Esta web, cuyo responsable es Bubok Publishing, s.l., utiliza cookies (pequeños archivos de información que se guardan en su navegador), tanto propias como de terceros, para el funcionamiento de la web (necesarias), analíticas (análisis anónimo de su navegación en el sitio web) y de redes sociales (para que pueda interactuar con ellas). Puede consultar nuestra política de cookies. Puede aceptar las cookies, rechazarlas, configurarlas o ver más información pulsando en el botón correspondiente.
AceptarRechazarConfiguración y más información

Foro para escritores de Bubok

Para participar en los foros de Bubok es imprescindible aceptar y seguir unas normas de conducta básicas. Puedes consultar estas normas aquí
X
romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

Al cruzar el río

13 de Febrero de 2014 a las 10:12

Bubok

AL CRUZAR EL RÍO

           

            Al llegar a la casa, dijo a la madre:

- A partir de mañana ya no tengo que ir al trabajo.

- ¿Y eso por qué, hijo mío?

- Otra vez me han despedido y ahora creo que es para siempre.

- ¿Y qué harás entonces a partir de mañana?

- Desde la salida del sol, sentarme en la puerta de nuestra casa para dejar pasar el tiempo mientras medito mi destino. Siento madre mía, ser para vosotros tan pesada carga y lamento mantenerme tan inútil y empobrecido.

- Mientras tu padre y yo tengamos fuerzas, ni te faltará nuestro cariño ni un trozo de pan para llevarte a la boca, hijo mío.  

- Lo sé bien pero yo me siento desgraciado y por completo hundido. Esta vida que estoy viviendo, madre mía, no tiene para mí ningún sentido.

 

               No durmió casi nada a lo largo de toda la noche pero ya de madrugada, se quedó traspuesto y tuvo un sueño. Se vio como huyendo de su casa, triste y abatido, se acercó a las aguas del río Darro y, por debajo del Puente del Aljibillo, cruzó la corriente. Se decía: “En cuanto llegue al otro lado, me iré por todas las casas y talleres del barrio y le pediré, a unos y a otros, que me den trabajo. Sintiéndome tan despreciado y una carga tan grande para mis padres, nunca tendré paz en mi corazón ni seré feliz como tantas veces he soñado desde que vivo”.

 

               Cruzó las aguas del río y se disponía adentrarse por las calles de las viejas y casi abandonadas casas cerca del río y frente a la Alhambra, cuando de pronto, dos desconocidos le cortaron el paso. A unos metros de ellos, los miró asustado y enseguida intuyó que venían a robarle. Sin pronunciar palabra, saltó para el lado izquierdo por encima de unas tapias y avanzó rápido hacia el corazón del barrio. E iba todo jadeante remontando la estrecha calle que desembocaba en la plazuela cuando de nuevo los vio al frente, quietos y mirándolo impávidos. Uno de ellos dijo:

- Corre y huye todo lo que puedas que aquí te estamos esperando.

Y a unos diez metros de ellos se paró y les preguntó:

- ¿Queréis robarme?

- Eso es lo que pretendemos. Dadnos todo lo que tengas ahora mismo y por las buenas y si no, te atacaremos como al peor de los enemigos.

- Si ahora mismo no tengo conmigo nada más que una angustia de muerte y mucha hambre. ¿Qué puedo daros o vosotros podréis robarme?

 

               Y los dos desconocidos, jóvenes pero mayores que él, sin pronunciar más palabras, se le echaron encima, lo sujetaron por detrás, apretaron con sus manos su garganta y por las espaldas, le clavaron un cuchillo. Se oyó un grito tan grande que retumbó por todo el barrio bajo del Albaicín, por el surco del río Darro y hasta en lo más alto de las torres de la Alhambra. La sangre brotó violenta y comenzó a correr calle abajo. Se asomó en esos momentos la madre a la puerta de la casa y al ver la escena, exclamó desencajada:

- ¡Hijo mío, no te mueras!

 

               Despertó sobresaltado y miró por la ventana. Frente a él, vio la gran figura de la Alhambra, besada por los primeros rayos de sol y de fondo se oía el rumor del agua deslizándose por el río. Se acercó la madre y le dijo:

- En la vida, hijo mío, todo es pura lucha y dificultades pero nunca hay que perder las esperanzas ni abandonar el buen camino.

Y él, melancólico y desorientado, le preguntó:

- Madre, ¿y qué hay que hacer con aquellos que de la vida nos arrancan y nos llevan al borde del abismo?

 

 

 

   
Chat de soporte de Bubok ×