La novela narra, en su primera parte, la historia de Ricardo, hombre de unos cuarenta años, padre de dos hijos y casado. Comienza en el momento en que mata brutalmente a sus dos hijos y su mujer en la chabola de la localidad de Recuenco en que viven. Ricardo es un hombre embrutecido por la miseria, la presión de la maquinaria social y económica y el fracaso, un hombre de instintos vueltos hacia dentro, congestionados.
Durante su huida, en la que va cometiendo varios crímenes que son su eje narrativo, va recordando momentos de su infancia desgraciada, en la que fue maltratado por su padre. Dadas las circunstancias de su vida se considera irresponsable de sus crímenes y no admitiría el juicio moral de nadie que le viera. A cada crimen que comente siente una liberación de la energía comprimida largo tiempo y esta liberación trae a flote la humanidad oculta por el animal embrutecido. Su violencia y su brutalidad van en aumento en cada crimen pero ahora se dirigen hacia fuera, de forma que su mente cada vez piensa con mayor humanidad, algo contra lo que lucha, porque siente extraña esa humanidad.
Huye por los cerros del extrarradio de Madrid, zona este, bajo un sol de fuego pleno verano y esta dureza le place, como animal embrutecido que es. Sin embargo poco a poco su pensamiento va cambiando y su memoria le trae recuerdos que desmienten su irresponsabilidad: durante un tiempo tuvo u n buen trabajo y una vida normal, y pudo pensar. En lugar de maltratar a sus hijos y su mujer pudo haberlos tratado bien. Llega a pensar que no todo está determinado aunque no sea moralmente si puede empezar a hacerse responsable. A pesar de este cambio el animal interior sigue creciendo y dominándole y siguen sus crímenes, hasta que, al entrar en un chalé para matar a su familia, una niña pequeña logra con su serena persuasión infantil logra que se derrumbe y empieza a surgir su humanidad. En ese momento lo coge la policía.
En la segunda parte la narración se traslada en el tiempo al momento en que los policías de la localidad de Alcornocales-San Martín encuentran el cadáver de una de las últimas víctimas de Ricardo. Esteban y Fidel, dos policías que llevan poco tiempo en el cuerpo y que se conocieron allí, van a tener su primer contacto con la muerte. A partir del análisis de ese cadáver y comparándolo con el crimen de la chabola, de la misma brutalidad, (el de los hijos y la mujer de Ricardo) la policía la localidad empieza a hilar y se acaban encontrando más cadáveres entre Recuenco y Alcornocales. Ricardo está aún en la zona, y todavía está en activo. En uno de ello comete un error y la policía lo persigue. En la persecución van Fidel y Esteban y en un lance de la misma Ricardo mata a Fidel.
Desde la muerte de Fidel Esteban cae en depresión y deja temporalmente el cuerpo. Ricardo, mientras tanto, ya en la cárcel, lee libros sobre la justicia, el derecho, los crímenes, y de conceptos como el determinismo y el libre albedrío. Cae en sus manos “La genealogía de la moral” de Nietzsche, y va incubando la idea de la necesidad de algo que le haga responsabilizarse de lo que ha hecho, que restituya del dolor a las víctimas y al tiempo no moralice, y encuentre eso en la antigua ( pero real jurídicamente, durante mucho tiempo ) ley del Talión. Tiempo después llama a Esteban para que venga a visitarle a la cárcel, en una visita de larga duración. Quiere hablar con él sobre esos temas y proponerle algo inaudito: le ofrece dejarse matar por él con una pastilla de cicuta hecho por él con un poco de esa planta cogida cerca de la cárcel. Es un acto simbólico. Nadie pensará que lo ha matado sino que ha sido un suicidio y la ley del Talión sería aplicada. Esteban empatiza con Ricardo y comparte sus puntos de vista en la larga y profunda conversación que tiene en la cárcel pero se niega a ponerle la pastilla en la boca. Ricardo se suicida. La cosas no salen como ellos esperaba y Esteban es acusado de asesinato.
Entra en escena Antonio, el abogado. La llamada de Esteban solicitando sus servicios le llega en un
que la familia de su novia Sheila cuestiona sus métodos de trabajo probos y honrados y su compromiso con Sheila. Siente el caso como una llamada del destino, la posibilidad de hacer algo que deje su huella en el mundo, de poner la primera piedra para restaurar algo omitido, una ley de equilibrio natural obviada en el derecho anglosajón. Será imprescindible defender de alguna forma la ley del Talión en el juicio, para evidenciar ante el jurado la mala conciencia de los jueces y fiscales, única razón de la justicia para acusarle. El discurso final de Antonio se dirigirá sobre todo a los jueces y tendrá un tremendo impacto en el jurado, que absolverá a Esteban, y en la población.