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romi
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Navidad desde la Alhambra y Albaicín - III

22 de Diciembre de 2013 a las 11:24

III- Noche de Navidad

               Y solo unas horas después, el silencio en la ciudad entera de Granada, era total. Las personas, casi todas, se habían refugiado en sus casas para quitarse el frío y compartir con los familiares y amigos, alimentos y el calor de estas entrañables fiestas. En las calles, las luces llenaban de fantasías cada rincón y sobre las aguas del río Darro y las fuentes, se reflejaban los colores y las siluetas de las farolas y árboles decorados.

 

               Y marcaban los relojes las horas centrales de la noche cuando, desde la torre de la Alhambra, la conocida con el nombre de la Vela, se vio algo que nunca antes nadie ha visto en esta ciudad. Como una lluvia fina que parecía manar del corazón de esta torre pero, en lugar de descender desde el cielo, se elevaba por el aire en forma de manadas de mariposas. Reflejando colores muy vivos y no eran gotas sino como pequeña flores con alas que al levarse por los aires, poco a poco se iban extendiendo hacia el valle del río Darro, colina por donde se clavan las casas del Albaicín y la gran vega por donde se derrama la ciudad de Granada. Como en forma de nube que poco a poco iba cubriendo por encima de las casas y quedaba suspendida a unos metros de los tejados, jardines, plazas y calles.

 

               Cada una de estas florecillas con alas y en vivos colores, desprendía destellos bellísimos que, en forma de delicados rayos luminosos, se deslizaban suavemente por todo el amplio espacio de la ciudad y barrios. De una de las casas en el corazón del barrio del Albaicín, por la chimenea y justo en el momento en que las florecillas con alas descendían sobre Granada, se vio emerger una fina columna de humo en tono algo azulado. Por el aire y por entre la amplia nube de florecillas luminosas, se fue extendiendo y poco a poco, también comenzó a cubrir toda la ciudad y barrios. Y justo en este momento, algunas personas y por toda la ciudad, comenzaron a percibir un delicado olor nunca tampoco antes conocido en esta ciudad. En las casas del Albaicín cercanas a la de la chimenea por donde salía la nube de humo oloroso, algunas personas empezaron a preguntar:

- ¿De dónde viene este olor tan delicado?

- No lo sabemos pero ciertamente es un perfume casi celestial.

- ¿Y qué es lo que anuncia?

- Tampoco lo sabemos pero relaja el alma y hasta parece elevarla hacia un cielo maravilloso como nada.

- Salgamos a la calle y busquemos a ver si descubrimos lo que pasa.

 

               Salieron a las calles y, desde las puertas de sus casas, todos empezaron a mirar hacia la Alhambra. Y maravillados empezaron a comentar:

- ¡Mirad lo que sucede allá en la Torre de la Vela!

- De allí mana como un mar de maravillosas lucecitas que tampoco sabemos de dónde vienen ni por qué.

- Pero mirad que fantasía más gloriosa se ve por toda la ciudad. ¿Por qué sucede esto y a qué se debe?

Algunos fijaros sus ojos en el punto de la Torre de la Vela de donde manaban las mágicas florecillas en forma de luces y mariposas y vieron algo que les llamó la atención. Y fue una niña pequeña la que dijo:

- Allí en todo lo alto de esa torre, está el niño que esta tarde vimos en el puente del río Darro.

- ¿A qué niño te refieres?

- A uno que, un poco antes de la puesta de sol, con un saco de esparto, parecía repartir o recoger cosas de las personas que por ahí pasaban.

- ¿Y qué era lo que recogía?

- Yo no lo sé exactamente pero oí comentar que recogía trozos del alma y sentimientos de los corazones de las personas.

- ¡Qué extraño!

Comentó una mujer mayor.

 

               Y todos se restregaban los ojos mirando fijamente a la Torre de la Vela. La niña volvió a comentar:

- Y si miráis bien, ese niño que hay allí en lo más alto de la torre, parece sacar de un saco las lucecitas que desde ese punto vuelan por los aires.

- Eso es cierto pero ¿qué serán esas lucecitas que saca del saco y echa al aire?

- Quizá sean esas cosas que has dicho tú, que ese niño recogía esta tarde de las personas que pasaban por la Carrera del Darro.

 

               Apareció en ese momento una joven que venía como de la casa que por la chimenea manaba el humo perfumado y al grupo que embelesado miraba para la Torre de la Vela, dijo:

- Vengo de la casa del hombre mayor que ahí vive solitario y esta tarde recorría las calles de Granada regalando ramitas de mirto.

Y enseguida varios preguntaron:

- ¿Y qué?

- Pues que lo he visto ahí en su casa, sentado frente a la lumbre que arde en la chimenea, en silencio y como meditando y echando ramitas de mirto a las llamas.

Al oír esto, nadie dijo nada pero sí, pasado un rato, un hombre mayor comentó:

- Pues lo que pienso yo ahora mismo es que ese humo algo azul que mana por la chimenea de su casa, es lo que está impregnando de perfume a todo este barrio nuestro y a toda la ciudad de Granada.

- Perfume de ramitas de mirto que arden lentamente en la lumbre y que huelen como a cielo y también a Navidad, a incienso y a no se sabe qué maravilloso paraíso bello.

