué ni lo que iba a hacer. Pero la estampa era poderosa y había conseguido el efecto deseado; dejar a todo el mundo boquiabierto. El escritor, sentado, tenía atada como a una perra obediente a una mujer impresionante, casi desnuda, sin pechos y lamiéndole la mano. La directora del Robata estaba tan satisfecha por lo bien que lo había hecho todo su amigo que estuvieron a punto de saltársele las lágrimas de pura emoción y alegría en aquel instante. Incluso se le pasó que era su turno de entrar en escena y uno de los camareros tuvo que avisarle de que tenía que comenzar el coloquio con el público que ella conduciría. Pero Shiguemi reaccionó de inmediato, se descongestionó la nariz con unos golpecitos de muñeca, respiró hondo y con el micrófono y su mejor sonrisa se acercó a la zonita elevada donde estaba la pareja. 
-Buenas noches a todos, damas y caballeros... 

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 1 de Noviembre de 2010 a las 20:22
NUEVE. 

   Las preguntas se sucedieron en tono distendido e interesante durante poco más de una hora. A Shiguemi le costó muy poco romper el hielo, porque el público estaba participativo y muy predispuesto. Ella se acercaba a las mesas desde las que alguna persona le hacía señas para participar y les ofrecía el micrófono para que se les oyera bien. El escritor respondió a todos intentando ser amable, serio y comprometido en sus contestaciones. Al final, cuando siendo ya la hora bastante pasada, Shiguemi dio por terminado el coloquio, a todos los presentes se les había hecho corto, y brindaron un largo aplauso al invitado. Este se levantó y agradeció con una reverencia teatral aquella muestra de afecto. Luego, de la mano de la directora del restaurante, y tirando de la cadena de Agustín, que le seguía sumisa y callada, fueron todos a la entrada, y allí, uno a uno, despedían a los clientes al salir y les daban las buenas noches. El ritual duró otra media hora y cuando el local quedó vacío y los camareros y el personal de la cocina comenzaron a limpiar y a recoger, Shiguemi se lanzó al cuello de su amigo y le dio un sonoro beso en la mejilla. 
-Esa reacción es muy poco japo.
-Llevo tanto tiempo aquí que ya me he convertido en una española toca cojones. 
-¿ Satisfecha con tu primera noche de Cenas con Talentos? 
-Más que satisfecha. Habéis estado fantásticos. Los dos.
-Muchas gracias doña Shiguemi.- Dijo Agustín. 
-Soy yo quien tiene que daros las gracias, y ahora... ¿no pensaréis iros? 
-¿No?- Preguntó el escritor. 
-No. Ahora nos tomamos los tres una copa en mi despacho. 
-Vamos. 

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 5 de Noviembre de 2010 a las 13:41
DIEZ.

   El escritor ya lo conocía, porque allí había preparado con Shiguemi las posibles preguntas del coloquio. Era amplio, con muchas ventanas y amueblado muy de diseño. Librerías negro wengué con columnas y estantes gruesos, lámparas a pared y sillas de metal en cromado mate con volúmenes minimalistas. La mesa de cristal sobre dos bases de mármol intensamente azul y al fondo, como para tomarse un respiro o esperar la atención de la jefa, un sofá de cuero granate y brillante. Un remake del estilo Chesterton, sin botones, pero con respaldo bajo y brazos grandes y redondeados. En aquella estancia de tono elitista Shiguemi lucía perfecta, como si por fin nadara a sus anchas al entrar en su pecera. La raja del vestido largo la dibujaba la pierna exquisitamente, igual que el escote y su espalda descubierta. Su figura, fibrosa y contundente, estaba resaltada, más que insinuada, por el modelo que llevaba. Cerró tras de si la puerta. Ya estaban los tres en su territorio. E invitó a la pareja a que se sentara en el sofá mientras ella les preparaba una copa. La directora se dio la vuelta y avanzó hacia uno de los huecos de la librería en el que estaban las botellas de licor, los vasos y un contenedor de cubitos de hielo herméticamente cerrado que el servicio de cocina le ponía allí todos los días antes de que ella llegase. Cogió los cubitos con la mano, a puñados, como era su costumbre, y llenó los tres vasos. Estaba muy feliz y sonreía como hacía tiempo que no lo hacía. 
-¿Whisky? Tengo un japonés muy bueno. Doce años. 
-Para mí está bien. 
-Para mí también, doña Shiguemi. 
-Fantástico.- Sirvió el whisky, puso los vasos en una bandeja y con ella se dio la vuelta dirección hacia sus invitados. 
   José Andrés se había colocado ya en el sofá y se acomodaba arrellanándose, cruzando las piernas y estirando un brazo sobre el respaldo. Pero Agustín no se había sentado; estaba arrodillada en el suelo, pegadita a las piernas del escritor y sujetada así, con firmeza, por la cadena y el collar que llevaba, como una auténtica mascota. La directora del Robata les miró a los dos un poco extrañada. 
-¿Por qué no te pones a gusto en el sofá, preciosa? Ya ha terminado todo. Ya no nos ve nadie. 
   Ahora, quien miró con sorpresa fue Agustín a la directora del Robata; había algo escandalizado en su mirad, como si un católico practicante acabase de oír una blasfemia. Después miró a José Andrés, como esperando, casi suplicando, que contestara él a aquello. 
-Agustín es una buena esclava.- Y el escritor lo hizo. Continuó. -Una esclava obediente y muy bien adiestrada. No está interpretando. 
   Y la aludida, que seguía arrodillada, se inclinó del todo y comenzó a besar los zapatos del escritor; Agustín volvía a sonreír y miró a Shiguemi más calmada. 
-No está interpretando.- José Andrés insistió. Durante un rato, nadie dijo nada. 
 
arawna
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Fecha de ingreso: 4 de Febrero de 2010
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  • 5 de Noviembre de 2010 a las 13:54

Oye, ahora que veo que vas colgando capítulos aquí directamente me parece que me voy a animar a empezar a leerlos, a ver qué tal :)

¡Ya te comentaré!

 

Un saludo,

Arawna

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 9 de Noviembre de 2010 a las 22:36
ONCE.

