26- El viejo olmo, más que centenario, se clava y crece justo a la izquierda de la explanada. Por donde se entra a los jardines del Partal y muy rozando las tapias de la Rauda, cementerio antiguo. En otros tiempos, tuvo su nombre propio. Yo, desde siempre lo he distinguido con el nombre de “El Olmo de la Rauda”. Pero, desde que faltas, lo estoy reconociendo con tu propio nombre: “Luz del Alba”.
Su follaje es tan espeso que su sombra, en estos días de verano, cubre un gran trozo de las tierras de la Alhambra. Y su tronco es tan grueso, descolorido y lleno de llagas, que solo mirarlo infunde respeto. ¡Cuánto guarda este árbol entre sus ramas y su voluminoso cuerpo! Solo mirarlo, habla y, de ti, solo Dios sabe cuanto me dice.
Porque tú, desde los jardines que se extienden un poco más adentro, llegabas muchas mañanas. Al salir el sol o todavía antes de que el sol iluminara y, algunas veces, a media mañana. ¿No te acuerdas cuánto te gustaba pasear por donde vive este olmo, por los jardincillos que hay cerca y las fuentes que, no lejos, manan? Tu vestido era siempre blanco, como el resplandor del alba y, según caminabas, parecía que a todo ibas acariciando.
Olmo centenario
clavado en la tierra
del viejo patio,
siempre fuerte y sereno
y al cielo siempre rezando.
¿Qué guardas entre las ramas
tan callado?
Olmo viejo y joven,
verde como un prado
y todo lleno de llagas
por los años
¿Quién te plantó aquí,
por qué y cuándo?
Te miran los que llegan
asombrados,
te rozan los turistas
que van de paso,
te baña el sol de la tarde
del verano,
juega contigo el vientecillo
agazapado
y se esconde entre tus ramas
de amigo manso.
Te azotan las lluvias
y los hielos blancos,
pasan las tardes,
los días, los años
y tú orgulloso en tu trono
digno, gallardo,
dando sombra al que llega
y aunque estás preñado
de historias y leyendas
vives callado,
clavado en el tiempo y las piedras
de tu viejo patio.
¿Quién te plantó aquí,
por qué y cuándo,
olmo hermoso y noble
y solitario
desde que se fue
a su reino?
Te saludo en la tarde
desde el muro blanco
de la hiedra en la iglesia.
Amigo, hermano:
¿También tú como yo
la estás buscando?