Bueno, para dos días que tengo poco volumen de trabajo, no los voy a malgastar en discusiones absurdas y vacías en el foro, por lo que, como me habéis destrozado el post anterior, voy a abrir uno nuevo y voy a inspirarme un poco con el ambiente que se respira por aquí para dedicaros (a todos) un relato. ¡Saludos!
Taro Rosling se sentía mal. Sobretodo se sentía mal porque tenía los calzoncillos mojados desde hacía tres días y esto le irritaba, le irritaba mucho y sobretodo le irritaba el culo. Para rematar la faena, encima no tenía un puto cigarrillo que llevarse a los labios. Que asco de día. Y como llovía…
El cigarrillo, ese jodido cigarrilo. Puto mono. Era mas fuerte que él. En el ejército estaba prohibido fumar. “Que cojones” pensó, estaba prohibido en todo el mundo civilizado, y era difícil encontrarlo en el mercado negro. Aunque en el ejercito resultaba más facil, quizás porque ellos eran la logística de los países tercermundistas.
“Y que mas da” pensó, porque aunque tuviera el cigarrillo, ¿De que le hubiera servido? Seguro que a estas alturas estaría mojado. Y si no hubiera estado mojado, ¿Como lo habría encendido? Con el mechero, por supuesto, ese bonito mechero que le había regalado el comandante dos años antes, durante la campaña del Chad… Si, ese mechero que un puto soldado había agujereado con un disparo. Joder. Quizás le había salvado la vida, pero había perdido el puto mechero. Que asco de vida.
Pero aún así, quería el cigarrillo, quería ese jodido cigarrillo. No le importaba verse a si mismo, camuflado en la jungla delatado por el puto cigarrillo. Un puto cigarrillo que no tenía. Eso es lo que necesita. Un puto cigarrillo.
Y lluvia, y mas lluvia y agua y ropa mojada. Odiaba las campañas en época del Monzón. Odiaba la lluvia, odiaba el Monzón, odiaba las campañas, los odiaba a todos…
“¡Taro! ¡Mirad! ¡Es Taro!” recordaba como lo alababan los soldados rasos en el campamento. “Estúpidos”. Ellos no habían vivido lo que él. Ellos no habían perdido a amigos, compañeros, pelotones... ellos no estaban aquí. Con los calzoncillos mojados y sin un puto cigarrillo. Ojalá el comandante promocione a todos aquellos estúpidos soldados a “Hombres Ejercito” y ya verían lo que es la fama y la diversión en el ejercito.
Y seguía lloviendo, siempre la misma jodida lluvia. De arriba a abajo, de arriba a abajo, y siempre te mojaba.
Pero siempre podría ser peor. El jodido dispositivo de camuflaje le había vuelto más visible con la lluvia ya que chisporroteaba con cada gota. Tenía complejo de una puta luciérnaga en medio de una tela de araña. Taro había intentado quitar la mierda de batería del aparato, pero estaba hecha a prueba de soldaditos que quieren experimentar. Los científicos no querían arriesgar a que se electrocutaran. “Joder”, Taro era una puta luciernaga, y con cada gota de lluvia, el campo que lo rodeaba chisporroteaba con más intensidad.
Que asco de día.
Por fin, Taro se decidió a avanzar, salió por unos matorrales para ir a parar a un sendero del bosque. Se apartó de él, avanzó por el lindero del sendero, vio un claro mas abajo y se dispuso a bajar. Craso error. A medio camino oyó el particular “Clic”
“Mierda, lo que me faltaba”
Lo sabía, lo sabía perfectamente, pero aun así bajo la vista para que no fuera verdad… y ahí estaba…
“¡Mierda! ¡Mierda!¡Mierda!¡Mierda!¡Mierda!¡Mierda!” pensaba, o quizás no, quizás lo estaba diciendo en voz baja. O alta. Que más daba tal como estaban las cosas.
Una puta mina. Había pisado una jodida mina saltarina. Si quitaba el pié, el dispositivo se activaría y la mina lanzaría la carga a un metro de altura, detonando y reventando todo a tres metros de diámetro.
Que asco de día.
Iba a morir, iba a morir rajado de arriba a abajo, con sus cojones desparramados junto con la mitad de su cuerpo. Trozos de carne (de su carne) esparcido por esa dichosa selva. Y lo peor de todo era que no tenia un puto cigarrillo.
Dicen que la gente que va a morir ve pasar toda su vida en unos momentos, y comprende su significado. Pero eso no le ocurrió a Fech. El solo pensaba en el puto cigarrillo que no tenía para llevarse a la boca.
De verdad, que asco de día. Pero bueno, tenía el campo de fuerza. Quizás aguantara la explosión a tan poca distancia. “Una mierda” se dijo. David había muerto cuando se abalanzó sobre una granada. El escudo no aguanto un carajo. A Glasgal le reventó la cabeza la metralla de un obús, y el escudo permaneció activo mientras el cadáver decapitado caía como un saco de patatas. Y lo de Craig... Taro puso cara de asco al pensar en Craig
Taro tenía puesta la vista en el horizonte con cara de amargado pensando en su desgraciada vida (y muerte). Iba a morir son haber saboreado por última vez un cigarrillo. Pero no le dio tiempo a recordar más. De repente algo duro y metalico se abalanzó sobre él, agarrándolo fuertemente por la espalda y cayendo un metro más adelante.
“Ya eres mio” Dijo una voz metálica.
“Que cojon…!!!” solo pudo decir Taro cuando…
KA –BUUUM
Que asco de día.
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Buen cuento, tio. Aún estoy pensando como haría yo para quitar el pie de la puta mina. Habria que promover una campaña en contra de las mians con suspense, a favor de las minas humanitarias, que reventaran al pisarlas, no al levantar el pie (y además, con click, para que no se te pase por alto lo que has pisado, algo peor que una caca de perro) Muy buen cuento. Pásate por nuestro psicodrama quincenal con algunos de estos, y nos alegrarás el foro. |
Buen cuento, tio. Aún estoy pensando como haría yo para quitar el pie de la puta mina.
Habria que promover una campaña en contra de las mians con suspense, a favor de las minas humanitarias, que reventaran al pisarlas, no al levantar el pie (y además, con click, para que no se te pase por alto lo que has pisado, algo peor que una caca de perro)
Muy buen cuento. Pásate por nuestro psicodrama quincenal con algunos de estos, y nos alegrarás el foro.