   Shiguemi se sentó en una de las dos sillas Vasily que había a cada lado del sofá de su despacho. Las cinchas tensadas de cuero de las sillas eran también granates, como la piel del sofá en el que seguía sentado José Andrés con Agustín arrodillada en el suelo, al lado de sus piernas. La directora del Robata sostenía su vaso de whisky rebosante de hielo y con la otra mano acariciaba las gotas del cristal. La raja de su elegante vestido se había desplazado completamente a un lado, dejando sus extremidades exuberantemente descubiertas, sobre los delgados tacones que llevaba. Dio un trago y se retocó un poco el pelo del flequillo. 
-Está bien ¿Qué quieres decir exactamente con eso de que no está interpretando? 
-No te pongas en guardia. 
-No lo estoy José Andrés, pero los dos lo habéis dicho con bastante seriedad. Seguro que he metido la pata de alguna manera y os pido disculpas por mi ignorancia. Sólo quiero saber lo que he dicho mal para no volver a cometer la misma equivocación. 
-Muy japo. 
-Muy pollas ¿Qué es eso de que Agustín no está interpretando?
-Y además te cabreas. 
   Esta vez Shiguemi guardó silencio, pero se le estaba poniendo cara de olla exprés a punto de silbar. Al escritor le hizo gracia la situación, desmadrándose descabelladamente, sin que ninguno de los tres supiera exactamente por qué, y sonrió. Tiró un poco de la cadena con que tenía amarrada por el cuello a Agustín, como si fuese una perra, y alargando el brazo, destrabó la argolla, liberándola. La tomó por la barbilla, con delicadeza, la besó fugazmente en los labios. Ella le miraba enamorada y atenta a sus inminentes palabras. 
-Acércate a la señora y bésala los pies.- Luego miró a su amiga japonesa, que con cara de sorpresa, estaba a punto de decir algo. El escritor puso las manos en posición de rezo y la rogó con la mirada que se dejara hacer. 

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 17 de Noviembre de 2010 a las 12:45
DOCE.

   Agustín avanzó de rodillas, a cuatro patas, como una tigresa, hasta la directora del Robata. Una estremecedora sonrisa de sensualidad iluminaba su rostro. Se retiró el pelo con las manos, y acercándole el rostro a los pies, comenzó a besarlos lenta y concienzudamente. Como Shiguemi llevaba zapatos abiertos se entretuvo especialmente en besarle, varias veces, todos y cada uno de los dedos. Sus pies, con las uñas pintadas de rojo y con aquella mujer exuberante adorándoselos con los labios, le parecieron a su propia dueña, de repente, de una belleza arrebatadora. Un poco confundida por ese extraño descubrimiento y por la inusual escena, miró a José Andrés. 
-Hay cosas que para ser bien explicadas necesitan cierto tipo de silencios, y de actos, más que sólo palabras. 
-Eso sí que suena japo, José Andrés. 
-Y no la gilipollez de antes. 
-Afirmativo. 
-Déjala hacer, Shiguemi, por favor, déjala hacer. 
   Como la japonesa tenía las piernas cruzadas, mantenía un pie en alto y el otro en el suelo. Agustín tomó con sus dos manos el pie alzado y con suma delicadeza comenzó a quitarle el zapato. Como a una cenicienta, la descalzó. Todo su cuerpo dibujaba una zeta magnífica, seguía solo con las medias, el tanga, y en los pezones, las aspitas de esparadrapo. Sentada sobre sus piernas dobladas, en el suelo, las nalgas se le perfilaban perfectas, y su melena, caía por la espalda, como una cascada, hasta su comienzo. Shiguemi, en la Vasily, observaba inquietantemente perturbada, aquel espectáculo anatómico, pero hizo caso a su amigo, y no dijo nada. Ahora, sin el zapato, Agustín no solo besaba, sino que ademas, comenzó a lamerle la planta, el talón y más despacio, y con minuciosidad, los espacios entre los dedos. Entre lametazo y lametazo, besaba, y luego volvía y volvía a chupar. Más besos. Más lengua. Fueron más de diez minutos hasta que dio por terminada su labor con ese pie, y después, con la misma exquisita delicadeza, fue a por el otro. Shiguemi colaboró, cambiando las piernas que tenía cruzadas, puso la de abajo arriba y la de arriba abajo, y después, se volvió a dejar hacer absolutamente de todo otra vez, en el nuevo pie. Aunque no lo dijo en voz alta, tuvo que reconocer para si misma, que le estaba gustando. 
-¿Sabes? Mucha gente me pregunta ahora por qué sólo escribo sobre sadomasoquismo. Y la verdad es que es así; aparte de mis novelas, que son todas de Sado, los pocos artículos que hago o mis intervenciones en algún foro van siempre de los mismo. 
   Shiguemi le  miró con la debida atención y luego lanzó un vistazo furtivo a Agustín, que seguía lamiéndola y besándola los pies, por si no era adecuado que siguiera con eso  mientras hablaban. 
-No te preocupes.- Despejó la duda José Andrés.-Ella seguirá hasta que yo la ordene que pare. Déjala. La escenografía de una conversación también es importante. 
-De acuerdo. 
-Lo cierto es que no se trata de ninguna libre elección; si no escribiera de sadomasoquismo, simplemente, no escribiría. Te aseguro que no soy capaz. Ningún otro tema me interesa lo suficiente como para tomarme el trabajo y la dedicación necesaria para escribir sobre él. Así de simple. En realidad asisto un poco fascinado e incrédulo a este mediocre éxito literario que estoy viviendo. 
-¿En serio? 
-En serio. La casualidad histórica ha querido que yo viviese en una sociedad que tolera lo que hago y que además, tiene un pequeño porcentaje de gente, que lo demanda. Nada más. Insisto; es milagroso que me paguen por algo que hago, única y exclusivamente, para disfrutar. Porque no es un tópico, te lo aseguro, si fuese necesario, yo pagaría por hacerlo. Pagaría por escribir las historias de sexo, y de dolor para conseguir placer, que escribo. 
-¿Tan bien te lo pasas escribiendo? 
-Sí. Es como un orgasmo con retardo. Requiere ejercitarse en algunas técnicas de meditación, pero da resultado; el placer sexual intelectualizado y progresivamente dosificado, en el acto de escribir, es muy intenso. 
-No seas tan humilde; tu éxito radica en la novedad temática de lo que tratas y en la extrema sinceridad que trasmiten tus escritos. 
-O sea, que te has leído mis escasísimas críticas favorables. 
-Ya me conoces; me gusta documentarme. 
-Todavía no he respondido a tu pregunta. 
-Ya he perdido el hilo. 
-Pues te la recordaré, porque éste era el final del prólogo; me has preguntado porque te dijimos tan seriamente que Agustín no estaba interpretando. 
-¿Y? 
-Es una esclava sexual de verdad. Una auténtica aficionada al sadomaso. 
-Que te ha prestado un amigo para la ocasión. Me lo dijiste cuando llegasteis. 
-Su amo. Me la ha prestado su amo. 
   Desde abajo Agustín la miró de soslayo, sin descuidar su tarea. La directora del Robata dejó el baso sobre la mesa y la acarició el pelo, y la cara. 
-Qué guapa eres. 
-Gracias señora.- Y siguió besando. 
-¿No te intriga verla desnuda?- Terció el escritor. 
-¿Completamente desnuda? ¿Ahora? 
-Es algo sencillamente espectacular ¿Quieres? 
-No sé... 
-Tomaré tus dudas por un sí.- Y volvió a poner las manos en plan rezo, un poco caricaturesco, pidiendo permiso graciosamente.- Basta Agustín. Déjala. De pie, te pones en pelotas y te exhibes bien ante la señora !Vamos! 
 

