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romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

La madre y el otoño

19 de Diciembre de 2013 a las 11:22

Bubok

LA MADRE Y EL OTOÑO

母親和秋 饋送 alimentación

 

            En las tardes de otoño, cuando las nieblas revolotean por entre las torres de la Alhambra, cuando la lluvia cae mansa sobre los bosques del Generalife, cuando vestidas de oro las hojas otoñales alfombran el Paseo de los Tristes, cuando el frío acaricia y congelado se queda sobre el muro del Puente del Aljibillo, a ella se le ve recostada sobre el mostrador y mirando pensativa por el hueco de la puerta. Como rumiando el momento, quizá triste o melancólica y esperando. Nadie sabe qué espera ni tampoco nadie sabe si es grande o pequeña su pena pero en las tardes de otoño en Granada, así es como se le ve.

 

            La puerta de la tienda, está pintada en color rojo. Es una pequeña cochera y dentro tiene las cosas apiladas. Cajas de frutas, barras de pan, botellas de bebidas, paquetes de legumbres, cajas con golosinas y poco más. Se encuentra su tienda no lejos de la Carrera del Darro y por eso, desde el mostrador donde se recuesta y mira pensativa mientras espera que alguien entre a comprar alguna cosa, se ve la figura de la Alhambra sobre la colina. Pasa por la misma puerta de su pequeña tienda, la calle asfaltada y por donde continuamente bajan y suben los coches. A la derecha, hay una panadería y a la izquierda, un taller donde arreglan coches. Y a unos metros de la puerta de su tienda, donde se dividen las calles, hay un pequeño jardín. Con solo dos bancos de hierro y madera, un ciprés, una acacia y una vieja farola. También en la misma puerta de su tienda, en la acera, crecen dos árboles con alcorques donde los perros al pasar, dejan sus señales.

 

            Por este pequeño rincón de Granada, sin apenas tranquilidad por el ruido de los coches y las motos aunque sí con una vista muy bella, jugaba su niña. Aun pequeña pero de ojos y pelo negro, con la cara algo redonda, piel delicada y sonrisa muy dulce. Casi siempre estaba sola pero ella se divertía a su manera y se le veía feliz. También se le veía feliz a la madre que, desde dentro de la pequeña tienda y recostada en el mostrador, la observaba en los momentos en que nadie compraba. Pero una tarde, y de esto hace ya mucho tiempo, su hermosa niña, dejó de jugar por este lugar. Nadie supo por qué pero sí mucho comenzaron a echarla de menos. Ninguno se atrevía a preguntar a la madre y ella, tampoco con nadie compartió la ausencia de su pequeña.

 

            Algunas personas pensaron que quizá al terminar el verano y comenzar el colegio, volvería pero no fue así. Terminó el verano y el otoño llegó y la pequeña no apareció. Tampoco a lo largo del invierno ni en la primavera ni al verano siguiente. Hoy hace ya más de un años que ella falta del rincón de la pequeña tienda y que no juega por aquí. Cierta tristeza parece contagiar este rincón de Granada y más aun se conmueve el corazón cuando, ahora en las tardes de otoño, se ve a la madre recostada en el mostrador y mirando por el hueco de la puerta.

 

            Llueve a veces, hace frío en algunos momentos, se alzan y revolotean las nieblas por entre las torres de la Alhambra y cae la nieve sobre las cumbres de Sierra Nevada. Y también ya por estos días, en las calles, cuelgan las bombillas y otros adornos de Navidad. En las tiendas, ya venden turrón, mantecados, frutos secos y belenes de plástico, madera y corcho. Los turistas van y vienen llenando las calles y plazas de esta ciudad y todo parece como ajeno a la madre que medita triste y a la ausencia de la niña de ojos y pelo negro.

 

            Y muchos sabemos que ellas no son de este país sino que un día vinieron desde China y en esta cochera instalaron su pequeña tienda. También su niña tenía los ojos rasgados, propio de las personas de este país pero sonreía con mucha dulzura y su cara era suave como la seda. La cara de la madre es tan hermosa o más que la alegría de su niña y sus ojos son negros pero la sonrisa parece habérsele congelado en sus labios. En las tardes de otoño, recostada sobre el mostrador, cuando el frío se deja sentir, la lluvia cae y la nieblas revolotean por entre las torres de la Alhambra y también cuando ya la Navidad asoma por todas partes, mira silenciosa y parece soñar pero en su corazón se adivina una muy honda tristeza.

 

romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
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  • 21 de Diciembre de 2013 a las 20:20

Carlos, gracias por tu comentario y por la bonita historia que me cuentas de la muchacha de los autómatas. Sé donde está la calle Pontezuela y he tomado nota de tu recomendación. Cuando pueda y en algún momento que a Alicia le venga bien, le haré una visita. Cuando le diga que voy de parte tuya, seguro que se alegra.

Gracias de nuevo y  Feliz Navidad.

   
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