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romi
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Los dos amigos

15 de Junio de 2014 a las 20:09

Bubok

409- LOS DOS AMIGOS

 

               Al amanecer, el joven amantes de los libros, la naturaleza y la poesía, salió de su casa, cruzó el Puente del Aljibillo, subió por el barranco del Rey Chico y, en el lugar acordado, se encontró con su amigo. El hijo de uno de los nobles de la Alhambra, casi de su misma edad y muy aficionado a la caza y luchas en las batallas de las guerras. Al encontrarse con él, lo saludó y sin más le dijo:

- Traigo conmigo todo lo necesario para acampar una noche en el rellano del río que te dije.

- Por mi parte, también lo tengo todo preparado. Si estás dispuesto, emprendemos el camino.

 

               Y desde una de las puertas de la muralla de la Alhambra, se pusieron en marcha dirección a Sierra Nevada. Salía el sol por lo alto de estas cumbres en ese momento y por eso ya todos los paisajes se veían iluminado con las primeras luces de un caluroso día de verano. Caminaron en silencio durante un rato, mientras atravesaban los jardines y otros espacios cerca de las murallas y palacios y cuando ya tomaron por la senda del arroyo de las aguas claras, el joven del Albaicín dijo a su amigo:

- Vengo bien preparado para dialogar contigo del tema que sabes.

- ¿Y qué es lo que vas a pedirme?

- Cuando mañana, al amanecer, estemos en el collado y mientras te muestro lo que pretendo, te lo digo.

- De verdad que me tienes intrigado porque ni siquiera sospecho qué es lo que te tienes entre manos.

- Tú tranquilo que no planeo intrigas contra nadie ni nada ni tampoco urdo proyectos de los que sacar beneficios.

- Confío en ti y por eso me presto gustoso a lo que ahora estamos viviendo.

 

               Al llegar a un arroyuelo de aguas muy claras, se pararon, bebieron y lavaron las manos, cruzaron luego la corriente y siguieron. Hora y media después, llegaron a la pequeña llanura cerca del cauce. Aquí se pararon, soltaron sus equipajes, comieron algo y antes de que la tarde cayera, montaron una pequeña tienda de campaña. Justo donde la llanura se refugiaba cerca de la corriente y frente a las altas montañas y el profundo tajo de las rocas en el río, algo más arriba. Preguntó el joven de la Alhambra:

- ¿Por qué te gusta tanto este lugar para pasar la noche?

- Te lo voy a decir dentro de un rato, desde el corazón de la noche y mientras observamos el cielo estrellado.

 

               Unas horas después, recostados sobre el pasto seco de la pradera, envueltos por el rumor de las aguas del río y mientras observaban las estrellas en el firmamento, el joven de la Alhambra dijo a su amigo:

- A esta llanura, mi amigo el pastor de las montañas, traía cada día su rebaño. Para que las ovejas y los corderillos comieran la rica hierba que estas tierras dan. Y aquel día de primavera, estaba él sentado justo donde nosotros ahora soñamos. Miraba las aguas de este río, meditaba y se complacía en sus lustrosos y pacíficos animales cuando por detrás, se acercaron tres hombres. Lo cogieron por el cuello, lo tumbaron en el suelo boca arriba y le dijeron:

- Si luchas y te revelas, ahora mismo eres hombre muerto.

Ni respirar podía mi amigo y mucho menos era capaz de articular palabra. Pero aquellos hombres, después de maltratarlo durante un buen rato, lo alzaron y lo pusieron sobre el tronco del árbol que tenemos cerca. Dos de ellos cogieron varios corderillos del rebaño, allí mismo lo degollaron, le quitaron la piel, hicieron fuego, los asaron y se los comieron frente a mi amigo preso y muerto de miedo.

 

               Luego aquellos hombres se fueron dejando a mi amigo y a su rebaño por aquí. No tenía fuerzas él ni para seguir a sus animales y volver a la majada. Al día siguiente, después de toda la noche atormentado y sin poder dormir, sí se le vio caminando por las veredas de las partes altas. A donde vamos a subir mañana al salir el sol y desde donde te contaré y remataré la historia que de este amigo mío te estoy contando,

Guardó silencio el joven del Albaicín. Ni siquiera se atrevía a formular una pregunta de lo impresionado que le había dejado el relato que acababa de oír. Y, el amigo que tenía al lado, tal como estaba frente al cielo estrellado, también continuó callado.

 

               Poco después, a los dos los venció el sueño y al amanecer, los despertaron el ruido de algunos animales silvestres. Rápidos se levantaron, recogieron las cosas, se pusieron en camino y salía el sol cuando llegaban al collado, lugar desde donde se veían las cumbres de Sierra Nevada, el gran río cayendo ladera abajo y la colina de la Alhambra muy a lo lejos. Dijo el joven del Albaicín:

- Hasta este mismo sitio llegó caminando aquella mañana mi amigo el pastor, compungido, acobardado, triste y por completo deprimido. Desde aquí observó la Alhambra que estás viendo allá a lo lejos y se dijo: “Solo dos caminos tengo ahora mismo en mi vida: uno, revelarme a ir hasta aquellos lugares donde se refugian los que ayer me atacaron y mataron mis corderos, enfrentarme a ellos y vengarme. Pero si hago esto, mi corazón se llenara de odio y ya no tendré paz en todo lo que me queda de vida. Y el segundo camino…” Y en aquel mismo momento, desde estas alturas al borde del desfiladero del río, el cuerpo de mi amigo el pastor, se vio caer por el aire. Entre las rocas y las aguas en lo más hondo, se rompieron sus carnes y sueños y por ahí quedó para siempre.

 

               Tampoco en estos momentos el joven de la Alhambra hizo ningún comentario. Miró en silencio al gran tajo rocoso abierto por la corriente del río, miró luego para las cumbres de Sierra Nevada y, durante un buen rato, contempló en silencio la silueta de la Alhambra a lo lejos. Y ahora sí le preguntó a su amigo:

- ¿Y solo para enseñarme estos lugares y contarme la historia de tu amigo me has traído aquí?

- En parte, para esto y en parte, para hacerte dos preguntas.

- ¿Qué dos preguntas?

 

               El joven del Albaicín sacó de su bolsillo un puñado de hojas de papel en forma de libro pequeño, se las mostró a su amigo y mirando para la colina de la Alhambra, le preguntó:

- ¿Qué crees tú que es mejor en esta vida, enfrentarse a los enemigos, combatirlos y acabar con ellos por el odio y la venganza, hacer lo que hizo mi amigo o escribir las cosas y dejarlas recogidas en forma de poemas o relatos en este libro?

Dudó el joven compañero durante un buen rato por la extraña pregunta que le había hecho el amigo y luego preguntó a éste:

- ¿Y la segunda pregunta?

- Es muy sencilla y me interesa mucho tu respuesta: si mi amigo hubiera sabido leer y escribir ¿qué solución crees tú que le hubiera dado a su problema? 

   
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