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 22 de Noviembre de 2010 a las 21:48
cita de salazar DOCE.

   Agustín avanzó de rodillas, a cuatro patas, como una tigresa, hasta la directora del Robata. Una estremecedora sonrisa de sensualidad iluminaba su rostro. Se retiró el pelo con las manos, y acercándole el rostro a los pies, comenzó a besarlos lenta y concienzudamente. Como Shiguemi llevaba zapatos abiertos se entretuvo especialmente en besarle, varias veces, todos y cada uno de los dedos. Sus pies, con las uñas pintadas de rojo y con aquella mujer exuberante adorándoselos con los labios, le parecieron a su propia dueña, de repente, de una belleza arrebatadora. Un poco confundida por ese extraño descubrimiento y por la inusual escena, miró a José Andrés. 
-Hay cosas que para ser bien explicadas necesitan cierto tipo de silencios, y de actos, más que sólo palabras. 
-Eso sí que suena japo, José Andrés. 
-Y no la gilipollez de antes. 
-Afirmativo. 
-Déjala hacer, Shiguemi, por favor, déjala hacer. 
   Como la japonesa tenía las piernas cruzadas, mantenía un pie en alto y el otro en el suelo. Agustín tomó con sus dos manos el pie alzado y con suma delicadeza comenzó a quitarle el zapato. Como a una cenicienta, la descalzó. Todo su cuerpo dibujaba una zeta magnífica, seguía solo con las medias, el tanga, y en los pezones, las aspitas de esparadrapo. Sentada sobre sus piernas dobladas, en el suelo, las nalgas se le perfilaban perfectas, y su melena, caía por la espalda, como una cascada, hasta su comienzo. Shiguemi, en la Vasily, observaba inquietantemente perturbada, aquel espectáculo anatómico, pero hizo caso a su amigo, y no dijo nada. Ahora, sin el zapato, Agustín no solo besaba, sino que ademas, comenzó a lamerle la planta, el talón y más despacio, y con minuciosidad, los espacios entre los dedos. Entre lametazo y lametazo, besaba, y luego volvía y volvía a chupar. Más besos. Más lengua. Fueron más de diez minutos hasta que dio por terminada su labor con ese pie, y después, con la misma exquisita delicadeza, fue a por el otro. Shiguemi colaboró, cambiando las piernas que tenía cruzadas, puso la de abajo arriba y la de arriba abajo, y después, se volvió a dejar hacer absolutamente de todo otra vez, en el nuevo pie. Aunque no lo dijo en voz alta, tuvo que reconocer para si misma, que le estaba gustando. 
-¿Sabes? Mucha gente me pregunta ahora por qué sólo escribo sobre sadomasoquismo. Y la verdad es que es así; aparte de mis novelas, que son todas de Sado, los pocos artículos que hago o mis intervenciones en algún foro van siempre de los mismo. 
   Shiguemi le  miró con la debida atención y luego lanzó un vistazo furtivo a Agustín, que seguía lamiéndola y besándola los pies, por si no era adecuado que siguiera con eso  mientras hablaban. 
-No te preocupes.- Despejó la duda José Andrés.-Ella seguirá hasta que yo la ordene que pare. Déjala. La escenografía de una conversación también es importante. 
-De acuerdo. 
-Lo cierto es que no se trata de ninguna libre elección; si no escribiera de sadomasoquismo, simplemente, no escribiría. Te aseguro que no soy capaz. Ningún otro tema me interesa lo suficiente como para tomarme el trabajo y la dedicación necesaria para escribir sobre él. Así de simple. En realidad asisto un poco fascinado e incrédulo a este mediocre éxito literario que estoy viviendo. 
-¿En serio? 
-En serio. La casualidad histórica ha querido que yo viviese en una sociedad que tolera lo que hago y que además, tiene un pequeño porcentaje de gente, que lo demanda. Nada más. Insisto; es milagroso que me paguen por algo que hago, única y exclusivamente, para disfrutar. Porque no es un tópico, te lo aseguro, si fuese necesario, yo pagaría por hacerlo. Pagaría por escribir las historias de sexo, y de dolor para conseguir placer, que escribo. 
-¿Tan bien te lo pasas escribiendo? 
-Sí. Es como un orgasmo con retardo. Requiere ejercitarse en algunas técnicas de meditación, pero da resultado; el placer sexual intelectualizado y progresivamente dosificado, en el acto de escribir, es muy intenso. 
-No seas tan humilde; tu éxito radica en la novedad temática de lo que tratas y en la extrema sinceridad que trasmiten tus escritos. 
-O sea, que te has leído mis escasísimas críticas favorables. 
-Ya me conoces; me gusta documentarme. 
-Todavía no he respondido a tu pregunta. 
-Ya he perdido el hilo. 
-Pues te la recordaré, porque éste era el final del prólogo; me has preguntado porque te dijimos tan seriamente que Agustín no estaba interpretando. 
-¿Y? 
-Es una esclava sexual de verdad. Una auténtica aficionada al sadomaso. 
-Que te ha prestado un amigo para la ocasión. Me lo dijiste cuando llegasteis. 
-Su amo. Me la ha prestado su amo. 
   Desde abajo Agustín la miró de soslayo, sin descuidar su tarea. La directora del Robata dejó el baso sobre la mesa y la acarició el pelo, y la cara. 
-Qué guapa eres. 
-Gracias señora.- Y siguió besando. 
-¿No te intriga verla desnuda?- Terció el escritor. 
-¿Completamente desnuda? ¿Ahora? 
-Es algo sencillamente espectacular ¿Quieres? 
-No sé... 
-Tomaré tus dudas por un sí.- Y volvió a poner las manos en plan rezo, un poco caricaturesco, pidiendo permiso graciosamente.- Basta Agustín. Déjala. De pie, te pones en pelotas y te exhibes bien ante la señora !Vamos! 
 