 

               Todos guardaron de nuevo silencio. La pequeña que había descubierto al niño con su saco lleno de rosas aladas, se retiró del grupo, caminó lentamente por la calle, llegó a la casa del hombre de las ramitas de mirto y como encontró la puerta abierta, sin llamar entró. Lo encontró sentado frente a la lumbre y con pequeñas ramas de mirto que iba echando a las llamas para que se quemaran. Lo saludó y le preguntó:

- ¿Te molesto?

- De ningún modo. Pasa y siéntate a mi lado.

En una vieja silla de mimbre, la pequeña se sentó al lado de hombre y enseguida le preguntó:

- ¿Qué es lo que haces?

- Ya lo estás viendo. Echo a la lumbre los tallos de mirto que esta tarde deseaba regalar por las calles de Granada y nadie quiso coger.

 

               Guardó un momento silencio la niña mientras miraba a las llamas devorando los perfumados tallos de mirto. Luego volvió a preguntar:

- ¿Y por qué huele tan bien no solo aquí en tu casa sino en todo el barrio y Granada?

- Es natural y, aunque todas las personas rechazaran esta tarde el regalo que quise darle, quiero yo compartir con ellos y ahora este perfume tan bueno. El mirto siempre entrega una esencia muy fina y más que apropiado para una noche como ésta.

Desde donde la niña estaba sentada, por una pequeña ventana con rejas, se vía al frente y a lo lejos, la Torre de la Vela y, desde ella subiendo, las mil pequeñas y hermosas rosas aladas que por el aire seguían volando cubriendo los cielos de Granada. Por eso la niña de nuevo preguntó al hombre:

- ¿Y aquellas luces tan bonitas que desde la Alhambra vuelan e iluminan los cielos envueltas en el perfume que tu mirto exhala?

 

               Miró el hombre a la pequeña y le dijo:

- El niño del saco que esta tarde recogía ramos invisibles de flores de las almas y corazones de las personas, es el que está ahora mismo allí regalando flores a las personas que viven en esta ciudad.

- ¿Y quién es ese niño y por qué hace eso?

- Quien sea él, no importa pero sí valoro lo que hace. Cuando esta tarde recogía ramos hermosos de los corazones que por la Carrera del Darro pasaban, no lo hacía de todas las personas. Solo de algunos recogía flores y de otros, nada.

- ¿Y eso por qué?

- Porque no todas las personas de esta ciudad y del mundo entero, tienen flores en sus corazones y almas. Solo las personas de sentimientos puros y bellos y aquellos que obran bien y reparten amor entre los demás. Pero ya estás viendo: esta noche, gracias a la bondad y belleza de las personas buenas y nobles, se llena de luz los cielos de esta ciudad. Y eso quiere decir que, gracias a la presencia, bondad y belleza de las personas buenas a lo ancho de nuestro planeta, el mundo sigue vivo y nosotros los humanos, todos los seres vivos y plantas, respiramos. Si no fuera por las personas justas, buenas y bondadosas, nada de lo que vemos y gozamos cada día y noche, existiría.   

 

               Guardó silencio el hombre de las ramitas de mirto. Durante unos segundos también se mantuvo en silencio la pequeña, mirando para la Alhambra y mirando a la lumbre donde ardían las ramitas de mirto. Luego otra vez preguntó:

- ¿Y qué vas a cenar esta noche?

- Nada tengo para llevarme a la boca pero soy feliz sabiendo que el niño del saco, mi amigo y allá en la Alhambra, reparte e ilumina los cielos de Granada.

- Pues espera un momento que voy ahora mismo a mi casa, le pido a mi madre comida y vengo y la comparto contigo. Así te alimentas con algo mientras yo te doy compañía.

- Aquí seguiré sentando mientras te espero.

 

               A prisa salió la pequeña de la casa, caminó por las calles del barrio y rápida entró donde vivía y les contó a los padres lo que había visto y ahora sabía. La madre le dejó que cogiera la comida que quisiera para que la compartiera con el hombre de las ramitas de mirto. A toda prisa, se puso y cogió comida, un poco de varias cosas y salió a la calle con una péquela cesta de mimbre con la intención de regresar a la casa del nuevo amigo que ahora tenía. Pero cuando de nuevo ahora pasaba por la calle, de repente oyó a muchas personas que mirando para las torres de la Alhambra, exclamaban:

- ¡Oh, qué bello y emocionante!

 

               En ese momento, desde la Torre de la Vela, salió como volando y se alzaba por los aires, una gran rosa muy hermosa que reflejaban todos los colores del arco iris. Tenía como dos suaves alas que movía lentamente para desplazarse por el espacio por encima de la Alhambra y Granada. Corrió ella hacia la casa del mirto para anunciar también ahora a su amigo de lo que ocurría y al llegar, vio que nadie había sentado frente a la lumbre. Sí ésta seguía ardiendo y en sus llamas quemándose los perfumados tallos de arrayán. Llamó a su amigo y al no obtener ninguna respuesta, miró por la ventana y vio a la maravillosa y gran rosa de mil colores que, por el aire, venía como hacia el barrio del albaicín. En sus pétalos se veía como una delicada y bellísima sonrisa y en las alas de colores y como tejidas con esencias de flores, en una se podía leer la palabra: “Feliz” y en la otra, la de la derecha: “Navidad”.  

 

 

   
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