Por si a alguien le apetece leer y dejar algún comentario, este trozo de mi nuevo libro: “Desde el Jardín de un Carmen Granadino”. Agradecido y saludos: romi.
¿Y sabes? Entre otras muchas cosas que se pueden vivir y gozar a la sombra de esta parra, pórtico de las tierras del huerto, hay una muy concreta que deseo contarte. De ella no te hablé nunca ni tampoco la experimentaste. Pero ahora sí quiero hacerlo porque me parece interesante. El jardinero la conoce y yo también y, mejor que nadie, la ardilla de aquella tarde del banco verde.
Cuando ahora en verano calienta el sol y el calor es tanto que hasta es peligroso para la vida, sentarse a la sombra de esta parra, es la gloria. Y más la gloria es si desde la ancha Vega de Granada sube el característico airecillo fresco. Entonces, disfrutar de esta sombra, reconfortarse con el airecillo, mirar al frente o para el banco verde, para el pinar o para e corazón del jardín, es un deleite que no tiene comparación con nada. Y si esto ocurre al caer las tardes y uno se pone aquí a leer algo o simplemente a contemplar o meditar, el deleite es mucho más del doble.
Ya te lo he dicho: ahora en verano para defenderse un poco del calor. Pero cuando el otoño llega y las hojas de la parra empiezan a secarse, el espectáculo aun es más hermoso. Porque las hojas de la parra, la de las higueras, membrillos, almendros y nogueras, siempre se caen en los meses del otoño. Primero se tornan ocres, color oro puro muchas de ellas, naranja o rojo plateado y luego se caen. Siempre cuando el airecillo las mueve o cuando alguien las toca o las rozan los mirlos. Y esto, como te vengo diciendo, es muy, muy hermoso, en este rincón del jardín que tanto te pertenece.
Tú no lo viviste, lo sé, por eso aquí lo he dejado escrito. Para que también sepas que te perdiste algo muy importante. Granada, la ciudad de la Alhambra, eterna y silenciosa sobre su Vega, encierra secretos y maravillas como la que te estoy contando. Algo que, a veces, muchas veces, supera con creces, los espectáculos humanos y los artísticos monumentos o museos. Porque Granada siempre es hacia dentro, hacia el corazón y el alma. Y para verla en esta dimensión, aunque no sea en su totalidad, ayuda mucho esto que, del jardín nuestro, te estoy contando.