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salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 23 de Noviembre de 2010 a las 10:39

TRECE. 


-De inmediato amo.- La aludida se levantó de un salto al oirlo y se apartó unos metros de la directora del Robata, para que, sentada como seguía, pudiera verla perfectamente de cuerpo entero. Comenzó entonces un insinuante bailecito con las caderas y con los brazos, a pesar de que no había música; se estiraba la melena, se tocaba la barriga y cerraba los ojitos extasiada. Más movimientos de cadera. Más sensual. Entonces comenzó a quitarse, muy lentamente, la poca ropa que llevaba puesta. Lo primero fueron las aspas de esparadrapo con las que se cubría los pezones; cogía con los dedos una de las puntas y tiraba con fuerza. A cada movimiento le acompañaba de inmediato un gritito de dolor. Dos tirones. Los pezones aparecieron preciosos, erguidos y endurecidos. Se los acarició un poco, antes de empezar con las medias a medio muslo. Despacio se las destrabó una tras otra, y como tuvo que descalzarse para quitárselas del todo, nada más tener desnudas las piernas, volvió a calzarse los tacones altísimos y acerados que llevaba. Para Agustín, coqueta por naturaleza, era muy importante, porque sabía que con tacón sus extremidades inferiores quedaban extraordinariamente resaltadas. Y tenía razón. Se las exhibió un poco a Shiguemi , enseñándoselas de un lado, y de otro, de frente y por detrás, muy pegadas y con posturita ligeramente inclinada. Tenía unas piernas de vedette magníficas. Luego se quitó el cinturón de Historia de O del cuello, como Gilda, alzando los brazos y meneando la melena. Y por último el tanga. Para que su asombrada espectadora no se perdiera detalles de sus nalgas, se dio la vuelta, y sin dejar de menear el culito ni un segundo lo fue bajando con las dos manos hasta el suelo. Si las piernas y las caderas eran bonitas, su culo era sencillamente arrebatador. Cualquier adjetivo se quedaba cojo ante aquella redondez perfecta, capaz de provocar en casi cualquier ser vivo, un imperioso deseo de posesión. Finalmente apartó el tanguita con una sutil patadita, y volvió a ponerse de frente, ahora sí, completamente en pelotas, como se le había ordenado. Sonreía iluminada, consciente de su poderío y satisfecha por haber obedecido. Con las dos manos se tapaba el sexo, como la Venus de la concha; se lo miró, miró a Shiguemi, que más que atenta, absorta, continuaba siguiéndolo todo, y después, a cámara lenta, abrió poquito a poco las manos descubriendo totalmente su pene. La directora del Robata no pudo evitar lanzar un profundo suspiro de admiración; era precioso. Absolutamente depilado. Como el minúsculo pene de las estatuas de mármol de los angelitos, pero un poco duro. Aunque era muy pequeño, estaba erecto, y se notaba, gordito, venoso, brillante y sonrosado. La imagen, así, de Agustín, era casi irreal, por su poderosa y turbulenta sensación de belleza ambigua. José Andrés tenía razón, espectacular, pensó Shiguemi, que seguía boquiabierta contemplando a Agustín. 
-Si quieres te la quedas esta noche.- Dijo el escritor. 
-¿Cómo?- La directora del Robata no creía haber entendido bien. 
-Que yo ya me quiero retirar, pero que si a ti te apetece, te la presto para que pase la noche contigo. Es muy obediente. Podrás hacer con ella lo que quieras, sexualmente, por supuesto ¿Qué te parece? 
   Pues sí, no cabía duda, había entendido perfectamente. 
 
salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 25 de Noviembre de 2010 a las 21:03
cita de salazar TRECE. 

-De inmediato amo.- La aludida se levantó de un salto al oirlo y se apartó unos metros de la directora del Robata, para que, sentada como seguía, pudiera verla perfectamente de cuerpo entero. Comenzó entonces un insinuante bailecito con las caderas y con los brazos, a pesar de que no había música; se estiraba la melena, se tocaba la barriga y cerraba los ojitos extasiada. Más movimientos de cadera. Más sensual. Entonces comenzó a quitarse, muy lentamente, la poca ropa que llevaba puesta. Lo primero fueron las aspas de esparadrapo con las que se cubría los pezones; cogía con los dedos una de las puntas y tiraba con fuerza. A cada movimiento le acompañaba de inmediato un gritito de dolor. Dos tirones. Los pezones aparecieron preciosos, erguidos y endurecidos. Se los acarició un poco, antes de empezar con las medias a medio muslo. Despacio se las destrabó una tras otra, y como tuvo que descalzarse para quitárselas del todo, nada más tener desnudas las piernas, volvió a calzarse los tacones altísimos y acerados que llevaba. Para Agustín, coqueta por naturaleza, era muy importante, porque sabía que con tacón sus extremidades inferiores quedaban extraordinariamente resaltadas. Y tenía razón. Se las exhibió un poco a Shiguemi , enseñándoselas de un lado, y de otro, de frente y por detrás, muy pegadas y con posturita ligeramente inclinada. Tenía unas piernas de vedette magníficas. Luego se quitó el cinturón de Historia de O del cuello, como Gilda, alzando los brazos y meneando la melena. Y por último el tanga. Para que su asombrada espectadora no se perdiera detalles de sus nalgas, se dio la vuelta, y sin dejar de menear el culito ni un segundo lo fue bajando con las dos manos hasta el suelo. Si las piernas y las caderas eran bonitas, su culo era sencillamente arrebatador. Cualquier adjetivo se quedaba cojo ante aquella redondez perfecta, capaz de provocar en casi cualquier ser vivo, un imperioso deseo de posesión. Finalmente apartó el tanguita con una sutil patadita, y volvió a ponerse de frente, ahora sí, completamente en pelotas, como se le había ordenado. Sonreía iluminada, consciente de su poderío y satisfecha por haber obedecido. Con las dos manos se tapaba el sexo, como la Venus de la concha; se lo miró, miró a Shiguemi, que más que atenta, absorta, continuaba siguiéndolo todo, y después, a cámara lenta, abrió poquito a poco las manos descubriendo totalmente su pene. La directora del Robata no pudo evitar lanzar un profundo suspiro de admiración; era precioso. Absolutamente depilado. Como el minúsculo pene de las estatuas de mármol de los angelitos, pero un poco duro. Aunque era muy pequeño, estaba erecto, y se notaba, gordito, venoso, brillante y sonrosado. La imagen, así, de Agustín, era casi irreal, por su poderosa y turbulenta sensación de belleza ambigua. José Andrés tenía razón, espectacular, pensó Shiguemi, que seguía boquiabierta contemplando a Agustín. 
-Si quieres te la quedas esta noche.- Dijo el escritor. 
-¿Cómo?- La directora del Robata no creía haber entendido bien. 
-Que yo ya me quiero retirar, pero que si a ti te apetece, te la presto para que pase la noche contigo. Es muy obediente. Podrás hacer con ella lo que quieras, sexualmente, por supuesto ¿Qué te parece? 
   Pues sí, no cabía duda, había entendido perfectamente. 
 
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salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 30 de Noviembre de 2010 a las 13:13
CATORCE.

   Cuando Shiguemi abrió la puerta de su casa se le iluminaron los ojos. 
-!José Andrés! 
-Sorpresa. 
-Así que te acordabas de mi dirección. 
   El escritor enseñó a su amiga un termo de diseño recién comprado y que acababa de llenar hacía un momento en la primera cafetería que encontró al lado del portal. 
-Es café con leche muy caliente. 
-Y sin azúcar. 
-También me acuerdo. 
   La japonesa abrió de par en par la puerta de su piso, haciéndose a un lado, sonriendo, José Andrés entró, se descalzó y cogiendo del brazo a Shiguemi la llevó hasta el sofá. Allí los dos se sentaron. Ella vestía una bata grande y holgada, de fondo plateado y con flores rojas estampadas, y parecía que debajo no llevaba nada más; acababa de ducharse, todavía tenía su pelo liso y rubio un poco mojado, y así, sin maquillar, pero recién aseada, estaba preciosa. Como el piso era un apartamento grande con cocina americana pegada a una pared y diferenciada del resto por un mostrador con taburetes, el escritor no tuvo más que levantarse, dar un par de pasos para coger dos jarras y sirviendo en una de ellas el café humeante, volvió a sentarse al lado de Shiguemi ofreciéndoselo. 
-Se ha ido ya Agustín por lo que veo. 
-Hace poco menos de una hora. Se fue temprano. 
-¿Y qué tal con ella? 
-!Pero bueno! 
-No te lo pregunto sólo por morbo, querida, aunque reconozco que la situación lo tiene, y mucho. Lo hago porque al prestármela su amo me puso una condición; que tanto si la usaba yo, como si se la dejaba a alguien, tenía que contarle después todo lo que se le había hecho con detalle. 
-¿Usarla tú o dejársela a alguien? Hablas de Agustín como si fuese una muñeca hinchable. 
-Ya te dije que es una esclava sexual, en esta situación, es la manera adecuada de referirme a ella. 
-Me parece que todo este rollo tuyo con el sado me está rebasando. 
-Porque intentas intelectualizarlo demasiado cuando yo sólo quiero que lo disfrutes un poco. 
-Buen café. 
-¿Verdad? 
-¿Entonces quieres que te cuente en serio las cosas que hicimos cuando nos acostamos juntas? 
-Por favor. Yo luego le contaré lo que me digas en privado a su amo, porque él, en su próximo encuentro con Agustín, disfruta mucho haciéndole preguntas sobre todo lo que le hicieron y contrastando las versiones de cada uno. Aunque Agustín nunca le miente, si se equivoca u omite algo por error o simple olvido, su amo la castiga severamente. En eso consiste el juego. 
-Desde que te he reencontrado como escritor de éxito no dejas de sorprenderme. 
-¿Escritor de éxito? Te agradezco el halago pero yo sólo hago pornografía sadomasoquista. No doy para más, en serio. 
-Bueno, está bien, voy a contártelo. 
-Perfecto.- El escritor se arrellanó en su asiento, feliz, y le dio un buen trago a su jarra de café. 
 

salazar
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  • 3 de Diciembre de 2010 a las 23:28
cita de salazar CATORCE.

   Cuando Shiguemi abrió la puerta de su casa se le iluminaron los ojos. 
-!José Andrés! 
-Sorpresa. 
-Así que te acordabas de mi dirección. 
   El escritor enseñó a su amiga un termo de diseño recién comprado y que acababa de llenar hacía un momento en la primera cafetería que encontró al lado del portal. 
-Es café con leche muy caliente. 
-Y sin azúcar. 
-También me acuerdo. 
   La japonesa abrió de par en par la puerta de su piso, haciéndose a un lado, sonriendo, José Andrés entró, se descalzó y cogiendo del brazo a Shiguemi la llevó hasta el sofá. Allí los dos se sentaron. Ella vestía una bata grande y holgada, de fondo plateado y con flores rojas estampadas, y parecía que debajo no llevaba nada más; acababa de ducharse, todavía tenía su pelo liso y rubio un poco mojado, y así, sin maquillar, pero recién aseada, estaba preciosa. Como el piso era un apartamento grande con cocina americana pegada a una pared y diferenciada del resto por un mostrador con taburetes, el escritor no tuvo más que levantarse, dar un par de pasos para coger dos jarras y sirviendo en una de ellas el café humeante, volvió a sentarse al lado de Shiguemi ofreciéndoselo. 
-Se ha ido ya Agustín por lo que veo. 
-Hace poco menos de una hora. Se fue temprano. 
-¿Y qué tal con ella? 
-!Pero bueno! 
-No te lo pregunto sólo por morbo, querida, aunque reconozco que la situación lo tiene, y mucho. Lo hago porque al prestármela su amo me puso una condición; que tanto si la usaba yo, como si se la dejaba a alguien, tenía que contarle después todo lo que se le había hecho con detalle. 
-¿Usarla tú o dejársela a alguien? Hablas de Agustín como si fuese una muñeca hinchable. 
-Ya te dije que es una esclava sexual, en esta situación, es la manera adecuada de referirme a ella. 
-Me parece que todo este rollo tuyo con el sado me está rebasando. 
-Porque intentas intelectualizarlo demasiado cuando yo sólo quiero que lo disfrutes un poco. 
-Buen café. 
-¿Verdad? 
-¿Entonces quieres que te cuente en serio las cosas que hicimos cuando nos acostamos juntas? 
-Por favor. Yo luego le contaré lo que me digas en privado a su amo, porque él, en su próximo encuentro con Agustín, disfruta mucho haciéndole preguntas sobre todo lo que le hicieron y contrastando las versiones de cada uno. Aunque Agustín nunca le miente, si se equivoca u omite algo por error o simple olvido, su amo la castiga severamente. En eso consiste el juego. 
-Desde que te he reencontrado como escritor de éxito no dejas de sorprenderme. 
-¿Escritor de éxito? Te agradezco el halago pero yo sólo hago pornografía sadomasoquista. No doy para más, en serio. 
-Bueno, está bien, voy a contártelo. 
-Perfecto.- El escritor se arrellanó en su asiento, feliz, y le dio un buen trago a su jarra de café. 
 

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salazar
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  • 8 de Diciembre de 2010 a las 14:27
QUINCE.

-Poco después de que tú te fueras ella se acercó arrodillándose a mi lado y siguió besuqueándome los pies y lamiéndome entre los dedos. No decía nada, ronroneaba como una gatita y de vez en cuando me miraba y sonreía deliciosamente. Estaba tan encantadora y la experiencia era tan novedosa y... excitante, para mi, que la dejé hacer un buen rato, no sé, quizá más de media hora, el caso es que finalmente uno de mis empleados llamó a la puerta del despacho para decirme que ya se había recogido todo y que el personal iba a marcharse. Le dije que muy bien, alzando la voz y sin abrir, y que se aseguraran de dejar las puertas bien cerradas al salir. Inmediatamente después oímos el pequeño tumulto que levanta la gente al marcharse y minutos después, silencio absoluto. Nos habíamos quedado solas en el restaurante.- Mientras hablaba Shiguemi se abrió la bata con naturalidad y cierto aire de indiferencia, Y sí. Efectivamente. Debajo no llevaba absolutamente nada. 
-Estás increíblemente guapa. 
-Tengo cuarenta y siete tacos José Andrés, así que para conseguirlo hago permanentemente dieta, voy al gimnasio y he pasado por el quirófano para ponerme un poco de culo y dos buenas tetas. 
-Mis ojos me dicen que ha merecido la pena. 
-Pero no me resultaba agradable la idea de mantener una relación sexual en mi despacho, ya sabes... 
-Prejuicios japo. 
-Correcto. Así que como estaba claro que yo llevaba la batuta le dije que se levantara y que nos íbamos a mi casa. Ella obedeció encantada, me ayudó a ponerme el abrigo y hasta el coche y al bajar de él caminaba todo el rato detrás de mi, con la mirada baja y una inquietante expresión de felicidad sumisa en el rostro. 
-Te gustaba la situación ¿verdad? 
-Disfruté. Lo reconozco. 
   El escritor se levantó y dejó las dos jarras vacías en la barra de la cocina, luego volvió al sofá, pero al sentarse se acercó más a su amiga, se pegó a ella, apoyó un brazo en el respaldo y la otra mano se la puso directamente a la japonesa entre las piernas, justo encima del chocho; tenía el sexo cuidadosamente depilado y su piel era intensamente suave y tersa. 
-Continúa Shiguemi, por favor.

salazar
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  • 13 de Diciembre de 2010 a las 19:41
cita de salazar QUINCE.

-Poco después de que tú te fueras ella se acercó arrodillándose a mi lado y siguió besuqueándome los pies y lamiéndome entre los dedos. No decía nada, ronroneaba como una gatita y de vez en cuando me miraba y sonreía deliciosamente. Estaba tan encantadora y la experiencia era tan novedosa y... excitante, para mi, que la dejé hacer un buen rato, no sé, quizá más de media hora, el caso es que finalmente uno de mis empleados llamó a la puerta del despacho para decirme que ya se había recogido todo y que el personal iba a marcharse. Le dije que muy bien, alzando la voz y sin abrir, y que se aseguraran de dejar las puertas bien cerradas al salir. Inmediatamente después oímos el pequeño tumulto que levanta la gente al marcharse y minutos después, silencio absoluto. Nos habíamos quedado solas en el restaurante.- Mientras hablaba Shiguemi se abrió la bata con naturalidad y cierto aire de indiferencia, Y sí. Efectivamente. Debajo no llevaba absolutamente nada. 
-Estás increíblemente guapa. 
-Tengo cuarenta y siete tacos José Andrés, así que para conseguirlo hago permanentemente dieta, voy al gimnasio y he pasado por el quirófano para ponerme un poco de culo y dos buenas tetas. 
-Mis ojos me dicen que ha merecido la pena. 
-Pero no me resultaba agradable la idea de mantener una relación sexual en mi despacho, ya sabes... 
-Prejuicios japo. 
-Correcto. Así que como estaba claro que yo llevaba la batuta le dije que se levantara y que nos íbamos a mi casa. Ella obedeció encantada, me ayudó a ponerme el abrigo y hasta el coche y al bajar de él caminaba todo el rato detrás de mi, con la mirada baja y una inquietante expresión de felicidad sumisa en el rostro. 
-Te gustaba la situación ¿verdad? 
-Disfruté. Lo reconozco. 
   El escritor se levantó y dejó las dos jarras vacías en la barra de la cocina, luego volvió al sofá, pero al sentarse se acercó más a su amiga, se pegó a ella, apoyó un brazo en el respaldo y la otra mano se la puso directamente a la japonesa entre las piernas, justo encima del chocho; tenía el sexo cuidadosamente depilado y su piel era intensamente suave y tersa. 
-Continúa Shiguemi, por favor.

 

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salazar
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  • 14 de Diciembre de 2010 a las 17:51

   Cuando se le perdona la vida a Freud y se dice que, en psiquiatría actual, el sexo no es el principal motor de la mente humana, inevitablemente pienso que el que lo dice, es una mujer frígida  o un varón impotente, o al menos, un ser humano hiposexual. Otro azote del discurso cultural actual que me resulta insufrible es la pedantería chabacana de los escritores de derechas que hablan de la teoría sexual con menosprecio y sólo para calificarla de pernicioso exceso verbal de la izquierda gay occidental. A ambos lados del arco ideológico se palpa la incomprensible indiferencia que siempre, históricamente, anuncia los grandes argumentos revolucionarios de cada siglo. La teoría del sexo. La reconstrucción de la sexualidad. La validación de la individualidad como el único punto de partida posible para la creación de definitivo microdiscurso biosexual del milenio. Y follar. Y como follar. Y con quién follar. La praxis del pensamiento que no necesita por qués ni para qués. Será el argumento. Ya lo está siendo. Larsson. Auster. Tú mismo, que estás leyendo y que te inquieto hasta el extremo de preguntarte si en esta semana has follado bien y/o has follado suficiente ¿Y esta noche? A tu lado. 


Introducción necesaria; dildo de sadomasoquismo.
    
salazar
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  • 15 de Diciembre de 2010 a las 17:37
DIECISÉIS. 

-Nada más llegar nos servimos unas copas. Yo no la pregunté si la apetecía, simplemente le dí el vaso y ella muy poquito a poco y dando sorbitos de pajarito se lo terminó todo. Entonces se le pusieron los ojos vidriosos y se mareó. 
-Lógico; Agustín no bebe, pero como no la preguntaste, no quería desobedecerte. 
-Bueno, el caso es que al verla así yo me asusté un poco y la llevé del brazo, medio tambaleante como estaba, a la cama. Ya se había quitado el abrigo, así que volvió a quedarse en medias, tanga y tacones, como en el restaurante, pero ahora repentinamente medio borracha y en mi cama. Me senté a su lado, la toqué la frente y la pregunté si se encontraba mal. Entonces ella me cogió la mano y se puso a llorar. Yo ya estaba de los nervios. Todo el glamour sexual de antes se me quitó de repente y ya estaba pensando en llamar a una ambulancia. Pero no me dejó levantarme de su lado porque me abrazó con fuerza a la cintura y comenzó a pedirme perdón entre llantos. 
-¿Perdón? 
-Sí. Le pedí que se calmara y al cabo de unos minutos, por fin, pudo hablar. Me dijo que me pedía perdón por lo mal que se había puesto por beberse el trago de whisky y me suplicó que la castigara.Entonces se puso a cuatro patas, en la posición del perrito y me suplicó que la azotara el culo porque lo tenía muy bien merecido. Yo estaba petrificada. No sabía qué hacer. Y ella insistía e insistía una y otra vez en que tenía que azotarla. Hasta me dijo que lo hiciera con un cinturón grande y de cuero porque así la dolería más. Que tenía que aprender la lección y que por favor la pegara. 
-Buena esclava. 
-El caso es que era ya un poco tarde, más de la una y media de la madrugada, y Agustín estaba montando demasiado ruido para esas horas con sus llantos y sus súplicas, y no parecía que hubiese otra manera de hacerla callar que cumplir sus deseos y castigarla. 
-Bien. 

salazar
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  • 17 de Diciembre de 2010 a las 15:47
cita de salazar    Cuando se le perdona la vida a Freud y se dice que, en psiquiatría actual, el sexo no es el principal motor de la mente humana, inevitablemente pienso que el que lo dice, es una mujer frígida  o un varón impotente, o al menos, un ser humano hiposexual. Otro azote del discurso cultural actual que me resulta insufrible es la pedantería chabacana de los escritores de derechas que hablan de la teoría sexual con menosprecio y sólo para calificarla de pernicioso exceso verbal de la izquierda gay occidental. A ambos lados del arco ideológico se palpa la incomprensible indiferencia que siempre, históricamente, anuncia los grandes argumentos revolucionarios de cada siglo. La teoría del sexo. La reconstrucción de la sexualidad. La validación de la individualidad como el único punto de partida posible para la creación de definitivo microdiscurso biosexual del milenio. Y follar. Y como follar. Y con quién follar. La praxis del pensamiento que no necesita por qués ni para qués. Será el argumento. Ya lo está siendo. Larsson. Auster. Tú mismo, que estás leyendo y que te inquieto hasta el extremo de preguntarte si en esta semana has follado bien y/o has follado suficiente ¿Y esta noche? A tu lado. 

Introducción necesaria; dildo de sadomasoquismo.
    
   El control del dolor sólo llega por dos caminos; el control del dolor para sentir placer, por supuesto. En cierta ocasión comenté esto con Bizarro, al que, y todavía no sé la razón, le llamaba la atención ese aspecto tan concreto del sadomasoquismo. A la identidad sexual Sadomaso, como iba diciendo, se llega, sólo, por dos caminos y es casi idéntico que el de los vampiros. El aspecto que atraía a Bizarro. Se puede nacer sadomasoquista y uno suele descubrirlo cuando ya es mayorcito después de haberse pasado la pubertad acompañando espontáneamente sus masturbaciones con autoazotes. Como en las películas son los vampiros puros. La segunda vía vía es descubrir ya adulto el sadomasoquismo, participar en una de sus sesiones y quedar tan prendado de la práctica que a partir de entonces se la adopta como orientación sexual preferente. Los que son convertidos en vampiros por infección; no lo eran, pero otro que era vampiro los mordió. La conclusión más relevante al respecto es que hubo sadomasoquistas desde el mismísimo comienzo de los tiempos; en el Egipto de la pirámides, y más atrás, de la misma manera que hubo homosexuales, lesbianas y heteros. Y la conclusión más esperanzadora es que por fin el respeto comienza a dibujarse con trazo fuerte en nuestras mentes, porque podemos hablar de esto en serio. De quien va a estar a tu lado esta noche cuando lo que más deseas es que esté ahí, y tenerlo. 
salazar
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  • 20 de Diciembre de 2010 a las 21:49
cita de salazar
cita de salazar    Cuando se le perdona la vida a Freud y se dice que, en psiquiatría actual, el sexo no es el principal motor de la mente humana, inevitablemente pienso que el que lo dice, es una mujer frígida  o un varón impotente, o al menos, un ser humano hiposexual. Otro azote del discurso cultural actual que me resulta insufrible es la pedantería chabacana de los escritores de derechas que hablan de la teoría sexual con menosprecio y sólo para calificarla de pernicioso exceso verbal de la izquierda gay occidental. A ambos lados del arco ideológico se palpa la incomprensible indiferencia que siempre, históricamente, anuncia los grandes argumentos revolucionarios de cada siglo. La teoría del sexo. La reconstrucción de la sexualidad. La validación de la individualidad como el único punto de partida posible para la creación de definitivo microdiscurso biosexual del milenio. Y follar. Y como follar. Y con quién follar. La praxis del pensamiento que no necesita por qués ni para qués. Será el argumento. Ya lo está siendo. Larsson. Auster. Tú mismo, que estás leyendo y que te inquieto hasta el extremo de preguntarte si en esta semana has follado bien y/o has follado suficiente ¿Y esta noche? A tu lado. 

Introducción necesaria; dildo de sadomasoquismo.
    
   El control del dolor sólo llega por dos caminos; el control del dolor para sentir placer, por supuesto. En cierta ocasión comenté esto con Bizarro, al que, y todavía no sé la razón, le llamaba la atención ese aspecto tan concreto del sadomasoquismo. A la identidad sexual Sadomaso, como iba diciendo, se llega, sólo, por dos caminos y es casi idéntico que el de los vampiros. El aspecto que atraía a Bizarro. Se puede nacer sadomasoquista y uno suele descubrirlo cuando ya es mayorcito después de haberse pasado la pubertad acompañando espontáneamente sus masturbaciones con autoazotes. Como en las películas son los vampiros puros. La segunda vía vía es descubrir ya adulto el sadomasoquismo, participar en una de sus sesiones y quedar tan prendado de la práctica que a partir de entonces se la adopta como orientación sexual preferente. Los que son convertidos en vampiros por infección; no lo eran, pero otro que era vampiro los mordió. La conclusión más relevante al respecto es que hubo sadomasoquistas desde el mismísimo comienzo de los tiempos; en el Egipto de la pirámides, y más atrás, de la misma manera que hubo homosexuales, lesbianas y heteros. Y la conclusión más esperanzadora es que por fin el respeto comienza a dibujarse con trazo fuerte en nuestras mentes, porque podemos hablar de esto en serio. De quien va a estar a tu lado esta noche cuando lo que más deseas es que esté ahí, y tenerlo. 
   DanielTurambar me ha objetado la metáfora sado-vampírica porque es imposible la conversión en el iniciado sin predisposición y en cambio el infectado es involuntario. Como siempre el privado de Daniel está cargado de razón, siempre me admira su capacidad para destacar lo más claro de un argumento, pero quiero defender un poco más el símil por un poderoso aspecto que como ahora observo no conseguí describir inicialmente. Todas las parafilias, en su sentido estricto, como orientaciones sexuales preferentes, nacen de una predisposición cuyo origen individual es sencillamente imposible de sustanciar textualmente. La mente humana se analiza observando sus componentes conceptuales, pero los elementos básicos de estas combinaciones, algo así como los elementos primigenios y seminales, son simplemente imposibles de describir lingüísticamente, quizá, todavía. Yo espero que jamás llegue el momento en que podamos expresar con la misma perfección indecente con que explicamos lo que es la sal, lo que es el amor, el odio, la pasión y tantas cosas más. Por consiguiente la predisposición, aunque científicamente inexplicable, es una condición necesaria para asumir cualquier parafilia y el caso del Sadomaso es especialmente peculiar por su marcada ritualización compartida. Los vampiros recientes, o como diría Lady Gaga, "mis pequeños monstruos", renacen florecidos cuando a través de los trozos de la cáscara del dolor solitario descubren las ceremonias, las sesiones y los látigos. En manos de otras y otros. Que también comparten sus gemidos y arrebatos. 

salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 23 de Diciembre de 2010 a las 22:05
DIECISIETE.

-Así que fui al armario, cogí mi cinturón más grueso, lo doblé por la mitad y agarré con fuerza sus extremos. Ya sabes lo mucho que me desagradan los escándalos y las inadecuadas subidas de tono. Volví junto a Agustín, un poco cabreada y ella, que seguía en la cama a cuatro patas, levantó un poco el culito esperando los azotes. Seguía lloriqueando y montando demasiado escándalo, así que levanté el brazo y... !zas! 
-La diste.- Mientras oía el relato de su amiga japonesa, José Andrés no dejaba de masajearla el coño, pero sin meterle los dedos, porque ella continuaba sentada con la bata abierta y se dejaba meter mano como si nada. 
-Justo en medio del culo y funcionó; se calló de inmediato. Me alivió tanto ver cómo por fin se callaba que enseguida volví a darle, pensando en evitar así que iniciara otra vez los gimoteos, y zas, zas, zas y zas. No sé cuanto tiempo me tiré azotándola, pero fue bastante. Cuando paré yo misma estaba sudando un poco y jadeaba. 
-¿Y Agustín? 
-Seguía a cuatro patitas, pero se había encogido un poco, como petrificada. Guardaba silencio absoluto; entonces me fijé en su culito y vi cómo se lo había dejado a la pobre; parecía un cuadro abstracto, estaba completamente lleno de marcas rojas de los azotes. Cuando tras dejar pasar unos cuantos segundos quedó claro que yo ya había terminado con el castigo, ella, muy despacio, bajó de la cama, se arrodilló junto a mi en el suelo, y comenzó a besarme los pies, a lamérmelos y a darme las gracias. Parecía que ya se le había pasado el mareo. 
martaoliveri
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  • 24 de Diciembre de 2010 a las 0:24
 personajes acartonados, falta profundidad: modulacion  en la psicologia de los personajes , te aconsejo los escritos de Barón Visa, O el cura y el moribundo del Marquez de SADE eso sí es litertura con alturar desgarrantes personajes al nivel de sus propios  infernos  anímicos,
Saludos
salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 24 de Diciembre de 2010 a las 11:52
cita de martaoliveri  personajes acartonados, falta profundidad: modulacion  en la psicologia de los personajes , te aconsejo los escritos de Barón Visa, O el cura y el moribundo del Marquez de SADE eso sí es litertura con alturar desgarrantes personajes al nivel de sus propios  infernos  anímicos,
Saludos
   Estás preciosa en la foto, Marta, pantalones de cintura baja y top negros, y tu pelo un poco alborotado insinuando que acabas de dibujar en el aire un sensual caderazo. Tienes un cuerpazo. Y detrás el maremagnum de libros creando una ambientación interesante. Pero lo mejor de la foto es tu mirada; dominante. Algo de exhibición . Prendas negras. Dureza visual y una breve mención a Sade. Estás magnífica, insisto, Marta y te agradezco la intervención. Mucho. 
   
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